El periodismo que practicó el tradicionalista Ricardo Palma

The journalism practiced by the traditionalist Ricardo Palma

Jornalismo praticado tradicionalista Ricardo Palma

Winston Orrillo

Recibido: 16-09-2014 Aceptado: 01-10-2014

 

Palma cronista

Además, en este punto, recordemos que la Tradición es, según han establecido autores como Aníbal Gonzáles, Manuel Pantigoso y Ricardo González Vigil –“híbrido intergenérico”, le llama éste–; y “amulatada y ancilar la denomina el poeta y crítico Pantigoso, al esclarecer el inabarcable horizonte que se abre con la obra palmiana.

Asimismo, ya Iván Rodríguez, por  otro lado, aclaró que Palma es, básicamente, un narrador, y no un ensayista, y que, en aquella condición –narración es creación- se encuentra cómodamente instalado en el ejercicio periodístico que implica, necesariamente, una capacidad narrativa que hace más enjundiosa lo que otrora sería una mera prosa mostrenca, adocenada.

Al respecto, por otro lado, vemos cómo es posible imbricar el legado del autor de las Tradiciones Peruanas, con el ya no tan reciente Nuevo Periodismo, que se sirve de casos “reales” para darles una forma que implica necesariamente, a la literatura y enriquece, además, a ésta y a aquél. (Inevitablemente, aquí, advienen los nombres de Tom Wolfe, Truman Capote, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez y García Márquez, entre varios otros).


Imagen 1. Tradiciones peruanas. Cubierta
www.cervantesvirtual.com

Asimismo, la voluntad de Palma, de apellidar “crónicas” a muchas de sus Tradiciones, harían que nunca olvidemos que, como en éstas, siempre, hay un elemento de verdad, pero subsumido en el ámbito de lo creativo, de lo estético, pues llegamos al conocido: “A thing of beauty is a joy forever”.

La pincelada de belleza de la literatura transporta, allende el tiempo, lo que podría ser un mero relato de un hecho efectivamente acaecido pero que, redactado por un gacetillero, hubiera permanecido inmerso en el légamo del olvido. Además, no podemos olvidar, como está perfectamente establecido hoy en día, que la crónica es “el más literario de los géneros periodísticos”, en el que se conjugan y convergen todas las sumas del estilo. Ya que el estilo de la crónica es el del cronista que, para llamarse tal, debe poseer una capacidad creativa singular.

Recordemos, en este aspecto, a los sápidos cronistas del Modernismo, como el propio Rubén Darío, o el inabarcable José Martí o Enrique Carrillo, Julio Camba, Ventura García Calderón; amén de César Vallejo, José Carlos Mariátegui; y, más cercanos a nosotros, García Márquez (y su Crónica de  una muerte anunciada) o Vargas Llosa o Galeano o Rodolfo Walsh, entre solo algunos.

Otro aspecto, que es muy importante, en la vertiente periodística de Palma, es su condición de batallador por la fundación de la Academia Peruana de la Lengua, ya que esto nos lleva a un aspecto insoslayable: el carácter –para nosotros– esencialmente pedagógico de la actividad comunicativa; de lo periodístico, en otras palabras.

Lo que queremos expresar es que el idioma, como sustento de la comunicación social, debe ser manejado maestramente por el periodista, y que esto debe conducirlo, necesariamente, a un manejo relevante, profesional, del instrumento lingüístico, ya que él es su herramienta fundamental, sine qua non.

Que el periodista, en una crónica o en un artículo de costumbres o en un reportaje vaya allende lo “correcto”, “académico” o “purista”, es posible. Pero sostenemos que solo puede, y debe, superar lo establecido, quien conoce las normas. Caso de Darío, verbi gratia, quien al enunciar que no le servía lo debidamente establecido por la literatura española postromántica (efectivamente existente en su tiempo)  tiene que recurrir a los neologismos, particularmente provenientes de la lengua francesa. Pero esto supone, como es obvio, que, primero, había revisado exhaustivamente, aquélla, y, cuando se dio cuenta que no le satisfacía, procedió a la innovación.

Similar será el caso de un periodista que transgrede normas: primero, es menester que las conozca; o puede darse el caso de que necesite incorporar, como Palma incorporaba a menudo el ubérrimo venero de la oralidad, que, en muchas ocasiones, realmente, enriquece lo normativo. Caso tan conocido el de nuestro tradicionista que pugna en la Real Academia Española (RAE) por incorporar vocablos que son creación de nuestros hablantes: nos referimos a los peruanismos, que en un principio fueron ninguneados, pero que, hoy en día, son instrumentos lingüísticos con su debida carta de ciudadanía.

Importante trabajo, pues, de nuestro autor, en dura pugna contra la acartonada Academia de entonces, para que ésta acepte una realidad lingüística como: la peruana. Tarea fundamental para un periodista, como Ricardo Palma, en pleno ejercicio, en este caso,  de una de las dimensiones más importantes de su oficio: la de defensor y heraldo de su habla.


Imagen 2. Ricardo Palma
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Queda, pues, superada aquella frontera que, durante mucho tiempo, separara al periodismo, como lo utilitario, lo pragmático, frente a la literatura como lo intemporal, lo puro, lo no utilitario.

En el caso de Palma se cumple aquel viejo aforismo: lo suyo es dulce et utile. Dulce porque tiene todo el placer de lo creativo, lo estético; y utile porque sirve para introducirnos en el mundo de una realidad, prima facie, la de la época antigua, virreinal, pero, el singular arte de nuestro autor nos permite, en realidad, servirnos –desde ella- de atalaya para comprender mejor, para entender, para dilucidar el presente (su presente, y aun el nuestro: he aquí la clave).

Algo así como la vieja concepción cervantina de la Historia como madre y maestra del presente, espejo del pasado y advertencia de lo por venir.

Palma, pues, desde el pasado -al que ve casi siempre con sus ojos desmitificadores- nos permite aprehender, mejor, los tiempos actuales, para ver cómo, en ellos, se proyectan algunos de los vicios y desaguisados de otrora.

El creador Palma, entonces, nunca abandona al periodista que en él bullía para informar, para transmitir, para enseñar -pero no mostrencamente- el tiempo que le tocara vivir. De modo que sus páginas periodísticas, sus crónicas, verbi gratia, fueron una suerte de periodismo verdaderamente creativo, permanentemente poético, en el sentido de la poiesis griega, o sea la creación.

De este modo, su periodismo paradigmático deviene, para nosotros, vinculado singularmente al presente, a la actualidad –requisito sine qua non para aquél, pero de un modo sui generis: a través de la visión corrosiva de un pasado que, de algún modo, aparece como substrato del acontecer cotidiano, palpitante en el día a día de su tiempo histórico y, por qué no decirlo, como repetimos, de igual modo, al nuestro, pues los vicios y desaguisados que el gran tradicionista presenta, ciertamente, son vida y pasión de hogaño.

Palma, además, en su prosa incantatoria, (esto ha sido muy estudiado) aparece como un autor sencillo, pero con esa difícil sencillez que es fruto de una maduración de estilo sabiamente dosificada, y fruto de su excepcional cultura que despliega sin alardes exhibicionistas y, más bien, como una forma de presentarnos diáfanamente, el desenvolvimiento de lo cotidiano. Información, pues, pero como formación de sus receptores, de sus lectores: he allí la fórmula del periodista-escritor-educador que era nuestro tradicionista.

 

Un apreciable punto de vista: Luis Fabio Xammar: paralelo con L. Yerovi

Un aspecto no suficientemente abordado es el que presenta Luis Fabio Xammar (1911-1947), quien expresa que Palma nos ofrece, en su obra –y estamos en pleno aspecto comunicativo, periodístico- una suerte de cortos cinematográficos, al devenir las tradiciones en una suerte de pequeñas crónicas noveladas del pasado peruano, visto en el espejo del presente. Y siempre con ese término medio de parquedad y elocuencia que tenía nuestro tradicionista, según su punto de vista.


Imagen 3. Luis Fabio Xammar
www.pueblomartir.wordpress.com

Palma, de este modo, desenvuelve una visión agudísima, con una leve agilidad particular para desentrañar la anécdota histórica en formas breves, mientras nos nutría de una  historia ni cierta ni tampoco falsa, desde la perspectiva  que glosamos.

Y aquí sobreviene la comparación con uno de sus más conspicuos descendientes: el inolvidable Leonidas Yerovi (1881-1917) que “deambulando por un mismo ámbito, deslumbraba también con la anécdota grata, pero con voz diferente, porque era la anécdota de lo actual”.

Y sigue el maestro Xammar: “Tanto Palma como Yerovi, dignos maestros de esta difícil gimnasia, separados por la edad y por el espíritu, concretaron dos tendencias distintas bajo el conjuro de una misma técnica”.

Y entonces califica a aquél como “espíritu romántico y al mismo tiempo volteriano…amador impenitente de las formas golosas de un  pasado virreinal…”y, asimismo,  su inextinguible e impenitente espíritu crítico, le insinuaba duramente los rasgos pronunciados del cuadro que él mismo iba bosquejando…”la ironía de Palma –dice con perspicuo punto de vista Xammar- es su reivindicación humana; así como en Yerovi, su alegre sátira viene a constituir función esencial dentro de su producción intelectual. Si Palma nos despertó la simpatía por el pasado, zahiriéndolo; a Yerovi le corresponde idéntica misión en lo que se refiere al presente de su época”.

Ambos tratan, precisamente, de una trascendencia a base -lo dice de modo perspicuo el notable crítico-  de elementos sin trascendencia.


Imagen 4. Leónidas Yerovi
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Y terminamos la cita que, por su importancia, acogemos sin cortapisas: “En este punto coinciden las técnicas tanto de Yerovi como de Palma. Es común  a ambos la visión angular del plano ciudadano, la misma permeabilidad para dejarse ganar por sus pequeñas intimidades, el mismo afán de hurgar sobre el acontecimiento fugaz. Mientras que Palma hace revivir, en el presente, el momento anterior, Yerovi capta lo actual para que no se pierda; para lograr el documento valioso en un futuro, que hoy día ya estamos viviendo”. (Xammar, Luis Fabio: Valores humanos en la obra de Leonidas Yerovi. Editorial Antena, Lima, 1938, pp.35-38).

 

Opina Luis Jaime Cisneros

Sobre el mismo punto de la no antítesis entre periodismo y literatura, para graficar tanto el caso de Palma, como el de Yerovi, Luis Jaime Cisneros manifiesta que en la mayoría de  hombres de letras no existe diferencia abismática entre el ejercicio del Periodismo y la Literatura. No cabía, entonces -escribe el inolvidable maestro-  distingos entre literatura y periodismo, pues uno y otro se escribían tanto en verso como en prosa, lo cual, por cierto, muestra una diferencia abisal con los tiempos que corren, en los que la chabacanería ha invadido, con presencia digna de mejor causa, los predios de la comunicación periodística.

Y lo que dice Cisneros para Yerovi se puede, asimismo, aplicar a Palma, pues aquél señala que, en sus textos, “nunca se nota perversidad sino risa ingenua que invita al cosquilleo y no exacerba los ánimos; y en ambos, asimismo, manda la voz de la calle”.

Igualmente, el maestro LJC reivindica el papel del humor como “salud mental” y su rol, del mismo modo,  como “instrumento de análisis y reflexión” (Cisneros Luis Jaime; Prólogo al tomo I de las Obras Completasde Leonidas Yerovi. Fondo Editorial del Congreso. Pág. XXVI).

 

Visión de Gonzalo Portocarrero

En similar rubro interesante del paralelo entre Palma y Yerovi, Gonzalo Portocarrero (en el Prólogo al tomo II de las ya mencionadas OC de éste, pp. XIV a XVI), manifiesta que LY se inscribe dentro de la tradición de Segura y Palma, pues su sentido del humor divierte sin ser cruel.

“Sus marcas son democráticas. Es un descreimiento de las pompas, de la seriedad inflada, y, en contraste, una ternura por lo sencillo y lo cotidiano. Yerovi no se deja impresionar por el dinero y el poder. En el campo político esta actitud se prolonga, siguiendo a Palma, en una admiración a Piérola…”

En cuanto a la representación de lo criollo plasmada por Yerovi, ésta es emblemática, pues “se sitúa, en continuidad directa con  Palma y ha sido rigurosamente tipificada por Mariátegui. Se trata del mito de un mundo feliz, sin grandes enconos, de gentes mazamorreras, con gran vocación de goce, poco dispuestos, por tanto, a sacrificarse por ideas y abstracciones”.

Igualmente, nos parece sumamente importante, la dilucidación que hace el notable ensayista y profesor de la Universidad Católica, Gonzalo Portocarrero, con referencia a lo  que él denomina “el canon de la literatura humorística peruana”, en la que distingue “dos líneas paralelas que tienen, sin embargo, en su inicio, una sola obra: la de Juan del Valle Caviedes. La primera línea tiene como momentos más altos  a Felipe Pardo y Aliaga y a Manuel González Prada. Los más logrados representantes de la segunda son Manuel A. Segura, Ricardo Palma y Leonidas Yerovi. El humor de Pardo y González Prada es un mal humor: sarcástico y agresivo, busca descalificar. Reírse sin piedad. Se trata de un humor aristocrático, desdeñoso, cuando no totalmente descalificador. Pero es una burla sin esperanza, donde la lucidez se equipara a un pesimismo radical”.

Sigue el maestro Portocarrero, ahora  con lo que él denomina segunda línea  que “está decisivamente influida por el romanticismo y la democracia. Aquí el  humor no invalida ni destruye. Se burla de sí mismo, se resiste a tomarse en serio. Es inocente y risueño. Se ríe de la gravedad aristocrática. Yerovi agota ese criollismo democrático, ingenioso, inocente y risueño que se perfila con toda claridad en la obra de Palma (subrayado nuestro). Se trata de una actitud que corresponde a esas clases medias que banalizan los conflictos y que buscan sus señas de identidad en un pasado, en el sentimiento de nostalgia hacia una ciudad imaginada como lúdica y feliz. De alguna manera el humor es una renuncia a la acción, un reconciliarse con el papel de observador, un divertirse con las frustraciones propias y ajenas…”

En resumen, mucho hay, aún, que indagar sobre la ladera periodística del magno autor de las Tradiciones Peruanas y, particularmente, con las líneas que, como prosapia raigal, dejara en los autores que le sucedieron. Aquí hemos visto, parcialmente, el de Leonidas Yerovi, pero hay muchos más: terreno férvido, pues, para nuevas investigaciones.

Finalmente, la propia condición de viajero impenitente de Ricardo Palma (su trabajo como corresponsal periodístico, su trabajo diplomático) le permitió confrontar realidades lo que le sirvió para penetrar, más aun, en la urdimbre de su entorno nacional.

Mientras tanto, sigámoslo leyendo, sin mayor preocupación que no sea la de aprehender la música de su lenguaje, su visión zahorí y desmitificadora del tinglado de aquella realidad que, no por ser antigua, pasada, lo  hiciera alejarse del cotidiano devenir de su patria, a la que sirviera como maestro, como paradigma, como autor emblemático.

Pues, precisamente, su largo discurrir por el periodismo- desde su etapa en verdad quinceañera- le permitió, usándolo como periscopio, visualizar la inagotable realidad que, como una suerte de atalaya, lo condujera a tener una perspectiva de gran angular del mundo en el que le tocara vivir, el que, además, como regla de oro de esta noble profesión, tenía que transmitir de modo claro, diáfano, inteligible, y, además, mediante el uso de los más recientes adelantos tecnológicos de su época.

Por otro lado, el  hecho de  haber sido una suerte de periodista “todo terreno”, le dio ocasión de desenvolverse en cada una de las fases de elaboración de un diario, lo que le permitiera conocer, de este modo, los diferentes meandros que hay que atravesar para que la página impresa, cotidiana, hebdomadaria o quincenaria… llegue a manos de nuestros lectores..

Y permanezca en ella: ¡Así sea!

 

Referencias bibliográficas

Xammar, Luis Fabio (1938). Valores humanos en la obra de Leonidas Yerovi. Lima: Editorial Antena.

Cisneros Luis Jaime (2005).  Prólogo al tomo I de las Obras Completas de Leonidas Yerovi. Lima: Fondo Editorial del Congreso.

 

Cómo citar este artículo:

ORRILLO, Winston, (2014) “El periodismo que practicó el tradicionalista Ricardo Palma”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 21, octubre-diciembre, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 24 de Junio de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1036&catid=5