Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Ecologías del combate.
Asedios primeros

Guillermo Torres Carral, José Miguel Sansón Figueroa, Enrique Israel Ruiz Albarrán (coord.)
México: Universidad Autónoma Chapingo, 2017, 268 p.

 

 En las Históricas luchas de los pueblos con historia frente a la partición tripartita del cronotopo mundial, realizada a pan y plomo por la voracidad de un Moloch devenido autómata que goza de las formalizaciones expresadas en proporciones, futurologías, relojes y calendarios, es que habita este libro.

Es menester señalar que en las moradas del tiempo como transcurso donde acontece la incierta junción de las generaciones, nada se presenta tal cual es. Es que estamos en plena diseminación de los cortes: ocho horas para dormir, ocho para trabajar, ocho para el ocio se han trocado en fragmentos que se extienden y contraen triturando todo ritmo que se asemeje a la totalidad de 10 vital. Parecía que la cadencia impuesta para el estadio del ocio estaba dirigida a vivir según las leyes de la belleza aquello que estaba en el afuera, que es preeminente a las máquinas de exacción y su cultura de muerte. Ese salir de los ordenamientos, ese transitar de 10 cuadriculado a 10 estriado para hacer historia donde antes no la había con sentidos acuerdos, se ha visto profundamente modificado.

Sin embargo, la consigna de que unos gocen para pervivir y otros practiquen la abstinencia de su propio deseo, hizo agua, hizo sangre, hizo acontecimiento. Nuestros padres, abuelos y maestros nos advirtieron con no mucha celeridad sobre todo esto. Había que asumir la pérdida, desatando ocho horas para aprender el soñar de talante leninista, ocho para rehacer el mundo con nuestras propias manos y ocho para hacer del ocio el arte de conspirar y compartimentar sus mieses en aquel genial llamamiento de Paul Lafargue en el derecho a la pereza. Gracias a ese derecho es posible tomar aliento y dar cuenta del cerco tendido alrededor de la lucha constante de los productores contra el federalismo mexicano que adopta frenéticamente las formas de la guerra civil, con el objeto de castigar gestos ejemplares.

Nos han hecho creer que la tripartición sigue vigente cuando la noche nos sorprende por la tarde, cuando la alborada se extiende sin solución de continuidad y la mención a lo fallido esconde la potencia represiva. Mienten con todos los dientes de las argucias bélicas, pues quieren evitar que vivamos el tiempo de las estaciones, el tiempo de las estrategias que resisten las particiones y donde, como decía el poeta Manuel del Cabral, el tiempo es tonto todavía. Nos espetan "huellas ecológicas", persiguen el tumba, roza y quema, hacen del "biocentrismo" una religión donde se reza el holismo manducado con "culturas estratégicas" y ecumenismos ramplones.

Ante estas argucias, proponemos las Ecologías del Combate inspirados en múltiples moradas que advertimos en primaveras de trabajo que implican ya dos volúmenes en prensa. No se espere uniformidad semántica, arco generacional trazado, homogeneidad de códigos escriturales, mucho menos la égida de los formatos. Se trata de los asedios primeros, de polifonías en ciernes, a partir del convencimiento de que varias bengalas sempiternas darán cuenta de una poética del combate, donde vamos a ENCONTRARLOS y a ENCONTRARNOS.

 

Índice:

Proemio a dos voces

Presentación, por Enrique Israel Ruiz Albarrán

Polifonía y combate, por Josué Sansón Figueroa

Las ineludibles fuerzas del pasado

La vía histórica de Tunupa: en el imaginario de los pueblos andinos, por Jaime Vargas Condori

Crisis espistemologica, cambio climático y re emergencia del Suma Qama Qamaña, por Simón Yampara Huarachi

El tiempo en la milpa, por Roberto Olivares Macilla

Hacia una nueva ecología de la mente, por Salvador Monsiváis

Moradas libertarias

¿Ecología? Una crítica a su configuración desde los ácratas libertarios, por Arturo Vilchis Cedillo

La lucha por la materia como gesto libertario: cronotopo y revolución en la concepción de la naturaleza en José Martí, por Valeria de Pina Ravest

Escorzos tácticos, trazos estratégicos

Agricultura y lucha por los recursos naturales, por Ángel Iván Núñez

Áreas naturales protegidas: la reubicación “ecológica”, por Andrea Bianchetto

Dialéctica de la violencia: reflexiones en torno a la Paz el oprimido, por Jorge Acosta Calderón

Por la irrupción combativa del sujeto

Ecologías del combate, por Guillermo Torres Carral

Unificar todo lo vivo, por Alberto Híjar Serrano

Latitud de la flor y el granizo: ecología del combate, ecología de la totalidad, por Josué Sansón Figueroa

Cherán y la ética, o el problema de la composición del sujeto creativo, por Enrique Israel Ruiz Albarrán

El esclavo y la producción de objeto, por Nicolás Rivera