La historia no contada del Partido Comunista de Cuba: desde el mellismo hacia el castrismo

The untold story of the Communist Party of Cuba: From mellismo toward Castro

A história não contada do Partido Comunista de Cuba: de mellismo em direção a Castro

Victor Jeifets[1] y Lazar Jeifets[2]

Recibido: 20-02-2014 Aprobado: 10-03-2014

 

El fenómeno del “giro hacia la izquierda” en América Latina ha despertado una nueva ola de interés hacia el movimiento revolucionario del continente en erupción. Cabe notar, al mismo tiempo,  que el análisis de sus tendencias políticas contemporáneas desvinculado de sus raices históricas parece, por lo menos, subjetivo e incompleto. Desafortunadamente, muchos analistas políticos han cometido este pecado al empezar su análisis desde la tabula rasa y sin tomar en cuenta las tradiciones históricas y sociales de la izquierda.

Imagen 1. Jorge Vivo d’Escoto
Imagen 1. Jorge Vivo d’Escoto

La ideología del “Socialismo del Siglo XXI” y de la “Revolución Bolivariana”, proclamadas por el ya extinto presidente venezolano Hugo Chávez y apoyada en varios aspectos por los dirigentes de Cuba, Bolivia, Nicaragua y Ecuador (Fidel y Raul Castro, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, respectivamente) tiene mucho que ver con las ideas del movimiento revolucionario latinoamericano de la época de la III Internacional (la Comintern) expresadas por la dirección del partido comunista mundial y por varios de sus militantes nacionales en el Hemisferio Occidental.

Es obvio que la revolución castrista es no más que un dibujo bonito en el estilo de la película de Steven Soderbergh, si no tomamos en cuenta la historia del Partido Comunista de la Antilla Mayor durante los años 1920-1950s: El  “primer partido marxista-leninista de Cuba”, sin lugar a dudas, dejó huellas indelebles entre los intelectuales, los obreros, el  proletariado agrícola y el campesinado. Cuentan por lo menos dos antecedentes notables: el papel desempeñado por Julio Antonio Mella en los medios estudiantiles y obreros, así como la revolución de agosto de 1933. La memoria humana guarda los episodios brillantes del ataque a cuartel Moncada, del desembarco del “Granma”, de la lucha posterior en las montañas de la Sierra Maestra. Las personalidades de Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara invisibilizan a los personajes de la vieja izquierda y sus procesos históricos. Al mismo tiempo, sin subestimar el papel importantísimo de los rebeldes del Movimiento 26 de Julio, cabe notar que el fenómeno de la revolución cubana solo podrá ser entendido después de analizar el grado de influencia de varias corrientes, tendencias revolucionarias e ideas a la sociedad de esta isla caribeña.

Imagen 2. Stanislav Pestkovsky
Imagen 2. Stanislav Pestkovsky

 

Luces, zonas grises y hoyos negros en la historiografía revolucionaria

La ideología y praxis del comunismo cubano quedan subsumidas en el término genérico de ‘castrismo’. Este vocablo político signa otro tiempo y sociedad, creado por la voluntad, carisma y talento del líder de la revolución cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Nadie podría analizar todos los pormenores y particularidades del proceso revolucionario castrista en un ensayo breve, tampoco nosotros. Por eso, sin pretender a la generalización de nuestras observaciones, intentarémos presentar los rasgos más característicos del fenómeno arriba mencionado.

La revolución cubana tuvo su inicio en el fracaso de la Rebeldía Nacional del 26 de julio de 1953 que dió su impulso a la formación del Movimiento Revolucionario de 26 de julio, antidictatorial y alternativo. La nueva etapa del movimiento había empezado con el  desembarque poco exitoso del “Granma”. Pocos años más tarde, culminó con el triunfo del Ejercito Rebelde apoyado por las organizaciones obreras y estudiantiles. Durante todas las fases de su lucha Fidel Castro expresaba el deseo de colaborar con las fuerzas opositoras de diferentes corrientes políticas. Coadyuvaba a favor de esta flexibilidad política opositora el hecho de que el mismo Movimiento de 26 de Julio fuese en aquel entonces un conglomerado de varias fuerzas con una ideología derrubiada e imprecisa. Tras el triunfo de los rebeldes esta tendencia siguió fortaleciéndose y terminó con la unificación de las tres corrientes políticas que participaban en la lucha en contra del dictador Batista (el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio Revolucionario del 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular) dentro de las filas de las Organizaciones Revolucionarios Integrantes (ORI), que más tarde se han convertido en el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, que a partir del año 1965 llevaría  el nombre del Partido Comunista de Cuba.

La vida política de América Latina está llena de paradojas. Hoy día la formación del partido gobernante en Venezuela: El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) va desde arriba, según la voluntad del ‘comandante Cha’. Cualquier falta de deseo de otras fuerzas de izquierda a perder su cara política, abandonar su historia y disolverse dentro del PSUV fue considerado como traición por el jefe de la revolución bolivariana. Así, en el año 2008, Hugo Chávez anunció una ruptura con los ‘divisionistas’ y ‘contrarevolucionarios’ del partido “Patria Para Todos” y el Partido Comunista de Venezuela que habían rechazado la propuesta de ingresar en el PSUV y habían postulado sus propios candidatos en las elecciones. «No sean mentirosos, PCV y PPT, ustedes tienen sus propios planes contrarrevolucionarios. Están jugando a la división del movimiento popular y yo los acuso de contrarrevolucionarios, y hay que barrerlos del mapa político venezolano por desleales, mentirosos y manipuladores».[3] En Cuba, al contrario, el proceso de la creación y unificación del partido gobernante iba, en gran parte, “desde abajo”. El Partido Socialista Popular (PSP), al reconocer el liderazgo de Fidel Castro en el proceso revolucionario, estaba dispuesto a varias formas de cooperación –desde la elección del dirigente del Movimiento de 26 de julio al puesto del secretario general del PSP hasta la formación de las ORI como la base del futuro Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC)–. Era un camino espinoso, especialmente en los primeros momentos,[4] sin embargo, las tres fuerzas políticas lograron crear un mecanismo partidario eficiente para encabezar el proceso revolucionario.

El proceso de la unificación no significaba una simple y mecánica alianza de organizaciones revolucionarias. El sistema de preparación del personal politico, social y económico era parte inseparable de este proceso. El sistema de Escuelas de Instrucción Revolucionaria ha surgido, la acompañaron la Universidad Popular televisiva y la reorganización de todo el sistema universitario. Destacó la reorientación de la Universidad de La Habana. Los dirigentes prominentes del PSP –Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Lionel Soto y Severo Aguirre del Cristo– contribuyeron enormemente en estas reformas. En 1960, antes del inicio del proceso de la formación del partido unificado, las organizaciones juveniles revolucionarias se habían fusionado dentro de las filas de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, que a partir de 1962 se llamó Unión de Jóvenes Comunistas, empezó el proceso de la limpieza dentro de la Confederación de los Trabajadores de Cuba con la expulsión de los dirigentes corruptos del grupo de Eusebio Mujal y el regreso del espíritu revolucionario de las décadas 1920 y 1930 al movimiento obrero organizado.

La actividad de este partido revolucionario unido se ha apoyado sobre el sistema de varias organizaciones sociales y políticas, centros sindicales y la unión juvenil comunista  tales como los Comites de Defensa de la Revolución, la Federación de las Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de los Pequeños Agricultores, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la Federación de los Estudiantes Universitarios, la Unión Nacional de los Escritores y Artistas de Cuba, el Movimiento Cubano por la Paz y Soberanía de los Pueblos.Algunas de estas agrupaciones fueron fundadas después del triunfo castrista, otras contaban con una larga trayectoria histórica o continuaban las tradiciones históricas de las organizaciones pre-revolucionarias. Juntas, formaron la base social extensa de la dirección cubana. Un lugar especial en la historia de más de 50 años de la revolución cubana pertenece a la Milicia Popular que ha desempeñado un papel significativo en la defensa de la revolución de amenazas exteriores y peligros internos. 

Imagen 3. Blas Roca
Imagen 3. Blas Roca

Una de las ideas fundamentales del ‘castrismo’ es su aspiración de “apoyar a los movimientos revolucionarios y de liberación nacional por todo el mundo”. Fidel Castro, en la entrevista dada a Ignacio Ramonet ha caracterizado detalladamente las causas que ha incentivado esta línea de la política exterior cubana y la considera una respuesta a la presión imperialista sobre la Isla de Libertad: «Habían internacionalizado el bloqueo, nosotros hemos internacionalizado el movimiento rebelde».[5] La teoría y estructura de tal apoyo eran un hecho posterior,[6] pero ya en el año de 1959 los cubanos emprendieron una primera operación de esta especie, al cumplir, según Fidel Castro, sus “viejas obligaciones ante los dominicanos que habían luchado junto con nosotros»; se refería al desembarco del grupo de los revolucionarios dominicanos y cubanos encabezados por el capitán del Ejercito Rebelde Enrique Jiménez Moya (dominicano) y el comandante del Ejercito Rebelde Delio Gómez Ochoa (cubano) el 14 de junio de 1959.[7] El Comandante en Jefe calificó la acción tomada en contra del regimen de R.L.Trujillo como una “excepción’, pero es obvio que era una declaración hipócrita. Los dirigentes revolucionarios cubanos nunca han molestado a los organizadores de las expediciones parecidas desde Cuba a Panamá y Nicaragua; y, posteriormente, la lista de los movimientos rebeldes ayudados y financiados por los cubanos en América Latina, Africa y en El Cercano Oriente se ha incrementado con el paso de los años.[8]

El PC de Cuba reconoce alguna continuidad de las tradiciones del movimiento revolucionario, aunque cabe notar varias lagunas en su historia; algunas personas clave en la historia de las organizaciones comunistas y antimperialistas de los años 1920-1950s han escapado de la visión de los investigadores. Las relaciones entre el PCC y la III Internacional tampoco han sido satisfactoriamente estudiadas. Mientras tanto, las bondades que permiten a los investigadores de los acervos del Archivo Nacional de Cuba, quedan demostradas en el artículo brillante del historiador australiano B. Carr.[9] Los materiales del Archivo de la Comintern han sido accesibles a los representantes de los partidos comunistas, incluso antes de la apertura de los archivos en la URSS en 1991, pero los estudios realizados por los historiadores cubanos casi no se refieren a sus fondos.[10]

Imagen 4. Julio Antonio Mella.
Imagen 4. Julio Antonio Mella.

Hasta hace poco, los investigadores cubanos desatendían  la Sección Comunista de de país, liderada por Marcelo Salinas y Antonio Penichet, quienes en 1919, establecieron sus primeros contactos con la Comintern. Hasta hoy día no está publicada ni siquiera la lista completa de los secretarios generales del “primer partido marxista-leninista de Cuba”. El nombre de Jorge Abilio Vivó d’Escoto que ha desempeñado un papel extraordinario en el movimiento comunista y antimperialista del período entre las dos guerras mundiales está, de hecho, vedado para la historia comunista oficial. Los historiadores oficiales cubanos no se interesaron con los temas de trabajo de los representantes de la Comintern y de la Internacional Sindical Roja en la región Caribe y en Cuba, de su papel en la revolución de agosto de 1933 y en la reorganización del PCC, los detalles de las actividades de los cubanos en el aparato internacional de la Comintern y las organizaciones afiliadas en Moscú. Las huellas de Sandalio Junco, Joaquín Ordoqui, Aníbal Escalante, César Vilar y Severo Aguirre y sus estudios en la Escuela Leninista Internacional han sido omitidas.

La personalidad de Julio Antonio Mella mereció mucha atención de parte de historiadores y politicos. Más aún, él es uno de los símbolos del PCC y de la Unión de Jovenes Comunistas, al igual que Carlos Marx, Frederico Engels, Vladimir Lenin, Antonio Maceo, José Marti, Máximo Gómez, «Che» Guevara y Camilo Cienfuegos. Al mismo tiempo, uno de los episodios de su biografía no está estudiado suficientemente y este incidente (la expulsión de las filas del PCC a principios de 1926) tiene una significación primordial para el entendimiento de su papel y su lugar en la historia cubana y el comunismo internacional. Fue en aquel momento cuando apareció el término ‘mellismo’,inventado por los comunistas cubanos para clasificar la estrategia y táctica de Julio Antonio en la revolución.

Mella entró al movimiento comunista cubano como un huracán y logró hacer lo que nadie más pudo en América Latina – él llevó consigo al grupo microscópico y efímero de los adeptos de la revolución mundial,[11] el movimiento estudiantil organizado (la Federación de los Estudiantes Universitarios) dispuesto a colaborar con los obreros organizados (la Federación Obrera de la Habana y la Confederación Nacional Obrera de Cuba). Una de las formas de esta cooperación se cultivó en el seno de la Universidad Popular “José Martí”. Ya en aquel entonces Fabio Grobart ha visto las posibilidades grandes en la participación de los estudiantes en el movimiento comunista: con la condición del trabajo correspondiente del partido mismo, “los estudiantes podrían convertirse en los dirigentes obreros los cuales faltan ahora” [cursivas nuestras – V.J., L.J.][12]Mella, aparte de esto, participó en la constitución de la Federación Anticlerical de Cuba, el Grupo “Renovación”, el Instituto Politécnico “Ariel”, etc., y tenía vasta experiencia en la formación de grupos de partidarios con el objeto de resolver varios asuntos. El jóven líder estudiantil era el alma y fuerza motriz de la sección cubana de la Liga Antimperialista de las Américas la que se convirtió rápidamente en un movimiento influyente que reunía en sus filas a los representantes de varias capas sociales. Este hecho fue la base de futuros éxitos del Partido Comunista. Pero los demás dirigentes del partido recién fundado estaban molestos con la independencia de Mella y con su influencia a las estructuras no controladas completamente por el CC del PCC.

El pretexto para el conflicto no tardó en aparecer; era la huelga de hambre declarada por Mella, detenido bajo la acusación en organizar las explosiones en el Teatro Payret; esta huelga era, al mismo tiempo, un impulso para la campaña por su liberación. En las filas del Comité Pro-Mella había mucha gente relacionada con la actividad de la Universidad Popular, pero ninguno de los miembros del Comité Central del PCC participó en esta agrupación. El tribunal del Partido Comunista organizado en clandestinidad, acusó al secretario de su Comité Central de cometer varios ‘crímenes’ graves: «falta de disciplina, insubordinación, oportunismo táctico y falta de solidaridad».[13] Todas las acusaciones eran los resultados directos de la huelga de hambre declarada sin aviso previo al CC del PCC. Cualquier argumento justificatorio de Mella fue desechado por los miembros del tribunal comunista. La condena resultó ser severa: la prohibición de participar en la política durante tres meses y en la actividad del PCC durante tres años.[14]

Mella, condenado al ostracismo por sus propios compañeros fue al mismo tiempo víctima de la represión gubernamental, por lo que tuvo que salir ilegalmente del país. Él viajó a México donde los dirigentes estudiantiles y líderes comunistas le conocían bien. Su prestigio revolucionario fue carta suficiente para que se integrase al Comité Central del PC de México y fuese elegido miembro del Comité Ejecutivo de la Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA) y secretario general del Comité Continental de organización del Congreso Mundial Antimperialista.

Imagen 5. Mella en Krestintern. Fuente: Bohemia.
Imagen 5. Mella en Krestintern. Fuente: Bohemia.

La dirección del PCC estuvo en completo desacuerdo con los nuevos signos de actividad política de Mella. Durante su estancia en Cuba el dirigente comunista mexicano Rafael Carrillo intentó disuadir a sus ‘correligionarios’ y les advirtió que el PCC “corre el riesgo de quedarse solo” a causa de su actitud en el ‘caso de Mella’.[15] La respuesta de los cubanos no pudo ser más clara: el CCE del PCC envió una misiva al PCM calificando a Mella como un “perfecto y condenable renegado de nuestros ideales” y llamando a los comunista mexicanos a romper todas las relaciones “con Sr. Mella”.[16] 

La I Conferencia del PCC (el de 20 mayo de 1926) responsabilizó a Mella por las contraversias entre el PC, la Universidad Popular y la Liga Antimperialista que han apoyado a su fundador y eran, según el PCC, unas portavoces del ‘mellismo comunista’ “irresponsible, sospechoso, mal intencionado, oportunista y amarillista». Los dirigentes sectarios del Partido Comunista han reprochado a su colega expulsado por perder un chance de “bolchevizar a la Liga” ya que él ‘no obedecía a la disciplina partidaria de las secciones de la Comintern’.[17]

Lo absurdo y burlesco de la conclusión fue obvio, no solo al PCM, sino también a varias personas dentro de la dirección de la Comintern que estaban a lo tanto de la situación cubana. El primer embajador soviético en México Stanislav Pestkovsky (más tarde encargado de la Internacional Campesina por el movimiento latinoamericano) quien conocía personalmente a Mella, advirtió a los comunistas cubanos a su paso por La Habana en 1926, en su camino de regreso a la URSS, que estaban “cometiendo un suicidio al expulsar a Mella”.[18] El PC de México y la Comintern entendían perfectamente bien un hecho esencial: los dirigentes del PCC estaban en contra del mayor alcance de su propio partido, estaban en oposición a las perspectivas de su desarrollo personificadas por la figura de Mella. 

Sólo después de un año y medio el CC del PCC tuvo que ceder bajo la presión conjunta ejercida por el Secretariado Latino de la Comintern, el PCM y el Partido Obrero (Comunista) de América cancelando las decisiones del tribunal del partido. Julio Antonio Mella fue readmitido al Partido Comunista y restablecido en el ejercicio pleno en todos sus derechos y responsabilidades. La nueva decision fue tomada después de la resolución cubana de la Comintern, sin embargo, los dirigentes del PCC la acompañaron con una acotación: “tenemos que obedecer a las instituciones superiores”; una advertencia especial ha sido hecha a Mella (la posibilidad de nuevas medidas disciplinarias en el caso de repetición de la situación anterior).

Todo este episodio nos hace notar una circunstancia muy significativa para la historia del partido comunista mundial en los años veinte (aunque no estaba relacionado exclusivamente con el ‘caso de Mella’). A pesar de toda la severidad de la disciplina comunista internacional, el PC de Cuba era capaz de estar en desacuerdo con la actitud de la sección más experimentada de la Comintern apoyada por varios trabajadores del aparato de la III Internacional en Moscú. Sería injusto no tomar en cuenta este espíritu polémico en los asuntos de principio inherentes a la Comintern antes de su estalinización.

Imagen 6. Mella en Bruselas. Fuente: Bohemia.
Imagen 6. Mella en Bruselas. Fuente: Bohemia.

Para aquel entonces, Mella ya se había convertido en una figura prominente del movimiento antimperialista internacional y del comunismo continental. Era el resultado de su labor extraordinaria en las actividades del Comité Continental de la LADLA: la fundación de las secciones de la Liga en América Central, los trabajos del Comité “¡Manos Fuera de Nicaragua!”. En consonancia con lo anterior, debe tomarse en cuenta su actividad como uno de los dirigentes del PCM, su labor periodística en El Machete, su participación en el Congreso Antimperialista de Bruselas y su elección al CE de la Liga Mundial contra el Colonialismo y por la Soberanía Nacional, su viaje a Moscú y los contactos establecidos con los dirigentes de la Comintern, la Internacional Sindical Roja, la Internacional Campesina y el Socorro Rojo Internacional.

El conflicto duradero entre el PCC, el PCM y la Comintern en el ‘caso Mella’ ha terminado con el triunfo de la cordura. Sin embargo, es obvia la causa de las contradicciones que casi acabaron con el partido jóven y poco numeroso. Los compañeros de Mella en la dirección del PC se precavían que el carisma del líder estudiantil, su intelecto y temperamento aumentarían enormemente su influencia. Al parecer, pensaban sinceramente que estaban protegiendo al PC de la influencia nociva ‘no proletaria’.

El regreso de Mella al PCC fortaleció la influencia de sus colaboradores cercanos J.A.Vivó d’Escoto, R.Martínez Villena, L.Fernández Sanchez u otros dentro del partido y contribuyó al triunfo de la línea estratégica hacia la creación de organizaciones numerosas autónomas bajo el patrocinio comunista. A través de estas estructuras el comunismo cubano recibió nuevas fuerzas desde diferentes capas sociales, especialmente, de los intelectuales de Cuba que mantenían contactos estrechos con el movimiento obrero. Precisamente este camino permitió al PCC convertirse de un pequeño grupo sectario a la fuerza política de masas que fue capaz de influir la vida política de la isla antes de la revolución de Fidel Castro y en gran medida ha preparado ideológicamente y en el campo de organización la victoria castrista.

 

Los caminos de la unidad continental

Las calidades brillantes de Mella como un organizador y teorista se han manifestado en la esfera que vincula directamente el ‘mellismo’ con el ‘castrismo’ y la ideología del ‘giro hacia la izquierda’ actual. La idea de la ‘unidad bolivariana’ como un paso hacia la unidad continental que es muy común para varios sectores populares latinoamericanos no es ni original, ni nueva.

Ya en el año de 1919 el emisario de la Comintern en México, Mijail Borodin planteó la tarea de crear una federación continental de los partidos comunistas. Se trataba desde principio de una mini-Comintern latinoamericana como una etapa en el camino de la creación de la federación continental. Durante varios años hubo algunos intentos de fundar tal estructura y convertirla en el actor independiente de la izquierda política. Después del triunfo planeado de la revolución comunista esta federación desempeñaría el papel del nuevo actor de las relaciones internacionales.

La manera ‘continental’ de pensar no era una simple continuación de los pensamientos de los trabajadores del CE de la Comintern. De esa misma manera se expresaba el peruano Víctor Raul Haya de la Torre. Los comunistas venezolanos Salvador de la Plaza, los hermanos Gustavo y Eduardo Machado que estaban en oposición a la dictadura gomecista y participaban activamente en el movimiento antimperialista latinoamericano también intentaban actuar en este sentido al fundar el Grupo Continental Revolucionario. En el año 1927 apareció el Partido Revolucionario Venezolano (legal) con la participación de los miembros del Grupo Continental Revolucionario (GCR) (que estaba en clandestinidad). El objeto del PRV era la unificación de toda la oposición antigomecista dentro y afuera del país para derrocar al dictador Gómez. El PRV planteaba la creación del ‘gobierno de principios en vez del gobierno de una sola persona’ en Venezuela capaz de acabar con el dominio de individuos y sustituir este con el ‘dominio de ideas’. Autoproclamándose el ‘partido de una Venezuela nueva’ declaró que no estaba combatiendo por alguna persona o grupo de personas, sino por el progreso y mejoramiento de la situación en Venezuela y por la paz en todo el mundo.[19]

El GCR planteó la tarea de «de aprovechar, para el triunfo del Comunismo en América, la situación favorable que ha de presentarse en Vene­zuela tan pronto triunfe la revuelta armada que se está organizando en es­tos momentos» y hacía todo lo que era posible para interesar en tal propósito a todos los elementos avanzados que comprendan que la Revolución Social, para su triunfo en América necesita que el proletariado conquiste el poder en uno de los países de este Conti­nente; para que de esta manera se pueda contar con los elementos de agita­ción y refugio que hagan posible la lucha en los otros».[20] Venezuela estaba considerada por el Grupo como una base potente para desplegar la revolución continental e instalar posteriormente la dictadura del proletariado.

Imagen 7. Mella y Stanislav Pestkovsky con los soldados del Ejercito Rojo. Fuente: Bohemia
Imagen 7. Mella y Stanislav Pestkovsky con los soldados del Ejercito Rojo. Fuente: Bohemia

Dos programas para alcanzar este fin sirvieron los propósitos del GCR – un plan de acción secreta y el programa de actividad exterior–. Los dirigentes del grupo solo tomaban en cuenta la táctica que imponían las circunstancias, ya que su “programa ideologico” era “el del Partido Comu­nista” y de esa manera consideraban necesario «mantener en secreto el fin que se persigue hasta tanto haya triunfado la revuelta, para lograr por un lado la participación del grupo en la misma por ende la participación de las masas, y por otro lado no dar pre­texto al capital internacional a obstaculizar el movimiento». El Grupo tenía en su agenda de formar y encabezar “un frente único con todas las organizaciones, no importando sus tendencias sociales, para la campaña de derrocamiento del actual tira­no y en pro de la revuelta armada que se prepara, y envias de hecho ésta, para el reconocimiento de la beligerancia».[21]

El 'Secretario General de la Revolución’ Gustavo Machado viajó inmediatamente a Moscú esperando “establecer y mantener las relaciones amplias y fraternales entre el Gobierno de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas y el gobierno que surgiría en Venezuela después del triunfo de la Revolución”.[22] Él pensaba discutir con el CE de la Comintern el asunto de la rebelión armada en contra de la dictadura gomecista y su apoyo de parte de Moscú. Los adeptos venezolanos de la revolución continental no aspiraban demasiado de la III Internacional y la URSS: necesitaban el dinero para organizar un barco[23] con el objeto de llevar a su país las armas que les había prometido el gobierno mexicano, y – en el caso del triunfo suyo – el envio de consejeros y especialistas para llevar a cabo las transformaciones socialistas. El embajador de la URSS y el representante de la Comintern en México Pestkovsky aceptó este plan sin alguna demora. La lógica del diplomático era simple: el régimen de J.V.Gómez era una tiranía apoyada por los Estados Unidos, la presencia de una oposición activa y enérgica antigomecista afuera de Venezuela creaba la base para formar un movimiento amplio antimperialista y antidictatorial, y Pestkovsky no quería perder tal oportunidad. Junto con el otro representante del CEIC en México Mijail Grollman estaban dispuestos desplegar un plan amplio de actividades de la lucha antimperialista, y el embajador soviético incluso ‘sondeó el terreno’ en la embajada de Japón para averiguar las posibilidades de coordinar las acciones de Moscú y Tokio en contra de los Estados Unidos e intentaba persuadir al diplomático japonés a financiar el movimiento antimperialista. Sin embargo, esto signó un espacio coyuntural de expresión e intercambio de pareceres personales. Moscú no compartía su punto de vista; la Comintern y el Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores se negaron a prestar ayuda a los revolucionarios venezolanos rechazando ‘camino garibaldista’ del derrocamiento de Gómez. La III Internacional estaba segura que sería una aventura de apoyar el ‘pronunciamiento’ ya que no tenía la base social dentro del país; según los funcionarios de la Comintern, la tarea primordial era la fundación del partido comunista, solo al hacerlo había que organizar las revueltas armadas en contra de la dictadura.[24] ¿Cuales eran las causas verdaderas del fracaso de las negociaciones entre Machado y el partido comunista mundial? Sólo podemos adivinarlo, en vista de que los documentos accesibles no explican los pormenores de las decisiones tomadas. En general, la idea del APRA de Haya de la Torre y los planes del Grupo Continental Revolucionario estaban en plena concertación con la ideología de la revolución mundial.

Julio Antonio Mella conocía todos los detalles de los intentos del GCR y apoyaba plenamente el plan del desembarque antigomecista en todos sus etapas; al mismo tiempo, preparaba su propia revuelta armada desde el territorio mexicano o estadounidense con el fin de derrocar al gobierno de Gerardo Machado en 1928. El carismático dirigente comunista cubano estaba dispuesto de entrar en colaboración con los líderes antimachadistas del Movimiento Nacionalista para realizar sus ideas, sin embargo, Moscú nunca dió su ‘visto bueno’ a este plan, a pesar de su apoyo por parte del PC de México.[25]

El dirigente del PC de Cuba Blas Roca, al caracterizar años después el programa ideológico del PSP y refiriéndose al comentario hecho por Mella a los pensamientos de José Martí, ha puesto de relieve la falta de contradicciones entre el internacionalismo, el amor auténtico a la patria y el sentir nacional: «No es necesario odiar la tierra donde naciste, olvidarlo, despreciarlo o atacarlo para ser un internacionalista. Tales absurdidades sobre nosotros, los internacionalistas de hoy día, los revolucionarios proletarios, son un invento de escritorzuelos reaccionarios sobornables. ¡No es cierto! El internacionalismo significa, antes que todo, una lucha por la liberación nacional del yugo imperialista extranjero y, al mismo tiempo, la solidaridad y la unión estrecha con otras naciones oprimidas».[26]

Imagen 8. Gustavo Machado
Imagen 8. Gustavo Machado

Para el comunista cubano Julio Antonio Mella las actividades rebeldes capaces de cambiar el gobierno no eran un pronunciamiento más al tradicional estilo golpista latinoamericano; él consideraba esta revuelta como una etapa hacia la liberación nacional y en el camino del movimiento revolucionario del proletariado hacia el socialismo. Basta ver el título del periódico fundado por Mella en México – se llamaba “¡Cuba Libre! Para los trabajadores». En esta etapa era necesario lograr la unidad de acción con la Unión Nacionalista que reunía sectores amplias de la sociedad: «Tan sólo de los movimientos nacionalistas y proletarios pueden surgir esperanzas para la Nación. El primer movimiento llegó a tener todo el pueblo enrolado en sus banderas <...> ansiosos de algo práctico, que en este caso era algo violento».[27] Mella tras el análisis de la situación cubana comprendió que la revolución cubana era algo lejano todavía; él no veía otra salida para la clase obrera sino su incorporación al movimiento de liberación nacional y estaba seguro que tal movimiento había que crearlo urgentemente, dentro del lapso de dos o tres años, antes que Cuba cayera ‘bajo el yugo del imperialismo hasta la época de las revoluciones proletarias en el continente…».

Según la historiadora cubana-brasileña Olga Cabrera, Mella vió su tarea revolucionaria en acelerar el movimiento por la liberación nacional, por eso planteaba la unión de los trabajadores con el complot nacionalista. Dirigiéndose a los obreros y calificándoles de ‘sepultureros del imperialismo’, el jóven dirigente comunista les llamaba a cumplir la misión histórica de la liberación nacional y apoyar al movimiento rebelde estudiantil con el sabotaje, boicot y huelgas. Mella basaba la unidad de obreros y las capas medias arruinadas sobre la comunidad de sus intereses ante la ofensiva del enemigo imperialista dentro del país. «Los comunistas de Cuba, sin fusionarse con el Partido Nacionalista, guardando la independencia del movimiento proletario, lo apoyarían en una lucha revolucionaria por la emancipación nacional verdadera, si tal lucha se lleva a cabo», – escribía Mella.[28]

La alianza con los nacionalistas no significaba una simple participación en sus planes rebeldes en calidad de un socio secundario. Esperando el acercamiento de los acontecimientos revolucionarios en Cuba en el estilo ‘clásico’ para Latinoamérica, Mella creía necesario tomar medidas urgentes para reorganizar el PCC en una estructura eficiente. En el caso de que los comunistas tengan, por lo menos,  “una poca influencia” Mella calculaba la posibilidad de convertir a los obreros cubanos en el gran factor de esta lucha: «Otra Nicaragua podrá haber en la América con la diferencia que aquí tendremos un partido y una clase obrera más o menos organizada que jugara un papel interesante»[29] [cursivas nuestras– V.J., L.J.].

 

El nuevo rumbo de la ANERC

Al entender perfectamente bien los límites de la idea de la conversión acelerada del PC a un proyecto que demandaba flexibilidad política la acción armada (en primer lugar, a causa de su ilegalidad), Mella y sus partidarios optaron por fundar a finales de abril de 1928 una organización capaz de crear fuera del país las circunstancias favorables para la realización de sus planes de la rebelión. La Asociación de los Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) estaba orientada a la preparación ante la crisis inminente en Cuba capaz de destruir el regimen económico y politico de Machado, cuando «los obreros y campesinos, los profesionistas y todos los grupos sociales oprimidos por el imperialismo entren en el período de la radicalización y llegue el momento histórico de la revolución en contra del fascismo cubano que sirve a los intereses de los imperialistas».[30] La ANERC estaba compuesta de los estudiantes revolucionarios y obreros emigrados de Cuba a causa de las represiones machadistas; tenía sus células (delegaciones) en México, Nueva York, Bogotá, Madrid y Paris. El objeto principal de la organización era la preparación de una revuelta armada en contra de la dictadura por medio del desembarco desde el territorio mexicano o estadounidense.

Imagen 9. Fabio Grobart
Imagen 9. Fabio Grobart

La ANERC simbolizaba “un puente entre los obreros y estudiantes que aunque han tenido que emigrar por causas algunas veces distintas reconocen en el destierro la necesidad de unificarse en un ideal socialista para independizar a Cuba y mejorar la situación que existe entre los trabajadores».[31]

Los militantes de la ANERC y los exiliados latinoamericanos solidarios con Cuba deberían componer la fuerza principal del desembarco armado en la isla apoyado por las fuerzas opositoras dentro del país – el PCC, las organizaciones estudiantiles y los sindicatos, los grupos burgueses disidentes unidos dentro de las filas de la Unión Nacionalista. La Comintern no daba cuenta sobre las fines de la ANERC y su específica o simplemente no los entendía, tampoco quiso comprender la escala y variedad de los planes revolucionarios de Mella en el campo de la formación de las organizaciones del frente comunista. La instrucciones del CEIC hacían la referencia a los Estatutos de la Comintern y exigían de los miembros del PCC exiliados en otros países ingresar en los partidos comunistas locales y dentro de estos organizar sus grupos subordinados a los Comités nacionales respectivos; a estos grupos les tocaba prestar ayuda material e ideológica al PC de Cuba en su lucha y establecer contactos con el PCC.[32]

¿Por qué los funcionarios de la revolución mundial no se han atrevido a apoyar la revuelta en América Latina? ¿Acaso no consideraban grandes sus probabilidades para triunfar? Sin embargo, la historia nos confirma que las acciones armadas en contra de los régimenes dictatoriales odiosos podrían resultar victoriosas. Apenas unos años después, el APRA ganó las elecciones en Perú demostrando la fuerza y atracción de su programa para las masas amplias. En el año de 1933 la huelga general organizada por los comunistas cubanos llevó al gobierno de Gerardo Machado al derrocamiento. El PC del Salvador encabezado por Agustín Farabundo Martí logró dentro un corto plazo de tiempo convertirse en una fuerza influyente en el país, y justamente al entender las posibilidades y perspectivas comunistas, el general Martínez decidió dar un golpe preventivo a la izquierda en el año de 1932, realizando una matanza y acabando con las perspectivas de una revolución izquierdista para muchos años.

Las probabilidades para el triunfo de la revuelta armada sí, eran grandes, en vista de que la oposición contaba con el apoyo de las capas amplias de la sociedad dispuestas para participar en la coalición antimachadista y la actividad antimperialista. Sin embargo, la separación del Partido Comunista y declaración de la revolución socialista hacían el campo de la actividad de la oposición radical izquierdista a los dictadores Gerardo Machado (en Cuba) y Juan Vicente Gómez (en Venezuela) más estrecho. El Estado Mayor de la Comintern en Moscú tuvo miedo de perder la hegemonía del partido proletario en la revolución, de la disolución de las ideas socialistas dentro de la ideología democrática y antidictatorial, del ‘renacimiento politico’ de sus adeptos en el caso de formar parte de una coalición amplia gubernamental. Claro está que estos sustos tenían cierta razón y el grado de lealtad de los partidarios latinoamericanos de la revolución mundial era bastante condicional. El comunismo era para ellos más un sueño que una ideología. El CEIC no podia contar con su lealtad absoluta para Moscú después del triunfo y por eso la Comintern no consideraba posible ‘recibir las tortas a falta de pan’ y prefería esperar la victoria de la revolución socialista en el futuro lejano en vez de apoyar el derrocamiento de las tiranías por las fuerzas incontrolables desde la III Internacional.

 

Balance y reflexión

Hoy día es muy dificil imaginar que el papel de Julio Antonio Mella en el PC de Cuba podría ser absolutamente diferente, en el caso de que las personas casi desconocidas a los historiadores lograrían insistir en 1925-1926 en la justeza de sus argumentos y dejar a Mella afuera de las filas comunistas, en el caso de que a los dirigentes del PC de México y los expertos latinoamericanos de la Comintern no les alcancaría el cerebro e insistencia para defender este jóven dirigente de las acusaciones irrazonables y absurdas.

En general, hay que suponer que la carrera política de Mella en tales circunstancias sería muy parecida a la del peruano V.R.Haya de la Torre (su antipoda, según la historiografía marxista): el ostracismo dentro de la Comintern y aguda polémica ideológica entre él y ex-aliados.[33] Pero más interesante nos parece plantear la pregunta: ¿Cómo se hubiera desarrollado el comunismo cubano sin Mella si este revolucionario, al quedarse expulsado del PCC y siendo ofendido personalmente, decidiría unirse con algun otro grupo de izquierda o abandonaría las actividades políticas? ¿Podría suceder la revolución de agosto de 1933 con el papel prominente del Partido Comunista y las ideas mellistas triunfantes? ¿Surgiría el fenómeno de Fidel Castro y de la revolución de 1959? La respuesta nos parece obvia: sin Mella y sus ideas todo esto sería poco probable, lo que plantea una necesidad de varias otras investigaciones acerca del tema.



Notas:

[1] Doctor Titular en Historia Universal, profesor de la Universidad Estatal de San Petersburgo. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Doctor Titular en Historia Universal, profesor de la Universidad Estatal de San Petersburgo. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  

[3] Rompe Hugo Chávez con dos partidos aliados // La Jornada (México, D.F.). 2008. 12 de octubre. www.jornada.unam.mx/2008/10/12/index.php?section=mundo&article=034n1mun

En el caso del Partido Comunista de Venezuela, según se puede ver, el gobierno bolivariano parcialmente logró sus fines: los comunistas siguen siendo parte inseparable de la coalición gobernante; la política del PPT es visiblemente más independiente.

[4] Se trata de los conflictos causados por la actitud ’sectaria’ del secretario de la Dirección Nacional de las ORI Anibal Escalante (él era comunista y había trabajado en el Comité Ejecutivo de la Comintern en los años 30), las contradicciones entre los ex-dirigentes del Directorato Revolucionario 13 de Marzo и del PSP surgidas a causa del proceso de Marcos Rodríguez quien había traicionado a la policía a los participantes del movimiento de 13 de marzo de 1957 y llamado ‘proceso de microfracción’. 

[5] Fidel Castro, Ignacio Ramonet. Mi vida. Biografía a dos voces. Moscú: Ripol-Classic, 2009.

[6] Las obras de Ernesto Che Guevara y Regis Debray eran primeros elementos de esta teoría. Todas las partes de la estructura del movimiento no está clara en sus pormenores todavía, sin embargo, las memorias de los militantes prominentes de la revolución cubana y las publicaciones en la prensa nos permiten entender que el Departamento de las Américas del Comité Central del PCC, las Fuerzas Especiales del Ministerio del Interior de la República de Cuba son los elementos claves. La actividad de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y America Latina (OSPAAAL), de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) creadas en 1966 por la iniciativa cubana en la Conferencia TRICONTINENTAL en La Habana han contribuido al establecimiento de los contactos con los movimientos revolucionarios de los países tercermundistos y la coordinación de sus actividades. Las sedes de estas organizaciones se encuentran en La Habana, mientras los cubanos forman la mayor parte de su dirección y aparato.

[7] Fidel Castro…, P. 324.

[8] Un caso diferente era la guerrilla mexicana. Fidel Castro ha dicho varias veces que había apoyado a  todas las guerrillas del Continente menos en el caso de México. Las guerrillas mexicanas nunca contaron con el apoyo entusiasta, ni siquiera con el reconocimiento formal o la invitación a reuniones de alto nivel, de la dirección del estado cubano, inspirador, consejero, o al menos punto de referencia, de las guerrillas argentinas, uruguayas, colombianas o centroamericanas. Esto se debió a una política de Cuba de mantener relaciones fraternales con el PRI mexicano en el poder durante medio siglo que le proporcionaba a la isla los suministros de petróleo y le extendía la mano diplomática en algunas iniciativas castristas en las Naciones Unidas.

Según algunos investigadores, no solo se trataba de ‘cortesía’ cubana para agradecer el apoyo dado por México a la revolución castrista, sino también sobre ‘un juego muy sucio’;  Cuba ‘había aceptado apoyar, darle un servicio a la policía política  mexicana, aprovechando la vinculación que Cuba tenía con el  movimiento guerrillero mexicano, para finalmente delatar a los guerrilleros  mexicanos ante la policía política mexicana. Eso es una doble traición. Se  estaba reportando con la policía política mexicana para acabar con  aquellos esfuerzos’. Los guerrilleros mexicanos que estaban en Cuba, no fueron a la isla, porque La Habana quería derrocar al gobierno mexicano, sino porque Fidel quiso, frente a la guerrilla mexicana, quedarse con su imagen de izquierdista revolucionaria que estaba apoyando a la causa. Pero al mismo tiempo no quería quedar mal con el gobierno mexicano. – Marcia Facundo. Libro sobre Marcos dice que Castro traicionó a la izquierda mexicana. – El Nuevo Herald. 19 de septiembre de 1998; León Pérez. Apuntes para un estudio de las guerrillas en México. – http://www.izquierda.info/modules.php?name=News&file=article&sid=2449

[9] B.Carr. From Caribbean Backwaters to revolutionary opportunity: Cuba`s evolving relationship with the Comintern, 1925-1934. En: Rees T., Thorpe A. International Communism and the Communist International, 1919-1943. Manchester-N. Y., 1998, p. 234-253; véase también: D.Kersffeld. De Trzciany a La Habana: los senderos de Fabio Grobart. – La Pacarina del Sur. 2010. N° 2, Febrero.

[10] Las dos excepciones son los trabajos de A.Rojas Blaquier y B. Pérez Camejo. Véase: Rojas Blaquier A.  Primer Partido Comunista de Cuba. Sus tácticas y estrategias. 1925-1935. Tomos I y 2. Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 2005; Pérez Camejo, B.N. Cuba en el Archivo de a Internacional Comunista. – Boletín del Archivo Nacional. 2012. 18-19-20. PP.119-137. Estos aportes signifacativos a la historiografía nacional tienen, sin embargo, muchas lagunas y no investigan todo el conjunto de acervos documentales de la III Internacional que tiene que ver con el comunismo cubano.

[11] El Partido Comunista contaba con apenas 127 militantes a finales del año 1926.

[12] La traducción de la carta del secretario de la sección judía del PC de Cuba A.Yunger [A.Simjovich]. – RGASPI, opis’ 105, delo 2, fs.54-55 vuelta; la carta del suplente del encargado por el Departamento de Agitación del CC del PC Ruso A.Abolin y del secretario del CC de las secciones judías del CC del PC Ruso Nemerissky a Kuusinen, 10 de agosto de 1925. – Ibid., f. 53.

[13] RGASPI, fond 495, opis’ 105, delo 2, f.13.

[14] Ibid., f.22. Más detalles sobre el caso de Mella, véase: Jeifets V.L., Jeifets L.S. Acusado Julio Antonio Mella // Latinskaia Amerika. 1999. NN7-8. PP. 64-89; L. Jeifets, V. Jeifets. Comunismo en Cuba y México. Memoria. Boletin de CEMOS (México, D.F.). 2010. N. 2 (240). P. 43-47.

[15] RGASPI, fond 495, opis’ 105, delo 2, f. 41.

[16] Ibid., d. 2, f. 23.

[17] Ibid., f.45

[18] Ibid., d.1, f.41.

[19] El Programa del Partido Revolucionario Venezolano, 31 de mayo de 1927. – RGASPI, fond 495, opis’ 107, delo 3, f. 46.

[20] El Grupo Continental Revolucionario. Salvador de la Plaza. Secretario General. México, 1926. – Ibid., f. 35. 

[21] Ibid., f. 36.

[22] La carta de S. de la Plaza a A.Stirner desde México, el 23 de junio de 1926. – Ibid., f. 15.

[23] Diario del embajador S.Pestkovsky, s/f. – El Archivo de la política exterior de la Federación Rusa (AVPRF por sus siglas en ruso). Meksikanski otdel, f. 0110, opis’ 6, papka 101, f. 76.

[24] Autobiografía de G.Machado (escrita en 1952); las cartas del suplente del Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores M.M.Litvinov al Secretariado del CEIC, 3 de septiembre de 1926. – El expediente personal de G.Machado. - RGASPI, fondo 495, opis’ 200, delo 16, parte 2, fs. 162, 220.

[25] La carta del CC del PC de México al Secretariado Latino de la Comintern, 14 de julio de 1928. – Ibid., op. 108. d. 84. fs. 42-42 vuelta; CEMOS, Colección PCM. Caja 3, folio 17, f. 1.

[26] Roca B. Los fundamentos del socialismo en Cuba. Moscú, 1961. P. 197. Según B.Roca, Mella era – junto con José Martí y Antonio Maceo – uno de los exponentes de la consciencia nacional antimperialista del pueblo cubano que era una de las bases de la ideología del Partido Socialista Popular. – Ibid., P. 153.

[27] ¡Cuba Libre! Para los trabajadores (México, D.F.). Mayo de 1928. P. 1. – Citado en Cabrera O. Julio Antonio Mella en México // Bohemía (La Habana). 1980.  Num. 5. Р. 87.

[28] Ibidem.

[29] La carta de J.A.Mella a V.Codovilla, Paris, 1927. – RGASPI, fond 542, opis’ 1, delo 18, f. 15.

[30] Cotoño Valdéz M. Detenidos y persecusiones // Carteles (La Habana). Аgosto de 1931. – Citado en Cabrera O. Op. cit.; sobre ANERC, véase: Torres Hernández L. La ANERC una combativa organización antimperialista // Bohemía (La Habana). 1975. Num. 23. P. 88-92.

[31] J.A.Mella. Documentos y Artículos. La Habana: 1975. P. 435.

[32] [La Comintern] al Comité Central del Partido Comunista de Cuba. [1929]. – RGASPI, fondo 495, opis’ 3, delo 159, fs. 110 vuelta. 

[33] Véase, para ejemplo, las investigaciones que enlacen a Mella con los orígenes del troskismo en Cuba y en Latinoamérica en general: G. Tennant. The Hidden Pearl of the Caribbean. Trotskyism in Cuba. – Revolutionary History. Volume 7. No. 3. Porcupine Press, Socialist Platform Ltd.  2000; Soler Martínez R. Los orígenes del trotskismo en Cuba // En Defensa de Marxismo, 1998, num.20 - http://www.po.org.ar/edm/index2.htm.

 

Cómo citar este artículo:

JEIFETS, Víctor; JEIFETS, Lazar, (2014) “La historia no contada del Partido Comunista de Cuba: desde el mellismo hacia el castrismo”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 19, abril-junio, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 15 de Junio de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=944&catid=5