Pacarina del Sur
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La juventud mexicana en tres momentos clave de su historia: 1968, 1971 y 2014 Entrevista a Sergio Méndez Moissen

José Miguel Candia

RECIBIDO: 10-10-2015 APROBADO: 15-10-2015

 

Presentación

Con frecuencia la aparición de fenómenos colectivos que cimbran la vida política y social de nuestros países se gestan y estallan lejos de las especulaciones teóricas y de las evaluaciones políticas con las que suelen manejarse tanto los académicos como las dirigencias partidarias. La insurgencia juvenil de 1968 en Europa y en varios países de América Latina, dio lugar a un sinnúmero de interpretaciones sociológicas y a toda clase de teorías “conspirativas”, el mundo era un escenario fracturado que vivía en la lógica de la guerra fría entre las super-potencias. Abundaron también las especulaciones que desde otras disciplinas, como la psicología y la demografía, leyeron los acontecimientos de ese año como la “explosión natural” de un segmento de población cuyo rango de edad corresponde a la etapa de la vida en la cual se cuestionan los valores dominantes y se procura afirmar una identidad propia. Impugnar los usos y costumbres aceptadas y transgredir ciertas normativas institucionales, forman parte del quehacer cotidiano de los jóvenes y una forma explícita de interpelar lo antiguo y afirmar lo “nuevo”.

“El 68 mexicano” transitó, en poco menos de tres meses, de la gloria al infierno, del 23 de julio en que se producen los primeros incidentes entre estudiantes y policías, los hechos que detonaron el movimiento, hasta el acto del 2 de octubre que marca el ocaso de la insurgencia juvenil. Se mantiene fresco el recuerdo trágico de la “ceremonia” represiva de esa tarde en Tlatelolco, como olvidar la magnífica recreación literaria de Octavio Paz, donde afirma que las acciones de castigo a los jóvenes expresan la ofrenda de la sangre de los manifestantes en el altar de la estabilidad de las instituciones. Fue el propio Paz quien leyó el 2 de octubre, como la expresión contemporánea de los sacrificios que los antiguos ofrecían a los dioses como una sabia sobre la cual se construiría la grandeza de las culturas pre-hispánicas.

Un nuevo emerger de las organizaciones estudiantiles derivó en otro episodio trágico. El 10 de junio de 1971 el gobierno del presidente Luis Echeverría acudió a la formación de grupos para-policiales – los “halcones” - para reprimir una marcha de estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. El número de víctimas y las responsabilidades políticas de esos actos forman parte de los secretos de Estado que de manera fragmentaria y a cuenta gotas, hemos podido conocer gracias al testimonio de algunos protagonistas y al trabajo paciente de los académicos y dirigentes sociales dedicados al estudio de los hechos ocurridos en esos años.

El 26 de septiembre de 2014 un episodio que hubiese pasado casi inadvertido para la opinión pública, tuvo derivaciones que horrorizaron a la sociedad mexicana. Un grupo de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, fueron secuestrados, asesinados y sus cuerpos presuntamente incinerados cuando procuraban ocupar algunos autobuses comerciales con el propósito de trasladarse a la Ciudad de México y asistir a los actos conmemorativos del 2 de octubre. En la tarde del 26 de septiembre del año pasado, y mediante un operativo combinado de varias corporaciones de seguridad, los normalistas fueron privados de su libertad en el municipio de Iguala y eliminados mediante procedimientos que aún son motivo de investigación y controversia.

A diferencia de los casos anteriores – 1968 y 1971 – cuyos protagonistas provenían en su mayoría de sectores medios, el perfil social de los jóvenes asesinados en Iguala reconoce orígenes campesinos, hijos de familias rurales de condición humilde, son los beneficiados por un sistema de establecimientos educativos que los gobiernos de la Revolución Mexicana pusieron marcha en la década de los años veinte del siglo pasado con el propósito de alfabetizar y capacitar para el trabajo, a los hijos de quienes fueron los principales protagonistas del movimiento social de 1910.

Sobre estos tres momentos, que solo como antecedente hemos querido presentar a nuestros lectores, vamos a solicitar la opinión del Mtro. Sergio Méndez Moissen, egresado del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México:

 

  1. ¿Cómo explicar que en un México que crecía al 6 por ciento anual y ofrecía importantes canales de movilidad social – recordemos que amplios sectores sociales accedían a la vivienda propia, a los beneficios del IMSS o del ISSSTE y al automóvil – se produjera un movimiento de protesta estudiantil como el de 1968?

Primero quisiera aclarar que me considero un intelectual marxista militante. Al mismo tiempo que me desempeño en el aula también lo hago en asambleas. De ahí que mis respuestas, además de tener una naturaleza académica, tienen un impronta política.

México estaba sumergido en una democracia “bárbara” como lo consideró José Revueltas en 1957. Revueltas, cuya visión nos es ahora privilegiada para entender el México de aquellos tiempos, detalló que en el país había una falta de democracia liberal producto de un fuerte “presidencialismo” que planteaba una especie de “no reeleccionismo perpetuo”. Si bien México crecía con altos niveles económicos existía una fuerte desigualdad social. Desde el punto de vista del capitalismo mundial la años finales de la década de los sesenta constituyeron, a decir de los economistas, el fin de los “treinta años gloriosos”. Esta desigualdad social había desencadenado, años antes, un enorme movimiento sindical que había roto con el sindicalismo oficial del PRI. El movimiento del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana del que participó Demetrio Vallejo era la punta visible de un descontento político con el gobierno, el autoritarismo y la represión. Le siguieron los telefonistas, los pilotos, los azucareros, telegrafistas y otros gremios. Volviendo a los apuntes de Revueltas, que fue participe, muy a su manera, del movimiento de 1968, consideró que la rebelión juvenil fue producto de la falta de independencia de la clase obrera y la mediatización del movimiento sindical, su represión en 1958, lo que desencadenó que “la historia se vengue siempre de las contrariedades y sufre, caminos, digamos, por debajo de los acontecimientos hasta estallar en este sentido la independencia política en el seno de la pequeño burguesía intelectual que son los estudiantes.” Por eso, ante la mediatización del proletariado en los años previos, la crisis debía expresarse, más tarde que temprano en la juventud.

La irrupción juvenil fue también un movimiento político de rechazo a una modernidad capitalista que expresaba la sociedad de consumo de los años de “posguerra”. Bolívar Echeverría sostenía que la generación de los sesenta, a pesar de la movilidad social, se negaba a ser “integrada en el sistema” y el espíritu crítico y lúdico de los sesentas abrazaba un rechazo a la sociedad de consumo de los treinta años gloriosos. Esta juventud se negaba a ser “digerida por una sociedad libre” y discutía permanentemente sobre la “decisión correcta o incorrecta de integrarse o no a la vida burguesa”. En los años treinta, también León Trotsky sugería que “cuando la burguesía renuncia consciente y obstinadamente a resolver los problemas que se derivan de la crisis de la sociedad burguesa, cuando el proletariado no está aún presto para asumir esta tarea, son los estudiantes los que ocupan el proscenio.” Por lo tanto, considero, que la juventud irrumpió en el movimiento de 1968 como un enorme rechazo a la modernidad capitalista triunfante de la posguerra y como sostiene Echeverría “esta juventud, que aún no estaba integrada al sistema, discutía la posibilidad de dejarse integrar o no a la sociedad burguesa. En estos momentos está en juego la existencia de cada uno de los jóvenes”. Sin embargo, en el fondo la irrupción juvenil más que un movimiento de exigencia económica: fue un movimiento político. Entonces, los aspectos económicos no explican el surgimiento del movimiento estudiantil.

 

  1. Si los aspectos económicos no explican el surgimiento del movimiento estudiantil ¿Qué factores pueden ser identificados como caldo de cultivo y detonantes del mismo?

A mi parecer un elemento central del 1968 mexicano fue el contexto internacional. En los sesentas una épica revolucionaria sacudía el mundo entero. La revolución cubana de 1959 naturalmente se manifestó como un elemento positivo de inspiración para una nueva generación de militantes. Además del Ché Guevara el movimiento estudiantil francés con una potente huelga general con ocupaciones de empresas mostraba un fuerte carga simbólica. Las grandes rebeliones juveniles y obreras de la época también alcanzaban a los llamados países socialistas como en Praga que fue brutalmente reprimida por la URSS con el ejército rojo. En Alemania, la figura de Rudi Dutschke se convertía en un ícono juvenil contra el autoritarismo. La lucha de liberación en Argelia, con el FLN a la cabeza, era un ejemplo central para la juventud radicalizada en Francia. La crisis de los partidos comunistas de tradición estalinista también permitieron el surgimiento de una nueva izquierda que cuestionaba el curso de la Unión Soviética y que provocó que esta generación, por lo menos sus sectores más radicalizados, cuestionaran el curso que había tomado el país de la revolución de 1917 bajo la dirección del Partido Bolchevique. La oposición a la guerra en Vietnam, nación agredida por los países imperialistas también mostró un fuerte componente internacionalista de esta nueva generación de militantes. El contexto internacional, según el intelectual y filósofo Daniel Bensaid, fue de un “ensayo general” de revolución. Este “ensayo general” también se expresó entre los estudiantes de la Universidad de Berkeley, en Japón con los fascinantes sengakuren. Si uno observa las fotografías de las protestas sengakuren de los años sesenta mostraban una épica utópica. Los sengakuer marchaban con palos, en filas, armados para enfrentarse a las fuerzas represivas del estado.


Imagen 1. www.quinlan.it

La ruptura revolucionaria con la modernidad capitalista se concebía como próxima y estaba “prohibido, prohibir” como insistía el estudiantado francés. Esta nueva izquierda tenía además, nuevas referencias intelectuales: se releía con ojos críticos a Lenin, Rosa Luxemburgo, Trotsky, Gramsci, la teoría crítica. En torno a la Revolución Cultural en China en 1967 un desborde social dio luz a la Comuna de Sanghai que cuestionó a la burocracia maoísta que había adoptado el modelo estalinista de organización de partido único. En el marco del aniversario de la Comuna de París en Sanghai el propio Mao Tse Tung se vio obligado a disolver y reprimir una revuelta espontánea antiburocrática, según lo documentó el historiador chino Hongsheng Jiang. En el terreno teórico en 1967 se publicó por primera ocasión la obra de Moshé Lewin en francés El último combate de Lenin en que el que Lenin denunciaba el burocratismo de Stalin. Ese año también tenía una fuerte carga simbólica: “era el año del asesinato del Che Guevara en Bolivia. El año de los bombardeos americanos sobre Hanoi. La huelga general de mayo del 68 y la primavera de Praga aún estaban gestándose. Los rumores acerca del Gulag tan sólo llegaban hasta los oídos atentos y bien informados.” Según cuenta José Revueltas en su México 68: juventud y revolución antes del estallido del movimiento en México se sentía un ambiente, un clima, generalizado de rebeldía. En ese sentido fue una revuelta contra la modernidad capitalista, en los países occidentales, y potenciales revoluciones contra la burocracia estalinista. Un elemento central, también fue este clima de rebeldía internacional. Naturalmente la lucha contra la represión y la antidemocracia fue el elemento que encendió la chispa del movimiento.

 

  1. Pese a levantar consignas socialistas, quiénes marchaban por las calles de México y de otras ciudades del mundo ¿Estaban más cerca de John Lennon que del Che Guevara?

En 2014 publiqué junto a Pablo Oprinari, Jimena Vergara y Sandra Romero un libro titulado #Juventudenlascalles:1999, #YoSoy132,1968. En ese libro la académica e intelectual militante Jimena Vergara,, analiza el movimiento de 1968 en México con base en su programa y los debates acerca de las estrategias a seguir. Si bien el programa incluía demandas democráticas muy radicales, como el caso de la disolución del cuerpo de granaderos y la libertad a los presos políticos, la destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero, jefes de la policía capitalina y de Armando Frías, comandante de granaderos, la derogación de los artículos 145 y 145bis del Código Penal (que tipifican el delito de disolución social) existía entre los dirigentes y grupos del Consejo Nacional de Huelga (CNH) debates muy intensos de estrategia política.

Por un lado, es de resaltar la fuerte auto-organización política del estudiantado mexicano que constituyó un Consejo Nacional con delegados que resolvían el mandato que se ejercía en la asamblea. La rotatividad y revocabilidad de los cargos imprimían al CNH una amplia y fuerte democracia para golpear de forma unificada. El poder de las asambleas, en el CNH, mostró las tendencias internas que reflejaban un alto nivel de discusión.

Por ejemplo, el ala “izquierda” del CNH que encabezaba la Liga Espartaco planteaba el llamado “a preparar el asedio al poder” lo que constituía un llamado abierto a que el CNH se convirtiera en un órgano de poder dual revolucionario. En el caso de los independientes, que habían roto con el Partido Comunista Mexicano (PCM), como Raúl Álvarez Garín y otros la pelea consistía en evidenciar el carácter antidemocrático del PRI en su negativa a dialogar con el movimiento. A la izquierda estaban los trotskistas del Movimiento Comunista Internacionalista, el antecedente de la Liga Comunista Internacional, de Manuel Aguilar y Sevilla, de la que Revueltas también formó parte. En este sentido había una discusión central en el CNH acerca de la conveniencia de sobrepasar o no el pliego petitorio.

Yo entiendo que – leyendo ahora los testimonios de la época - que era posible que el CNH encabezara un movimiento que derrotara al PRI y que impusiera una caída revolucionaria del gobierno, lo que finalmente no sucedió. En ese entonces, el factor más atrasado en el país era la variable “subjetiva”. Aún el PCM de tradición estalinista, por ejemplo, consideraba correcta la hipótesis de que en México debía completarse la revolución mexicana del lado del nacionalismo revolucionario. “En México se produce un fenómeno del que difícilmente puede darse un paralelo en ningún otro país del mundo contemporáneo. Este fenómeno consiste en que la conciencia de la clase obrera ha permanecido enajenada a ideologías extrañas a su clase, y en particular a la ideología democrático burguesa. Su enajenación ha terminado por convertirse en histórica.” Decía José Revueltas en su Ensayo de un proletariado sin cabeza, de 1962.La participación del movimiento obrero junto a los estudiantes era decisiva para imponer esta perspectiva.

Ahora bien, acerca de los factores culturales y en torno a las figuras de Lennon y Guevara me pregunto si en México la izquierda prefería el guerrillero internacionalista o el músico “hippie”. En cierto sentido el 1968 reflejó una enorme ansia de libertad en el que podían estar entrelazados, juntos, la poesía y la revolución. Por lo menos quisiera recordar el 18 de septiembre de 1968 como un acontecimiento muy simbólico pero maravilloso. El día en que el ejército entró a CU había una poeta uruguaya, Alcira Soust Scaffo, que decidió enfrentar la violación de la autonomía universitaria leyendo poesía de León Felipe. Alcira permaneció por varios días en la Torre I de Humanidades al borde de la locura. Ella misma le entregó a Revueltas un poema que dice “la felicidad será para todos, en un mundo en el que no tendrá lugar el hambre”. Revueltas la recuerda como una persona a la que se le había conglomerado todo en el alma, la guerra, el movimiento por los derechos civiles y la poesía. Alcira usaba el mimeógrafo del movimiento para escribir sus poemas. Ella después se convirtió en la mítica Amuleto de Roberto Bolaño la, ni más ni menos, “madre de toda la poesía joven mexicana y del movimiento realviceralista”. Parte central del movimiento infrarrealista que fundaron Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro en los años setenta. En el mismo edificio, el día 18 de septiembre de 1968, el Movimiento Comunista Internacionalista estaba por fundarse en el mismo recinto en el que Alcira pasó la represión al borde de la locura. Recuerda uno de los participantes “ha de haber sido citada la reunión como a las cinco de la tarde, ha de haber empezado como a las seis, y como ocho o nueve de la noche la reunión ha de haber terminado para poder seguir a la reunión del CNH que sesionaba esa noche en la Facultad de Ciencias, entonces varios camaradas tenían prisa para ir a la otra reunión. Sobre todo porque esta corriente estaba proponiendo al CNH llevar adelante un nuevo programa para el movimiento, y varios camaradas de los que estaban aquí estaban encargados de la elaboración del texto.” Este grupo, antecedente del marxismo anti estalinista y trotskista, jugo un papel importante en la izquierda revolucionaria mexicana, posterior a los setenta. Resumiendo: el movimiento de 1968 concentró un cuestionamiento radical en todos los órdenes de la vida, la revolución y la poesía, incluida.

 

  1. Después del 2 de octubre de 1968 ¿Cómo se explica la dureza del gobierno de Luis Echeverría al reprimir la marcha del 10 de junio de 1971 acudiendo a grupos de choque para-policiales?

Esta generación, que buscó organizarse para luchar por la revolución, fue combatida por el gobierno con nuevos métodos. Este combate inauguró el llamado periodo de la Guerra Sucia encabezada por la Dirección Federal de Seguridad y su Brigada Blanca encabezada por Nazar Haro y Fernando Gutiérrez Barrios. El libro La Charola de Sergio Aguayo es muy interesante pues da muchos datos de la infiltración y de la persecución al activismo. La infiltración, el espionaje, la desaparición forzada, la lucha contrainsurgente fueron algunas de las características de la llamada ¨transición a la democracia¨ impuesta por el PRI en 1977. Si bien, antes de 1968 ya se practicaba la represión y la desaparición forzada esta se recrudeció después de 1971. Guillermo Almeyra, en su Militante Crítico, recuerda como el POR (T) que militaba en solidaridad con la guerrilla guatemalteca de Yon Sosa, estaba infiltrado por el ejército. Antes de la desaparición de Rosendo Radilla en los años setenta, se registró la desaparición forzada en 1965 de David Aguilar Mora en Guatemala. Pero, sin dudas, la masacre del jueves de Corpus definió la política represiva y autoritaria del gobierno mexicano que buscaba exterminar por la vía de la represión a toda la oposición. Los hechos del 10 de junio, con los paramilitares llamados Halcones, el gobierno pretendió destruir a una generación entera. Ya lo había mostrado el régimen del presidente Díaz Ordaz el 2 de octubre de 1968.

 

  1. ¿Se logró cooptar al movimiento estudiantil inconforme con la creación del sistema de establecimientos educativos conocidos como Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) con la apertura de una nueva universidad – la Universidad Autónoma Metropolitana – y con la ampliación del sistema de becas para estudiantes hijos de familias de bajos recursos?

No. Sólo la guerra sucia derrotó al estudiantado y a la juventud radicalizada. Considero que aunque sí lograron detener cierta politización masiva es una realidad que el ciclo de movilización no había aún sido clausurado. En un texto que escribí hace unos meses sobre la literatura obrera de la época, resaltaba que en el CCH había ocasiones en que profesores radicalizados tejían lazos con el movimiento obrero. En estas fechas surgieron un sin número de grupos políticos juveniles que seguían por otro medios la lucha. Las novelas de Paco Ignacio Taibo II dan cuenta de estos fenómenos, en especial El regreso de la verdadera araña y Doña Eustolia Blandió su Cuchillo Cebollero. Los obreros que cursaban clase en el CCH se ponían en contacto con los intelectuales de izquierda y en algunas ocasiones se organizaban en común. Un reflejo de estos tiempos es la producción editorial. Es el tiempo de la publicación marxista de alto nivel de reflexión teórica. Punto crítico, Cuadernos Políticos en la que escribía Bolívar Echeverría o Coyoacán de Adolfo Gilly, también Crítica de la Economía Política, son muestra de este clima intelectual. Sin duda alguna es la época en la cual la teoría marxista había alcanzado su punto más avanzado de desarrollo en nuestro país en particular con la obra de José Revueltas, poco entendido para su momento. En esos años por ejemplo, surgió la Cooperativa de Cine Marginal que, al inicio de sus días, tenía como objetivo proyectar cine y realizar sus propias grabaciones. La tormenta de la insurgencia obrera los llevó a la militancia sindical en una zona importante del proletariado industrial del D.F y del Estado de México. Según uno de los fundadores: “Durante esta nueva etapa, que va de diciembre del 71 a marzo del 72, la cooperativa realiza más de diez comunicados y termina dos largometrajes, realiza un promedio mínimo de 14 proyecciones debate por semana en el D.F. y en el interior del país, y tiene alrededor de treinta trabajos en proceso de edición. Después de esta etapa, la Cooperativa se encuentra con que diariamente hay un conflicto social o político que filmar en el país: se filman algunos pero no es posible filmarlos todos.” Esta época es sin dudarlo apasionante. Hasta en la poesía se vivía este ambiente de ruptura y radicalización, los llamados “infrarrealistas” se han convertido hoy en un gran culto literario debido a la canonización de la obra de Roberto Bolaño en sus muy leídos Detectives salvajes. Este grupo de poetas cuestionaron la tradición literaria de la época encabezada por Octavio Paz. Estamos hablando de una generación inconforme.

 

  1. Algunos de los jóvenes protagonistas de los movimientos de 1968 y 1971 optaron por la clandestinidad y la lucha armada. ¿Se trató de un acto de desesperación anti-sistémica o de agotar todas las instancias de participación política, aún por canales altamente confrontativos y riesgosos?

Laura Castellanos escribió un texto, que será un clásico, sobre la guerrilla en México. México Armado da cuenta de la generación que decidió ir a la lucha armada. En mi modo de ver es el mejor libro sobre la cuestión pues analiza todas las variantes de esta tendencia política: la guerrilla urbana y rural. Yo creo que el foquismo y la estrategia guerrillera tuvieron un error político estratégico al colocar en el centro de la estrategia las zonas rurales y hacer absoluta la definición de que el proletariado no se organizaría de forma independiente. A pesar de su valor y heroísmo las variantes urbanas de la guerrilla estaban equivocadas pues ejecutaban dirigentes sindicales “charros” sin la participación de los trabajadores de base. Incluso llegaron a usar métodos de ajusticiamiento entre organizaciones de izquierda, como el caso del asesinato de Alfonso Peralta por militantes de la Liga 23 de Septiembre en 1977. Estos métodos, ajenos a la izquierda marxista y revolucionaria, después se reprodujeron entre los propios dirigentes de la Liga lo que los llevó a un callejón sin salida. En muchos sentidos este impulso los llevó a un pesimismo de la acción independiente del proletariado y una impaciencia de la acción armada. Sin embargo, mientras ellos tomaban las armas una insurgencia obrera irrumpía el en escenario nacional. La llamada “Insurgencia Obrera” contrastaba con la hipótesis foquista y llegó a congregar en cinco acciones nacionales a por lo menos 50 mil trabajadores industriales. Es el tiempo del sindicalismo independiente y de las luchas de la Ideal Standard, Laminadora Kreimerman, Gas Metropolitano, Trailmobile, Visa, General Electric, Alumex, Vidriera, Spicer, Kelvinator, que se convertían en verdaderas campales en las entradas de las fábricas. Esto contrastaba la hipótesis de tomar las armas en vez de ir pacientemente a recuperar una idea marxista: si en 1968 el CNH podía lograr la caída del gobierno dependía de la participación del proletariado mexicano. Una experiencia muy interesante la desarrolló el intelectual juárence Luis K Fong que en los mismos tiempos - en contra de toda tendencia - se decidió por militar en la maquila en Chihuahua. Editó El Alacrane.

 

  1. ¿La represión contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa marca un punto de quiebre en la relación entre el Estado y las demandas de los movimientos juveniles contestatarios?

No hay un quiebre. Es como en 1968 una política represiva, una masacre y un castigo ejemplar. Ahora bien. Me parece que hay similitud en eso. La masacre de Iguala del 26 y 27 de septiembre muestra la política de extermino del gobierno del PRI. Es el mismo régimen, el mismo partido del Estado. El PRI de las masacres: Aguas Blancas, el Charco, Tanhuato, Apatzingán, Iguala, Tlatlaya. Desde el punto de vista inverso la masacre causó un fenómeno de politización nacional juvenil y popular impresionante. La juventud por ejemplo, había participado del #YoSoy132, el movimiento magisterial y ahora de Ayotzinapa. Creo que lo que hay que aprender de 1968 es que es urgente construir una cabeza, una organización dirigente que se prepare para enfrentar antagónicamente al estado. El movimiento por Ayotzinapa planteó #FueElEstado y esta consigna es muy importante para pensar la construcción de nuevas organizaciones de izquierda anticapitalistas y socialistas. Las demandas escalaron de #Piensoluegomedesaparecen, a #FueelEstado a #FueraPeña.

Pienso que la juventud de esta época, en la que me incluyo, tiene un gran reto. Recuperar la tradición de los estudiantes de 1968 y 1971 pero recrear la tradición de forma crítica. De ahí que en mi parecer es crucial y decisivo construir una organización anticapitalista y socialista de los trabajadores, las mujeres, la comunidad no heteronormada y la juventud para pelear por una segunda revolución mexicana. Es una carga histórica importante la que nos toca vivir en México. Las demandas en todo caso son irresolubles con la permanencia de este régimen. Es decir, las demandas ponen blanco sobre negro que este régimen es irreformable. La consigna #FueElEstado llegó a poner en la orden del día la caída de Peña Nieto, que hubiese sido posible con la participación de la clase trabajadora con una huelga general política, que finalmente no sucedió. Es decir ya nos demostraron que este régimen es irreformable y que asesinan, matan, ejecutan, y desaparecen personas. La pregunta que debemos resolvernos es ¿Cómo hacemos para que este régimen sea derribado? En ese sentido es crucial, a mi modo de ver, regresar a las lecturas del marxismo clásico de Lenin y Trotsky. Es curioso pero ese pensamiento que parece de los años setenta tiene toda la vigencia y en las universidades se vuelve a estudiar. Peña Nieto pudo caer si hubiese sido convocada por los sindicatos una huelga, sin embargo los sindicatos están controlados por burócratas que se negaron a impulsar una lucha contra el régimen. Esta nueva generación está en la encrucijada histórica de presentar una alternativa política radical, anticapitalista, antimperialista y, en mi modo de ver, socialista para las próximas generaciones. Además la juventud que se movilizó por los 43 agravó la enorme crisis de representación política burguesa. Creo que es el caldo de cultivo para la construcción de una fuerte izquierda mexicana no estalinista. En esta perspectiva es que soy impulsor de Izquierda Diario México un periódico digital en perspectiva socialista y anticapitalista y en el Movimiento de los Trabajadores Socialistas.

 

  1. ¿El secuestro y muerte de los 43 jóvenes alumnos de la escuela normal de Ayotzinapa responde a la ausencia de los órganos de impartición de justicia en zonas de alta conflictividad social o se trata de una política represiva destinar a desarticular los reclamos de los movimientos sociales con mayor capacidad de movilización?

Considero que México se convirtió en un país demencialmente violento producto de una política represiva que en el fondo tiene tintes de limpieza social. Es decir, la militarización del país para aumentar los lazos de subordinación al imperialismo norteamericano, con el Plan Mérida, el Plan Puebla Panamá, está causando una limpieza social. En tan sólo 9 años han muerto asesinados más de 190 mil personas, los desaparecidos se cuentan por 30 mil y los desplazados por casi un millón. En esta “supuesta guerra contra el narco” mueren los pobres urbanos, los jóvenes desempleados, mujeres, migrantes, campesinos. Es la militarización del país lo que desencadenó un curso de fenómenos reaccionarios: fosas clandestinas, masacres, tortura. En la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 hubo una interacción de diversos fenómenos reaccionarios: fosas clandestinas, masacres, tortura y asesinato de Julio César Mondragón y desaparición forzada en la que está implicado en Batallón 27 de Infantería de las Fuerzas Armadas. En el fondo la aplicación de las reformas estructurales, laboral, energética, educativa requieren del uso de la barbarie capitalista para ser impuesta de forma efectiva. Aprovecho para remitirles a Izquierda Diario México en el que día a día damos seguimiento a estos hechos.

 

  1. ¿El 26 de septiembre de 2014 quedará en la memoria colectiva de la juventud mexicana con la misma impronta con la cual se recuerda el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971?

La cuestión es cómo hacer justicia a los 43, a los masacrados del 2 de octubre, de 1971 y más asesinados por el régimen mexicano. La rememoración, según Walter Benjamin, nos recuerda que “los vencedores no han dejado de vencer y que el estado de excepción es la regla”. Si bien es crucial mantener la memoria de los acontecimientos pues si no “ellos ganan” no hay justicia con la rememoración cada 26 de septiembre. Efectivamente ya quedó instalada en la memoria colectiva del país. Estoy convencido que cada 26 de septiembre habrá una movilización que rememorará lo que sucedió en esa noche de Iguala. En unos años, probablemente, y ante la duda de la verdad histórica, se realicen memoriales de las víctimas que permitirán recordar la verdad y ayudar en la justicia de los acontecimientos. Sin embargo, aunque pareciera una tentación teológica, hay una cita de Benjamin que nos alumbra el sentido de una memoria que se recrea permanentemente. “Por cierto, que sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado. Lo cual quiere decir: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos. Cada uno de los instantes vividos se convierte en una citation à l’ordre du jour, pero precisamente del día final.” Sólo habrá justicia cuando los vencidos impongan su propio destino ante los vencedores.

 

Cómo citar este artículo:

CANDIA, José Miguel, (2015) “La juventud mexicana en tres momentos clave de su historia: 1968, 1971 y 2014 Entrevista a Sergio Méndez Moissen”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 25, octubre-diciembre, 2015. Dossier 17: Movimientos juveniles en América Latina: Batallas e impugnaciones de la política, la educación y la cultura excluyentes. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 26 de Mayo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1207&catid=56

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