Pacarina del Sur
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El nakaq o degollador en el imaginario de los pobladores de la comunidad de Pomapuquio en Ayacucho, Perú

The nakaq or degollador in the imaginary of the people of the community of Pomapuquio in Ayacucho, Peru

O nakaq ou degollador no imaginário do povo da comunidade de Pomapuquio em Ayacucho, Peru

Deisy Yaqueline Conde Ventura

Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga

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Recibido: 30-06-2020
Aceptado: 10-08-2020

 

 

Introducción[1]

El nakaq o degollador es una de las expresiones del pensamiento mítico andino, descrito como un ser cruel, que porta consigo un lazo de cuero humano, que habita en lugares o cavernas inaccesibles y que tuvo presencia en los Andes y más allá, desde épocas prehispánicas hasta tiempos actuales cumpliendo diferentes funciones culturales según cada contexto específico. En tal sentido, E. Morote afirmó que:

El degollador es un personaje importante ( y tal vez más que eso) de la historia del Perú y de América, que para ser comprendido y entendido en toda la vastedad de su figura y de su significado histórico-social (lejos de cualquier esfuerzo por magnificarla, como a menudo sucede con el asunto de un investigador desprevenido aborda), requiere  del auxilio de buenos conocedores de multitud de asuntos aparentemente muy distintos y distantes como los referentes a la Lingüística y la Arqueología, la Etnología y la Psicología Social, la Literatura formalizada en algunas de sus expresiones (como la novela, el cuento, el teatro, el ensayo o el periodismo), a las Artes Plásticas (como la pintura, la escultura y particularmente la imaginería), a la Economía, a la Política, a la Sociología, a las historias particulares de la Religión, de la Medicina, de la Farmacéutica, del Arte Militar, de la Minería y la Metalurgia y muchas etcéteras (Morote, 1998, pág. 36).

 

Es así que con el referente anterior me propongo estudiar el nakaq en el imaginario de los pobladores de la comunidad quechua de Pomapuquio, en Huamanga (Ayacucho, Perú). Los comuneros relatan diferentes historias sobre el degollador.  Para desarrollar el tema me propuse las siguientes preguntas: ¿Cómo es utilizada la tradición del nakaq en el proceso social andino? ¿Cómo es la tradición actual del degollador en Pomapuquio? ¿Cuáles son las funciones culturales de este ser imaginario?

Los objetivos de la investigación fueron: primero, conocer la tradición del nakaq en el proceso social andino; segundo, explicar el degollador en la tradición actual de Pomapuquio y; tercero, exponer las funciones culturales del ser imaginario estudiado.

La elección del escenario de estudio responde a que en el lugar aún se siguen contando historias acerca del nakaq con la finalidad de que los niños no se vayan con personas ajenas, no salgan por las noches, que respeten los horarios establecidos para volver a casa y puedan cuidarse cuando estén solos. Al respecto, Víctor Cárdenas postuló que:

En el mundo andino la educación del niño está preñada de amenazas, castración, degüellos, fantasmas, qarqachas, condenados. Son las actitudes y personajes de temor con las que los padres amedrentan a sus hijos en su etapa formacional (cit. Cavero, 1990, pág. 116).

 

La exposición del trabajo se estructura en tres partes: La tradición del nakaq en el proceso social andino, el nakaq en la tradición actual de Pomapuquio y las funciones culturales del nakaq. Sin embargo, antes de abordar a cada parte, he optado por realizar una breve descripción de la comunidad de Pomapuquio que está ubicada en el distrito de Acocro, en la provincia de Huamanga, en el departamento peruano de Ayacucho, en Perú. Su poblado está asentado en una altitud de 3260 m.s.n.m.

La actividad económica principal de los pobladores es la agricultura y ganadería; cultivan papa, quinua, maíz, trigo, arveja, entre otros alimentos y de entre los animales cuentan con vacunos, ovinos, porcinos y aves de corral.

Por los años 1980 y 1995 esta comunidad no contaba con una carretera que la uniera con la ciudad de Ayacucho, no había vehículos móviles que los transportara, carecían de servicios básicos de agua, desagüe, energía eléctrica y telefonía fija y móvil. A ello se debe que viajaban en caballos y burros hasta la ciudad a proveerse de kerosene y velas (esto servía para que puedan alumbrase durante las noches), compraban algunos alimentos como azúcar, harina, aceite y sal. Los viajeros salían mínimamente entre dos, si en el camino se encontraban con un tercero, solo saludaban y pasaban rápidamente pues temían que fuera algún ser demoniaco (condenado, qarqacha o nakaq).

Saliendo de la comunidad a las cuatro de la mañana se llegaba a la ciudad a las doce del mediodía, el viaje duraba alrededor de unas ocho horas. En la actualidad el recorrido en un colectivo desde Ayacucho hasta la comunidad es de una hora aproximadamente. Si se va en camioneta se llega en unos 45 minutos. A la entrada del poblado, existe un lugar denominado Tambocucho, desde este punto, siguiendo una pequeña trocha carrozable, se llega en unos 5 minutos. La comunidad cuenta con carreteras, hay vehículos que van durante el día, cuenta con energía eléctrica, alumbrado público, servicios básicos, telefonía móvil, la población incrementó y en su mayoría los campos de cultivo están trabajados.

 

El nakaq en el proceso social andino

El degollador tuvo presencia en el Perú desde épocas prehispánicas y en la actualidad vinculan su presencia con tiempos de incertidumbre o crisis social y política. Como afirmó Pribyl:

En publicaciones basadas en trabajos de campo en el contexto peruano se le suele vincular directamente con la figura del degollador en la cultura Moche y a las prácticas de sacrificio ritual de humanos antes y durante la insurgencia del imperio incaico. Versiones más recientes vinculan su presencia con el malestar y zozobra de la población en tiempos de crisis, como una respuesta de resistencia cultural y social frente al dominador blanco, los consorcios petroleros y de minas, el aparato político-militar del estado o el accionar de grupos armados insurgentes en el país (De Pribyl, 2010, pág. 123).

Representación de la decapitación
Representación de la decapitación

Imagen 1. Representación de la decapitación. En el arte mochica se alude a los dioses combatiendo entre ellos o con otros seres sobrenaturales o humanos. El final del combate es la decapitación del adversario. Fuente: https://elpais.com

La propia ficción tiene su sustento en la realidad. Los sacrificios humanos fueron reales. La forma como sacrificaban los españoles a los rebeldes fue real, pero se mitificó como en los dibujos de Guaman Poma (la “degollación” de Atawallpa y Tupa Amaru Inga). El obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda tiene también dos acuarelas de la “degollación del inga”. Hay una serie de anónimos que hicieron lienzos de la degollación de Atawallpa. Existe también fiestas a lo largo de los Andes que escenifica la captura de Atawallpa, en algunas de ellas, la festividad termina con la “degollación del inqa” (Taipe, 2020).

Para rematar muchos iconos católicos están relacionados con la degollación. Así murió Santiago, pero luego se vuelve en otro nakaq (asesino de moros y de indios). Santa Bárbara fue decapitada por su propio padre, pero la iconicidad muestra signos invertidos, ella aparece con la espada en mano y la cabeza degollada de su padre yace al pie de ella (Najarro Martínez, 2019). A los anteriores se suman los casos de San Juan Bautista, San Lamberto, San Dionisio, San Cosme, San Damián, San Pablo, etc., que también fueron decapitados.

En Huamanga existe el NiñoNakaq”, que tiene una vara de chonta con adornos de plata en la mano derecha y al costado izquierdo, a la altura de la cintura, tiene un puñal tipo árabe (con curva). En la parte posterior del Niño hay un soldado de color uniformado que porta un revolver y fusil. Se supone que este asume un rol protector. Cuando a este Niño, según las creencias populares, lo llevan a la habitación de un enfermo, dicen que ayuda a morir al que padece en su agonía. En ese sentido, afirman que los familiares de los enfermos terminales piden con fe al NiñoNakaq” o que lo sane o que le dé un “buen morir”, acabando así con el sufrimiento de esas personas.

La fiesta del Niño “Nakaq” se celebra en noviembre, fecha relacionada Todos los Santos y el Día de los muertos. Según cuentan algunos huamanguinos, este Niño aparece durante la semana de sus festejos y es confundido con los demás niños de la zona, con quienes se pone a jugar, asimismo; uno de los niños con los que juega fallece. Los que ahora son adultos, enseñan a sus hijos que tengan cuidado de jugar con niños desconocidos; pues sus padres y abuelos saben que si lo hacen uno de los pequeños podría morir puesto que ellos tuvieron aquellas experiencias.

En la columna Cultural del Diario Jornada, se recogió la historia del Niño “Nakaq”, que se encuentra en el Templo del Arco o Santuario de la Virgen del Pilar de Zaragoza:

Él junto a su madre y hermano vinieron de España al Perú, en busca de su padre que era un militar, hace varios años. El Niño Nakaq, junto a su familia, buscaba asilo para pasar la noche, muchas haciendas le negaron posada y fue cuando unos sirvientes de la hacienda de donde actualmente es el Templo del Arco, le brindaron un espacio en un cuarto pequeño […]. Agregó que más tarde los sirvientes de la hacienda fueron a ver que se les ofrecía, cuando de pronto vieron una luz incandescente en el interior del cuarto. Se apersonaron y vieron como alrededor de la madre irradiaba una luz especial y los niños jugaban al rededor dando vueltas […]. Los sirvientes impresionados abrieron la puerta y fue cuando encontraron las estatuas de los tres, la madre abrazada con el más pequeño.[2]

El Niño Nakaq
El Niño Nakaq

Imagen 2. El Niño Nakaq/El Niño Degollador en la Iglesia El Arco en Ayacucho. Fotografía de Raúl H. Mancilla, 2018

En el contexto andino prehispánico hay muchos signos que se relacionan con los degolladores. Así lo demuestran los iconos de algunos mantos nascas y paracas, de algunas cerámicas mochicas y huaris, pero también algunas excavaciones de tumbas de señores que iban acompañados de cuerpos cercenados.

En cambio, los orígenes coloniales del nakaq se asociaron con los betlemitas que desde 1671 hicieron del Hospital El Carmen y extendieron sus dominios a Chachapoyas, Cajamarca, Piura, Cusco, Huaraz, Huanta, Potosí y Quito. Sus detractores en Cusco hicieron correr el rumor que los betlemitas eran hombres enviados por el Rey para que, degollando a los indios, les saquen la manteca para surtir de esta medicina a las boticas de su majestad. Los indios empezaron a llamarlos “los nacas”, “perros nacas” y “perros degolladores” (Morote, 1988). Además, Potosí y Huancavelica devoraron 8 millones de indios mitayos manteniendo su sustancia de “degollador” (Morote, 1998).

Durante la república se los identificó como personas blancas, “gringas” y hasta “morenas”, pero nunca como personas cobrizas. El motivo de su accionar siempre obedeció a la extracción de la grasa humana para diversos usos.

Durante el Conflicto Armado (80s y 90s del siglo pasado), los campesinos empezaron a identificar a los portadores de armas con los nakaqs y otros seres demoniacos. En algunos pueblos se dice que los nakaqs vivían en los cuarteles con los militares.

Actualmente, de modo esporádico retorna el rumor del nakaq, especialmente, respondiendo a coyunturas con crisis políticas o en situaciones en las que los sectores hegemónicos quieren desviar la atención de los procesos sociopolíticos del país como el invento en 2009 de la Dirincri en el Alto Huallaga que sostuvo que los “pishtacos” habían asesinado a 60 personas en la localidad de Tazo Grande, en el valle del Monzón, provincia de Huamalíes, en Huánuco, que involucró al ex ministro de interior Octavio Salazar.

En el valle del Monzón en el Alto Huallaga hicieron correr el rumor de la presencia de pishtacos
En el valle del Monzón en el Alto Huallaga hicieron correr el rumor de la presencia de pishtacos

Imagen 3. En el valle del Monzón en el Alto Huallaga hicieron correr el rumor de la presencia de “pishtacos”. Fuente: www.larepública.pe

Lo anterior me lleva a afirmar que los nakaqs es una forma de construcción de la otredad radical, es una forma de manifestar la xenofobia, pero también es una forma de homologar a los portadores de armas en tiempos del conflicto armado interno y son invenciones para distraer la atención de procesos sociopolíticos; por tanto, como cualquier tradición puede ser manipulada en interés de ciertos grupos de poder.

Cuando los rumores crecen sobre la presencia de los nakaq, los forasteros y desconocidos se convierten en sospechosos que en muchos lugares terminaron como víctimas de las multitudes. Entonces, al final, si la masa asesina a los forasteros, ella se convierte en nakaq.

Con relación a la denominación, varios vocabularios y diccionarios quechuas las registran de varias maneras: nakacc, ñakacc, nakaq, ñakaq, ñakkaq, nakkac, nakaj, etc. En todo caso “Nakaq” o “Nak´aq” (degollador) viene de “Nakay” o “Nak´ay” (degollar) (Morote, 1998). Sin embargo, en otras áreas lingüísticas adopta otras denominaciones. En el valle del Mantaro y algunas provincias huancavelicanas y ancashinas le dicen pishtaku o pistaq. Entre los wankas y los quechuas fronterizos con aquellos le dicen también muquq o “mu-hu, muhncu, tripicu”, también hay denominaciones específicas que le llaman “cunca cuchoq”. En el área ayacuchana adopta las denominaciones de “Nácaco, Nacacucc, Huañuchecc, Sepicucc” (Vocabulario..., 1905).

El nakaq es un personaje imaginario fabuloso. Este ser no solo existió por los territorios de Ayacucho, sino que también los hubo en Apurímac, Huaraz, Cusco, Puno, Junín, Huánuco, etc. Inclusive E. Morote hizo un viaje a Europa y Asia rastreando su origen (Morote, 1998).

Tomé la comunidad de Pomapuquio (Pumapukyu) como el escenario de estudio porque en dicho lugar los pobladores mayores de treinta años y algunos niños a los que se les contó las historias acerca del nakaq, imaginan que éste existió y que podría volver a reaparecer en cualquier momento para matar a las personas que caminan solas y vender en la actualidad sus órganos o grasa al extranjero.

Sin embargo, se oye también que cuando hacen construcciones de puentes grandes y carreteras por zonas peligrosas, cuando construyen represas y centrales hidroeléctricas, dicen que los nakaqs, por encargo de las empresas, buscan víctimas para sacrificarlos y dárselos a las montañas (a los wamanis) como ofrenda para que las obras no tengan dificultades en sus construcciones. También circulan rumores entre los mineros que cuando se pierden las vetas en las minas, el nakaq busca a alguna víctima y lo sacrifican para reencontrar los filones perdidos en el interior de los socavones de las minas. Inclusive circularon rumores que los “senderistas”, antes de realizar alguna acción armada, sacrificaban a una persona raptada de alguna comunidad selvática o andina (Taipe, 2013).

En síntesis, el nakaq o degollador en el proceso social andino aparece desde épocas prehispánicas, cumpliendo diferentes funciones culturales y sociales, hasta tiempos actuales donde se vive contextos de incertidumbre o caos en los diferentes pueblos; estas representaciones se muestran en algunos de los iconos de los mantos nazcas y paracas, en diversas cerámicas moches y waris; fueron representados en dibujos y lienzos, en imágenes religiosas como en Santa Bárbara o el Niño “Nakaq”. Así mismo, existe un sin número de denominaciones que se atribuye al nakaq según el área geográfica, ya que tuvo presencia en varias partes del Perú como Junín, Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, etc.

 

El nakaq en la tradición actual de Pomapuquio

Las implicaciones culturales actuales del nakaq la analizaré desde un conjunto de cinco relatos registrados en el trabajo de campo. Transcribo el R1 (Relato 1) de modo íntegro, los otros cuatro están consignados en el anexo:

R1. El nakaq/degollador es como el atuq/zorro que esperaba en los cerros, donde no había gente, se escondía en las alturas para matar a las personas cuando pasaban solas. Antes por Chuntaca hay como una zanja, ahí esperaba el nakaq para matar a las personas y sacar su grasa. También mataba por Siqilambras.

Todos le tienen miedo al nakaq. No podíamos andar solos por los caminos cuando era de noche, si íbamos a algún lugar teníamos que caminar entre varias personas. El nakaq era barbón, alto, blanco y tenía una apariencia que causaba terror. Cuando las personas salían de viaje, sus parientes lloraban diciendo: “Seguro ya no volverán. Seguro se encontrarán con el nakaq”.

Cuando una persona se encontraba con el nakaq, le soplaba un humo entonces la persona ya no podía escaparse, eso aprovechaba el nakaq para cortarle los brazos y piernas, después de hacer esto el nakaq sacaba la grasa del cuerpo de la persona en el mismo sitio, haciendo esto se iba y dejaba al muerto en el mismo lugar donde lo había matado. Esta grasa lo llevaba lejos, a otras partes. Dicen que servía para que las campanas suenen fuerte y que cuando toquen se escuche lejos.

Antes el nakaq salía de setiembre hasta noviembre. Cuando los terroristas empezaron a caminar, desde entonces han desaparecido los nakaq. Ahora cuando los niños se portan mal, les hacemos asustar diciéndoles: “¡Te voy a vender al gringo!”.

En estos tiempos aún tenemos miedo del nakaq porque podría salir en setiembre por ahí, pero ya no es mucho porque ya no se escucha. Además, en esta comunidad ya hay luz eléctrica, carretera, ya no hay sectores que estén libres, oscuros o abandonados. El nakaq mataba en lugares donde no había nadie. Ahora pues las chacras están llenas de sembríos.[3]

 

En el relato de don Mesías, se hace referencia al pasado, cuando los viajeros iban a salir del pueblo. De ahí que se pueda resaltar al miedo por parte de los caminantes a encontrarse en la vía con el nakaq. Las personas sabían que el nakaq salía entre los meses de setiembre y noviembre. Los niños fueron socializados en este y otros mundos imaginarios. Muchas personas de tes blanca fueron temidas porque, como se relata, este ser imaginario tenía la apariencia blanca, eran altos y barbudos. Y, precisamente, los foráneos tienen esta apariencia. Según el relato, los nakaqs fueron desapareciendo con el surgimiento de Sendero Luminoso que fue uno de los actores del conflicto armado interno en Perú.  Sin embargo, a lo anterior hay que entender que, por acciones de los senderistas, la población se organizó en Rondas Campesinas para protegerse de los ataques terroristas. O, como dice el R4, porque los senderistas andaban en grupos, los nakaqs tenían menos posibilidades de acción. Entonces como efecto, fueron disminuyendo también la presencia de los nakaqs.

La etnografía describe al nakaq como un ser semi-humano y cruel, que vive solitario en lugares inaccesibles. El nakaq lleva como arma un lazo de cuero humano entretejido para que agarre a sus víctimas. Los nakaqs tienen sus ojos de pupilas sanguinolentas, tienen potencialidad de visión nocturna, ve y camina de noche (Cavero, 1990).

La descripción anterior varía de pueblo en pueblo, así como también los motivos fueron más allá de la extracción de la grasa. Hay relatos en los que dicen que mataban para robar dinero. Se llevaban a las mujeres y las amputaban y las tenían como sus sirvientes y para sus necesidades sexuales dentro de las cuevas. Ya vimos que también la utilizaban para recuperar las vetas perdidas en las minas, para “pagar” a las montañas y que las obras no se perjudiquen, para los cimientos de construcción como puentes, para las represas, hidroeléctricas, etc. Del mismo modo, otros testimonios asocian a los nakaqs con los hacendados cuya hegemonía rural terminó con la aplicación de la reforma agraria.

Sin embargo, el relato de don Mesías aparte de subrayar el origen étnico ajeno de este ser fabuloso, la extracción de la grasa y su utilidad; hay otros tres elementos necesarios que subrayar. Primero, la ausencia y presencia del alumbrado eléctrico. La oscuridad se presta para los ataques de los nakaqs. La presencia de alumbrado da mayor seguridad a los habitantes del pueblo. Esta oscuridad se asocia con los parajes silenciosos y solitarios en las que el perpetrador ejecuta a sus víctimas. Segundo, la disminución de los nakaqs debido al surgimiento de Sendero Luminoso. Esto es aparentemente contradictorio con la tradición de otras partes de Ayacucho, porque como lo hizo notar C. I. Degregori y A. Vergara, los campesinos asociaron a los portadores de armas con los nakaqs; pero como ya se dijo, la presencia de los senderistas hizo surgir a las Rondas Campesinas. Tercero, los nakaqs andaban durante los meses de septiembre, octubre y noviembre. Estos meses están asociados con la presencia de lluvias y es la época de la siembra grande. Inclusive los cronistas anotaron que septiembre era la época del inicio de las lluvias pero que estas venían junto con enfermedades, mientras que noviembre era el mes de los muertos ¿Por qué andaban los nakaqs en ese período del año? Más allá de lo dicho, es una respuesta difícil de responder. Habrá que seguir indagando las razones.

En síntesis, los pobladores de Pomapuquio debido a los cambios surgidos por la modernidad, tienden a desplazarse distancias largas en vehículos y ya no en caravanas de arrieros como lo hacían anteriormente; la comunidad está iluminada porque hay energía eléctrica; cuentan con telefonía; se dio el crecimiento de la población y la existencia de vías carrozables; y no hay tantos espacios solitarios o abandonados. Según las informaciones obtenidas, los nakaqs han desaparecido de la región debido al surgimiento de Sendero Luminoso, pero siempre tienen cuidado, andan con cautela, porque pueden volver a “reaparecer” y causarles daño.

 

Las funciones culturales del nakaq

Son cuatro funciones culturales las que se pueden desprender de la tradición del nakaq. Estas son: como dispositivo de control social intraétnica, como dispositivo de construcción de un enemigo, como dispositivo en los ámbitos psicosociales, y como la metaforización de la explotación.

 

a. El nakaq como dispositivo de control social intraétnica

El control social puede definirse de una forma genérica, como el conjunto de instituciones, estrategias y sanciones sociales que pretenden garantizar el sometimiento del individuo a las normas sociales o leyes imperantes, generalmente dichos mecanismos actúan en el individuo de una forma inconsciente ya que las ha aprendido durante el proceso de socialización. Durante la infancia, en el proceso de socialización el individuo aprende e interioriza lo que en su sociedad y cultura se considera o no apropiado, más tarde también aprenderá cuáles son los comportamientos que se consideran delictivos y penados por su tradición y por las leyes vigentes. Un extracto del R2 es ilustrativo:[4]

Mi mamá siempre me decía que debemos tener cuidado con los “gringos” porque ellos eran los nakaqs y ahora cuando mis hijos se portan mal, para hacerles asustar, yo les digo que el “gringo” se los va llevar o les voy a vender a ellos. También les digo que, si alguna persona desconocida les habla que no le hagan caso, a veces te engañan con caramelos. Los extranjeros son malos.[5]

 

En el relato de doña María se observa desconfianza y temor hacia los extranjeros. Sin embargo, lo “extranjero” debe ser entendido como tal, pero también como toda persona blanca ajena a la comunidad. Se trata de la construcción de un discurso de rechazo a las personas fuereñas. ¿Por qué? Creo que la razón está en el inconsciente colectivo que pudo almacenar que el extranjero siempre lo dominó, abusó y hasta dispuso de la vida de la población indígena. El español, el hacendado, los criollos fueron los explotadores de la población rural. Por tanto, su rechazo, temor y desconfianza lo metaforiza en la figura del nakaq. En otras palabras, inclusive nació un sentimiento de odio al otro radical, materializándose en forma de xenofobia.

En el sentido anterior hay que entender a la xenofobia como el odio, la repugnancia y hostilidad hacia los extranjeros. Su terminología está basada en el concepto griego compuesto por xénos (extranjero) y phóbos (miedo). De igual manera, también se puede representar, como el rechazo a grupos étnicos diferentes o hacia individuos cuyo aspecto social, político, cultural e ideológico se desconoce (RAE, 2012).

En la actualidad los niños saben que el nakaq existió y que en algún momento puede volver a salir si ellos se portan mal o desobedecen porque sus padres fueron quienes les contaron estas historias que para ellos parece fantástico. Pero recuérdese que se trata del “gringo”. Por tanto, la socialización se da en contexto que marca al “extranjero”. Los integrantes de los organismos y la cooperación internacional saben que, en el campo a aquellos, norteamericanos o europeos, los tildan de nakaq. Según el R4, el nakaq operaba de la siguiente manera:

Esperaba en los huaycos abandonados, por donde no pasa la gente, cuando el viajero caminaba solo el nakaq lo mataba, tenía un cuchillo muy grande y con un peine de fierro raspaba la piel para que salga toda la sangre, después de eso recién le sacaba la grasa para enviarlo a otra nación. La grasa sirve para poner a la campana para que así suene muy fuerte, me han contado que también está grasa lo ponen a maquinas. El Estado era el que mandaba al nakaq.[6]

 

Pero resulta que aparecen cuatro actores involucrados: 1) el nakaq que es el operador del asesinato tal como fue descrito en el extracto anterior al que se suman los manejos diversos de espacios, horarios, épocas, instrumentos diversos, una especie de humos mágicos expelidos por sus “cigarrillos”, etc.; 2) la iglesia que necesita campanas cuyos sonidos lleguen lo más lejos posible: en algunos pueblos se dice que la grasa extraída de los varones era para que la campana emita un sonido bajo, mientras que la grasa de las mujeres hacía que la campana emita un sonido agudo. Como dice Chevalier: “el simbolismo de la campana esta sobre todo en relación con la percepción del sonido” (Chevalier, 1986, pág. 241). Además, está el discurso del R3 que dice que “los nakaqs se preparan seis meses para salir, son preparados en la iglesia, en esta preparación son velados y bendecidos por el cura. Así nomás no salen ellos, cuando las personas miran al nakaq se asustan, tiene un aspecto feo, para eso se preparan, se preparan para asustar y para matar”; 3) el Estado que era el que los enviaba para que vendan la grasa en el extranjero; y 4) las víctimas que serían individual y colectivo. Las víctimas individuales pueden ser hombres, mujeres, viajeros, pero siempre cuando andan de modo solitario y en parajes silenciosos y alejados. La víctima colectiva es la comunidad, por el miedo colectivo provocado y el sentimiento xenofóbico que en ellos palpita de modo latente.

Con relación al Estado, Carlos Iván Degregori acopió información de los discursos populares en Ayacucho que señalaban que Alan García mandaba a los pishtacos para que la grasa extraída sea vendida en el extranjero con la finalidad de pagar la deuda externa (Morote, 1998). Pero de otro lado está el hecho de que entre los portadores de armas durante el conflicto armado interno fueron actores las fuerzas del orden y éstos, incluidos los senderistas, fueron asociados con los nakaqs. Sin embargo, resulta que según el R2 los nakaqs empezaron a desaparecer cuando las Rondas Campesinas salieron a hacer vigilancia para cuidar a la población del ataque de los senderistas.

En síntesis, los pobladores dicen que los nakaqs solían atacar a sus víctimas cuando estos andaban por parajes solitarios, para extraer la grasa y dar diferentes usos, fue por ello que las personas preferían caminar en grupos y no hablar con extraños o acercarse a ellos, porque lo que viene de fuera “no es bueno” y ese concepto se fue transmitiendo intergeneracionalmente, a ello se debe que los niños conocen y muestran desconfianza frente a los extraños.

 

b. El nakaq como dispositivo de construcción del enemigo

Umberto Eco da pistas para una adecuada interpretación de este ser imaginario, nuestro autor dice que “tener un enemigo es importante no sólo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestros sistemas de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo” (2012, págs. 14-15).

El nakaq podría ser interpretado como una construcción de esa otredad radical personificado en lo ajeno. Al fin y al cabo, los españoles, los criollos, los curas y los hacendados fueron externos. Durante el conflicto armado, los soldados, los sinchis, los marinos y los senderistas fueron construidos como los ajenos, los otros, los extraños, los tenebrosos y los “extranjeros”; de ahí su identificación durante dicho período de esos portadores de armas con los nakaqs.

Además de que el reconocimiento de un enemigo sea factor de identidad y un obstáculo con relación al cual los valores locales, hay que señalar que se constituye en factor de cohesión social no sólo de pensamiento sino también de acción. Los relatos son claros al señalar que las Rondas Campesinas fueron factores de desaparición o por lo menos de disminución de estos degolladores. Pero también la creencia en su existencia obligaba, por esos tiempos en que aún no había carreteras, a salir a la ciudad en grupos que garantizaba la protección de los individuos, puesto que el nakaq sólo atacaba a las caminantes solitarios, por las noches y en lugares silenciosos y apartados.

Además, los procesos sociales están inscritos por acciones colectivas que por los rumores la turba en Huaycán, Lima, estuvieron por linchar a unos encuestadores (Castro Backus, 2016), en Sallalli en Vinchos Ayacucho una persona fue confundida con pishtaco (Diario Correo, 2016), en Sicaya (Junín) la policía tuvo que salvar a unos pishtacos acusados de traficar con órganos de niños (RPP, 2016), los tres casos ocurrieron el año 2016. Los ejemplos son múltiples. Entonces resulta lógico que las madres de Pomapuquio, como consta en los relatos registrados, induzcan a sus hijos a tener miedo y desconfianza de los “gringos”. Además, la ausencia de estos seres no es definitiva aun cuando la carretera haya disminuido los viajes a píe y la energía eléctrica haya hecho menos tenebrosa a las noches en la comunidad, porque como vimos un poco más arriba y ratificado por los mismos relatos, ellos pueden “reaparecer”.

En síntesis, se construye la otredad personificada en lo ajeno y, por tanto, se debe tener cuidado con las personas que vienen de fuera, se inculca a los pequeños hijos y jóvenes a que tienen que obedecer. De esta manera generan un control y orden dentro de la comunidad.

 

c. El nakaq como dispositivo en los ámbitos psicosociales

En su columna “Opinión”, el diario Correo, muy próximo a los grupos de poder nacional, señaló:

Los psicosociales son propios de gobiernos autocráticos y corruptos. Los exorcismos, las vírgenes que lloraban, las imágenes sagradas en las paredes, etc., durante el fujimontesinismo fueron, lamentablemente, eficaces para tapar las denuncias contra Montesinos y compañía. Evidentemente esta vez se ha echado mano a otro de las tantos “prodigios” que existen en nuestro país.

La historia de los pishtacos resultaba apropiada en el tiempo (escándalo de los viajes pagados por Alas Peruanas), y en el espacio (protestas y rebrotes terroristas en la amazonia. Su oportuno desenmascaramiento revela que muchos de los peruanos hemos aprendido la lección y, consecuentemente, éste y otros gobiernos, lo pensarán dos veces antes de ofender nuestra inteligencia con burdos montajes (Diario Correo, 2009).

 

Lo anterior lleva a pensar que cada oleada de rumores de la aparición de los nakaqs debe ser analizado en su inmediato contexto socio político regional o nacional. Porque siempre hubo y habrá grupos que se valgan de ciertas tradiciones para generar caos, desconcierto y temor colectivo.

En síntesis, aparecen rumores de los nakaqs cuando se vive por ejemplo contextos de incertidumbre, a ello se debe que esto debe ser analizado inmediatamente, pues hay grupos que generan caos, miedo y desconcierto para buscar fines propios y específicos.

 

d. El nakaq como dispositivo metaforizante de la explotación

Resulta interesante la metáfora construida por Juan Ansión (1987), por la cual la “extracción de la grasa” no solo representa la explotación económica, sino también toda la relación social y política que existe entre el campo y la ciudad, entre en el runa y el blanco, y porque no decirlo, entre dominantes y dominados.

Una muerte priva de un miembro del ayllu útil en el proceso productivo para la sobrevivencia de la familia. El mecanismo por medio del cual el capital extrae del campo a la mano de obra más útil es análogo a la acción del nakaq que priva a la familia y la comunidad sin dicha fuerza de trabajo. Al fin y al cabo, la pobreza en los Andes no es sinónimo de pobreza económica, sino el wakcha es el privado de parientes que en el proceso de producción se nota esa ausencia, porque no dispondrá de fuerza de trabajo para las diversas actividades económicas.

Además, la gente del campo se siente olvidada, está a expensas de las leyes del mercado, siente que cuando vende lo hace barato y cuando compra lo hace caro, siente que no accede a los créditos ni beneficios que sí tienen las empresas, siente que no puede dar a sus hijos las mismas oportunidades que sí lo hacen otros sectores.

En síntesis, el nakaq representa a la persona dominante, al explotador, al corrupto, pues es quien quita las oportunidades a los más necesitados, los hacen carecer de derechos, compran la mano de obra barata. Entonces, la “extracción de la grasa” con propiedad metaforiza estas realidades sociales.

 

Conclusiones

  1. El nakaq o degollador en el proceso social andino aparece desde épocas prehispánicas, cumpliendo diferentes funciones culturales y sociales, hasta tiempos actuales donde se vive contextos de incertidumbre o caos; estas representaciones se muestran en algunos iconos nazcas, paracas, waris, moches, etc.; fueron representados en dibujos y lienzos, en imágenes religiosas como en Santa Bárbara o el Niño “Nakaq”. Asimismo, existe un sin número de denominaciones que se atribuye al nakaq según el área geográfica, ya que tuvo presencia en varias partes del Ande. La razón mítica de la acción de nakaq era porque la utilizaban para la construcción de las campanas y para venderlos al extranjero para usos medicinales y el funcionamiento de ciertas máquinas.
  2. Los pobladores de Pomapuquio, debido a los cambios surgidos por la modernidad, tienden a desplazarse distancias largas en vehículos y ya no en caravanas de arrieros como lo hacían anteriormente, la comunidad está iluminada porque hay energía eléctrica, cuentan con telefonía, se dio el crecimiento de la población y la existencia de vías carrozables, no hay tantos espacios solitarios o abandonados. Según las informaciones obtenidas, los nakaqs han desaparecido de la región debido al surgimiento de Sendero Luminoso que trajo como efecto la constitución de Rondas Campesinas para proteger a la población campesina de los ataques senderistas. Sin embargo, aún tienen cuidado, andan con cautela, pues pueden volver a “reaparecer” y causarles daño.
  3. Las funciones culturales que se desprenden de la tradición del nakaq son cuatro, primero; que se debe tener cuidado con personas ajenas a la comunidad, segundo; se construye la otredad personificado en lo ajeno; tercero, los nakaqs aparecen cuando se vive contextos de incertidumbre; y cuarto, el pistaku representa a la persona dominante, al explotador, pues es quien quita las oportunidades a los más necesitados, los hacen carecer de derechos, compran la mano de obra barata. Entonces, la “extracción de la grasa” con propiedad metaforiza estas realidades sociales.


Anexo: Relatos del nakaq

Don Mesías Ramírez Laurente y doña Feliciana Tenorio Tito, informantes de Pomapuquio en Acocro, Huamanga-Ayacucho
Don Mesías Ramírez Laurente y doña Feliciana Tenorio Tito, informantes de Pomapuquio en Acocro, Huamanga-Ayacucho

Imagen 4. Don Mesías Ramírez Laurente y doña Feliciana Tenorio Tito, informantes de Pomapuquio en Acocro, Huamanga-Ayacucho. Foto de la autora, 2018.

 

R2. Feliciana Tenorio Tito de 52 años, católica; con 5to grado de primaria, registrado el 21/11/18.

Antes para dirigirnos a algún sitio teníamos que ir a pie, por abajo para pasar para aquí, se tenía que venir por Huatatas, allí había un molino, me contaron que el dueño de ese molino era un nakaq, porque cada vez que pasaba un viajero por ese sitio le invitaba a pasar a su casa, ahí le sacaba el hueso de su rodilla para que no pueda caminar, después de hacer eso lo mataba y cargaba al muerto en un costal, de sus piernas le cargaba y con sus brazos hacia abajo, lo llevaba boca abajo, en su misma casa lo colgaba en unos troncos hasta que caiga toda su grasa, después lo botaba el cuerpo por Pasña Warkuna que está más debajo de Condoray, al otro lado de Guayacondo. En este lugar hay varios huesos, dicen que son los huesos de las personas que el nakaq mató.

Esta grasa que el nakaq sacaba lo mandaba para otro sitio, a otro país lo mandaba porque ahí lo utilizaban para engrasar las campanas grandes.

Me acuerdo que cuando íbamos a viajar lejos llevábamos agua bendita para cuidarnos del nakaq, cuando pasábamos por el lugar donde el nakaq mataba echábamos agua bendita, este lugar es conocido como Pasña Warkuna, lo hacíamos porque en esos lugares había almas que hacían asustar; según nos contaron que en esos lugares se escuchaba gritos, quejas y lamentos. Y como llevamos agüita pasábamos tranquilos, el nakaq ya no nos hacía nada, pero para hacer eso hay que creer también pues. Ahora ya no escuchamos mucho del nakaq porque aparecieron carreteras por todos lados. El nakaq empezó a desaparecer cuando las Rondas Campesinas salieron a hacer vigilancia para cuidarnos de los de Sendero [Luminoso].

 

R3. Edy Quispe de la Cruz de 30 años, católica, con 5to grado de secundaria, registrado el 02/12/18.

En Pichqapukyu había una zona llamada Wayllachayuq Machay y dicen que allí vivía el nakaq. Él salía a mediados de octubre para esperar y matar a sus víctimas. El nakaq es “gringo”, alto y si ve a una persona sola lo persigue y lo mata, después de matarlo le saca su grasa, esa grasa lo llevan a Estados Unidos, esa grasa lo llevan para que pongan a las campanas para que esto se escuche a lo lejos. Cuando te ataca el nakaq no puedes correr, ellos fuman como cigarro y el humo que te soplan te deja inmóvil, lo que te sacan es la grasa del abdomen; tienen como bisturí para cortarte y sacar la grasa. Tienen un cuchillo grande como segadera, andan con eso para atacar a sus víctimas, cuando le matan a su víctima le sacan la grasa y el cuerpo lo dejan votado donde mataron a la persona.

Los nakaqs se preparan seis meses para salir, son preparados en la iglesia, en esta preparación son velados y bendecidos por el cura. Así nomás no salen ellos, cuando las personas miran al nakaq se asustan, tiene un aspecto feo, para eso se preparan, se preparan para asustar y para matar.

 

R4. María del Pilar Huamán Tineo de 45 años, católica, con 1ro de secundaria, registrado el 02/12/18.

En Pasña Warkuna, por Condoray cerca de Tambillo, anteriormente las personas venían a la ciudad a comprar víveres a pie, siempre cuando venían, si venía una persona nomás no regresaba. Por eso los de Acocro ya sabían que día iban a regresar en grupo, porque si regresaban solos el nakaq los mataba. Por eso los viajeros preferían venir en grupo.

Por Pasña Warkuna cuando los viajeros pasaban por ahí siempre encontraban partes del cuerpo cortado, por eso les daba miedo pasar solos, aunque está cerca de la ciudad el lugar era peligroso. El nakaq caminaba fumando algo que parece cigarro, cuando soplaba a las personas con ese humo ya no podían escaparse. Cuando mataban a las personas les sacaban la grasa y lo llevaban a otro país para que lo vendan.

Una vez en Pasña Warkuna dice que agarraron al nakaq. Él tenía bastante plata. Esa plata era de color verde, y cuando atrapaban al nakaq, éste les pagaba a las personas para que lo suelten.

Las personas por octubre ya cuidaban a los nakaqs para que los atrapen y de esa manera ellos también puedan tener plata porque el nakaq les pagaba. Los nakaq han desaparecido cuando empezó a surgir el terrorismo, como caminaban en grupo estas personas, los nakaqs tendrían miedo seguro y ya no se hacían notar, y así poco a poco empezó a desaparecer.

Ahora ya no se habla del nakaq, han aparecido carreteras, cuando queremos ir a algún lugar en carro nomás ya vamos. Pero había una fecha (el año pasado creo) que el nakaq había salido devuelta. Así estaban hablando y teníamos un poco de miedo y caminábamos con cuidado, pero íbamos cerca nomás, pero si vamos a ir lejos nos vamos en carro.

Mi mamá siempre me decía que debemos tener cuidado con los “gringos” porque ellos eran los nakaq y ahora cuando mis hijos se portan mal yo les digo que el “gringo” se los va llevar o les voy a vender a ellos para hacerles asustar. También les digo que, si alguna persona desconocida les habla que no le hagan caso, a veces te engañan con caramelos. Los extranjeros son malos.

 

R5. Prudencio Ramos Sauñe de 71 años, católico, con 1ro de secundaria, registrado el 03/12/18.

El nakaq era un hombre alto, blanco y barbudo; tenía un machete muy grande que llevaba siempre. Caminaba como con una capa oscura. El nakaq no mataba rápido a las personas, le sacaba un hueso de la rodilla para que no puedan escaparse. Después recién los mataba.

Esperaba en los huaycos abandonados, por donde no pasa la gente, cuando el viajero caminaba solo el nakaq lo mataba, tenía un cuchillo muy grande y con un peine de fierro raspaba la piel para que salga toda la sangre, después de eso recién le sacaba la grasa para enviarlo a otra nación. La grasa sirve para poner a la campana para que así suene muy fuerte, me han contado que también está grasa lo ponen a maquinas. El Estado era el que mandaba al nakaq.

El nakaq tenía su caballo y le hacía comer las lenguas de las personas que mataba, es por eso que el caballo olía a las personas cuando estaban cerca, era como un perro más o menos, ya cuando el viajero estaba cerca el caballo hacia bulla como avisando que alguien se acercaba para que el nakaq espere listo a su víctima.

El nakaq sale en setiembre, también mataba en las casas abandonadas donde no había nadie, en el huayco encontraban cabezas, brazos, partes del cuerpo cortado. El nakaq camina con bastante plata.

Ahora ya no salen los nakaq como antes, si hay, pero no es mucho, da miedo todavía porque cuando nos acordamos es triste cada vez que encontrábamos muertos, los cuerpos cortados.


Notas:

[1] Agradezco a mis informantes, en especial a doña Feliciana Tenorio Tito, don Mesías Ramírez Laurente y Prudencio Ramos Sauñe. A Néstor Taipe por su asesoría y orientación teórica y metodológica, a Raúl Mancilla por colaborar con la ilustración, a Roly Najarro por sus valiosas sugerencias y comentarios. Del mismo modo a Cledy Pariona quien siempre tuvo la amabilidad de colaboración.

[2] Véase: https://www.jornada.com.pe/cultural/815-realizaron-la-procesion-del-nino-nakaq

[3] Mesías Ramírez Laurente de 78 años, católico, analfabeto, registrado el 21/11/18.

[4] Los textos completos de los relatos van en el anexo.

[5] María del Pilar Huamán Tineo de 45 años, católica, con 1ro de secundaria, registrado el 02/12/18.

[6] Prudencio Ramos Sauñe de 71 años, católico, con 1ro de secundaria, registrado el 03/12/18.

 

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Cómo citar este artículo:

DELGADO ARÉVALO, Marco Antonio, (2021) “El nakaq o degollador en el imaginario de los pobladores de la comunidad de Pomapuquio en Ayacucho, Perú”, Pacarina del Sur [En línea], año 12, núm. 45, octubre-diciembre, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 21 de Junio de 2021.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1924&catid=6

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