Pacarina del Sur
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Otras teorías y otros mundos posibles. Reseña: Pérez Ruiz, Maya Lorena y Argueta Villamar, Arturo. Etnociencias, interculturalidad y diálogo de saberes en América Latina. Investigación colaborativa y descolonización del pensamiento

Rodolfo Oliveros Espinosa

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México

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México: Juan Pablos editor, Red Temática sobre el patrimonio biocultural, CONACyT, International Science Council, 2019, 324 p.

 

La crítica de las ciencias y su renovación está alcanzando un momento importante en América Latina y esto se expresa en las múltiples propuestas han surgido en los últimos 30 años con diferentes nombres: etnociencias, investigación-acción participativa, educación popular, antropología militante y colaborativa, cartografía participativa y agroecología, por mencionar sólo algunas. Todas ellas herederas de procesos de lucha de los pueblos indígenas de Nuestra América y del impulso pionero de muchos científicos y académicos que las acompañaron. Podríamos nombrar desde México la siempre presente figura de Guillermo Bonfil Batalla, a Orlando Fals Borda en Colombia o Paulo Freire que apuntaló una mirada esperanzadora de la educación y de la transformación de nuestros pueblos más allá del capitalismo. Estas primeras propuestas fueron sembrando semillas en sus respectivas disciplinas, pero también contribuyeron a trascender esa barrera que nos ha legado la división moderna del conocimiento.

El texto que aquí reseñamos nos presenta un amplio y reflexivo panorama de lo que se ha cosechado y diversificado en propuestas y experiencias de una forma otra de producir conocimiento, una que trascienda la separación sujeto-objeto, que supere o al menos relativice la posición jerárquica del académico y que permita reconocer los sistemas de conocimiento tradicional, indígena, afrodescendiente, local o quiera que sean nombrados, como herramientas fundamentales en la comprensión de las problemática que viven las sociedad que los producen, pero también de los grandes problemas mundiales que hoy ponen en riesgo la vida sobre el planeta.


Este libro comienza con un par de presentaciones, la primera corre cargo de Víctor Manuel Toledo destacado ecólogo y actual secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales en México, quién hace hincapié en la doble crisis de la civilización moderna: ecológica y social, y la necesidad de encontrar en los pueblos tradicionales inspiración para remontar esta crisis.

La segunda presentación corre a cargo de David Dumoulin Kervran académico de la Université Sorbonne Nouvelle de Francia y promotor de la investigación que se plasmó en este libro, según lo consignas los autores. Dumoulin escribe en su presentación acerca de la importancia de la descolonización del conocimiento, la democracia técnica y la justicia ambiental como temas centrales en el diálogo que establece entre los diversos actores productores de conocimiento. Para este autor, el libro y su apuesta por el diálogo de saberes y la interculturalidad es una invitación a construir nuevos horizontes comunes para la reconstrucción y reconocimiento de los mundos vividos y pensados por los diferentes pueblos.

El prólogo corrió a cargo del epistemólogo latinoamericano Enrique Leff, una voz fundamental en la crítica contemporánea de la modernidad capitalista y de las ciencias hegemónicas. Y es precisamente desde la ventana de la epistemología que va a tejer su comentario sobre el libro de Pérez Ruiz y Argueta, partiendo de las limitaciones que presentan las alternativas a la construcción de un diálogo racional desde el pensamiento occidental, de esta forma afirma: “a diferencia del principio de racionalidad comunicativa, el diálogo de saberes al que convoca este libro no parte de una formulación prescriptiva ni de formalización axiomatizada del concepto…” (pág. 18). Para este autor el diálogo de saber debe estar sustentando en la transdisciplinariedad del conocimiento basado en una ética de convivencia de mundos diversos, que no oculta la confrontación del encuentro, pero que al mismo tiempo posibilita el despliegue de una otra ontología política.

El cuerpo del libro está organizado en siete capítulos, una introducción y una sección de reflexiones finales a lo largo de los cuales van bordando y desarrollando los diversos tópicos que permiten ir articulando la reflexión de los autores sobre el diálogo de saberes. En el primer capítulo “Historia de una dicotomía colonial” los autores se remontan a la conquista, un momento que estuvo marcado por la destrucción y subordinación de los saberes de los pueblos indígenas, de sus formas de organización y reproducción social. Toman el caso del auto de fe emitido por Diego de Landa que conllevó la destrucción de una gran cantidad de esculturas, altares y códices; supuso además la prohibición para celebrar las ceremonias mayas. Actos como este se repitió en diferentes regiones de lo que hoy conocemos como México, pero también en otras latitudes del continente como la región andina, a la que también se refieren los autores. Según Argueta, a partir de la conquista y hasta la actualidad han existido cinco formas en que las clases dominantes se han relacionado con los sistemas de conocimiento indígena: 1) Acoso y destrucción, 2) la clandestinización y resistencia, 3) el asombro, 4) la apropiación selectiva y la tolerancia romántica, y 5) la duda pluralista; mismos que van desarrollando a lo largo del capítulo.

El segundo apartado lleva por título “Los Estados nacionales y las políticas de reconocimiento”, en él desarrollan el devenir de las políticas indigenistas tomando como eje de análisis al Estado mexicano posrevolucionario y el papel de la antropología en dichas políticas. Frente a ellas, los pueblos generaron estrategias de resistencia y no pocas veces de subversión, reinvención y de renacencia, a partir procesos impulsados por su organización y que devino en una presencia política cada vez más afianzada en todo el continente, que nos van relatando a partir de los diferentes encuentros, congresos y levantamientos como el del EZLN en Chiapas. En el escenario contemporáneo de sus luchas sobresalen las que se oponen y buscan alternativas a los megaproyectos, la defensa de los territorios y una lucha frontal cada vez más clara frente a un modelo de desarrollo autoritario y homogenizador (pág. 91), que nos recuerda la lucha presente contra el Tren Maya y el Transístmico, megaproyectos emblemáticos del gobierno de López Obrador en México. Finalmente, cierran esta sección dando cuenta de los avances y limitaciones que ha implicado el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes en las legislaciones nacionales y en la internacional.

El tercer capítulo está centrado en la articulación entre educación e interculturalidad. A partir de este binomio los autores nos van adentrando en las políticas de identidad que se han establecido en los estados nacionales en diferentes momentos, desde el reconocimiento del pluralismo cultural, el multiculturalismo neoliberal y la interculturalidad, comparando sus similitudes y diferencias, así como la forma en que se fueron concretando estas concepciones sobre la diversidad en el campo de la educación. Un primer momento de esta transformación del campo educativo estuvo marcado por la educación bilingüe, posteriormente biocultural, y que se implementaría como resultado, por un lado, de las políticas indigenistas y, por el otro, de las luchas que emprendieron las y los profesores indígenas al interior de las instituciones, que posteriormente se profundizarían en la construcción de sistemas educativos propios de los pueblos indígenas.

“La disputa por el modelo civilizatorio y el diálogo de saberes” es el título del cuarto capítulo, en el que los autores desarrollan algunas de las iniciativas por medio de las cuales los pueblos van reconstituyendo sus culturas, sus cosmovisiones y saberes, sus mundos otros como les nombra Leff. Son las propuestas de futuro para trascender la modernidad capitalista desde la experiencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes, que ha pasado de la búsqueda por formas alternativas de desarrollo a la crítica al desarrollo mismo como modelo civilizatorio. Estas búsquedas se han enunciado de diversas formas y han encontrado diversos caminos, desde el Buen Vivir andino o Suma Kausay / Suma Khamaña que fue retomado por el Estado Plurinacional de Bolivia, y que no estuvo exento de críticas al no verse realizadas de forma plena mientras sí predominaba la razón de Estado. Las luchas por el territorio encontraron también formas creativas, desde renombrar y recuperar las toponimias en las lenguas propias y su defensa a partir de figuras como los resguardos indígenas en Colombia, una territorialidad que dialoga directamente con los Caracoles zapatistas en Chiapas. En particular, los autores se interesan en la dimensión biocultural del territorio y el papel que tienen las llamadas etnociencias, que en la actualidad pugnan por garantizar la conservación de los bienes medioambientales, el respecto a los sistemas tradicionales de conocimiento y la colaboración con los pueblos.

En el quinto capítulo de este libro nombrado “Los mecanismos de la hegemonía”, nos invitan a reflexionar sobre los mecanismos modernos de la subalternización de los conocimientos indígenas, un proceso de larga duración que comenzó con la guerra de conquista, se extendió durante la colonia y se afianzo en los dos últimos siglos. Esto tiene como resultado la estigmatización de los conocimientos indígenas que son considerados faltos de desarrollo e inferiores al conocimiento científico, cuando no, causa directa de las afectaciones a los ecosistemas locales. Los autores van desmontando estos planteamientos a lo largo del capítulo a partir de diversas experiencias que muestran la importancia y profundidad de los sistemas de conocimiento indígena, afrodescendientes y campesinos, los cuales no están a salvo de intentos de asimilación e integración, que buscan limarles las asperezas, la radicalidad, y así poder ser convertidas en mercancía o en folclore. Esto se ha efectuado de diversas formas ya sea por medio de la traducción y posterior validación de los conocimientos indígenas en los cánones de la ciencia hegemónica, su utilización en “bien de la humanidad” cuando son convertidos en productos biotecnológicos y, finalmente cuando son incorporados a modelos de hibridación cultural, bajo el modelo de la interculturalidad neoliberal.

Como alternativa a la ciencia hegemónica los autores retoman diversas propuestas que buscan la descolonización del pensamiento y proponen una relación distinta con el conocimiento indígena, desde las epistemologías locales o alternativas que proponen, entre otros, Luis Villoro, la justicia epistémica y cognitiva a la que nos convoca Boaventura de Souza Santos y muchas otras propuestas a lo largo del territorio latinoamericano.

El capítulo sexto, “Reflexiones y experiencias sobre el diálogo de saberes”, es sin duda uno de los más enriquecedores ya que nos relatan la puesta en marcha de alternativas en diferentes campos. Es indudable que una de las principales inspiraciones para todas las propuestas posteriores fue la Educación Popular de Paulo Freire, uno de los primeros en colocar al diálogo como elemento central de reflexión y práctica transformadora para la liberación de los pueblos. Desde el campo de la sociología el referente obligado es Orlando Fals Borda quien fundara en conjunto con el cura guerrillero Camilo Torres la carrera de sociología en la Universidad Nacional de Colombia. Fals Borda propuso la Investigación-Acción Participativa (IAP) a partir de su amplia experiencia en campo y de la necesidad de profundizar los procesos de lucha y transformación que se vivía en ese momento en su país. Este autor fue pionero en reflexionar sobre las formas de devolución de los resultados de investigación a los pueblos y de la planeación misma de los modelos de investigación en conjunto con los pueblos para la resolución de problemas concretos.

Posteriormente, abordan la experiencia de Agroecología Universidad Cochabamba (AGRUCO), que desde 1985 busca aprender de y con los campesinos para la búsqueda de estrategias para el desarrollo endógeno, el diálogo intercultural y la complementariedad. También en la región andina, abordan el caso del Programa de la Asociación ANDES que trabajan en la conservación de la diversidad de papas, tubérculo que es un pilar de la identidad y cosmovisión de los pueblos; y lo hacen recuperando el concepto de ayllu que se basa en las ideas de equilibrio y reciprocidad de los humanos con las especies domesticadas, silvestres y las deidades, que en conjunto permiten constituir el Sumaq Causay. Para el caso de México retoman dos experiencias: una en la sierra norte de Puebla con el pueblo macehual y la segunda con el pueblo Maya. En el caso de los nahuas de la sierra norte el Taller de Tradición Oral de San Miguel Tzinacapan ha marcado un parteaguas en la región para la revitalización de la lengua y de la memoria cultural. En esta experiencia fue vital la participación de Pierre Beaucage, antropólogo canadiense que lleva varias décadas trabajando en conjunto con el pueblo macehual en un intenso ejercicio de diálogo e intercambio de conocimientos.

La Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka´an de Maní en Yucatán, es una interesante experiencia que desde los años noventa busca recuperar las prácticas y los conocimientos del pueblo maya en el que participan varias comunidades, además de instituciones educativas y religiosas. Un caso emblemático pues busca reivindicar la cultura maya en el mismo lugar en el que Diego de Landa emitiera se auto de fe y con ello la destrucción de una parte importante de la memoria de este pueblo.

El último capítulo es un trenzado de voces que reflexionan a coro en torno al diálogo de saberes y la interculturalidad a partir de su propia experiencia como académicos en diferentes disciplinas. Un cierre de sumo interés pues a partir de entrevistas a científicos como Enrique Leff, al antropólogo Pierre Beaucage, a Bibiana Vilá bióloga argentina, Eckart Boege antropólogo mexicano, Francisco Rosado May y Bernardo Caamal Itzá, el primero antropólogo y el segundo agrónomo, ambos de origen maya, Macario Bautista antropólogo nahua, Catalina Campo antropóloga ecuatoriana y su colega Eglée Zent de Venezuela, Diego Muñoz agrónomo boliviano, los antropólogos Spency Pimentel, Milton Hernández y Miguel Güemes brasileño y mexicanos respectivamente, la agrónoma también mexicana Adelita San Vicente y su colega Miguel Parra, además de Luis Arias, Francisco Gurri y Paloma Bonfil; mientras que desde el campo del derecho entrevistaron a Orlando Aragón, en el área de la antropologías visual recuperaron la voz de Mariana Rivera y en la experiencia radiofónica y su trabajo con niños y niñas de la Costa Chica de Guerrero a Cristina Masferrer.

Múltiples miradas, diferentes disciplinas, experiencias y formas de acercarse al diálogo de saberes. Todos los y las entrevistadas nos cuentan su acercamiento a la investigación colaborativa, las dificultades y limitaciones que se presentan, pero también los aportes que se dan en ambos sentidos, tanto para el fortalecimiento de los sistemas de conocimiento indígena como para el enriquecimiento de sistema de conocimiento occidental o disciplinario. Para algunos el objetivo es lograr incidir en el ámbito de las políticas públicas y lograr beneficios concretos para los pueblos como afirma Diego Muñoz, para otros es acompañar la construcción de las autonomías y el fortalecimiento de los procesos endógenos de reconstitución cultural. Es además sumamente interesante leer estas reflexiones a la luz de las políticas que impulsa el gobierno de López Obrador, en el que tanto Argueta Villamar como Adelita San Vicente participan como funcionarios de la Semarnat junto a Víctor Toledo. Espacio desde el que seguramente intentarán poner a prueba estas metodologías, reflexionar con ellos sobre la posibilidad de tejer el diálogo de saberes desde ese espacio, a sabiendas que el Estado mexicano mantiene su matriz colonial y un gobierno que tiene como pilares económicos a los megaproyectos, frente a los cuales los pueblos resisten, será sin duda muy interesante y un aliciente para leer y discutir este texto. Estas contradicciones propias de todo proceso de cambio, no son dejadas de lado por los autores y los entrevistados, principalmente en el caso de Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa y de Bolivia durante el gobierno de Evo, antes del golpe de Estado.

Finalmente, podemos afirmar que mediante estas entrevistas los autores logran redondear la reflexión hecha a lo largo del libro, centrarla en experiencias concretas y ello sin duda es un aporte para la producción de otras formas de ciencia no hegemónica y la construcción del diálogo de saberes, teniendo como horizonte una interculturalidad que no sea domesticada por la lógica del valor y que nos permita construir desde la ética de los mundos diversos, futuros que trasciendan la modernidad capitalista, en los que los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes serán su columna vertebral.

 

Cómo citar este artículo:

OLIVEROS ESPINOSA, Rodolfo, (2021) “Otras teorías y otros mundos posibles. Reseña: Pérez Ruiz, Maya Lorena y Argueta Villamar, Arturo. Etnociencias, interculturalidad y diálogo de saberes en América Latina. Investigación colaborativa y descolonización del pensamiento”, Pacarina del Sur [En línea], año 12, núm. 45, octubre-diciembre, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 30 de Noviembre de 2021.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1934&catid=12

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