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¿Una nueva derecha inclusiva? El piñerismo oficialista y sus relaciones con los movimientos de diversidad sexual (2009-2013)

¿Una nueva derecha inclusiva? El piñerismo oficialista y sus relaciones con los movimientos de diversidad sexual (2009-2013)

A New Inclusive Right? The official piñerism and its relations with the movements of sexual diversity (2009-2013)

Um novo direito inclusivo? Piñerismo partido no poder e suas relações com movimentos diversidade sexual (2009-2013)

Juan Ignacio Cisterna Bahamondes[1]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: El siguiente artículo analiza las relaciones y proximidades que se establecieron entre algunos sectores de la derecha y la diversidad sexual, enmarcados en el primer gobierno de derecha posterior al redemocratización en Chile. Así, el objetivo está puesto en profundizar y analizar las tensiones que generan los diálogos de apertura, y las aparentes intenciones de acuerdo con la diversidad sexual por parte del grupo que constituía gobierno, asumiendo que éste último se había caracterizado históricamente por mostrar un apego a las estructuras tradicionales por sobre la inclusión y el avance en temas valóricos. Por último, se discutirá si realmente los acercamientos con la diversidad sexual constituyen el germen de una nueva derecha o más bien una estrategia de legitimación inspirada por las difíciles coyunturas sociales que debió enfrentar el gobierno en su experiencia de ser gobierno.

Palabras clave: Piñerismo, diversidad sexual, derecha liberal,  historia reciente.

 

Introducción

Los estudios de lo político poseen hoy una pertinencia innegable para la comprensión de nuestra historia reciente. En contextos donde lo político se ha visto complejizado por diferentes tensiones, rupturas y disensos, su historia se inscribe como una forma de comprender las “tensiones e incertidumbres que subyacen” (Rosanvallon, 2003: 21) al juego democrático, a través del estudio de las acciones políticas entendidas como un campo y un trabajo a la vez (Ibídem: 16), es decir, como un espacio de construcción que no está definido de antemano sino que, por el contrario, comprendía un cúmulo de interacciones entre distintos actores, en distintas escalas y  esferas, en que “el Poder, entendido como haz de relaciones, colocaba a la política como algo cotidiano y no solo ejecutable por grandes hombres” (Moyano, 2011: 228). Así entendido, lo político no es reductible a “un conflicto entre lo alto y lo bajo” (Rosanvallon, 2003: 34), sino ampliado hacia nuevas contradicciones, cruces y antinomias en que no solo aparezcan los grandes líderes políticos de la época, sino al contrario, se contemple a “sujetos, actores, memorias, saberes, partidos políticos y comunidades sociales, culturas políticas, como nuevos ejes de análisis” (Moyano, 2011: 229), constituyendo así una “historia social de lo político, que tuviera en cuenta distintos factores no abordados por la historiografía tradicional” (Pérez y Ponce, 2013: 469). De tal forma, lo político ya no sería entendido como una esfera estática que solo se movía en pos de conflictos bélicos o acciones diplomáticas, sino como un campo de disputa que está en constante movimiento, en que confluye y se entrecruzan diversos actores involucrados, propiciando nuevos debates y cuestionamientos al estado actual de cosas, levantando nuevas demandas y exigencias hacia el poder, ensanchando en cerco de lo que se entendía por acción política, y profundizando el debate político, cultural e intelectual de los movimientos y partidos políticos, sumergiéndose en sus redes y su tradición histórica. En otras palabras: “retomando el hilo de su historia” (Rosanvallon, 2003: 25).

Asimismo, la historia de lo político – o nueva historia política – se relaciona directamente con el campo de la historia reciente. Siendo entendida esta última como una tensión permanente “entre dos categorías temporales: el espacio de  experiencia y el horizonte de expectativa” (Bedarida, 1998:21), en que sus temáticas y objetos de estudios pueden asociarse a procesos que no están cerrados, sino que aún están ocurriendo, por lo que se entroniza la centralidad de la experiencia acontecida o vivida, y, a su vez, las líneas y proyecciones que se esbozan desde el tiempo presente. Así, la historia reciente y la historia de lo político, comparten el acento por el campo o espacio de experiencias que se abre desde las distintas esferas que contiene el tiempo presente, ayudando a su comprensión y profundización “que no se agota en el ahora, en lo inmediato, en el registro de la coyuntura” (Moyano, 2011: 229), sino que se concentra en aquella experiencia “que forma ya parte de la historia misma, cosa de la que toma conciencia mediante la historización de aquella experiencia” (Aróstegui, 2004:20), hecha por investigadores cercanos en generaciones. La cercanía generacional con su objeto de estudio, y la profundización en procesos que aún no han finalizado, hacen que “los límites temporales de una historia del tiempo presente son el resultado de una decisión social” (Ibid:27), en que las fisuras o quiebres recientes pueden alertar acerca de un buen punto de inicio o final, al mismo tiempo que obliga  a “agudizar su sentido crítico” (Soto, 2006:54) respecto a los hechos. Asimismo, aquel espacio de experiencias del que se hace cargo la historia del tiempo presente permite analizar las expectativas que se van construyendo al calor de los hechos históricos que van ocurriendo y como, a su vez, se van transformando y re-significando los conceptos y las ideas del presente entendido en sus tri-constitución temporal (Moyano, 2011: 229, Cuesta, 1993:37).

Así las cosas, la relación entre la historia reciente y la historia de lo político permite historizar procesos y acontecimientos recientes desde nuevos lineamientos del accionar político, permitiendo la comprensión de las redes y culturas políticas en el escenario de redemocracia en Latinoamérica, visibilizando la irrupción de movimientos sociales que tensionan las bases impuestas anteriormente bajo los regímenes dictatoriales, profundizando en la creación de un nuevo lenguaje político amén de un proceso de modernización económica y renovación política en que toda la región, con distintos matices, comenzó a adentrarse, y, además, enfocándose en las tensiones y contiendas políticas en pos de proyectos y discursos de país, en que los bloques políticos se trenzan con el fin de llegar a constituir gobierno. Chile integra, efectivamente, este gran concierto reciente de la política latinoamericana, aportando particularidades que ayudan a enriquecer el panorama internacional. De tal suerte, nos disponemos a profundizar en el triunfo electoral que experimentó la derecha chilena por primera vez después de la vuelta a la democracia, encabezado por el entonces presidente Sebastián Piñera, y sus tensiones y desajustes provenientes de su proceso de campaña y las necesarias definiciones que exigía la experiencia de ser oficialismo. Particularmente, nos enfocaremos en las tensiones que contemplaron las demandas acerca de la ampliación de libertades para la diversidad sexual, y la forma en la que el gobierno comenzó a dialogar y acercarse hacia los movimientos. Los nexos y puentes, sociales, económicos y políticos, entre ambos, como el recambio generacional y la ampliación política de algunos sectores de la derecha, y la imperiosa y permanente necesidad de aprobación de la gestión del gobierno, son algunos tópicos en los que repararemos para reconstruir el proceso de dialogo entre el gobierno y el movimiento de diversidad sexual.

 

Los desajustes de la campaña ¿hay una sola derecha?

“en cuanto a la derecha propiamente tal” señalaba un antiguo político y abogado perteneciente a la derecha más tradicional “están con Piñera como un mal menor” (La Tercera, 06/12/09:18), dejando entrever un solapado pragmatismo en su decisión de cuadrarse con un candidato único que los llevara al triunfo electoral. Hermógenes Pérez de Arce – autor de la anterior cita – representa muy bien al sector más tradicional y conservador del bloque político que compone la derecha chilena, aquel que, habiendo llegado la democracia y comenzado el cuestionamiento a la situación de los Derechos Humanos bajo la dictadura comandada por el general Pinochet, se mantuvo firme e irrestricto en su defensa del general, y encontró todos los mecanismos legales para mantener su inocencia, mientras Piñera no titubeaba en argüir que él había sido parte de los que dijeron No en el plebiscito de 1988[2]. Así las cosas, Pérez de Arce, representante de la vieja tradición histórica de la derecha, sentenciaba que la mayoría de la derecha “me fue abandonando gradualmente y se fue acercando a las posturas de gente como Piñera” (Ibídem), engrosando las filas de una derecha aparentemente más blanda y progresista.

La contienda entre uno y otro sector de la derecha no se dio solamente entre el ala más tradicional-histórica y su vertiente más progresista, sino también al interior de la contienda política que se desplegaba en las candidaturas mismas. Las elecciones parlamentarias eran simultáneas a la primera vuelta de la elección presidencial, por lo que los intereses de los partidos que componían el bloque de la derecha – La Unión Democrática Independiente y Renovación Nacional – estaban en juego tanto para asegurar el triunfo presidencial como para marcar su presencia en el congreso. Sebastián Piñera representaba al sector de la centro-derecha alojado en Renovación Nacional, distanciado un tanto de los postulados de los gremialistas de la UDI, lo que provocaba una tensión inminente entre uno y otro sector, combinado con un condicionamiento permanente para el apoyo político. “en la UDI” sentenciaba un diario a menos de un mes de las elecciones “aseguran que el grado de compromiso que mostrarán con la campaña de segunda vuelta de Piñera está ligado al destino de Lavín en Quinta Costa” (La Tercera 06/12/09:6), construyendo así una crucial tensión política respecto al destino de la candidatura presidencial de Piñera, condicionando su éxito presidencial a la presencia parlamentaria de ambos sectores, y particularmente de uno de los representantes más fieles de los postulados del gremialismo chileno, Joaquín Lavín. Así las cosas, el tacto político y las expresiones y acciones que comprendieran a la totalidad del conglomerado – y no tan solo a los militantes de su partido – fueron estrategias obligadas para Piñera con el fin de mantener el bloque con una superficial solidez. En contados actos de campaña, tanto los militantes de RN como el presidenciable “tuvieron cuidado en nombrar a todos los candidatos, de RN y la UDI por igual” (La Tercera, 02/12/09:9). Los “malmenoristas” (La Tercera, 06/12/09:18), que describía Pérez de Arce, se hacían sentir cada vez con mayor fuerza. La aparente solidez de la derecha escondía resquebrajamientos que se comenzaron a avizorar, al mismo tiempo que la ilusión de ser gobierno era pensada cada vez más como una realidad posible.

Uno de los temas que contraía las relaciones entre ambos partidos era el bullado “tema valórico” que, en editorial del diario La Tercera era significado como una ámbito “que pareciera ser el que dividiría las aguas” entre uno y otro partido,  suscitando paradójicamente “más polémicas al interior de las candidaturas que entre ellas” (Todas las citas en La Tercera, 06/12/09:3).  Así, dicha polémica intra-coaliciones no fue obviada dentro del conglomerado de derecha, mostrando una clara oposición por parte de los sectores más tradicionales, quienes salieron a defender estructuras tradicionales de familia, libertad y vida, auscultadas sobre lineamientos claramente identificables con la tradición católica de la que muchos hacían gala, y orquestadas al tenor de la inclusión, un tanto vaga y extremadamente general, de las demandas de los movimientos de diversidad sexual por parte de Sebastián Piñera en un espacio de su franja televisiva. “Hoy la gente nos acepta, ahora falta un país que nos respete”[3], fueron las escuetas palabras con las que el presidenciable se posicionó desde un respaldo, tambaleante o balbuceante, hacia las demandas de la población LGBTI[4], que despertaron, obviamente, cuestionamientos y desaprobación desde su coalición. “creo que estamos a punto de ganar” afirmaba un representante fiel e irrestricto de la tradición ultra-conservadora de la UDI, José Antonio Kast, “y este tipo de situaciones lo que hacen es complicar la discusión hacia adentro de nuestra coalición”[5], demostrando la fragilidad que suscitaba la discusión respecto a la inclusión de los derechos de la diversidad sexual en la propuesta de un inédito gobierno de derecha en el siglo XXI.

Con todo, la derecha aparecía cruzada por diversas separaciones que difícilmente hacían pensar en un conglomerado monolítico con miras a la presidencia. No obstante, su capacidad de negociación, pragmatismo y alineamiento, provocaron la mantención del apoyo a Piñera y su posicionamiento como el único representante de la derecha a las elecciones de diciembre de 2009.

 

“será nuestra voz”

En medio de la carrera presidencial, el candidato de la derecha contempló a la diversidad sexual a través de un espacio de su franja televisiva. Luis Larraín Stieb, ingeniero de la Universidad Católica, apareció tomado de la mano de un hombre y al lado del candidato Sebastián Piñera, diciendo “será nuestra voz”. Su figura no pasa inadvertida, en cuanto es miembro de la tradicional clase alta chilena, hijo de uno de los últimos ministros de ODEPLAN de Augusto Pinochet y director del Think Tank de la derecha, el instituto Libertad & Desarrollo. Sus redes sociales y políticas eran estrechas respecto al sector que apoyaba a Piñera, y tanto por su raigambre familiar como por su núcleo social y universitario, el hijo de uno de los hombres fuertes de la derecha contemporánea decidió impulsar la inclusión desde la vereda de la centro-derecha, invocando con duras penas un espíritu más liberal y progresista dentro de sus filas, y marcando un compromiso mediático con quienes estaban siendo incluidos en “la voz de los sin voz”[6].

El domingo 13 de diciembre de 2009 se realizó la primera vuelta de la elección presidencial, en que se definirían las dos más altas mayorías para una eventual segunda vuelta. El candidato ya comprometido con las demandas de la diversidad sexual, Sebastián Piñera, obtuvo 44,06% de los votos, situándose como la más alta cantidad de votos. Mientras el resto se disgregaba entre Eduardo Frei Ruiz-Tagle (CPD), Jorge Arrate (PC) y Marco Enríquez-Ominami (Ind.). El alto porcentaje de votos hacía pensar en una eventual victoria en segunda vuelta, sin embargo, el desafío de mantener al bloque cohesionado era una realidad aún más latente. En su acto de cierre, el generalísimo de campaña de Piñera, Rodrigo Hinzpeter, invitó a subir al escenario al rostro de “protagonista de franja gay”, Luis Larraín, dando luces claras de que “el piñerismo busca dar señales de apertura en temas históricamente sensibles para la derecha”. Su propuesta de inclusión a la diversidad sexual, y el compromiso con su representante, provocaban un aire de cambio a la ya denominada “coalición por el cambio”. Sin embargo, eran esos mismos aires los que, a juicio de la prensa, provocaban que Piñera tuviera el imperativo de “hacerse cargo de las tensiones de la coalición” toda vez que se entendía que “el compromiso de la UDI es vital para su victoria final” (todas las citas en: La Tercera, 14/12/09:12), al mismo tiempo de generar una amplitud mucho mayor en su campaña. La segunda vuelta, y su eventual éxito, suponía convocar nuevos votantes, al mismo tiempo que mantener unificado su coalición en pos de mantener votos y alejar las tensiones internas.

El camino que eligió Piñera para zafar de la tensión entre la inclusión de la diversidad sexual y el sector más conservador de la derecha quedó reflejado en el debate Anatel del 10 de enero de 2010. Exactamente una semana antes de la segunda vuelta, uno de los periodistas emplazaba a Piñera respecto a su aparente apertura, y su respuesta fue de la siguiente forma:

“Periodista: Durante esta campaña también ha surgido un término bastante popular: el progresismo. Que históricamente ha sido abordado principalmente, o apunta, a libertades individuales. Temas bastante fuertes son por ejemplo: el aborto terapéutico, el matrimonio homosexual o las relaciones legales entre homosexuales ¿usted se acerca a ese concepto de progresismo?

Sebastián Piñera: El progresismo, si significa progreso. Yo entiendo progreso que un país crezca, que cree un millón de nuevos empleos, que sea capaz de derrotar la delincuencia, que mejore la salud y mejore la educación, que sea capaz de combatir el narcotráfico. Ese es el progreso como yo lo entiendo”.[7]

 

La ausencia de una postura conciliadora, o bien apegada a uno u otro lado de la bancada,  hacían que la respuesta del candidato no fuera más que un desvío con el fin de no ocasionar más dichos entre los sectores. Mantener suspendida la discusión, y actuar como si no existiera tal disyuntiva, podría seguramente mantener unificado su sector político. Sin embargo, la eventualidad de ser gobierno le sumaría las necesarias definiciones respecto a los temas de la diversidad sexual. Su compromiso mediático expresado en la franja televisiva, y la unión simbólica del día de los resultados de la primera vuelta, ponían al candidato y su comando en una posición a todas luces cercana a las demandas que representaba Luis Larraín Stieb, y al mismo tiempo en una encrucijada con la UDI. 

 

El piñerismo a La Moneda ¿los homosexuales a la calle?

Con 51,61% de los votos, Sebastián Piñera se convirtió en el primer presidente de derecha que llegaba a La Moneda después de la vuelta a la democracia en Chile, y asimismo, era el primero de su coalición política en mostrar en su campaña un apoyo a las demandas de la diversidad sexual. Días antes de su nombramiento, el país sufrió un terremoto de magnitud 8.8 en la escala de Richter, e incluso el mismo día de su nombramiento, el 11 de marzo de 2010, ocurría una réplica en la zona centro-sur de 6.9 en la misma escala. Así, toda la gestión de al menos su primer año fue totalmente replanteada con miras a dedicarse a la reconstrucción. Y, por consiguiente, muchas de las demandas que habían sido atendidas en el proceso de campaña, debían esperar. Entre aquellas, sin duda, estuvo la diversidad sexual.  Su rostro de campaña, Luis Larraín, recordaba aquel primer año como en el que “no [se] puede andar pidiendo audiencia y menos el primer año, sobre todo cuando hubo un terremoto no vai a ir a huevear: ‘oye quiero mi promesa’”[8].

Sin embargo,  las organizaciones históricas de la diversidad sexual en Chile, no entraron al gobierno de Piñera con las expectativas que se habían suscitado en su sector más progresista, y específicamente en el protagonista de su franja. Al contrario, uno de los voceros del MOVILH[9]  recuerda que “el 2010 entré con una idea que esta no era una agenda que tampoco le pertenecía, o sea, que  fuera a ser desarrollada como prioritaria por Piñera, pese a Luis Larraín en la campaña de él. Entonces, si tú me preguntai si se me generó expectativas, evidentemente no, con la entrada de Piñera”[10]. De igual suerte, otro de los voceros de la misma agrupación, y militante además de Renovación Nacional, recordaba que “el MOVILH no tenía ninguna esperanza con Sebastián Piñera en el gobierno, se pensaba que un gobierno de derecha lo iba a bloquear todo, que no había voluntades y que, probablemente, el spot que había hecho con Luis Larraín era solo un saludo a la bandera”[11]. Desde la creación del MOVILH, pasando por sus periodos de más intensas fracturas, las temáticas de la igualdad de derechos y la inclusión de la diversidad sexual estuvieron relacionadas con el sector político de la izquierda. Gran parte de sus líderes militaron en algún momento en el Partido Comunista, y, según avanzaba el proceso transicional chileno y se consolidaba la democracia, fueron posicionándose a su vez en lugares políticos mucho más cercanos a los gobiernos de la centro-izquierda, toda vez que se generaban compromisos parciales en áreas como la salud y la inclusión social (Robles, 2008:33; Contardo, 2011:380). De esta forma, sus expectativas en un inédito gobierno de derecha eran prácticamente nulas y, según los relatos de sus voceros, los logros y negociaciones alcanzados anteriormente podían verse frenados por el nuevo oficialismo.

Las expectativas corrían por cuenta de su rostro de franja y por el sector político que creía en el compromiso hecho en campaña. Y el proceso de descontento comenzó con el discurso a la nación realizado el 21 de mayo del 2011 en que Piñera no contempló las temáticas de inclusión, respeto e igualdad con las que se había comprometido. Uno de los testigos de ese hecho, y futuro gestor con Luis Larraín, el escritor Pablo Simonetti, recordaba:

“Y el presidente Piñera, el 21 de mayo en su discurso a la nación, dejó fuera el tema del Acuerdo de Vida en Común, lo llamábamos en ese entonces, ahora lo estamos llamando el Acuerdo de Vida en Pareja, y eso produjo una reacción tanto de Luis como mía, a través de los medios, de Twitter. Luis dio una entrevista en la tercera ese día domingo, justo el domingo 22 de mayo, muy crítica del gobierno, diciendo que el presidente Piñera no había respetado su palabra”[12]

 

Así, la esfera social y las plataformas electrónicas lograron aunar voluntades para construir una visión crítica de lo que estaba sucediendo en La Moneda, intentando generar tensión hacia un gobierno que no estaba cumpliendo las expectativas, que no había respetado su palabra –en palabras de Simonetti. Se sumó a la propuesta de Luis Larrain el escritor Pablo Simonetti y el abogado Antonio Bascuñan, con el fin de proponer una estrategia mediática, fundamentalmente dirigida hacia cambios legales que tuvieran una incidencia en la igualdad de derechos. Y posicionar socialmente la problemática propia de la diversidad sexual en una esfera hasta entonces desconocida al menos desde el punto de vista mediático y social: la clase alta.

Dentro de esos mismos meses, paralelamente a los esfuerzos iniciales, y con motivo del vigésimo aniversario del MOVILH, se comenzó a programar una marcha en que se conmemorara el transcurso histórico de la organización y diera mayor vigor a un movimiento situado desde la posición contraria al oficialismo de derecha. En un comunicado de prensa de la agrupación, el MOVILH señaló que “El señor Simonetti estaba preparando el lanzamiento de una nueva organización de la diversidad sexual, que tendría por nombre “Igualdad” o “Iguales””[13], reorganizando completamente el panorama del movimiento de diversidad sexual existente hasta ese entonces. Sin formar legalmente la fundación, sus iniciadores comenzaron a viralizar videos que representaban exclusivamente la demanda por la regularización del estado civil de las parejas homosexuales, al mismo tiempo que apuntaban a una estructura muy tradicional que se componía de parejas profesionales, de clase media, que deseaban casarse[14]. La centro izquierda convertida en oposición adhirió a la convocatoria, y muchas de sus figuras más conocidas estuvieron en la marcha del 25 de junio de 2011. Carolina Tohá, entonces presidenta del Partido Por la Democracia; Isabel Allende, militante del Partido Socialista;  Andrés Velasco, ex ministro de hacienda del gobierno anterior; y Ximena Rincón, militante del Partido Demócrata Cristiano, asistieron a la marcha, demostrando “una convicción profunda” (La Tercera, 23/06/11:3) desde la óptica de los movimientos de diversidad sexual y de su mismo sector político,  mientras la derecha los tildaba de oportunistas políticos y los llamaba a “no rasgar sus vestiduras” (La Tercera, 26/06/11:6) en tanto ya no conformaban el oficialismo, por lo que su visión crítica e igualitaria no les exigía decisiones desde el ejecutivo. De la mano de la conmemoración del MOVILH, la naciente Fundación Iguales tenía su primer acto masivo de la mano de sus tres principales creadores. Luis Larraín, sindicado aún como parte del sector político que apoyaba a Piñera, y fundador de la naciente organización, afirmaba a la prensa que el entonces presidente Piñera lo había llamado para comunicarle “que están avanzando en el proyecto de ley sobre las uniones de hecho y que espera el momento preciso para enviarlo” (El Mercurio,  26/06/11:C1).

A pesar de su estado inicial, la Fundación Iguales comenzaba su vida política situándose desde la lógica de los canales directos con el gobierno, expresados en su diálogo fluido, que era explicado asimismo por el estrecho lazo que conectaba al presidente Piñera y su rostro de franja, y director de la Fundación, como también por las conexiones sociales y mediáticas que poseían sus fundadores, desde la esfera académica, política y cultural. A su vez, los tres eran hombres, provenientes de familias tradicionales de clase alta, y poseían un posicionamiento mediático igual o mayor que las otras organizaciones. De esta forma, Fundación Iguales comenzaba su proceso de construcción bajo el perfil de una Fundación moderna, que consagraba los principios de la igualdad de derechos, enfocándose en cambios legales que se alejaran de la discriminación social, pudiendo perfilar una organización de corte legalista, en medio de antecesores que se había preocupado más por la esfera social y comunitaria.

Las voces disonantes entre Fundación Iguales y el gobierno de Piñera, debido a la inactividad del gobierno en materia de diversidad sexual, se  combinaba paradójicamente con una cercanía respecto a la esfera social en la que había nacido Iguales. En su proceso de construcción, Iguales configuró un consejo consultivo que estuvo integrado por diversos actores de la sociedad civil, que compartían una misma esfera social entre el gobierno y la fundación, a la vez que no se posicionaban como su oposición política. El economista Harold Beyer, el rector de la UDP Carlos Peña, el empresario Jorge Errazuriz y el abogado Alfredo Montaner, formaron parte del inicial consejo consultivo de la Fundación, y a su vez componían una red social, política y cultural afín al espectro político y social del gobierno de Sebastián Piñera, mostrando claras cercanías, e incluso formando parte de la gestión,  en el transcurso del gobierno. Mientras, Aldo Cornejo, diputado demócrata cristiano; Carolina Tohá, Presidenta del Partido Por la Democracia; y Andrés Velasco, ex ministro de Bachelet, marcaban el espectro político y social de la centro-izquierda dentro del consejo. Asimismo sucedía con la representación de la esfera cultural a través del director de cine Alfredo Castro, de la productora Patricia Navarrete, y del socio de una agencia de publicidad, Mario Balmaceda. Apoyados en una transversalidad que cubría diversos frentes de la atmosfera cultural, como también en un equilibrio correlativo de fuerzas políticas que los hacía presumir de neutralidad política, y de variados expertos que inspiraban un fundamento sólido a los postulados de la fundación en temas legales, Iguales comenzó a construirse desde los estratos más altos de la sociedad chilena, intentando dar nuevos aires de modernización al ya tradicional movimiento de la diversidad sexual. Al mismo tiempo que elevaba el debate hacia los sectores más altos, mirando como cercanos y próximos al grupo político que entonces constituía gobierno, y se nutría a su vez de un apolitismo y pragmatismo muy propio de la derecha contemporánea (Valdivia, 2006:51-53;Garretón, 1991:108-110), las prematuras apariciones sociales de Iguales en la marcha por la diversidad de 2011 le valieron su necesaria definición en el terreno económico, toda vez que en sus inicios era sostenida exclusivamente por aportes privados.

“Tal como lo temía y así lo advertí”, señalaba el empresario Jorge Errazuriz, fundador de Celfin Capital, miembro del consejo consultivo de Iguales y principal financista de la fundación, “fue un error que la primera fila haya estado plagada de políticos de izquierda, para quienes era muy rentable aparecer al lado de Simonetti”, en cuanto ya no eran oficialismo, y se situaban desde una lectura oportunista de las nuevas demandas sociales. Errazuriz sentenciaba que “es fundamental despolitizar esta demanda”, apuntando a un apolitismo superficial que esconda las redes económicas y sociales que se tejían al interior de la fundación, y que, en la misma entrevista, quedaba refrendado solo como un distanciamiento respecto a la vereda de la izquierda política y no como una neutralidad política real, en que, en palabras de Errazuriz, “si esto se transforma en un grupo político-partidista de izquierda, la gente como yo se alejará” (Todas las citas en: La Tercera, 02/07/11). Asimismo, las preferencias políticas de la Fundación, y el contraste entre los postulados de sus integrantes y su activismo real, se reafirman de mucho mejor forma en cuanto situamos la génesis y construcción de la fundación en medio de un contexto de malestar y crítica generalizado por parte de vastos sectores de la sociedad civil hacia el gobierno de Piñera, llegando a un nivel histórico del 27% de aprobación, en medio del  “momento más tenso de la crisis estudiantil”[15], en que situarse bajo una mirada despolitizada provocaba un dialogo y negociación mucho más complaciente y afable, en contraste con la actitud desafiante y crítica que se estaba instalando en el cuerpo social, y no tan solo desde la vereda estudiantil, sino también desde las demandas ecológicas y sus fusiones con movimientos de menor fuerza. En síntesis, tanto por su composición social, como por su sustento económico, y su posicionamiento político, la naciente Fundación Iguales quedaba indisociablemente ligada a los sectores altos de la sociedad, a una parte del mundo empresarial, y al sector político que entonces componía gobierno: la derecha.

De este modo, un mes más tarde de ocurrida la marcha, ya se entendía a Iguales como la organización que pudo “instalar el debate sobre el derecho de las minorías sexuales en un lugar donde no había estado antes con tal visibilidad: el barrio alto”, siendo significado por Luis Larraín, de manera estratégica, como “el hecho de que nosotros tengamos contactos, influencia, relación con los segmentos del poder, pone este tema en otra dimensión”, situándose desde su raigambre social y la de los primeros gestores de la Fundación, a la vez que mantenía su entendimiento y esperanza en los avances que pudiera hacer el gobierno de Piñera en materia de otorgar derechos y resguardos para la diversidad sexual, según entendía que “Piñera puede darse el luje de ser más duro con el empresariado porque a nadie se le va a ocurrir que él es anti-libre mercado”, aludiendo a la presencia del entonces presidente en el mundo de los negocios, “y asimismo se ha abierto a temas, como los derechos de la igualdad sexual, que se asocian más a la ‘izquierda’”(todas las citas en: Revista Paula, 18/07/11), inaugurando la correlación entre el sentir y pensar de la Fundación y el futuro accionar del complejizado gobierno.


Imagen 1. www.elquintopoder.cl

Desde el gobierno, en La Moneda se constituyó un canal de diálogo inédito con las organizaciones de la diversidad sexual, señalando por parte del MOVILH que “Piñera se transformó hoy en el primer presidente de la República en reunirse oficial y formalmente con lesbianas, gays, bisexuales y transexuales” a la vez que mostraba “una señal inédita por parte de un gobierno para avanzar en regulación de las uniones de hecho” . Así las cosas, el presidente Piñera afirmaba “que debemos entender que no existe un solo tipo de familia, existen múltiples formas o expresiones de familia” (Todas las citas en: MOVILH, 09/08/11). E Iguales, por su parte que comenzaba “la desarticulación de los prejuicios de quienes han pretendido desnaturalizar el amor entre personas del mismo sexo (Iguales, 10/08/11).

El contexto local hacía entender el guiño del gobierno desde distintos frentes. Mientras la reunión se producía “el mismo día y a la misma hora de la realización de una histórica movilización de estudiantes que exigen educación gratuita y de calidad”[16] que ponía en tensión la gestión del gobierno y sus niveles de aprobación, se enmarcaba igualmente en un contexto internacional en que “El matrimonio gay ya es imparable” (El País, 26/07/11:1), debido a que, en lo que iba del año 2011, New York y Colombia habían aprobado una legislación similar a la que se comenzaba a discutirse en Chile, que se sumaba a su vez a la discusión dada el año anterior en Argentina, y a la que hasta entonces se libraba en Brasil y Uruguay. Por tanto, tanto el contexto internacional que exigía nuevas definiciones en pos de avanzar en la conquista de mayores derechos y garantías legales, como el tensionado ambiente social en que se enmarcaba la gestión de Piñera, resultaban decidores al momento de explicar esta reacción catalogada como positiva e inédita por parte de Iguales y MOVILH, respectivamente.


Imagen 2. www.elquintopoder.cl/

Así, quedaban en evidencia los canales de contacto que habían comenzado a tejer el gobierno con la naciente Fundación Iguales, incorporándola al dialogo inaugurado la segunda semana de agosto de 2011, al mismo tiempo que incluía a MOVILH entendiendo su tradición histórica, y su importancia mediática, en temas de diversidad sexual, en que “hoy reaparece festivo, igualado y desplumado, festejando el oportunista “coraje político” de una derecha coqueta y neo – liberal”[17]. Con todo, la anexión de Iguales y de las cúpulas del MOVILH a la discusión, era visto por algunos activistas como la estrategia de un gobierno que “está consultando a un sector privilegiado y elitista”, que pasaba a excluir  a “otras voces que, históricamente, han estado presentes desde distintos frentes de acción”[18]

En síntesis, el gobierno abrió un canal de diálogo y discusión directo con las organizaciones de diversidad sexual. Explicado por un contexto internacional y local, y además por la cercanía social y política con que se había diseñado Iguales respecto al gobierno, el avance de un proyecto de ley que regulara las uniones civiles comenzaba a cobrar más fuerza, no obstante, el gobierno guardaba sus salvedades respecto a comprometer un aspecto tan trascendental y lleno de discusiones para su bloque político: el matrimonio. En este sentido, si bien Piñera mostraba señales de apertura claves respecto a varios tipos de familia, cerraba de lleno una discusión respecto a la modificación del concepto de matrimonio y del significado de su institución, guardando un resabio de tradición y conservadurismo que, en parte, era explicado tanto por la tradición histórica de la derecha política, como por el carisma ultra-conservador con que había construido la UDI. Así entendido, el proyecto era más una negociación y hábil estrategia política, que no resquebrajaba la totalidad del armazón ético y moral de la derecha, sino más bien embellecía su dimensión de igualdad y libertad, consensuada en sus militantes nacionales, y ensanchada progresivamente por sus pares a nivel internacional. Y se situaba, por tanto, en un cuestionamiento que, antes que contemplar un cambio en las convicciones históricas de la derecha, era una negociación oportunista del que ambos sectores, el gobierno y las organizaciones, podrían salir bien parados. 

 

El caso Zamudio ¿convicción, sensibilización o mediatización?

Las conexiones entre el gobierno y las organizaciones de diversidad sexual sufrieron un impulso inesperado llegando a los primeros días de marzo de 2012. En la madrugada del sábado 3 de marzo, un grupo de jóvenes arremetía en contra de un joven homosexual en los alrededores del parque San Borja. A menos de una cuadra de la principal arteria de conexión urbana de la ciudad, y muy cercano al Palacio de La Moneda y a Plaza Italia, era fuertemente agredido un joven de 24 años, proveniente de la comuna de San Bernardo, a causa de su orientación sexual. “Daniel fue golpeado sistemáticamente con objetos contundentes en todo su cuerpo y cara. Le quemaron el cuerpo con cigarrillos, lo marcaron con la esvástica en diversas zonas y le arrancaron una parte de su oreja. Este es un atropello de odio por donde se mire” (La Tercera, 07/03/12:10), afirmaba el vocero del MOVILH, Jaime Parada, dando a conocer la brutalidad de la agresión. El nivel de agresividad al que fue sometido Daniel Zamudio, la ejecución de su golpiza en medio del corazón mismo de la ciudad, y la identificación de su persona con la de un ciudadano común y corriente, se entremezclaron con una amplia plataforma mediática que poseían las organizaciones de diversidad sexual, promoviendo la sensibilización del caso, significado como un crimen de odio, como nunca antes en la esfera social chilena. El caso fue seguido meticulosamente por la prensa masiva, y profundizado aún más mediante la televisión y las redes sociales, impactando aún más en la opinión pública que, a poco andar, comenzó a condenar decididamente las acciones de los cuatro agresores en contra de Daniel. En la misma semana en que la noticia se posicionó dentro de la esfera social y mediática, el ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, recibía en el palacio de La Moneda a los padres de Daniel Zamudio con el fin de estrechar lazos de contención y asegurar la condena de los imputados en el caso, al mismo tiempo que posicionar una imagen del gobierno cercana al dolor que significaba la golpiza recibida por Daniel, intentando canalizar en parte la conmoción que causaba en gran parte de la opinión pública. A esta misma cita, “llegaron el Presidente Sebastián Piñera y la primera dama, Cecilia Morel, para mostrarles su apoyo e indicarles, según informó el MOVILH, que un asistente social los ayudará durante su recuperación” (La Tercera, 09/03/12:17), con el fin de suscitar empatía y contención hacia la familia de Daniel, y posicionarse desde la esfera crítica de los actos de violencia.

El caso de Daniel Zamudio continuó cobrando fuerza. Y su muerte, acontecida 24 días después, el 27 de marzo, lejos de aclimatar los ánimos de repudio, catapultaron toda la indignación de las organizaciones de diversidad sexual y la condena de la opinión pública, en una demanda directa al gobierno en pos de conseguir la promulgación de la Ley Antidiscriminación. El mismo día de la muerte de Daniel, “con pancartas y velas llegaron las mas de 300 personas que empezaron a congregarse en las afueras del hospital”,  en que la familia, una vez enterados de la noticia, fueron visitados por el ministro de salud, del interior y por el entonces alcalde de Santiago. Y asimismo como el dolor comenzaba a convocar a personas con velas encendidas, comenzaba a también a resurgir un sentimiento de indignación entre sus asistentes, que “comenzaron a gritar a las autoridades que llegaron al lugar”, generando un clima de tensión en medio del dolor que significaba la muerte de Daniel para muchos, que obligó a que “las autoridades optaran por salir por una puerta posterior al recinto” (todas las citas en: La Tercera, 28/03/12:2).


Imagen 3. www.emol.com

En este sentido, lejos de generar anomia y profunda decepción, la causa de Daniel Zmudio despertó la urgencia por una ley que sancionara la discriminación arbitraria, y respaldara al mismo tiempo las raza, sexo, creencia u orientación sexual. De tal forma, dos días después del fallecimiento de Daniel, “La Moneda anunció que se pondrá suma urgencia a la tramitación de la ley antidiscriminación, que ya llevaba siete años en el congreso” (La Tercera, 29/03/12:8), en cuanto la presión social obligaba al ejecutivo a tomar decisiones para enfrentar el descontento con que, tanto la sociedad civil como las ya conocidas organizaciones, se posicionaban respecto a este hecho, y convertían a su vez, dicha tensión y malestar en una oportunidad para solidificar un discurso de respeto e igualdad de derechos.

El trámite legislativo fue sumamente apurado, en tanto la suma urgencia contemplaba únicamente 15 días para el proceso de discusión de ley posterior a su salida del Tribunal Constitucional. Siendo aprobada el 9 de mayo del 2012, y tras una larga espera en el congreso, la ley Zamudio veía la luz como una medida canalizada y aprobada mediante la gestión del presidente de derecha, paradójicamente a la inversa de los postulados que las organizaciones más históricas poseían respecto a su posición en la defensa de los derechos de la diversidad sexual. Así, la tensión que producía el clima social respecto a los hechos acontecidos, y la posición demandante que habían adquirido las organizaciones de diversidad sexual, fue convertido en una oportunidad de alzar la aprobación de la sociedad civil respecto al gobierno, en cuanto este último se mostraba como un posibilitador de cambios que históricamente no habían sido ejecutados por los precedentes gobiernos de centro-izquierda y que veían la luz en una gestión de derecha.  De esta suerte, el caso de Daniel Zamudio, era recordado por uno de los entonces voceros del MOVILH como:  

sta suerte, el caso de Daniel Zamudio, era recordado por uno de los entonces voceros del MOVILH como: ambios que historicamente        

“una triste oportunidad, pero una oportunidad, pero una triste oportunidad, para instalar algo que debía ser instalado, nunca descuidando el elemento humano, porque finalmente era lo que nos movilizaba ahí. Pero era una oportunidad, que fue una triste oportunidad, pero una oportunidad, para decirle al país “eso pasa, y a él nadie lo resguarda”[19].

 

Al contrario de lo que sucedía en La Moneda, toda la tensión respecto a la aprobación de la ley recayó en la discusión legislativa, en la que diputados y senadores debían refrendar sus convicciones políticas con el pulso social que se palpaba en el país. En ese marco, otro de los voceros del MOVILH, recuerda que:

“De hecho, cuando falleció Daniel, comenzó a circular en Twitter la fotografía de los senadores que habían votado en contra de la Ley Antidiscriminación, yo recibí llamadas de los senadores, estaban asustados. Por ejemplo, una persona que me llamó, que estaba profundamente preocupada, era el senador Chahuan, porque salía en la foto. Eso ya dejó muy claro que había un punto de inflexión"[20].

 

Mientras que el gobierno lograba concretar un discurso de inclusión y respecto, consagrado en una legislación que representaba un avance en la conquista de derechos de la diversidad sexual, y una posible catapulta de aprobación para el gobierno. Una entonces militante de RN, y coordinadora de Fundación Iguales, recuerda respecto esto que “el gobierno se aprovechó también. Piñera se aprovechó, hizo una ceremonia. Porque eso igual reedita, produce que…como que están a favor de la diversidad…”[21].

Sin embargo, el nivel de provecho que el gobierno extrajo de la aprobación de la ley antidiscriminación, estuvieron lejos de finalizar en la votación del congreso. Días más tarde, el presidente Piñera en medio de su discurso a la nación el 21 de mayo de 2012, contemplaba dentro de los avances de su gestión la aprobación de la Ley antidiscriminación, contando dentro de los invitados a la plana mayor del MOVILH y a los padres de Daniel Zamudio, quienes aplaudieron cerradamente la mención al crimen de odio que terminó con la vida de Daniel y las palabras del presidente respecto a la vigencia de la nueva ley. “y por eso, nos alegramos que después de tantos años logramos por fin aprobar una ley antidiscriminación, que va a hacer de Chile una sociedad más pluralista y más tolerante”[22], sentenciaba el presidente Piñera, suscitando el apoyo de las dirigencias tradicionales del MOVILH, como la satisfacción de los directores de la Fundación Iguales.


Imagen 4. www.24horas.cl

De tal suerte, en exactamente un año de gestión, las coyunturas sociales y políticas, tanto internas como externas, elevaban a Piñera desde la vereda de la indignación, el descontento y el escepticismo por parte de las organizaciones de diversidad sexual, hacia una aprobación optimista, que comprendía la conquista gradual de los derechos y el aseguramiento progresivo del respeto. Todo su poder de negociación y hábil pragmatismo quedaba evidenciado en la conquista de un sector que históricamente había construido diálogos con la centro-izquierda, y que entonces había comenzado una fase aproximación hacia nuevas concepciones de respeto e igualdad que incluyeran a la diversidad sexual. Sus nuevas formas de entender y valorar el accionar de las organizaciones, estaba enmarcado bajo una aguda mirada de los sectores universitarios quienes, no obstante haber perdido un tanto de su palestra, continuaban manifestando el rechazo a la gestión de Piñera, exigiendo al gobierno la implementación de un nuevo concepto de educación que excluyera el lucro y refrendara una nueva educación pública y laica. Ciertamente, la gestión de Piñera demostró su pragmatismo y capacidad de negociación en medio de coyunturas críticas, y las organizaciones de diversidad sexual expresaban su más eminente sectarismo al haber sido ganada una de sus batallas más emblemáticas, los cambios legales.

 

A modo de conclusión: ¿hay una derecha inclusiva?

Se podría decir que Sebastián Piñera constituyó un estilo propio de hacer política. En medio de una tensión social producto de los cuestionamientos hacia los pilares del sistema educativo, y de un contexto internacional mucho más pujante en términos de ampliación de libertades civiles y respeto a la diversidad, el gobierno supo construir lazos con sus grupos afines, tanto social, política y económicamente, y a la vez ser un puente de proposición y discusión de nuevas ampliaciones de los conceptos tradicionales de la derecha, toda vez que se presuponía la permanencia de valores fundamentales que no desestabilizaran a la coalición. En este sentido, Piñera se movió en base a dos procesos legales claves; en primer lugar, propuso la regulación de las uniones de hecho para parejas hetero y homosexuales, constituyendo una acelerada en el reconocimiento de la población LGTBI, y a su vez un resguardo de la estructura del matrimonio como una unión que se da exclusivamente entre un hombre y una mujer; y en segundo, catalizó todo el descontento y repudio social provocado por la muerte de Daniel Zamudio, a través de la acelerada tramitación de una ley antidiscriminación, que a su vez le brindaba nuevas luces de apoyo en medio de una coyuntura de movilización y crítica por parte de algunos sectores de la sociedad civil. En este sentido, el afán progresista que escondía la permanencia de valores incuestionables, y el agudo sentido de oportunismo y negociación política, definían sus dos grandes acercamientos hacia la temáticas de la diversidad sexual, y su aparente posicionamiento como un posibilitador y propiciador de cambios que, evidentemente, dialogaran con la mantención de preceptos anquilosados y, asimismo, integrara nuevas concepciones políticas respecto a conceptos cada vez más discutidos, como la igualdad y el respeto.

La organizaciones de la diversidad sexual, en cambio, evolucionaron desde el descontento, la desilusión y la crítica, hacia diálogos de negociaciones y abundantes satisfacciones debido a la agilidad que presentaba el gobierno con la agenda de la diversidad sexual. En este sentido, el nivel de pertenencia que poseía Iguales, no pasaba inadvertido como un elemento insoslayable para sostener un diálogo fluido, que no fuera mirado bajo la lógica arriba-abajo sino entre símiles desde la esfera social, que permitiera el consenso y la proposición racional, antes que la disidencia y el alejamiento que caracterizaba a los sectores más radicales. Así, Fundación Iguales demostró una aguda comprensión de lo que significaba el lobby y la negociación política, a la vez que se acogió a una formula gradual, consensuada y progresiva de conseguir sus conquistas legales, por encima de urgencias sociales como el bullying o el suicidio adolescente. MOVILH, por su parte, no era excluido de la esfera del dialogo político en cuanto constituía una organización emblemática de la diversidad que, seguramente, su exclusión de la arena política  podría haber significado una polarización política que, sin duda, no era conveniente para el gobierno, ni para los objetivos parciales y finales que perfilaba la organización.

De esta forma, sostenemos que existió un oportunismo mutuo entre las organizaciones de la diversidad sexual y el gobierno, avivado por las coyunturas sociales que presentó el país,  y la preventiva mirada política que avizoraba cambios en la opinión publica respecto a la ampliación de libertades, sumado a un contexto político internacional cada vez más pujante hacia las aperturas políticas, y la sucesiva y constante necesidad de ensanchar su base de apoyo social,  manteniendo a la dimensión social que históricamente los apoyaba, y yendo a la captura de nuevos adherentes que, convencidos o no, comulgaran con sus posiciones.

Ahora bien, el escenario de relaciones entre uno y otro actor, comenzaría necesariamente a generar mayor tensión y roce, toda vez que se entendía que la conquista de nuevas libertades suscitaría un desarrollo continuo en el discurso de las organizaciones de diversidad sexual que, entre otras cosas, pondría en cuestionamiento los preceptos e instituciones en que el bloque de derecha encontraba su punto de partida o, en el mejor de los casos, uno de sus pilares fundamentales. Su dimensión de aparente acuerdo y complicidad, necesariamente debía comenzar a mutar en tanto la maduración de las organizaciones suponía una radicalización en su discurso y, por parte de la derecha, una mantención a los valores tradicionales.

 

Notas:

[1] Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica (UMCE) y estudiante de Magíster en Historia (USACH). Profesor de Historia y Geografía dedicado a la enseñanza en escuelas secundarias, realizando igualmente ayudantías de cátedra en diversas universidades, como también ayudantías de investigación en proyectos. Cursando actualmente el programa de magíster en historia de la Universidad de Santiago de Chile, desarrollándose a su vez como investigador independiente, participando en congresos nacionales e internacionales. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

[2] La afirmación de Piñera respecto a su voto por el No en el plebiscito ha sido varias veces dicho por él mismo, y a su vez rescatado por otros políticos de la centro-izquierda que reconocieron su labor dentro del conglomerado que no quería la prolongación en el poder del general Pinochet. Una versión del propio Sebastián Piñera se encuentra disponible en: http://www.latercera.com/noticia/pinera-recuerda-que-voto-no-en-plebiscito-del-88-y-llama-a-nueva-transicion/ [consultado por última vez el 13/05/17].

[3] Aquellos dichos fueron extraídos de la franja televisiva, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=lqoHsNR5BHE [consultado por última vez el 13/05/17]

[4] Con esta sigla nos referimos a: Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales, sigla que se utiliza para aglutinar a todas las expresiones que se comprenden dentro de la diversidad sexual, y fuera de la norma heterosexual de las sociedades tradicionales.

[5] Las declaraciones fueron dadas al noticiero central de Canal 13, y están disponibles en: https://www.youtube.com/watch?v=LyhIgSNmDGA [consultado por última vez el 13/05/17]

[6] la conexión familiar, y su vinculo con la campaña, están disponibles en:  http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2009/11/20/homosexual-que-participa-en-la-franja-de-pinera-es-hijo-del-subdirector-del-think-tank-udi/ [consultado por última vez el 18/05/17]

[7] El dialogo entre el periodista y el candidato Sebastián Piñera se encuentra disponible en:  https://www.youtube.com/watch?v=7fodhBeaXFI [consultado por última vez el 18/05/17]

[8] las declaraciones de Luis Larraín están disponibles en: http://www.theclinic.cl/2011/05/26/%E2%80%9Cyo-creo-que-los-votos-estan%E2%80%9D/  [consultado por última vez el 18/05/17]

[9] La sigla significa Movimiento de integración y liberación homosexual. Y constituye la organización más antigua de la diversidad sexual en Chile.

[10] Entrevista a Jaime Parada. Realizada el 19 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.

[11] Entrevista a Oscar Rementería. Realizada el 15 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.

[12] Las declaraciones de Pablo Simonetti están disponibles en: https://www.youtube.com/watch?v=XBSIq1OJ1nU [consultado por última vez el 18 de mayo de 2017]

[13] MOVILH, Declaración por diferencias en marcha por la Igualdad y los DDHH de la diversidad sexual. 27 de junio de 2012, Editor. Pág. 2

[14] los spot de la marcha están disponibles en:  https://www.youtube.com/watch?v=MREAZRE0CaQ y https://www.youtube.com/watch?v=49DPnXbM9n4

[15] El nivel de aprobación y su correlación con la crisis estudiantil están disponibles en: http://www.emol.com/noticias/nacional/2012/05/07/539280/encuesta-adimark.html [consultado por última vez el 19/05/17]

[16] Las opiniones pertenecen al activista Víctor Hugo Robles, y están disponibles en: http://www.elquintopoder.cl/genero/las-igualadas-el-festin-cola-en-la-moneda-de-la-derecha-neo-liberal/ [consultado por última vez el 19/05/17]

[17] Ibídem

[18] Ibídem.

[19] Entrevista a Jaime Parada. Realizada el 19 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.

[20] Entrevista a Oscar Rementería. Realizada el 15 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.

[21] Entrevista a Valentina Verbal. Realizada el 05 de Mayo de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes

[22] las palabras de Sebastián Piñera están disponibles en: https://www.youtube.com/watch?v=rVk7WIPPMwo&feature=player_embedded#! [consultado por última vez el 19/05/17].

 

Bibliografía:

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Fuentes orales:

  • PARADA, Jaime. Realizada el 19 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.
  • REMENTERÍA, Oscar. Realizada el 15 de abril de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.
  • VERBAL, Valentina. Realizada el 05 de Mayo de 2016. Realizada y transcrita por Juan Cisterna Bahamondes.

 

Fuentes periódicas:

  • La Tercera, Santiago.
  • El Mercurio, Santiago.
  • The Clinic, Santiago.
  • Paula, Santiago.

 

Cómo citar este artículo:

CISTERNA BAHAMONDES, Juan Ignacio, (2017) “¿Una nueva derecha inclusiva? El piñerismo oficialista y sus relaciones con los movimientos de diversidad sexual (2009-2013)”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. Dossier 21: Las Derechas en América Latina. Historia y actualidad.

Consultado el Martes, 22 de Agosto de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1503&catid=66

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