Entre resquicios, márgenes y proximidades: notas y reflexiones sobre los 7 ensayos… de Mariátegui

Analizamos el proceso de producción y recepción continental de los 7 ensayos… de José Carlos Mariátegui, especialmente en los casos de Argentina y Uruguay. Más que realizar una lectura pormenorizada y crítica de cada capítulo del libro, nos interesa analizar más que las condiciones y las coordenadas del proceso de producción de los 7 ensayos…, así como de los aristas y condicionantes de su recepción continental.

Palabras clave: recepción, marxismo, debate, Latinoamérica

 

Mi trabajo se desenvuelve según el querer de Nietzsche, que no amaba al autor contraído a la producción intencional, deliberada de un libro, sino a aquel cuyos pensamientos formaban un libro espontánea e inadvertidamente. Muchos proyectos visitan mi vigilia; pero sé por anticipado que solo realizaré los que un poderoso mandato vital me ordene. Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de -también conforme un principio de Nietzsche- meter toda mi sangre en mis ideas.
José Carlos Mariátegui

 

La mayor parte de la obra edita de José Carlos Mariátegui La Chira (1894-1930) [2] fue entregada al público lector al filo del primer centenario de su nacimiento (1994). A partir de entonces, los estudiosos de su obra, vienen realizando nuevas indagaciones y debates. Cierto es que Mariátegui Total pretendía haber agotado la cantera de sus escritos (epístolas, notas, prólogos, artículos y libros) y superado las deficiencias de la edición de sus obras completas, sus propios descuidos, aunados al develamiento de nuevos escritos de Mariátegui en el curso de los tres últimos lustros, invitan a un nuevo emprendimiento editorial más prolijo e integral. Sin embargo, gracias a la edición de 1994 y a todos los nuevos estudios que propició, se reafirmó un consenso acerca de la obra conocida del pensador peruano al sostener que: los 7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana (1928) representa la mejor contribución intelectual de José Carlos Mariátegui y la más polémica. De manera menos unánime, se afirma que dicha obra, representa la mejor expresión del marxismo peruano y latinoamericano frente a una realidad nacional. Compartimos plenamente tal aserto. El contenido del epígrafe extraído de la “Advertencia” redactada por el autor a los lectores de 7 Ensayos… fue elocuente sobre su tenor crítico y polémico, el “mandato vital” que dio origen a la obra tenía inconfundible sello socialista.

7 Ensayos…, a ocho décadas de distancia de la primera edición en vida de su autor, ha gravitado por afinidad, distancia u oposición en el campo intelectual peruano, y más allá de él, convirtiéndose en un clásico de la ensayística peruana, latinoamericana y mundial. Tampoco ha sido ajeno al campo político, habiéndose convertido en soporte de diversas tradiciones de las izquierdas en el Perú, y objeto de ataque por parte de figuras importantes del pensamiento neoconservador como Víctor Andrés Belaúnde, por diversos intelectuales apristas y por sacerdotes católicos de derecha. Algunas corrientes de la vieja y de la nueva izquierda nacional, han preferido distanciarse por diversas razones y motivos de Mariátegui y de sus 7 Ensayos…Sin lugar a dudas, se trata de un proceso de parricidio ideológico y político que merece ser investigado y discutido. Lo que si es indudable, es que dicha obra sigue gravitando por rechazo, contradicción o simpatía y adhesión parcial o integral,  tanto en el campo intelectual y político, más nacional que internacional.

Los 7 ensayos…dicen en prosa clara, fluida y penetrante la realidad peruana de su tiempo, la que quiso dar cuenta el autor. Mariátegui pensaba que dicha realidad demandaba más ensayos y persistía en su elaboración. Nuestro insigne ensayista tuvo que optar por diferenciar los tiempos de realización y entrega de sus ensayos en función de su público y de las urgencias de su quehacer intelectual y político. 7 Ensayos… salió con oportunidad y caló hondo con el paso del tiempo, cimbrando el campo intelectual y el campo político. Nosotros, presentaremos algunas entradas acerca del ensayo de interpretación, ciertas aristas de su producción y  algunas ideas en torno al símbolo que le dio distintividad al libro.

En la actualidad, otro ciclo conmemorativo –los ochenta años de 7 ensayos…-,  nos vienen mostrando en torno a la obra y al autor, otras exigencias, nuevas preguntas y respuestas, valoraciones y descalificaciones propias a los actores que se mueven en el campo intelectual y político, o en ambos. Un texto polémico  como el que nos ocupa, lo es por lo que tiene de actualidad y trascendencia en el Perú y más allá de su escenario nacional.

 

Primera entrada


La ensayística de Mariátegui marcada por la originalidad de su estilo y de sus abordamientos críticos sobre diversos tópicos nacionales y extranjeros, no puede ser disociada de la tradición ensayística peruana y latinoamericana. Recordemos que los primeros ensayos habían sido cribados en el seno de los círculos de criollos ilustrados durante el Siglo de las Luces. Durante la segunda mitad del siglo XIX este género había logrado un nicho en el campo intelectual latinoamericano y por ende, cierta legitimidad.

El ensayo sobrevivió a la moda del monografismo científico de cuño positivista y reafirmó sus fueros en el siglo XX, y fue en ese proceso, que la práctica ensayística de José Carlos Mariátegui dio sus frutos y suscitó nuevas agendas o puntos de vista sobre añejas y complejas problemáticas peruanas, latinoamericanas, orientales y  europeas.  En lo general, una línea de continuidades y rupturas en la historia del ensayo latinoamericano ha sido motivo de exploración y debate entre los especialistas. Y en su seno, ha tenido cabida el debate en torno a la significación del ensayo en la obra del escritor peruano. [3]

Los intelectuales latinoamericanos durante las primeras décadas del siglo XX, no fueron ajenos a  la lectura del género ensayo. Ellos, según sus respectivas preferencias pudieron encontrar dignos y valiosos ejemplos en las diversas vertientes humanísticas (literatura, filosofía, política,  antropología, sociología  e historia), así como en las canteras de las denominadas ciencias exactas y experimentales. Mariátegui y algunos de sus coetáneos cultivaron con interés la lectura y la escritura del ensayo. Género cuyo cuidado por la forma le confiere especial atractivo a la presentación de sus preguntas, ideas y tramas argumentales acerca de los temas e inquietudes propias del tiempo y la sociedad del autor, sin necesariamente anclarse en el presente como lo prueban por ejemplo, los ensayos de índole histórica y utópica. En todo caso, la virtud del ensayo en el terreno intelectual, más allá de la valoración de su cuidadoso estilo, radicó en marchar a contracorriente de las ideas y las prácticas hegemónicas. El ensayo en esta dirección, nos ha sugerido por su intencionalidad y trayectoria dos imágenes: las del vuelo de altura para alcanzar o resignificar panorámicas de lo real y las del buceo en la profundidades para develar lo no conocido o intuido.

Cultivar el ensayo fue y sigue siendo un modo de aventura intelectual signada por el pensar y escribir con originalidad y consistencia sobre un tópico considerado relevante por el autor. El ensayo ha permitido y permite: explorar desde los márgenes e intersticios lo obvio o ya conocido para mostrarnos rasgos no antes percibidos; calar en honduras y zonas ignotas de los procesos de lo real, para dar cuenta de ellos de otro modo y a veces, trascenderlos. La pasión explícita de Mariátegui por el viaje, la aventura y la vida heroica, además de mostrar los signos espirituales de la modernidad, eran compatibles con el espíritu que subyacía y modelaba al ensayista y su obra. Mariátegui, tras su adhesión al marxismo encontró en el ensayo una vía interpretativa de primer orden. En enero de 1927, nuestro autor se encontraba en vísperas de terminar la redacción de su ensayo sobre la literatura y aunque siempre le faltaba un buen trecho por recorrer para culminar la obra, no perdió la ocasión para criticar a la adhesión formal al marxismo y el modo de pensarlo en abstracto, con motivo de su mensaje al movimiento obrero, así afirmó:

“El marxismo, del cual todos hablan pero que muy pocos conocen y, sobre todo, comprenden, es un método fundamentalmente dialéctico. Esto es, un método que se apoya íntegramente en la realidad, en los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales. Marx extrajo su método de la entraña misma de la historia. El marxismo en cada país, en cada pueblo, opera y acciona sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades. Por eso, después de más de medio siglo de lucha, su fuerza se exhibe cada vez más acrecentada.“[4]

El ensayo en la obra de Mariátegui poseía tres rasgos adicionales: la superación de la crónica de ideas, la asignación de un lugar central a la contradicción y el develamiento histórico del fenómeno o problemática estudiada. Cada uno de los ensayos de Mariátegui se construyó como negación y alternativa a ciertas ideas y creencias, acrecentando su tenor polémico. En 1928, frente a la cuestión boliviano-paraguaya nos brindó un ensayo de interpretación, dejando explícita su concepción del género:

Mis opiniones, sobre la cuestión boliviano-paraguaya, en general, no se avienen sin duda con los términos diplomáticos de los comunicados oficiales de Bolivia ni del Paraguay: me situó, ante éste como ante cualquier otro acontecimiento  internacional, en un terreno de interpretación, no de crónica. Indago, quizá, con alguna audacia, por razones de temperamento y de doctrina, lo sustancial, diversa y opuestamente a la diplomacia, que tiene que contentarse con lo formal.[5]

Todo parece indicar que el ensayo fue considerado por Mariátegui como una estación deseable, dúctil  y provisoria del trabajo intelectual, significativamente asociada a su función polémica sobre los temas abordados. El marxismo como coordenada de la interpretación mariateguiana, no cayó en la tentación de la fragmentación disciplinaria como lo podían sugerir las siete temáticas y problemáticas abordadas. Los vasos comunicantes con que Mariátegui nutrió la escritura de cada uno de sus ensayos de interpretación y de toda su obra, significaron una malla unitaria de relaciones. [6] El modo mariateguiano de vincular lo económico, lo social, lo racial, lo educativo, político y religioso refrendaron su originalidad y capacidad de penetración en las diversas esferas de lo existente. Se equivocan quienes proyectan sus matrices monodisciplinarias para estudiar y comentar los ensayos mariateguianos que consideran dentro de sus fueros disciplinarios.

Nuestro ensayista al valorar la intencionalidad de su esfuerzo afirmó: “Toda esta labor no es sino una contribución a la crítica socialista de los problemas y de la historia del Perú. “ [7] Preguntémonos: ¿qué sentido tenía tal contribución para el autor en 1928? Mariátegui cerró su advertencia preliminar, revindicando su opción a favor de politizar su obra, a articularla a su proyecto político revolucionario. No vemos otra manera de entender el afán reiterativo y de mayor contundencia de las siguientes palabras:

“Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano. Estoy lo más lejos posible de la técnica profesional y del espíritu universitario. “[8]

Discutir desde la perspectiva socialista e investigar bajo la guía del marxismo, según nuestro ensayista, eran dos prácticas eslabonadas entre sí. Las reflexiones de nuestro pensador acerca de la construcción teórica parecen converger con otra preocupación suya, la de forjar algunos libros orgánicos derivados del desarrollo de sus propios ensayos. En su nota de advertencia a su libro afirmó:

“Volveré a estos temas cuantas veces me lo indique el curso de mi investigación y mi polémica. Tal vez hay en cada uno de estos ensayos el esquema, la intención de un libro autónomo. Ninguno de estos ensayos está acabado: no lo estarán mientras yo viva y piense y tenga algo que añadir a lo por mí escrito, vivido y pensado. “[9]

En otras palabras, para Mariátegui cada uno de sus ensayos refrendaba su adhesión al marxismo como base interpretativa de la problemática abordada. El carácter de “contribución socialista” de su obra, remarcaba su preferencia por un público potencialmente afín, independientemente de que hubiesen otros tipos de lectores. El vocablo  método apareció en su obra en dos acepciones: la primera en su sentido laxo y popular de modo de hacer, y la segunda como “métodos de investigación”[10] o “métodos didácticos” o “pedagógicos”. Mariátegui muchas veces usó el término concepto en el sentido genérico de juicio u opinión, práctica aceptada en la lengua castellana. En algunas ocasiones, el concepto operó como un término propio de alguna teoría literaria, sociológica o económica susceptible de validación. Los conceptos que usó nuestro ensayista en sus siete ensayos con fines explicativos, tienen una deuda visible con la tradición teórica marxista cribada en Europa a lo largo de 8 décadas, si consideramos al Manifiesto Comunista (1848) como un hito constitutivo. Sin embargo, el pensador peruano tomó prestados otros conceptos extraídos de obras de autores no marxistas, los que creyó necesarios para darle soltura a su lógica interpretativa frente a una realidad, frente a una problemática dada. La crítica que hizo al pensamiento de Manuel González Prada, fijó una frontera cognitiva y axiológica entre la retórica de la imagen y la del concepto que deben presidir o no en los ensayos de interpretación. [11]


Mariátegui no aplicó el marxismo a la realidad peruana, esa figura de opaca del formalismo deductivista y la exterioridad mecanicista del “pensar en abstracto”, sino que lo fue reelaborando y desarrollando en el análisis concreto del proceso estudiado. [12] Nuestro autor reconocía la existencia de “varias teorías marxistas” en su época, las cuales comenzaban a interesar a los estudiantes universitarios vinculados al movimiento de reforma universitaria. No es difícil advertir en estos pasajes de 7 Ensayos… una cierta distancia frente a las lecturas y usos marxistas de Haya y de otros líderes estudiantiles de su tiempo. Recordemos que Haya en sus dos obras aurorales: Por la Emancipación de América Latina (1927) y El Antiimperialismo y el Apra (1928),  prefirió una lectura más continentalista que nacional. [13]

Frente al teoricismo marxista diletante, Mariátegui siguió el camino firme y terrenal de configurar lo “concreto del pensamiento” vía el develamiento de lo real fenoménico o concreto sensible. Y si ello, suponía distanciarse del marxismo vulgar y deductivista, nuestro autor no dudó en decirlo. [14] Pero también se cuidó de las telarañas legadas por el positivismo y su culto al dato empírico. Al respecto, Mariátegui había redactado en lo fundamental sus ensayos sobre la evolución económica y regionalismo y centralismo, encontrándose a bocado a retomar el dedicado a la literatura nacional. [15] Bajo tales circunstancias resultó valiosa su postura crítica de investigador y ensayista frente al dato en cuanto tal: “…el dato no es sino dato. Yo no me fío demasiado del dato. Lo empleo como material. Me esfuerzo por llegar a la interpretación. “[16]

Una lectura atenta del ensayo sobre la literatura, motivo de la distancia, nos permite apreciar la densidad interpretativa, el develamiento de los complejos nexos e interacciones entre la economía, los intereses de clase y las corrientes literarias nacionales y extranjeras. Descubrir y esclarecer el problema indígena tras sus apariencias y los discursos que se constituyen sobre ellas, le posibilitó,  afirmar su interpretación como crítica y alternativa. [17] Camino análogo siguió en sus demás ensayos, así por ejemplo, frente a la cuestión educativa puso cable a tierra en su sentido figurado y real. [18] En su ensayo sobre la literatura peruana, advirtió a sus lectores, que abstracciones tales como literatura nacional o nación no se bastan a sí mismas para dar cuenta de proceso formativo y de desarrollo de la literatura peruana.[19] El concepto de región abordado en su ensayo sobre regionalismo y centralismo, más allá de sus rasgos geográficos merece ser revisitado y discutido, por su fuerza heurística y mediadora en el análisis de la formación de la nacionalidad y  de la nación. [20]

 

Segunda entrada

José Carlos Mariátegui, a sus 34 años de edad, nos legó la primera obra clásica del marxismo latinoamericano en torno a cuestiones inquietantes del Perú. En la actualidad, este libro sigue suscitando nuevas lecturas y debates sobre tópicos culturales, históricos y políticos en los Estados Unidos, Europa y Asia (China y Japón). No es casual que  sumen catorce las ediciones de los Siete ensayos. . . realizadas en ocho países hermanos sin contar las 72 ediciones peruanas: Argentina (2005), Brasil (1975), Chile (1955), Cuba (1963, 1969, 1975), Colombia (1995), México (1969, 1979, 1988, 2002, 2007), Uruguay (1970) y Venezuela (1979, 2007).[21] Repárese en un hecho relevante para una obra marxista, haber logrado diecinueve ediciones impresas pos caída del socialismo real: catorce ediciones en el Perú, tres en países latinoamericanos (Colombia, México y Venezuela), una en Europa (Grecia) y otra en Oceanía (Australia). A todo ello debemos sumar varias ediciones electrónicas en castellano a las que cualquier usuario puede acceder y bajar de la red. [22] ¿Qué méritos tiene este libro para seguir despertando el interés de las editoriales y comunidades de lectores? En el mundo virtual hay varias páginas académicas y políticas que han subido diversos textos de Mariátegui, destacando dos ediciones de los 7 Ensayos… ¿Qué virtudes condensaron  los 7 Ensayos. . . que devinieron en prismas de abordaje de  tópicos nacionales o de la propia naturaleza del ensayo de interpretación? No hemos de conjeturar al respecto, únicamente destacaremos el hecho de que la presencia de Mariátegui y su obra no se agotó con la crisis del socialismo real y del marxismo institucional, ni con las críticas a los discursos de la modernidad.

La intelectualidad latinoamericana sigue reconociendo el carácter renovador de la ensayística de Mariátegui frente al complejo proceso de afirmación nacional. Cada uno de sus ensayos de interpretación siguiendo el método dialéctico, ha dotado de visibilidad  a los límites de ideológicos y políticos de sus oponentes, al mismo tiempo, que daba cuenta de los rasgos de cada problema estudiado en su decurso histórico, sin olvidarse de señalar tanto sus respectivas líneas de continuidad como sus fracturas, llámense económicas, sociales, políticas, educativas, religiosas y literarias.


Esta obra magistral del intelectual peruano nos permite apreciar que la ruta seguida por él durante su investigación de los siete problemas peruanos, fue diferenciada de su método de exposición de resultados. Un cotejamiento rápido del índice de 7 ensayos con la relación de artículos publicados en la revista Mundial permitirá apreciar los contrastes. [23]En orden cronológico la investigación y la escritura de la obra siguió una ruta no lineal, los dos primeros artículos publicados correspondieron a fragmentos del ensayo sobre la literatura nacional (9 de diciembre de 1924 y 2 de octubre de 1925), al que debemos sumar un artículo dedicado a la cuestión indígena (25 de septiembre de 1925). Le siguieron en orden de publicación : cinco artículos dedicados a regionalismo y centralismo (16 de octubre al 18 de diciembre de 1925), cuatro dedicados al esquema de evolución económica (15 de enero al 5 de febrero de 1926), tres dedicados a regionalismo y centralismo ( 12 al 26 de febrero de 1926), 17 dedicados a la literatura nacional (12 de marzo al 13 de septiembre de 1926), 7 dedicados a la instrucción pública (10 de septiembre al 3 de diciembre de 1926), 3 a la literatura nacional (21 de enero al 4 de febrero de 1927), 14 al problema de la tierra (18 de marzo al 4 de junio de 1927),. 6 a la instrucción pública (8 de agosto al 30 de septiembre de 1927), 8 al factor religioso (9 de de diciembre de 1927 al 27 de enero de 1928), 2 a la literatura nacional (6 al 14 de julio de 1928) y  2 a la instrucción pública (14 y 17 de septiembre de 1928). Hacemos notar que con la excepción del ensayo dedicado a la cuestión de la tierra, todos los demás mostraron ciertas discontinuidades en su desarrollo. Nos eximiremos de comentarlas por razones de economía tanto textual como de tiempo.

En el libro hay una valiosa propuesta de autonomía conceptual. Destacaron igualmente sus distancias frente a la celebración del mestizaje y del romanticismo indigenista e indianista en boga. Por el contrario, nuestro pensador apostó a favor de que los diversos sujetos culturales se reconocieran en la tradición nacional y en un nuevo y compartido proyecto de nación, aunque se le puede reclamar la ausencia de visibilidad y reconocimiento a los aportes a la tradición nacional legados por los migrantes africanos y asiáticos y sus descendientes.[24] El énfasis descolonizador en cada uno de sus ensayos tiene aristas epistémicos, políticos y culturales, recordemos nuevamente la actualidad innovadora del concepto de región para debatir sobre la  actual crisis del estado-nación.

Hay en esta obra un esfuerzo por proponer al ensayo de interpretación como una práctica intelectual deseable que no clausurase lecturas, que impulsase nuevas  búsquedas, reescrituras, reactualizaciones y debates sobre los grandes temas nacionales. En septiembre de 1924, como perspicazmente lo señaló Ramón García, Mariátegui nombró por primera vez al ensayo de interpretación en la revista Claridad, no para caracterizar a un texto suyo, sino para presentar el escrito por su compañero César Falcón, intitulado “La Familia Peruana”. [25] Nuestro ensayista, durante los meses noviembre y diciembre  de 1924, dio muestras visibles de estar afinando un proyecto de libro. En carta fechada el 18 de noviembre de 1924, nuestro intelectual le informaba a Ricardo Vegas García (1897-1956) sobre su idea de escribir un libro sobre el Perú, al mismo tiempo, revelaba la confianza y autoridad intelectual que le confería al en ese entonces director de la revista Variedades, para resolver lo referente a la selección y consulta de fuentes de calidad:

“Pienso escribir un libro de crítica social y política sobre el Perú. Necesito con este motivo, apertrecharme de material histórico, leer lo que no he leído y releer lo que ya he leído, no porque me proponga hacer una obra de documentación y bibliografía, sino porque no quiero ninguna injusticia al realizar crítica de crítica. Le agradeceré cualquier libro que a su juicio puede serme útil. “

El tenor de la carta indicaba que el intelectual socialista no andaba muy interesado en escribir un tratado o estudio monográfico sobre el Perú, sino una obra crítica sobre asuntos sociales y políticos, aunque sin aclarar el género de la misma. La crisis de salud que le costó una amputación de la pierna y afectó su vida,  su trabajo intelectual y por ende su proyecto de libro dilató sus planes. Los primeros días de junio de 1925, en una circunstanciada entrevista realizada por Ricardo Vegas para su revista, Mariátegui manifestó lo siguiente: “…revisó y perfecciono el plan de un libro sobre el Perú y que me propongo escribir muy pronto.”[26]

Cada uno de los Siete Ensayos. . ., y la obra en su conjunto, fue marcada por una legítima y muy contemporánea vindicación del pathos escritural. La fría racionalidad letrada no garantizaba más objetividad que la que articulaba razón y sentimiento. Y el asunto no era menor tratándose de un intelectual marxista que marchaba con su ensayística a contracorriente del esquematismo y determinismo reinantes.

Algunos lectores se preguntarán, ¿por qué siete ensayos? Feliz coincidencia con la fuerza simbólica del número cabalístico, útil para signar el desciframiento de los males e incógnitas del Perú. Sin embargo, no hubo motivación esotérica en el autor-editor, sino una razón profana y convincente acerca del número de ensayos de conformidad con una respetuosa economía textual. Recordemos que en 1927 había rotulado tentativamente su obra como Diez Ensayos. . . A mediados de 1928 la producción ensayística concluida debería probar su viabilidad editorial de cara a su deseado público. Mariátegui confesó que le parecía ya excesivo el volumen como para incluir su octavo ensayo sobre ideología y política socialista; de los demás no dijo nada explícitamente, quizás  porque no pudieron ir por falta de oportunidad y tiempo, más allá de los límites de las crónicas culturales, de las crónicas de ideas que había ya redactado o venía revisando. Sus rastros habrá que recuperarlos en las principales secciones desde donde gustaba abordar las cuestiones peruanas.

El octavo ensayo, el de mayor espesor político construido de cara al futuro, simplemente desapareció. A la fecha no se sabe si su extravío tuvo que ver con la acción sectaria y depredadora de los cuadros de la Internacional Comunista que atendieron a la sección peruana frente a una pieza creadora del marxismo latinoamericano, o quizás a un extravío involun tario o intencional de uno o más de los colaboradores de Mariátegui.[27]

Al valorar los Siete ensayos. . . se omite con frecuencia que Mariátegui era editor y que su primera experiencia laboral como operario en una imprenta capitalina le posibilitó ingresar a las filas del periodismo. Y decimos esto porque uno se deleita con la materialidad de 7 ensayos. . . pulcramente impreso bajo su dirección, con una atractiva portada que ha devenido con el paso de los años en figura simbólica. La portada, al suscitar en sus lectores el primer estímulo de aproximación al libro merece unas líneas.

La vistosa carátula ha presidido las cuarenta ediciones de 7 ensayos. . . a cargo de la familia Mariátegui. Un umbral abstracto de tonos nativistas simboliza la obra gracias a la pintora Julia Codesido. La imagen dominante hace coincidir el título del libro con la figura trapezoidal tan fuertemente anclada en la iconografía y en la arquitectura incaica, así como en el propio imaginario andino. Figura signada por la densa grafía de color que imita la traza manuscrita e ilumina un fondo negro. Es el ensayo de interpretación que opera simbólicamente como limen entre el presente y el pasado milenario. El recuadro cromático (café, negro, naranja y blanco) desplegado en grecas quebradas sugiere un textil andino, es decir, una marca de autoctonía etnocultural. Un textil andino metónicamente representa a su creador y su tradición. Densa peruanidad se expresó en la exitosa composición de Julia Codesido.

La entrada a la obra asume la figura de una clara y necesaria Advertencia al lector. En ella encontramos algo más de lo que ya comentábamos al inicio de este texto,  una carga moral que orillaba al autor a transparentar el propósito de su libro, así como a develar su posición como un intelectual “lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario”. Su obra ensayística fue caracterizada sin ambigüedades por el mismo autor como una “contribución a la crítica socialista de los problemas y la historia del Perú”.

La crítica ha objetado aspectos particulares de la historia, la economía, la religión, la educación y la literatura tratados en esta obra del pensador y ensayista peruano. La crítica sobre los 7 Ensayos…, ha seguido un curso sinuoso y complejo, entre las generadas por posturas ideológicas adversas y aquellas cuya fuente de inspiración se afinca en posturas disciplinarias y teóricas no compatibles con las categorías y matrices interpretativas y argumentales de Mariátegui. De otro lado, todavía no existe un inventario de las “defensas” de tal obra y de su autor, y menos un balance crítico de las mismas. Las defensas de los 7 Ensayos y del autor deben decantarse.

Defender cerradamente a los 7 Ensayos… traicionaría el legado de Mariátegui, su concepción del marxismo, su método de investigación y de exposición. Defender todas y cada una de las afirmaciones de Mariátegui iría en contra del carácter mismo del género que sirvió de asidero para formular sus interrogantes, proponer sus categorías y ejercicios analíticos, así como sus balances o conclusiones provisorias. La defensa de los 7 ensayos… radica en valorar el marxismo como matriz interpretativa de la problemática estudiada y su compromiso a favor de una resolución afín a los intereses de las clases y grupos etnoculturales subalternos. Defender el legado de los 7 ensayos implica: asumir la invitación a continuar viejas y nuevas líneas de investigación reflexiva y comprometida, así como a valorar las virtudes del ensayo como instrumento bifronte, de investigación y de exposición, sin negar las ventajas de otras opciones investigativas como las desarrolladas por Carlos Marx. Agregaremos algo más, el método de exposición en Mariátegui, tiene su dimensión estética, su indiscutible calidad literaria.

Unos señalamientos intencionales y fundados, pueden ser explicados en función del autor, los límites del ensayo ajeno a las señas académicas de la erudición, así como a los moldes del monografismo cultivado por las ciencias sociales. Otras críticas han obviado lo inocultable, la inaccesibilidad o extrema dificultad para los intelectuales de acceder a ciertas fuentes de información coyuntural o histórica. Todo escritor y toda obra dicen su tiempo y su sociedad, incluidos sus propios condicionantes. El lugar y el modo de la enunciación intelectual expresan un sentido histórico, cultural y político que merece ser revisitado por los estudiosos.

El mirador académico muchas veces ha pecado de anacronismo en su manera de leer y criticar las obras extra-académicas. Los exponentes del medio universitario han  olvidado con cierta frecuencia que el campo intelectual en el Perú de 1928 expresaba por un lado la crisis de la cultura y el saber oligárquicos, y por el otro, los avatares de su fase formativa. Por último, ciertos críticos han omitido el hecho de que muchos de los mejores logros intelectuales y expresiones vanguardistas asumieron en dicho periodo un sello extra universitario, y a veces, anti-universitario.

La selectividad y arbitrariedad de cierto tipo de estudios que no corresponden únicamente a los de corte ensayístico puede ser controversial, no por lo que deja fuera o incluye, sino por los criterios y razones que la fundan. Confundir lo primero con lo segundo, es perder la perspectiva entre la minucia y el rigor en el ejercicio crítico. El propio carácter selectivo de su obra con su inocultable cuota de arbitrariedad puede ser discutido, no usado como argumento para descalificarla por lo que dejó fuera o incluye en sus ensayos sobre literatura e instrucción pública.

Mariátegui distinguió los que algunos de sus críticos olvidan, un ensayo nunca será equivalente a un tratado, tampoco será equivalente a un inventario de formal erudición al estilo de Luis Alberto Sánchez. Sería más provechoso discutir: la pertinencia del concepto de “valor-signo”;  su eje interpretativo en torno a la dialéctica de lo colonial y lo nacional;  la intención y su modo de trazar las señas ideológicas de quienes participan de un antagonismo en desarrollo, sin descuidar su articulación clasista y nacional; la legitimidad ideológico-política de proponer un proceso a la literatura o a la instrucción pública. Mariátegui, en su “Balance Provisorio” de la literatura reiteró el tenor del enfoque que presidía y orientaba su ensayo y sobre el que fundó su muestra,  representativa y arbitraria al mismo tiempo:

He tenido en esta sumarísima revisión de valores-signos el propósito de hacer historia ni crónica. No he tenido siquiera el propósito de hacer crítica, dentro del concepto que limita la crítica al campo de la técnica literaria. Me he propuesto esbozar los lineamientos o los rasgos esenciales de nuestra literatura. He realizado un ensayo de interpretación de su espíritu; no de revisión de sus valores ni de sus episodios. Mi trabajo pretende ser una teoría o una tesis y no un análisis.

Esto explicará la prescindencia deliberada de algunas obras que, con incontestable derecho a ser citadas y tratadas en la crónica y en la crítica de la literatura carecen de significación esencial en su proceso mismo. [28]

El asunto de las exclusiones en los 7 Ensayos… ha sido motivo de otros debates de claro signo político, como no los recuerda una mutilación alusiva de una frase alusivamente positiva a Haya de la Torre, nos remite al prejuicio militante de los encargados del “cuidado” de algunas ediciones, no a Mariátegui. [29] Este asunto es relevante, recuérdese que en 1928, poco antes de la edición de esta obra se produjo la ruptura de Mariátegui con Haya de la Torre. En los 7 Ensayos… son identificables e importantes dos alusiones explícitas entre otras que sin nombrarlo confrontó algunas de sus ideas políticas. Reseñaremos el  contenido de estas dos referencias, dejando para más adelante nuestro comentario sobre un par de alusiones genéricas de tenor crítico y polémico, que pueden ser consideradas como alusivas a Haya y al aprismo.

La primera mención directa de Haya apareció en el ensayo dedicado a la educación, mencionando positivamente su liderazgo en el movimiento universitario y su  positivo papel como mensajero de las “juventudes del Sur” en 1922. [30] La segunda mención que hace Mariátegui de Haya de la Torre figuró en el acápite dedicado a la obra de Ricardo Palma en su ensayo sobre la literatura peruana. En ella, nuestro ensayista valoró positivamente el penetrante juicio de Haya sobre la proximidad de Palma a González Prada en su crítica a la colonia, remarcando además su fina apreciación acerca de la sensibilidad de los lectores peruanos, la cual tuvo más aprecio por la sátira del autor de las Tradiciones Peruanas que por la diatriba y el latiguillo del autor de Horas de Lucha. Además de ello, Mariátegui reivindicó el punto de vista no literario de Haya por la fecundidad de su análisis, para golpear en la misma dirección en que iba cribando su proceso a la literatura, fracturando el monopolio discursivo de los tradicionales críticos literarios  por lo que eran incapaces de percibir, olvidándose de interpelar la relación dinámica del autor y su obra con su contexto. [31]

Las réplicas y matices no han faltado y el debate sigue y posiblemente continuará bajo otros términos. Lo que queda claro es que los 7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana ha resistido el vendaval de la crítica fundada o sesgada,  ya que la fuerza de los ensayos radica en la fecundidad no sólo del método, sino de sus ideas, así como del género ensayo.

Mariátegui trazó algunos lineamientos para orientar su producción periodística, dotándola de unidad y sentido, dicha práctica la cultivó antes de su viaje a Europa. Nos referimos a las secciones en las que situó sus artículos a partir del año de 1914.

Las secciones propuestas por Mariátegui en los diversos medios gráficos en que colaboró o dirigió, tuvieron diversa suerte, unas fueron más trascendentes que otras porque sirvieron de vehículo progresivo para la generación de sus ensayos. Otras secciones tuvieron vida efímera, no así los artículos que circunstancialmente le dieron vida. Las secciones operaron como nichos legítimos para canalizar las diversas preocupaciones del autor a través de sus crónicas y análisis culturales, históricos, políticos, sociales, económicos y literarios. Y unas y otras secciones expresaron como tales, los modos de aproximación del autor a las expectativas del público lector, pero más que para satisfacer sus gustos, para renovarlos.


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Un mapa no exhaustivo sobre la manera en que Mariátegui rotuló y resignificó las secciones ayudaría a entender su estrategia intelectual y periodística: “Del Momento”, Crónicas”, “Cuentos de Hoy” (La Prensa); “Voces”,  “Cartas de Italia”,” “Del Carnet de un peregrino”, “De la vida europea”, “Aspectos de Europa” (El Tiempo). Resulta significativo por ello revisar las series de artículos que congregaron sus secciones: “Motivos polémicos”, “ensayos sintéticos”, “Tópicos de arte”, “Croquis”, “Tópicos actuales”, “Esbozos críticos”, “Temas olvidados”, “Temas de Nuestra América” (revista Mundial), “Figuras y Aspectos de la vida mundial”, incluyendo su legítima apropiación de la sección fundada a mediados de 1925 por Ezequiel Balarezo bajo el pseudónimo de Gastón Roger intitulada “Peruanicemos el Perú”. Escribir artículos proveía a Mariátegui de algo más que una opción de trabajo o de vida, toda vez que apostó en diversos momentos a ser editor, modelador de opinión pública nacional, mucho antes de su viaje a Europa. La labor cumplida por nuestro cronista en La Noche (1917), Nuestra Epoca (1918), La Razón (1919) ha sido destacada por diversos autores. Y como todo editor y cronista, supo el papel cumplido en toda diagramación periodística, por las secciones frente a su público lector. [32]

Hemos de destacar la relevancia de la sección que Mariátegui bautizó en la revista Mundial como “ensayos sintéticos” porque en su pensamiento y obra, le permitieron establecer una distinción que en materia ensayística consideró necesaria. La sección “ensayos sintéticos” únicamente albergó a dos escritos suyos sobre d  os tópicos en debate: el primero giró en torno a la moda, y el segundo, acerca del contraste entre la situación del intelectual en tiempos premodernos y modernos. En estos casos, hay un esfuerzo de fundar en la síntesis de lo tratado, una reflexión disidente y polémica.

Mariátegui a fines de 1924 y durante el curso del año de 1925 puso especial atención en la elaboración de ensayos sintéticos y de interpretación desde las páginas de la revista Mundial. Y un tercero, que tenía toda la fisonomía de dicho género como acertadamente anotase en su momento Alberto Tauro, nos referimos a “Veinticinco años de sucesos extranjeros”[33] Cierto es que Mariátegui prefirió filiar este texto como una crónica. Los nexos existentes entre las crónicas de ideas y de sucesos por un lado y los ensayos sintéticos y de interpretación por el otro, han sido poco atendidos por los estudiosos de la obra del pensador peruano, no obstante sus visibles y relevantes mediaciones. Las exigencias de Mariátegui con respecto al ensayo a veces resultan injustas con su propia obra. Recordemos otro caso, que para los lectores y críticos pondrá en evidencia el desajuste entre el autor y su obra, nos referimos a su primer libro La Escena Contemporánea publicado en  Lima en 1925. Mariátegui, en la página introductoria sostuvo que su obra contenía “…los elementos principales de un bosquejo o ensayo de interpretación de esta época y sus tormentosos problemas que acaso me atreva a intentar en un libro más orgánico. “[34]

La lectura de cada uno de los siete capítulos que conformaron La Escena Contemporánea muestran algo muy distinto a la presencia de un solo ensayo de interpretación o bosquejo acerca de “ésta época y sus tormentosos problemas”,  sugieren la presencia de varios más. La crisis neocolonial de Occidente no había sido resuelta por el desenlace de la primera guerra mundial, siendo acompañada de otros procesos de obsolescencia caros a la democracia, al socialismo reformista, y a la intelectualidad frente a la sociedad y la política. Frente a todo ello, Mariátegui analizó tendencias y procesos de la posguerra que apuntaban a remodelar el mundo contemporáneo: el  desarrollo del fascismo, la Revolución rusa, el movimiento revolucionario en el Oriente, el renacimiento judío y las nuevas expresiones ideológicas y políticas de la intelectualidad. Algunos esbozos de interpretación incluidos en dicha obra fueron más detallados que otros, a manera de ejemplo podemos contrastar el magistral análisis del fascismo italiano frente a la apretada síntesis de la Revolución rusa a través de las reseñas biográficas de tres de sus líderes: Trotsky, Lunatcharsky y Zinoviev. Sorprendentemente quedó fuera Lenin, fallecido un año antes de la publicación del libro. El capítulo concluyó con la presentación crítica de de la recepción francesa de la Revolución rusa. Nuestra comparación no pretende descalificar la lectura del experimento bolchevique, sino señalar los propios límites de su desarrollo.

En lo general, tanto en La Escena Contemporánea (1925) como en 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928) sus respectivos capítulos revistieron los trazos propios de los ensayos de interpretación, unos más afinados que otros.

Nuestro autor, en su primer ensayo sintético “La civilización y el cabello”[35], discutió la moda como fenómeno cultural más allá de la indumentaria, es decir, como un signo visible del cuerpo a través del acicalamiento y la valorización del cabello. Esta línea de reflexión acerca de la vida cotidiana, fue más visible en diversas crónicas publicadas antes de su viaje a Europa, como la que escribió sobre la procesión del Señor de los Milagros. A su retorno de Europa, nuestro cronista provisto de nuevos elementos teóricos, desarrolló nuevas e interesantes entradas sobre algunos procesos rituales cumplidos en fechas anuales extraordinarias como la navidad y el carnaval. A lo que podríamos sumar un valioso ensayo de interpretación acerca de Chaplin en el que propuso  por un lado, tomar en cuenta la importancia del oro en la mitología burguesa, y por el otro, su interés en desarrollar una teoría del circo. El pensador peruano no desdeñó el análisis de las culturas populares, el cual le permitió comprender el peso de las creencias, los rituales, el humor, la risa y la emocionalidad popular. Su apreciación sobre la obra de Ricardo Palma se inscribió en la misma dirección. Un sagaz y penetrante comentario de Antonio Melis merece ser citado:

El pensador peruano, en una fase histórica en la que se están cerrando progresivamente los canales del debate y de la investigación en el campo marxista, reafirma también con estas “divagaciones” su antidogmatismo coherente. El antiguo Croniqueur, el glosador de las cosas cotidianas, sigue viviendo en forma novedosa en el político marxista de la madurez. Lo estimula a trabajar con espíritu crítico para llenar el abismo que tiende a separar la doctrina abstracta de la vida concreta de los hombres.[36]

Nuestro ensayista tuvo una fuente de inspiración polémica explícita, nos referimos a uno de los ensayos de análisis cultural de Georg Simmel (1858-1918) acerca de la moda, que había sido traducido del alemán al castellano en 1923. [37] El estudio del ensayista alemán fue en su idioma y tierra natal en 1906 y reimpreso en el año de 1911.[38] El pensador alemán no había pasado desapercibido para algunos intelectuales marxistas europeos como Luckács, considerándolo en una oportuna nota necrológica, como un insigne filósofo impresionista, “un Monet de la filosofía”. [39] Mariátegui desde una perspectiva de larga duración criticó la tesis sobre la arbitrariedad de la moda sustentada por el teórico alemán, ofreciendo a cambio una explicación alternativa.

En su segundo ensayo sintético intitulado “El artista y la época”[40] Mariátegui cuestionaba a toda una corriente pasadista y reaccionaria que sostenía que el mecenazgo medieval o renacentista, había dotado a los intelectuales de mayor libertad y mejores condiciones de vida que la brindada por las instituciones de la sociedad contemporánea. Revindicaba en particular el experimento socialista en la URSS para la vida artística e intelectual.

Mariátegui debutó en la sección “Peruanicemos el Perú” a inicios del año 1925.[41] Siete meses después, asumió formal y regularmente dicha sección el 11 de septiembre de 1925, publicando una sugerente y oportuna reseña crítica sobre el libro de Luis E Valcárcel, De la vida incaica. [42] Gracias a esta sección, Mariátegui iría pergeñando las páginas de sus muy conocidos y  polémicos “ensayos de interpretación”.

 

Tercera entrada

Los 7 Ensayos… dejaron significativa huella desde el primer año de su recepción continental. Recuerdo el interés del periodista y escritor Genaro Carnero Checa en seguir buscando con acuciosidad datos acerca de la recepción mexicana de la obra de Mariátegui, el título de su proyectado libro era Tras las huellas de Mariátegui en México. Genaro, entre 1977 y 1978, nos sorprendía cada vez que nos veíamos en su oficina de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) con la información que había conseguido a través de sus amigos mexicanos y de las entrevistas que realizó a personajes políticos e intelectuales tanto de la izquierda comunista y lombardista, como de las filas del Partido Revolucionario Institucional. La lectura de 7 Ensayos… y de la revista Amauta apareció como recurrente en los testimonios recogidos. El sorpresivo agravamiento de la salud de Genaro y su ulterior deceso, frustraron tan loable iniciativa y esfuerzo. En 1977,  de manera paralela aunque convergente, el intelectual argentino José Aricó, exiliado en México venía realizando una valiosa compilación de reseñas críticas sobre 7 ensayos publicadas en revistas latinoamericanas, fuera de otros textos polémicos que dieron más tarde origen a su valioso y conocido libro. Le aportamos una copia de la reseña elaborada por Esteban Pavletich.

Las búsquedas de Carnero Checa y Aricó, trunca la primera y lograda la segunda, nos develaron, entre otras cosas que los 7 ensayos… habían gravitado de manera importante en el campo intelectual latinoamericano sirviendo de espejo o marco de referencia para reflexionar sobre otras problemáticas nacionales. Una relectura de dicha obra, nos permitió percatarnos de que en ella, existían varias referencias que de manera explícita trascendían los límites de las siete cuestiones peruanas. A los lectores de los  7 Ensayos no les pasaron desapercibidos los pasajes sobre los procesos de la Independencia sudamericana en sus particularidades y ligas con los intereses capitalistas del Imperio Británico,[43] así como el más actual y polémico para su tiempo, sobre el curso y la trascendencia del movimiento de la Reforma Universitaria en la recepción del marxismo, la solidaridad con el movimiento obrero y la generación de las Universidades Populares a contracorriente de los conservadores programas de extensión universitaria.[44] Nuestro ensayista, por comparación, determinó con más consistencia argumental, las características que revistieron dichos procesos en el Perú. Frente a la cuestión del movimiento estudiantil y obrero del 23 de mayo de 1923 contra la entronización del culto oficial al Corazón de Jesús, rectificó sus posturas iniciales de rechazo al movimiento,[45] revalorando en 1928 su real impacto social. [46] Mariátegui al comparar la sinuosa orientación del movimiento estudiantil peruano, frente a la reorientación seguida por su similar argentino, fue muy cáustico en su balance. Veía un lastre ideológico, insinuando acaso su origen, en la impregnación de los mensajes de Haya de la Torre en el destierro,  previos y posteriores a la formación del aprismo. [47]

Mariátegui supo de las virtudes explicativas de las comparaciones y las analogías, pero supo también de sus límites, por eso fue  cuidadoso al presentar matices y particularidades. Siguió las mismas prevenciones cuando analizó problemáticas intranacionales, regionales o locales. [48]

Varios ejemplares del libro llegaron a otros países latinoamericanos, gracias a los ocasionales viajeros o al servicio postal. La circulación del libro correspondió en la mayoría de los casos, con las redes de los exiliados peruanos y colaboradores de la revista Amauta. Le debemos a Guillermo Rouillon el primer inventario, a José Aricó la primera compilación de reseñas críticas y a Horacio Tarcus, el más exhaustivo análisis y rescate de las fuentes en un solo país, Argentina.  La recepción peruana de los  7 ensayos durante el primer año de circulación del libro, acusó desinterés y silencio por parte de la intelectualidad  dejándole a nuestro autor un agrio sabor de boca.[49] Muy distinta fue la recepción intelectual en otros países sudamericanos según nos muestran las reseñas compiladas. La mayoría de ellas fueron parciales, toda vez que algunos ensayos cobraron autonomía de lectura y valor frente al resto de la obra.

La recepción de los 7 ensayos nos permite explorar las dificultades de la intelectualidad latinoamericana en su recepción del marxismo, máxime tratándose de una obra que versa sobre una realidad nacional que puede servir de contraste, espejo o prisma, para pensar la propia. La reproducción de las aprehensiones idealistas frente al método marxista, se sentían afectadas por la manera en que Mariátegui tomaba en consideración las determinaciones en primera y última instancia de la economía según los aspectos de la existencia social que se fuesen abordando. Atenderemos en las páginas siguientes, únicamente la recepción argentino-uruguaya de los 7 Ensayos

Desde el Uruguay, Alberto Zum Felde y Jaime L. Moranza dieron cuenta de sus respectivas apreciaciones de la obra y del autor peruano. Alberto Zum Felde (1890-1976), el escritor uruguayo y director de la revista La Pluma de Montevideo, reseñó el libro de Mariátegui. Hemos de destacar que Zum Felde participó en la primera campaña de ayuda a Mariátegui para trasladarse a residir al Cono Sur, tras la represión de Junio de 1927. [50] La mirada de Zum Felde sobre el libro cumbre de Mariátegui mantuvo un tono cálido y elogioso sin dejar de señalar sus propias aprehensiones ideológicas frente al marxismo:

“Acaso pudiera reprochársele a Mariátegui ser un doctrinario demasiado cerrado, demasiado absoluto, aplicando un poco dogmáticamente su teoría económica a las realidades peruanas. Pero ello no es óbice para que, en los términos generales y en lo principal, sus ensayos de interpretación de aquella realidad expresen por primera vez, en la historia intelectual del Perú, verdades sustanciales, hasta ahora ocultas tras su verbología de de pseudoidealismo burgués….Fuera de nuestro modesto Proceso histórico del Uruguay, no sabemos que en ningún otro país de América Latina se haya escrito un estudio de esta índole, y tan a fondo, y tan completo, sobre la realidad nacional. “[51]

El intelectual gallego Jaime L. Moranza, escribió una reseña de los 7 Ensayos para la revista de vanguardia uruguaya La Cruz del Sur, dirigida por Alberto Lasplaces. [52] Moranza tuvo conocimiento de Mariátegui al iniciarse el canje de la revista Amauta por la de Cruz del Sur. El primer artículo de Mariátegui leído por Moranza fue “Arte, revolución y decadencia”, le mereció el siguiente comentario epistolar:

“El artículo que Ud. publica en dicho número es notable, tanto por su forma como por su fondo.

Compartimos en absoluto el concepto que a Ud. le merece el arte de vanguardia y lo felicitamos por el vigor y acierto con que ha tratado el asunto. “[53]

Moranza en su reseña destacó el hecho de que Mariátegui no procedía de las canteras universitarias y que a pesar de ello, “pocos los aventajan en preparación intelectual.” También subrayó su adhesión ideológica a un “socialismo dinámico, activo, esencialmente revolucionario. En razón de eso, su obra es reflejo de su concepción doctrinaria”. [54] En la lectura de Moranza, reivindica al marxismo por su valor esclarecedor, siguiendo el ejemplo de 7 Ensayos... así sostuvo:

“La doctrina que informa su obra es aplicable a toda la historia de América, sin excluir la del norte: el criterio con que está enfocada la labor crítica, salvo ciertos aspectos peculiares a su país también. “[55]

La reseña de Moranza fue detallista y reflexiva sobre los tres primeros ensayos. Y en varios pasajes, se observa que la obra de Mariátegui fue apreciada  por él como prisma y espejo de problemáticas análogas, así por ejemplo, mencionó que la concepción rentista del terrateniente peruano que Mariátegui analizó y criticó, por extensión ayuda a entender a dicha clase propietaria en el Uruguay. Moranza aclaró que su omisión de los frigoríficos fue por considerarlos una extensión de “consorcios industrial-financieros” del exterior. Este crítico tomó distancia únicamente frente a la lectura que propuso Mariátegui sobre el mito socialista como vehículo de insurgencia y emancipación indígena. [56]

Desde la Argentina la recepción osciló entre la recepción fraternal brindada por Samuel Glusberg y los afanes polémicos del socialista Ramón Doll (1896-1970).Glusberg atendió con cierto cuidado la lectura del ensayo dedicado a la literatura peruana, prescindió de hacer comentarios sobre los otros seis, arguyó que no conocía el Perú. A lo largo de su reseña, glosó las partes que le parecieron relevantes del siglo XX, desde el Palma y González Prada como puntos de transición entre la literatura colonial y nacional hasta autores más contemporáneos. Mencionó de pasada a Chocano y Eguren, para prestar más atención al poeta Alberto Hidalgo y la estética del anarquismo. Hidalgo radicaba en Buenos Aires y era por tanto una figura conocida para todo crítico argentino. Remató su reseña elogiosamente al afirmar que “José Carlos Mariátegui, el autor de estos 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana, en quien nuestra América no tardará en reconocer a uno de sus mejores ensayistas. [57] Salvo este elogioso y profético comentario de Glusberg, la obra fue considerada con exterioridad a las cuestiones argentinas y latinoamericanas.

Ramón Doll quien venía destacando en el medio intelectual y político argentino como un crítico mordaz y todavía militaba en las filas del Partido Socialista que fundase Juan B. Justo, desarrolló la reseña más polémica de los 7 Ensayos. La lectura de Doll está orientada con explicita intencionalidad política. Le interesaba saber y discutir el modo en que Mariátegui diagnóstica un problema social y sugería una salida desde el lado de los sectores oprimidos y expoliados, particularmente en el campo. Las fuentes doctrinarias de Doll evidenciaron el peso de la tradición reformista de la II Internacional, con Bernstein afirmó coincidir en la convicción de que la redención del indio no conduce a una solución práctica, fuera de descalificar su condición de potencial  sujeto revolucionario. Con Mac Donald recusó la posibilidad de un renacimiento tawantinsuyano que injustamente pareció atribuirle a Mariátegui. Y con Juan B. Justo ofertó a los yanaconas peruanos el camino de la vía parcelaria en aras de de crear un clase de pequeños propietarios, independientemente de que su destino bajo conducción burguesa liberal los orillase a su ulterior proletarización. Doll asumió la defensa del programa del socialismo reformista, frente al revolucionario que  se desprendía entre líneas de la obra de Mariátegui. Para el peruano resolver el drama de cinco millones de indígenas, era atender el problema de la tierra vía el socialismo revolucionario. El socialista argentino concluyó su balance en los siguientes términos:

“…entre un método experimental (Rusia puede en este mismo caso servir de ejemplo, pues fraccionó sus tierras y hoy, recobrando su impulso creador, se esfuerza por socializar esa agricultura, que la misma revolución atomizó) realista, practico, acompasado al ritmo del comunismo integral, como preconiza Mariátegui, que si bien pretende también inspirarse en una realidad de 5 millones de indios aptos para la producción colectivista, la verdad es que se trata de una hipótesis arrojada, rayana en utopía, que debemos tomar con mucha parsimonia; entre los dos programas –repito-no podemos vacilar.

Las razones expuestas que he tratado de referir más que al marxismo ortodoxo, al autor mismo, no nos impiden admirar el talento de José Carlos Mariátegui como uno de los mejor dotados de la América nuestra. [58]

Por su lado, el profesor y sindicalista argentino Atilio E. Torrasa al reseñar el libro para el vocero de la Internacional Magisterial Americana (IMA), rama continental de la Internacional de Trabajadores de la Enseñanza (ITE) liderada por  Henri Barbusse desde París, destacó al final de sus glosas y comentarios sobre el ensayo de la Instrucción Pública, una comparación que merece ser transcrita:

“Compare el lector las tres etapas descritas con el movimiento educacional argentino. Podrían aplicarse aquí las mismas interpretaciones. Lo cual prueba que en toda América existen problemas análogos. Por eso el vigoroso libro de Mariátegui tiene un valor continental. Sus valiosísimos estudios enriquecen la sociología y la economía americanas en las cuales deben basarse, para tener contenido de realidad, todas las orientaciones económicas, sociales y pedagógicas que están modificando la estructura feudal de los países de nuestra raza.”[59]

 

Cerrando líneas

7 Ensayos… dice más que una realidad nacional, dice el marxismo, dice el socialismo peruano y el indoamericano, dice América Latina, dice la modernidad y la no modernidad. Además de ello, debemos considerar de que se trata de una obra en la cual el autor supo tejer relaciones significativas entre la razón, el pathos y el compromiso ideológico.

En la obra, el autor interpretó y recuperó voces que emergieron del seno de las clases y agrupamientos culturales subalternos. En algunos ensayos, constatamos la existencia de atisbos e indicios de un diálogo intercultural, aunque no de plena concordancia.

Es perceptible en los 7 Ensayos… el filo crítico del autor,  su vena de polemista, su afán de dar cuenta de siete procesos de la realidad peruana. El autor apostó en su tiempo, a que sus lectores lo acompañasen a la realización de una tarea colectiva, la de procesar, es decir, de juzgar política y moralmente a las clases y élites dominantes. El autor tenía la certeza que inapelables razones históricas asistirían a los juzgadores, al autor y sus lectores, a los afines, sin lugar a dudas. Juzgar a la realidad injusta, a la fractura del desarrollo en todos los órdenes, a la exclusión, a la expoliación y opresión indígena, fue pensada como un modo de repudiar el viejo orden, para lo cual sugería e insinuaba una opción a favor de la transformación de dicha realidad. 7 Ensayos fue una invitación a los peruanos para decirle adiós al viejo orden, o mejor dicho a despedir en clave socialista a la economía colonial y su superestructura, obviamente,  incluía la despedida a sus clases y élites dominantes.

Hemos pasado revista y analizado aquellos rasgos que tienen que ver con la obra mayor de José Carlos Mariátegui, con su posicionamiento extra-universitario, su filia socialista y su adhesión al marxismo. Hemos subrayado la compatibilidad entre el marxismo y el ensayo de interpretación, sin desvincularla de una tradición intelectual de larga data en América Latina. Quedan muchos aspectos por tratar, lo que nos motiva a retornar a esta obra y a escribir lo que ahora quedó sugerido, medianamente abordado u omitido.

 


Notas:

[1] Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, México), Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Rouillon, Guillermo, La Creación heroica de José Carlos Mariátegui. Tomo I: la edad de piedra, Lima, editorial Arica, 1975, pp. 35-40.

[3] Revueltas, Eugenia, “El ensayo como una forma de acercamiento y develamiento de la realidad”, en Mariátegui entre la memoria y el futuro de América Latina de Liliana Irene Weinberg y Ricardo Melgar Bao (editores), México, UNAM, 2000 (Cuadernos de Cuadernos), pp.31-37.

[4] Mariátegui, José Carlos, “Mensaje al Congreso Obrero”, Amauta (Lima) núm. 5, enero de 1927, incluido en Ideología y Política, Lima, Empresa Editora Amauta, 1987, pp.111-112.

[5] Mariátegui, José Carlos, “América Latina y la disputa boliviano-paraguaya”, Variedades (Lima) 29 de diciembre de 1928, reproducido en Temas de Nuestra América, Lima, Empresa Editora Amauta, 1988,p. 34.

[6] Scarano, Mónica E., “Los Siete Ensayos de José Carlos Mariátegui: La forma de la Interpretación”, en Weinberg, Liliana y Melgar Bao, Ricardo (editores), Ob.cit., pp.17-30.

[7] Mariátegui, José Carlos,  7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana, Lima, Empresa Editora Amauta, 2005, p. 13.

[8] Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…p. 12.

[9] Ibíd.  p.12.

[10] Ibíd., p. 80.

[11] “En los discursos, en los ensayos que componen estos libros, González Prada no trata de definir la realidad peruana en un lenguaje de estadista o de sociólogo. No quiere sino sugerirla en un lenguaje de literato. No concreta su pensamiento en proposiciones ni en conceptos. Lo esboza en frases de gran vigor panfletario y retórico, pero de poco valor práctico y científico.” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, pp. 258-259.

[12] “El verdadero marxismo excluye por principio el procedimiento del “pensar en abstracto” porque sólo puede medirse en forma fructífera con la realidad: 1) si es capaz de no separar el juicio sobre un fenómeno histórico del proceso de su formación; 2) si en el examen de dicho proceso no convierte a una de sus características en un elemento tal que le permita suprimir todas las otras. Siempre es útil recordar las observaciones que hace Lenin respecto del estilo de pensamiento en abstracto en su polémica contra Bujarin y Trotsky acerca del papel de los sindicatos. “, Aricó, José, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, México, Siglo XXI (Cuadernos de Pasado y Presente núm. 60), 1980, p. XXI.

[13] La reescritura del Antiimperialismo y el Apra para la primera edición chilena de 1936 ha sido abordada en: Melgar Bao, Ricardo, Redes e imaginario del exilio latinoamericano en México1934-1940, Buenos Aires, Libros en red, 1993, (Colección Insumisos Latinoamericanos).

[14] “Y no intentaré sistematizar este estudio conforme la clasificación marxista en literatura feudal o  aristocrática, burguesa y proletaria. Para no agravar la impresión de que mi alegato está organizado según un esquema político o clasista y conformarlo más bien a un sistema de crítica e historia artística, puedo construirlo con otro andamiaje, sin que esto implique otra cosa que un método de explicación y ordenación, y por ningún motivo una teoría que prejuzgue e inspire la interpretación de obras y autores.”, Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 239.

[15] Véase Anexo I: Cronología de la elaboración de 7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana.

[16] “Una encuesta a José Carlos Mariátegui”, Mundial (Lima) 23 de julio de 1926), reproducida en Mariátegui, José Carlos, La Novela y la Vida, Lima, Empresa Editora Amauta, 1956, p. 156.

[17] Todas las tesis sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos -y a veces sólo verbales-, condenados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas su buena fe. Prácticamente, todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la realidad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclarece, porque busca sus causas en la economía del país y no en su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales y morales. La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los "gamonales", Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 35.

[18] “La experiencia enseña que, en este terreno, [el problema de la educación, RMB] con desdeñosa prescindencia de los factores de la realidad y de la historia, es imposible no sólo resolverlo sino conocerlo.” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 156.

[19] “En la historiografía literaria, el concepto de literatura nacional del mismo modo que no es intemporal, tampoco es demasiado concreto. No traduce una realidad mensurable e idéntica. Como toda  sistematización, no aprehende sino aproximadamente la movilidad de los hechos (La nación misma es una abstracción, una alegoría, un mito, que no corresponde a una realidad constante y precisa, científicamente determinable).” Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 235.

[20] “Una región no nace del Estatuto político de un Estado. Su biología es más complicada. La región tiene generalmente raíces más antiguas que la nación misma. (…) En España y en Italia, las regiones se diferencian netamente por la tradición, el carácter, la gente y hasta la lengua.” Mariátegui, Ob. cit, pp. 176-177.

[21] Véase Anexo II: Ediciones de 7 Ensayos… en América Latina (exceptuando el Perú).

[22] La página web más visitada es:  http://yachay.com.pe/especiales/7ensayos/

[23] Véase Anexo I: Cronología de elaboración de los 7 Ensayos.

[24] Para analizar el proceso de desarrollo de Mariátegui en torno a la cuestión afro, véase: Melgar Bao, Ricardo, “Rearmando la memoria: el primer debate socialista acerca de nuestros afroamericanos”, Humania del Sur (Venezuela), núm.3, julio-diciembre de 2007, pp.145-166; Melgar Bao, Ricardo y González Martínez, José Luis, Los combates por la identidad. Resistencia cultural afroperuana, México, Dabar, 2007, pp. 167 y ss.

[25] García R., Ramón, “7 Ensayos de Interpretación de la realidad peruana”,  (07 de octubre de 1988), reproducido en foro centenario. http://es.groups.yahoo.com/group/foro_centenario/

[26] ¿”Qué prepara Ud.?; Variedades (Lima) 6 de junio de 1928, incluida en La Novela y la Vida de José Carlos Mariátegui, Lima, Empresa Editora Amauta, 1959,p. 146.

[27] Melgar Bao, Ricardo, "La Tercera Internacional y Mariátegui" Nuestra América ( México) núm.2,  UNAM, mayo  de 1980, , pp.47-78.

[28] Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, pp.303-304.

[29] Alberto Tauro aparece como responsable de otro borrramiento de Haya de la Torre en el texto de Mariátegui intitulado “Arte, Revolución y decadencia”, durante los años 1959 y 1988 que correspondieron a las 13 ediciones de: El Artista y la Época.

[30] Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p.121.

[31] “No hay nada de extraño ni de insólito en que esta penetrante aclaración del sentido y la filiación de las Tradiciones venga de un escritor que jamás ha oficiado de crítico literario. Para una interpretación profunda del espíritu de una literatura, la mera erudición literaria no es suficiente. Sirven más la sensibilidad política y la clarividencia histórica. El crítico profesional considera la literatura en sí misma. No percibe sus relaciones con la política, la economía, la vida en su totalidad. De suerte que su investigación no llega al fondo, a la esencia de los fenómenos literarios. Y, por consiguiente, no acierta a definir los oscuros factores de su génesis ni de su subconsciencia.”, en Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 213.

[32] Carnero Checa, Genaro, La acción escrita. José Carlos Mariátegui periodista, Lima, Empresa Editora Amauta, 1980.

[33] Variedades (Lima) 6 y 13 de marzo de 1929. Reproducido en  Historia de la Crisis Mundial, vol.8 de la Colección Obras Completas de José Carlos Mariátegui, Lima, Empresa Editora Amauta, 1959, pp.175-202.

[34] Mariátegui, José Carlos, La Escena Contemporánea, Lima, Empresa editora Amauta, 1985, p.11.

[35] Mundial (Lima) núm. 236, 21 de noviembre de 1924.

[36] Melis, Antonio, Leyendo Mariátegui 1967-1998, Lima, Empresa Editora Amauta, 1999, p.109.

[37] Simmel,  J.  «Filosofía de la Moda», Revista de Occidente (Madrid) Núms., 1 y 2, 1923.

[38] Melis, Antonio, Ob.cit., p.109.

[39] Citado en Lozano, “Jorge, Simmel: la moda, el atractivo formal del límite”, http://www.ucm.es/info/especulo/numero16/simmel.html , consultado el 5/12/2008.

[40] Mundial (Lima) núm. 252, 10 de abril de 1925.

[41] Mundial (Lima) núm. 291, 8 de enero de 1925.

[42] Mundial (Lima) núm. 274, 11 de septiembre de 1925.

[43] “Enfocada sobre el plano de la historia mundial, la independencia sudamericana se presenta decidida por las necesidades del desarrollo de la civilización occidental o, mejor dicho, capitalista. El ritmo del fenómeno capitalista tuvo en la elaboración de la independencia una función menos aparente y ostensible, pero sin duda mucho más decisiva y profunda que el eco de la filosofía y la literatura de los enciclopedistas. El Imperio Británico destinado a representar tan genuina y trascendentalmente los intereses de la civilización capitalista, estaba entonces en formación. En Inglaterra, sede del liberalismo y el protestantismo, la industria y la máquina preparaban el porvenir del capitalismo, esto es del fenómeno material del cual aquellos dos fenómenos, político el uno, religioso el otro, aparecen en la historia como la levadura espiritual y filosófica. Por esto le tocó a Inglaterra – con esa conciencia clara de su destino y su misión histórica a que debe su hegemonía en la civilización capitalista-, jugar un papel primario en la Independencia de Sud-América. “, Mariátegui, José Carlos,  7 Ensayos…, pp. 17-18.

[44] Es, en todo caso, un hecho uniformemente observado la formación, al calor de la Reforma, de núcleos de estudiantes que, en estrecha solidaridad con el proletariado, se han entregado a la difusión de avanzadas ideas sociales y al estudio de las teorías marxistas. El surgimiento de las universidades populares, concebidas con un criterio bien diverso del que inspiraba en otros tiempos tímidos tanteos de extensión universitaria, se ha efectuado en toda la América Latina en visible concomitancia con el  movimiento estudiantil. De la Universidad han salido, en todos los países latinoamericanos, grupos de estudiosos de economía y sociología que han puesto sus conocimientos al servicio del proletariado, dotando a éste, en algunos países, de una dirección intelectual de que antes había generalmente carecido. Finalmente, los propagandistas y fautores más entusiastas de la unidad política de la América Latina son, en gran parte, los antiguos líderes de la Reforma.

Universitaria que conservan así su vinculación continental, otro de los signos de la realidad de la "nueva generación". Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p.127.

[45] Véase una explicación de esta rectificación de Mariátegui en : Rouillon, Guillermo, La creación heroica de José Carlos Mariátegui. Tomo II. La Edad Revolucionaria, Lima, Viuda del autor e hijos, 1984, pp.194-197.

[46] “El 23 de Mayo reveló el alcance social e ideológico del acercamiento de las vanguardias estudiantiles a las clases trabajadoras. En esa fecha tuvo su bautizo histórico la nueva generación que, con la colaboración de circunstancias excepcionalmente favorables, entró a jugar un rol en el desarrollo mismo de nuestra historia, elevando su acción del plano de las inquietudes estudiantiles al de las reivindicaciones colectivas o sociales. Este hecho reanimó e impulsó en las aulas las corrientes de revolución universitaria, acarreando el predominio de la tendencia izquierdista en la Federación de Estudiantes, reorganizada poco tiempo después y, sobre todo, en las asambleas estudiantiles que alcanzaron entonces un tono máximo de animación y vivacidad.” Mariátegui, José Carlos,  7 Ensayos…, p.122.

[47] “Y aunque encabezaba a estas masas una vanguardia singularmente aguerrida y dinámica, sea porque las contingencias de la lucha contra la reacción interna y externa acaparaban demasiado su atención, sea porque su propia conciencia pedagógica no se encontraba todavía bien formada, es lo cierto que no empleó la acción de las asambleas, de ambiente más tumultuario que doctrinal, en reclamar y conseguir mejores métodos. Se contentó, a este respecto, con modestos ensayos y gaseosas promesas destinadas a disiparse apenas se adormeciera o relajara en las aulas el espíritu vanguardista.”, Mariátegui, José Carlos,  7 Ensayos…, p.122.

[48] Véase la cuestión de la Montaña en Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos…, p. 204 y ss.

[49] El 21 de septiembre de 1929, Mariátegui le escribió al historiador Raúl Porras Barrenechea lo siguiente:

“la indiferencia con que la crítica de Lima ha recibido hasta hoy mis 7 Ensayos, cuya aparición sólo ha sido reseñada hasta hoy en periódicos o revistas de aquí por atentas notas de Ud, Luis Alberto Sánchez y Armando Herrera, es una razón más para que yo me sienta reconocido a Mercurio Peruano”, Mariátegui, José Carlos, Correspondencia Tomo II, Lima, Empresa Editora Amauta, 1984, p. 632.

[50] “Se trabaja en la iniciativa de celebrar algunos actos intelectuales, como demostración de simpatía y con objeto también de arbitrar recursos, a fin de que pueda venir al Plata el prestigioso escritor peruano sr. José Carlos Mariátegui” en : “Pro-Mariátegui”, La Pluma (Montevideo), septiembre de 1928, pp. 157-158, reproducido por Rouillon, Guillermo, Ob. cit, p. 191.

[51] Zum Felde, Alberto, “El Perú de Mariátegui”, Labor (Lima) núm. 7, 21 de febrero de 1928. Reproducido en Arico, José, Ob.cit., pp.252.

[52] Morenza, Jaime L., “Un nuevo Libro de Mariátegui", La Cruz del Sur (Montevideo) Núm. 23, mayo 1929.pp. 10-13. Reproducido en: Aricó, José, Ob. cit., pp.244-249.

[53] Carta de Jaime L. Moranza a José Carlos Mariátegui, Montevideo, 3 de enero de 1927, reproducida en Mariátegui Total Tomo I, Lima, Empresa Editora Amauta, 1994, p.1829.

[54] En: Aricó, José, Ob. cit., p. 244.

[55] Ibíd.

[56] “En los conceptos del libro de Mariátegui que hasta aquí hemos venido glosando, nos parece ver aplicado el método marxista muy exacta y rigurosamente. Hay una parte del libro en que ese rigor desaparece. Más concretamente: hay una parte en el que materialismo dialéctico es suplantado por otra teoría que, en nuestro concepto, carece de valor revolucionario. Nos referimos a las teorías de los mitos. Ibíd., p. 248.

[57] Glusberg, Samuel, “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” por José Carlos Mariátegui”, Vida Literaria (Buenos Aires) núm. 20, mayo de 1929. Reproducido en: Aricó, José,  Ob.cit., pp. 242-244.

[58] Doll, Ramón, “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, Nosotros (Buenos Aires), reproducido en Aricó, José, Ob.cit., p. 265.

[59] Torrasa, Atilio, “7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana por José Carlos Mariátegui”, Boletín de la I.M.A. (Buenos Aires),  núm. 6. Reproducido en Arico, José, Ob.cit., pp. 249-251.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2012) “Entre resquicios, márgenes y proximidades: notas y reflexiones sobre los 7 ensayos… de Mariátegui”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 11, abril-junio, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Sábado, 15 de Junio de 2024.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=431&catid=4[/div2]