Pacarina del Sur
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Sensibilidad-sentido común y política sudamericana

Óscar Pablo Pacheco

Universidad Católica de Córdoba, Argentina

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Gustavo Roberto Cruz

Universidad Católica de Córdoba, Argentina

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Carlos Javier Asselborn

Universidad Católica de Córdoba, Argentina

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Recibido: 16-07-2020

Aceptado: 21-08-2020

 

 

Introducción

Desde fines de los años 90 estamos abocados a pensar nuestros problemas estético-políticos. La nueva coyuntura nos obliga a revisar y ajustar hipótesis y posicionamientos desde la tradición crítica del pensamiento latinoamericano.[1] El presente texto fue trazado colectivamente unos días antes de que se declare la cuarentena por la pandemia del “corona-virus”. Luego de varios meses de cuarentena en Argentina, se constata la agudización de una crisis sistémica, que pone en juego sin tapujo el rol del estado y del mercado ante la opción vida-economía. En el presente ensayo presentamos una interpretación de la política sudamericana inmediata desde lo que consideramos una cuestión central: la sensibilidad y el sentido común como bases de la crítica y la eficacia política.

Marcha de Carnaval
Marcha de Carnaval

Imagen 1. Marcha de Carnaval. Foto de Hugo N. Mamani.

 

Lo inmediato: sentido común y procesos electorales

En nuestra región se realizaron tres procesos eleccionarios de presidentes de Estado: en Argentina, Uruguay y Bolivia; todas en 2019. En Argentina los resultados de los comicios mostraron un triunfo contundente del peronismo sobre la coalición de partidos “Juntos por el Cambio”. El triunfo de otra coalición en torno a liderazgos dentro de lo que podemos denominar “peronismo” puede ser comprendido desde diversas causas, entre ellas consideramos a las económicas como las esenciales: clara transferencia de recursos a sectores muy pequeños y concentrados con un gigantesco endeudamiento con el FMI y la continua fuga de capitales, un desmesurado aumento de las tarifas y servicios, la dolarización de los bienes de consumo y porcentuales de inflación anual cercanos al 50 %, el desplome de la actividad industrial y la caída del empleo, el crecimiento de los niveles de pobreza e indigencia, el recorte a los jubilados al modificar el algoritmo de cálculo. En otro contexto de la historia democrática reciente argentina quizás estos fenómenos hubieran causado protesta social enérgica. Esto no ocurrió, y eso nos hace pensar. Quizá la ausencia de protesta se debió a la existencia de una amplia red de planes sociales de asistencia o por el hecho de que el gobierno de “Cambiemos” gozaba de una amplia legitimidad popular, a lo que se añade una eficaz labor de construcción del sentido común de derecha-fascistoide -en tanto deseo de muerte vinculado con un deseo de blanquización e higienización-, por parte de los medios de comunicación, y también por una falta de respuesta y estrategia política de la oposición y el movimiento obrero organizado en sindicatos. Quizá la explicación provenga de la complejidad articulada de todas las cuestiones recién aludidas.

Ponemos el acento en el sentido común, que ha sido sostenido por una sensibilidad que persiste en Argentina desde la irrupción de una cultura política de matriz oligárquica (Ansaldi & Giordano, 2012a, págs. 105-123).  Frente a dicha matriz, el “peronismo”, desde sus inicios fue expresión de una subjetividad/sensibilidad política ligada a lo bajo, o, al decir de algunos intelectuales, a lo “plebeyo”; que sigue produciendo un rechazo, en algunas ocasiones hasta visceral, de los sectores medios y oligárquicos del país.

Nacido como movimiento político-social de masas, en un contexto de guerra mundial (Horowicz, 1985, pág. 55); de culturas políticas alejadas de los deseos de la democracia republicana y de reubicación del capitalismo en dicha situación geopolítica (Ansaldi & Giordano, 2012b, págs. 101-142), sigue siendo una expresión histórica, ambigua y contradictoria por cierto, aunque nunca impotente, donde se expresa la disputa por la distribución de la renta. Aunque en dicha disputa no siempre ha logrado beneficiar a los sectores más vulnerables de la sociedad argentina. El peronismo como experiencia política argentina es una de las formas más potentes en cómo se ha expresado y sigue expresándose el debate en torno a la democracia, la ampliación de derechos, el poder y la concentración de la riqueza. En este sentido, es un tiempo y un espacio donde pueden discutirse explícitamente horizontes posibles de emancipación u horizontes de mayor dominación de clase, género y raza.

En Uruguay el Frente Amplio no logró consolidar un cuarto mandato consecutivo y después de 15 años de gobiernos frentamplistas (Vázquez, Mujica, Vázquez) Lacalle Pou logra el triunfo en segunda vuelta por un margen escaso de 30000 votos, al frente de un acuerdo electoral entre cinco partidos políticos (Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto, Partido Independiente y Partido de la Gente). El frente de derecha y centro-derecha logra imponerse por diversas causas. Quisiéramos detenernos en algunas de ellas. En general se señalan los logros económicos del Frente Amplio en estos 15 años, la ampliación de derechos sociales y las mejoras de los índices que cuantifican la desigualdad social y económica.  Frente a este panorama socioeconómico, la derecha logra “consensuar” un sentido común que identifica dos problemas esenciales: la inseguridad y el consumo de drogas-alcohol, a su vez vinculadas entre sí. En el relato de la derecha, tales flagelos no logran ser contenidos por las administraciones frenteamplistas, incluso presentan sospechas entre supuestos vínculos de operadores del oficialismo con el tráfico de drogas. Asimismo, ambas situaciones son vinculadas por el sentido común a los programas de asistencias social del Estado; por tanto ese sentido común considera que hay un sector de la población –la de menor recurso- que asistida por el Estado se dedica a delinquir y a consumir.[2]

Las tradiciones de las culturas políticas (Lechner, 2013, págs. 423-438) en Uruguay están atravesadas históricamente en el siglo XX (Caetano & Rilla, 2005) por dos expresiones (Rilla, 2008): por un lado el batllismo modernizante, laico, estadocéntrico,[3] urbano, reconocedor de derechos políticos, sociales y culturales consolidando un sector medio constituido por profesionales, una burocracia estatal y en menor medida un sector obrero vinculado al desarrollo industrial primario. Por el otro, el nacionalismo del Partido Nacional ligado a los intereses ganaderos exportadores, vinculado a lo rural y al “interior”, católico, que interpela el modelo de estado batllista por otro modelo de estado menos interventor y que logra hegemonizar bajo los intereses del estanciero (la figura de Aparicio Saravia) a otros sectores asalariados que dependen de la producción del campo (peones rurales, habitantes de medias y pequeñas ciudades del interior). El Frente Amplio, desde una heterogénea ideología de “izquierda y progresista” pero también nacional; no logra –a nuestro juicio- quebrar estas formas de cultura política y ha oscilado por momentos hacia un neo-batllismo progresista (Vázquez) y reproponer la importancia de lo popular nacional con guiños al Partido Nacional (Mujica).

Las elecciones en Bolivia y el posterior golpe de Estado se enmarcan en un contexto de difícil comprensión dada la complejidad del proceso y las diversas lecturas que se siguen ensayando por intelectuales del llamado progresismo, que se resumen en dos posiciones: las que afirman que hubo un golpe de estado (Korol, 2019; García Linera, 2019) y las que no (Gutiérrez Aguilar, 2019; Zibechi, 2019; Tapia, 2019). Señalamos algunas cuestiones que contribuyen a complejizar la trama: el intento de Evo Morales de continuar como presidente en un cuarto mandato; la crítica de diversos grupos indianistas, indianistas-kataristas y nacionalistas aymaras que cuestionaban al MAS y su dirigencia por no asumir el proyecto indianista o por haber continuado un proyecto nacional mestizo y neocolonial; las objeciones del feminismo sobre el MAS por un estilo de dirigencia patriarcal, machista;  el malestar de grupos ambientalistas y organizaciones indígenas por la continuidad de un desarrollismo de estado extractivista sin la sensibilidad esperada por el problema ambiental. Se percibe la combinación de todas o algunas de estas críticas en las explicaciones de la caída del gobierno de MAS. Y de un modo sustantivo se añade el malestar de sectores conservadores, racistas, neocristianos coloniales y neoliberales que encontraron una gran oportunidad para restaurar (Biblia en mano) una situación previa al ciclo de protestas antineoliberales del 2000. Más la cuestionada intervención de la OEA ante las irregularidades (para muchos, fraude) de las elecciones impugnadas en 2019. Consideramos que hubo un golpe de Estado porque la renuncia de Evo Morales estuvo condicionada por el acuartelamiento de la policía, las Fuerzas Armadas retiraron el apoyo al presidente en mandato constitucional. Se inició una constante persecución a militantes del MAS y se presionó para que el presidente y su vicepresidente en mandato abandonen el país y se los inhabilite como candidatos para las próximas elecciones. Más acá de las interpretaciones y sus ineludibles consecuencias políticas, el hecho fáctico es que en la pugna entre el MAS y sus críticos, se impuso el sector conservador con rasgos fascistas.

Marcha Federal en Córdoba
Marcha Federal en Córdoba

Imagen 2. Marcha Federal en Córdoba. Foto de Hugo N. Mamani.

Puesto en perspectiva histórica, el gobierno del MAS posee antecedentes en el “nacionalismo revolucionario” del ’52 y su agenda inconclusa. La cultura política que se gestó en el ‘52 puso eje en la creación de un Estado de bienestar capitalista, inserto en una sociedad abigarrada entre matrices civilizatorias indígenas andinas-amazónicas y un proyecto de modernización vía mestizaje (Reinaga, 2010; Rivera Cusicanqui, 2010). El movimiento obrero -centralmente minero- y el movimiento campesino se convirtieron en sujetos políticos, siendo el co-gobierno entre el MNR y la Central Obrera Boliviana central en esa cultura política (Zavaleta Mercado, 1986). Pero, en la dialéctica desarrollo-subdesarrollo de los años 50 se situó a la mayoría indígena como factor de subdesarrollo. Cuestión objetada centralmente por dos corrientes políticas de base aymara y quechua: el indianismo (desde el sesenta) y el katarismo (desde el setenta) (Mamani & Cruz, 2011). En el siglo XXI, el MAS recogió el desafío modernizador iniciado por el nacionalismo revolucionario, pero ahora gestionado por un sector campesino indígena popular aliado a sectores medios de izquierda con retórica de un socialismo del siglo XXI. Como ayer, serán sectores no-indios conservadores, pro-norteamericanos y racistas los que pugnen por restituir sus privilegios, con retórica republicana y prácticas autoritarias. El sentido común parece tensado, nuevamente, entre una minoría racista, una mayoría indígena popular y sectores que apuestan por la reconstrucción de la nación aymara.

En simultáneo, asistimos a protestas sociales de diferentes dimensiones e intenciones en Chile, Colombia y Ecuador. Nos interesa detenernos en Chile. El ciclo de protesta social cuya causa inmediata fue el aumento de boleto del Metro, ¿esconde el malestar con una sociedad neoliberal constituida desde el golpe de Estado de Pinochet a través del terror y confirmada en el disciplinamiento al mercado? ¿Estas protestas señalan el fin de aquel ciclo iniciado en la dictadura? Es aventurado arriesgar una respuesta, pero podemos suponer que el miedo social gestionado desde la dictadura ha sufrido un duro revés. En Chile se abre una posibilidad para reconsiderar el modelo societario neoliberal de mercado. La protesta social es una clara interpelación a dicho modelo, el fin del miedo gestionado por la dictadura inaugura dicha posibilidad. Nada sabemos sobre si se podrá y cómo se hará la necesaria institucionalización de tal posibilidad. Pero constatamos que el gran éxito del neoliberalismo en América Latina ha quebrado.

El avance de la derecha en Brasil es exponencial. En Brasil hubo una ingeniería política y jurídica para derrocar a Dilma Rousseff y Lula Da Silva, no escindido del retroceso de las posiciones liberacionistas, desde mediados de la década del 80 del siglo pasado, impulsado por la iglesia católica tras el embate del vaticano contra la teología de la liberación y el crecimiento de las teologías de la prosperidad. El triunfo de Jair Bolsonaro en 2019 produjo un duro revés a las izquierdas e incluso a los partidos políticos de centro y derecha tradicionales. Una derecha racista, homofóbica, neo-evangélica parece haber logrado el consenso en una buena parte del país más poderoso de la región. La liberación de Lula muestra, a su vez, las posibilidades de contraponer el avance de la derecha en Brasil, pero que aún se presenta avasallante. En ello, la función política de Brasil se constituye como definitorio de los procesos políticos de América del Sur.

Marcha Federal en Córdoba
Marcha Federal en Córdoba

Imagen 3. Marcha Federal en Córdoba. Foto de Hugo N. Mamani.

 

Para una crítica eficaz

En lo inmediato percibimos que en América del Sur los gobiernos de centro izquierda que fueron relativamente exitosos económicamente, tuvieron que enfrentar golpes que amenazaron peligrosamente la democratización regional; el caso del gobierno de MAS en Bolivia quizá sea emblemático. Por otra parte, los gobiernos de derecha fracasaron económicamente, por eso perdieron elecciones; siendo emblemático el fracaso del gobierno de Cambiemos en Argentina. Pero ese fracaso supone una desmesura que se traduce en cierto éxito en el orden de la subjetividad política. Asumir los supuestos goces de la meritocracia individualista, que ve suciedad, corrupción en todo lo estatal y público, es parte del éxito neoliberal en las subjetividades del “hombre-mujer común”. Al menos en Argentina.

Entre la lucidez epistemológica de ciertas izquierdas (y una llamativa esterilidad e impotencia política) y la dureza ética de las derechas (de gran eficacia política, también porque detentan el poder fáctico económico), como Cooperativa Pensamiento del Sur intentamos ensayar un camino que apela a lo estético-en sentido amplio-; en este texto apelamos al sentido común que sedimenta culturas políticas. En el espacio de lo político, el campo en disputa lo constituye las sensibilidades y el sentido común del “hombre/mujer común”. Conforma subjetividades políticas desde donde se deciden las opciones políticas y se legitiman las prácticas políticas institucionales. Observamos que los discursos críticos al capitalismo y al neoliberalismo, frecuentan e insisten en iluminar las conciencias para despertarlas, sacarlas de la distracción para advertirles sobre la distancia y la contradicción entre sus intereses reales y sus adhesiones políticas. Esto es verdad, pero no basta.    En todo caso es insuficiente, pues una conciencia crítica es impotente ante un sentido común colonizado.

Postulamos que las adhesiones políticas se sostienen desde una percepción que se vincula con formas del sentir, de la sensibilidad, del gozo y del placer. Y esas adhesiones políticas adquieren racionalidad desde el sentido común. Las derechas hegemonizan, desde un discurso ético, la opinión pública para endurecer formas de la sensibilidad y del sentir fijando el sentido común a sus intereses económicos y políticos.

En lo mediato, como tarea teórica y trabajo intelectual, se vislumbra algunos tópicos que contribuyan a profundizar un proceso de democratización y emancipación. Recuperar y apropiarse de la agenda de las derechas: orden-inseguridad, la construcción de la norma, el consumo de “drogas” como una política que distingue y ordena la estructura social y sus vinculaciones al narcotráfico.

Las cuestiones teóricas que nos parecen centrales son: postular una crítica a la ontología de la dominación, una ontología de la crueldad como gozo y placer, que se expresa en el gozo con la destrucción y el placer que da la posesión/dominación del otro. La plusvalía del capital estaría en la capacidad de gestionar el goce. Así, contribuir a la construcción de una teoría del sujeto y de la subjetividad eficaz en la crítica al capitalismo y al neoliberalismo. Esto es, eficaz desde un realismo político potente para construir procesos de democratización y emancipación.

 

Notas:

[1] Ver nuestro libro Liberación, estética y política (2009) y los artículos: “Liberación y estética” (2005), “Corporalidad y liberación latinoamericana: memoria y apuntes para profundizar una praxis liberadora” (2008), “Estéticas del saqueo” (2013), “Desafíos de un pensamiento latinoamericano ante un nuevo invierno” (2016).  Y junto a Horacio Cerutti y Carmen Elena Villacorta “Filosofar desde sujetos y procesos liberadores de Nuestra América” (2014).  

[2] Se puede ampliar la interpretación sobre Uruguay: el agotamiento del Frente Amplio, la difícil transición de liderazgos, la pérdida del voto popular -en particular en el interior del país-, la tensión del neodesarrollismo capitalista con intervención estatal y la distribución sin alterar la estructura profunda. Pero la pregunta: ¿se quiere alterar la estructura económica? Pienso que no (por parte del “pueblo”). De hecho, se está alterando con el cultivo de especies forestales para la producción de pasta de papel. Ya existen dos plantas y se anunció la tercera. Es inminente la nueva traza de ferrocarril para transportar la madera hacia las plantas/puertos. Este acuerdo comenzó en la presidencia (2000-2005) de Jorge Batlle (el de “los argentinos son todos una manga de ladrones del primero hasta el último”) y prosiguió en las presidencia del Frente Amplio.

[3] “Salvo en Uruguay, estos Estados (Colombia, México, Argentina, Brasil, Chile, Bolivia y Perú) estos Estados se constituyeron bajo la forma oligárquica, con un fuerte, y hasta fortísima, exclusión social y política” (Ansaldi & Giordano, 2012a, pág. 57).

 

Referencias bibliográficas:

  • Ansaldi, W., & Giordano, V. (2012a). América Latina. La construcción del orden: Tomo I. De la colonia a la disolución de la dominación oligárquica. Buenos Aires: Ariel.
  • Ansaldi, W., & Giordano, V. (2012b). América latina. La construcción del orden. Tomo II: de la sociedad de masas a las sociedades en procesos de reestructuración. Buenos Aires: Ariel.
  • Caetano, G., & Rilla, J. (2005). Historia contemporánea del Uruguay. De la colonia al siglo XX. Montevideo: CLAEH/Editorial Fin de Siglo.
  • García Linera, A. (17 de noviembre de 2019). El odio al indio. Página12. Obtenido de https://www.pagina12.com.ar/231456-el-odio-al-indio
  • Gutiérrez Aguilar, R. (11 de noviembre de 2019). Bolivia: la profunda convulsión que lleva al desastre. El Salto. Obtenido de https://www.elsaltodiario.com/bolivia/bolivia-la-profunda-convulsion-que-lleva-al-desastre-
  • Horowicz, A. (1985). Los cuatro peronismos. Buenos Aires: Hyspamerica.
  • Korol, C. (15 de noviembre de 2019). Adriana Guzmán, aymara y feminista comunitaria: "El golpe de Estado en Bolivia es racista, patriarcal, eclesiástico y empresarial". Página12. Obtenido de https://www.pagina12.com.ar/230874-el-golpe-de-estado-en-bolivia-es-racista-patriarcal-eclesias
  • Lechner, N. (2013). Obras II ¿Qué significa hacer política? México: Fondo de Cultura Económica/FLACSO México.
  • Mamani, P., & Cruz, G. (2011). Katarismo-indianismo desde el Qullasuyu. Historia, tesis y luchas sociales de hoy. En Colectivo Katär Uta (Ed.), ¿Ahora es cuando?: Bolivia : cambios y contradicciones (págs. 139-172). México: Pez en el Árbol.
  • Reinaga, F. (2010). La revolución india. La Paz: La Mirada Salvaje.
  • Rilla, J. P. (2008). La actualidad del pasado. Usos de la historia en la política de partidos del Uruguay (1942-1972). Montevideo: Debate.
  • Rivera Cusicanqui, S. (2010). Violencias (re)encubiertas en Bolivia. La Paz: La Mirada Salvaje.
  • Tapia, L. (19 de noviembre de 2019). Crisis política en Bolivia: la coyuntura de disolución de la dominación masista. Obtenido de http://www.cides.edu.bo/webcides2/index.php/interaccion/noticias-f/264-crisis-politica-en-bolivia-la-coyuntura-de-disolucion-de-la-dominacion-masista
  • Zavaleta Mercado, R. (1986). Lo nacional-popular en Bolivia. La Paz: Siglo Veintiuno Editores.
  • Zibechi, R. (11 de noviembre de 2019). Bolivia: un levantamiento popular aprovechado por la ultraderecha. Desinformémonos. Obtenido de https://desinformemonos.org/bolivia-un-levantamiento-popular-aprovechado-por-la-ultraderecha/

 

Cómo citar este artículo:

PACHECO, Oscar; CRUZ, Gustavo; y ASSELBORN, Carlos, (2021) “Sensibilidad-sentido común y política sudamericana”, Pacarina del Sur [En línea], año 12, núm. 45, octubre-diciembre, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 27 de Septiembre de 2021.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1927&catid=13

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