Pacarina del Sur
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Continuidades en el cambio de la historia política chilena reciente: actores sociales y clientelismo político en el gobierno local de Viña del Mar 2008-2012

Continuities in the Changes of the Chile's recent political history: social actors and political patronage in local government Viña del Mar 2008-2012

A continuidade na mudança recente história política do Chile: atores sociais e clientelismo político no governo local Vina del Mar 2008-2012

Aníbal Pérez Contreras[1]

Recibido: 10-08-2016 Aprobado: 22-08-2016

Resumen

Resumen: El presente artículo analiza el fenómeno del clientelismo político como un elemento de continuidad durante un contexto de cambios políticos en la postransición, signados como el “derrumbe del modelo”. Desde una perspectiva de historia local pretende complejizar las miradas sobre el clientelismo político, reconociendo la capacidad de presión que tuvieron las organizaciones comunitarias, las que lejos de ser entes pasivos, presentaron un rol activo en la demanda de beneficios, adquiriendo un carácter policlasista, ante un escenario nacional de cambios y continuidades en la política chilena.

Palabras claves: Clientelismo, historia local, movimientos sociales, derecha política, historia reciente.

 

Introducción

Durante los años 2011 y 2012 se evidenciaron una serie de movimientos sociales en el escenario político chileno. Aunque desde una perspectiva de más mediano plazo y con diversas intensidades, ellos se han registrado durante la década del noventa y del 2000, fue durante esos últimos dos años donde su efervescencia y masividad tomaron ribetes nacionales, generando importantes consecuencias. En ellos hubo desde temáticas ambientalistas, como el conflicto de “Punta de Choros” (La Nación, 26 de agosto 2010), junto al caso de “Patagonia sin represas” (Biobio, 5 de septiembre de 2011) y Freirina (El Dínamo, 22 de mayo del 2012), así como demandas regionales en Aysen (El ciudadano, 15 de febrero de 2012) y Magallanes (Cooperativa, 5 de enero de 2012). Con todo, el movimiento que más se extendió y repercusiones tuvo –incluso a nivel internacional- fue el estudiantil, quien logró sumar a un sinnúmero de actores vinculados a la transversalidad de las demandas: “educación gratuita” y “fin al lucro”, fueron las consignas que perduraron por casi seis meses. A partir de la permanente agitación social que tensionaba a una de las democracias “modelo” del Conosur, emergieron desde la historia y las ciencias sociales diversas interpretaciones en torno a los sentidos de aquellas. Algunas asumieron una mirada extremadamente optimista, sosteniendo la tesis del “derrumbe del modelo” lo que evidenciaría el fracaso de la sociedad naciente de la dictadura militar y el pacto transicional (Mayol, 2012: 13-25). Otros desde la historiografía, lo denominaron como “el despertar de la sociedad”, cansada de las lógicas neoliberales (Garcés, 2012). A partir de una mirada opuesta, hubo quienes como el politologo Patricio Navia plantearon que este fenómeno sería propio del avance y consolidación de los procesos democráticos del país (La Tercera, 13 de agosto de 2012). En razón de lo anterior, las elecciones parlamentarias-presidenciales del 2012-2013, mostraron un debate que incorporaba las temáticas instaladas por los movimientos sociales, antes opacadas en el procesamiento transicional de la década de los noventa. Dentro de ellas, se añadió a la discusión las implicancias del sistema neoliberal, la exigencia de derechos sociales universales, el cambio de la constitución de 1980 y el fin al sistema electoral binominal. Como se puede evidenciar, la política chilena estaba cambiando.

En dicho debate, este articulo toma distancia de la tesis del “derrumbe del modelo” y tiene por un primer objetivo poner énfasis en los elementos de continuidad que es posible pesquisar en el proceso de cambio en los repertorios políticos del Chile reciente. En razón de ello, es que colocamos la atención en el fenómeno del clientelismo político, como una práctica de vieja data en la historia nacional y aun presente incluso en momentos donde, se producía un fuerte remezón en la política criolla. Al mismo tiempo, y al interior del debate sobre el clientelismo político, nuestro segundo objetivo es evidenciar el rol activo de los dirigentes sociales locales, al momento de exigir bienes de intercambio simbólico o material a operadores o representantes políticos en el contexto histórico señalado, cuestionando con esto el supuesto rol “pasivo” de los clientes pensados como “victimas” del fenómeno. Más aún, indagamos en cómo esta práctica no tan solo se centró en el  mundo popular, sino que adquirió dimensiones poli-clasistas. Lo anterior nos permite dar cuenta de las complejidades que implicó este proceso de transformación en el contenido de la política  postransicional, pues cuando se hacían visibles una serie de movimientos de acción colectiva que, supuestamente lograban derrumbar la continuidad del Chile modelo, a nivel local el peso de la costumbre pudo más. En otras palabras, no pretendemos contraponer acción colectiva a clientelismo, de hecho otros autores han demostrado su posible articulación, sino más bien mostrar la contiuidad analíticamente invisibilizada cuando se pone el acento en el cambio epocal.

Para dar cuenta de este fenómeno, nos centramos en el espacio local bajo uno de los liderazgos municipales más emblemáticos de la Unión Demócrata Independiente (UDI)[2], el caso de Virginia Reginato en la comuna de Viña del Mar, quien ha ocupado el cargo de alcaldesa desde el año 2004 con abrumadoras mayorías. A modo de problemática nos preguntamos: ¿cómo se comportaron las organizaciones comunitarias locales con este liderazgo emblemático en el contexto histórico de supuesto derrumbe del modelo?, ¿qué elementos estructuraron el clientelismo político de esta figura local?

La hipótesis que sostenemos plantea que bajo el contexto histórico nacional que evidenciaba cambios en la historia política reciente, es posible distinguir elementos de continuidad a través del fenómeno del clientelismo político. De esta forma, mientras a nivel nacional emergieron diversos movimientos sociales que tensionaban los elementos y repertorios políticos del Chile “modelo”, a nivel local el clientelismo fue una práctica que siguió operando. Más aún, durante el año 2011 cuando se cruzó el “movimiento estudiantil” y “Patagonia sin Represas” con una gran cantidad de manifestaciones en el país, se registró en el espacio local el nivel más alto en exigencias de subsidios al gobierno comunal, evidenciando con ello el rol activo en demandas de parte de los dirigentes de organizaciones comunitarias y al mismo tiempo la mayor presión -en base a la expectativa- hacia sus operadores políticos. Más aun, dicho fenómeno alcanzó a tomar aristas poli-clasistas, no centrándose exclusivamente en actores populares como regularmente ha sostenido la bibliografía especializada. Finalmente, los lazos clientelares tendieron a estructurarse bajo un andamiaje relacional basado en la expectativa y reciprocidad de clientes y operadores. En esta línea, el anhelo del apoyo electoral luego de la conexión burocrática que ofrecen los punteros, y a su vez la esperanza de obtener la subvención para el proyecto o financiamiento para alguna ayuda social, fue el núcleo articulador de la relación. Sin embargo, existe una complejidad importante basada en el silencio, pues sólo los círculos íntimos de confianza se apelaba explícitamente al voto. En el resto se juega con los elementos como la amistad, el conocimiento mutuo y una autosignficación en la labor de los dirigentes como “apolítica”. Con todo, es posible rastrear elementos de continuidad cuando supuestamente todo cambiaba y se derrumbaba el modelo.

En términos metodológicos, esta investigación se basó en estrategias cualitativas tales como revisión completa de las Actas del Concejo Municipal (período 2008-2012), además de las consultas realizadas al Sistema de Información Municipal (SINIM) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), junto con entrevistas semi-estructuradas con informantes claves, para el caso de dirigentes de organizaciones comunitarias quienes cumplían el rol de clientes o “mediadores políticos”. Aunque estos fueron esquivos a dar entrevistas y grabarlas, se seleccionó a dos dirigentes deportivos de larga trayectoria y conocimiento público en distintas ramas. La importancia del área deportiva radica en el posicionamiento político de la alcaldesa en los medios de prensa, además de ser las organizaciones comunitarias mayoritarias en la comuna. Por otro lado, se seleccionó a una popular dirigente de “club del adulto mayor”, debido a que este es otro tipo de organización numerosa en la localidad, a la cual se le destina un tiempo importante de parte de las autoridades, ya sea para su atención o bienestar. A través de la historia oral, y reconociendo a la memoria como un mecanismo de producción de sentidos desde el presente, se generó un proceso de contrastación de fuentes, es decir  se aplicaron los cuidados necesarios a través del comentario perpetuo (Pittaluga, 2007). En este sentido, se consideró como una técnica complementaria junto a otros ejercicios. Sobre los aspectos cuantitativos, se calcularon los montos totales y promedios asignados a organizaciones comunitarias, ya sean por concepto de subvenciones ordinarias solicitadas al Concejo Municipal o Fondos de Desarrollo Vecinal (FONDEVE). En el caso de los primeros, se trata de solicitudes de apoyo económico que, un dirigente local establece al Concejo Municipal a través de un concejal o, en su defecto, mediante un funcionario municipal que se accede a la alcaldesa, para que esta última, lo presente como una necesidad de ayuda social y sea aprobada en dicha instancia. Es decir, es una cadena de intermediación donde se utiliza la institucionalidad heredada del gobierno local, además de la configuración relacional de expectativa-reciprocidad, junto a la confianza y lealtad entre operadores y clientes. En el caso de los FONDEVES, existe mayor regulación, por cuanto se requiere de la elaboración de un proyecto, asistido en la mayoría de los casos por los mismo funcionarios-operadores del municipio o, una vez que se aprende  su “lógica”, acceden a con cierta autonomía de parte de las organizaciones. De igual forma, los líderes piensan que, al tener “contactos” o “funcionarios amigos”, ello les permite contar con mayores posibilidades de obtener el financiamiento, al mismo tiempo que, los operadores vuelven al territorio una vez adjudicados los dineros, como forma de visibilización del apoyo entregado. En círculos íntimos, la relación entre funcionario-operador y dirigentes-clientes se solicita el apoyo electoral y se organizan estrategias de movilización. Lo interesante es que a través de la postulación a estos fondos, se puede visualizar la capacidad de organización, presión y demanda que van posicionando los clientes hacia el gobierno local. En razón de lo anterior, se estimaron la totalidad de organizaciones que postulaban a dichos fondos, esto a fin de evidenciar cuan presente y activa es la actitud de las organizaciones hacia la institucionalidad municipal. Todo lo anterior mediante el uso de la Ley de Transparencia.

A fin de argumentar de mejor manera este artículo, subdividimos su presentación en cuatro apartados. En el primero de ellos, analizamos de manera sintética la discusión sobre el clientelismo. En el segundo, se perfilaron algunas características socioeconómicas de la comuna, como un espacio donde el liderazgo de la UDI se posiciona. Como tercer apartado analizamos los resultados de los totales de montos de subvenciones y grupos sociales que recibieron financiamiento municipal, a fin de evidenciar el comportamiento de las organizaciones comunitarias. Finalmente en el cuarto de ellos, presentaremos el resultado también de entrevistas a dirigentes, identificando la composición del fenómeno clientelar.


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Sobre el clientelismo político

A nivel latinoamericano destaca una abundante discusión sobre el fenómeno del clientelismo, no existiendo un consenso básico. Desde perspectivas más tradicionales, este fenómeno ha sido interpretado como el intercambio de favores por votos, lo que representaría un razgo pre-moderno propio de sistemas políticos pocos consolidados. Este razonamiento durante la década de los noventa, sostuvo que en la medida que las transiciones democráticas en diferentes países del mundo se asentaran, debería consecuentemente desaparecer del sistema. En estos enfoques, se tiende a poner el acento en el carácter más vertical de la relación, vista “desde arriba hacia abajo” (Cazorla, 1992; Wilkinson, 2006: 110-140; Stokes, S., et al. 2013). Desde una óptica totalmente opuesta, se ha postulado que en las relaciones clientelares existiría presión “desde abajo” de parte de los clientes hacia sus operadores, posibilitando por tanto la generación de un proceso de democratización e incluso integración de comunidades, puesto que permitiría incorporar a sujetos marginados del sistema político quienes, no “viven” la relación clientelar como tal, sino más bien como un intercambio (Corzo, 2002; Vommaro y Quiros, 2011; Combes 2011).

Existe también una perspectiva intermedia. Desde diversas disciplinas, se ha sostenido que el clientelismo sería mucho más complejo que la mera reducción de intercambio de favores por votos. Por el contrario incorporaría elementos subjetivos, emociones y una forma de reciprocidad difusa, bajo una relación siempre asimétrica de capital social (Auyero, 2011; Durtson, 2012; Arriagada, 2013; Pérez, 2013; Hurtado, 2013; Álvarez 2014ª; Lujan 2014; Paladino, 2014). Desde el punto de vista de esta investigación, tomamos posición en el marco de esta tercera perspectiva. En este sentido, sostenemos que bajo la configuración de la práctica clientelar se pueden detectar elementos subjetivos fundamentales más allá del intercambio de favores por votos. Además, los clientes no son necesariamente actores pasivos sobre los cuales se tejen redes “desde arriba” por sobre estos sujetos-víctimas, sino que por el contrario, ocupan un rol activo en ellas. No obstante lo anterior, es posible identificar relaciones asimétricas, en donde un actor ejerce hegemonía, ya sea material o simbólica. Esto último no quiere decir por tanto que el clientelismo sólo se ejerza desde los sectores acomodados hacia los grupos populares, sino que –como veremos en ese artículo- también se pueden rastrear integraciones policlasistas.

Con respecto al fenómeno del clientelismo particularmente en Chile, se ha planteado que fue un recurso históricamente utilizado durante el siglo XX por la derecha conservadora-terrateniente hacia el campesinado, ello como un mecanismo de sustento electoral para el Parlamento. Esto habría permitido negociar y contener algunas de las implicancias del modelo sustitutivo de importaciones, como el caso de la reforma agraria (Correa, 2004:73-77). Más adelante, con la creación de la Cédula Única Nacional a mediados de la década del cincuenta, se habría logrado generar un mayor control del estas prácticas, como: el cohecho, la repetición del voto y el control electoral. Sin embargo, el recurso clientelar se fue adaptando a los nuevos escenarios, sobreviviendo hasta el ciclo de competencia de los proyectos globales 1958-1973. Más aún, el clásico estudio que inauguró esta temática en específico, planteó que el sistema de partidos criollo se habría configurado y sostenido con importante cuotas de clientelismo político, sobre todo en provincias pobres, las que canalizaban sus demandas al centro–capital a fin de conseguir mayor financiamiento. Esto se definió como sistema de brokerage. Todo lo anterior, convivió con un escenario nacional de alta politización (Valenzuela, 1977).[3] En el marco de la dictadura miliar, la práctica clientelar se fortaleció en los gobiernos locales, dadas las nuevas atribuciones sociales que se le incorporaron a los municipios (educación, salud y ayuda social). En este sentido, existe consenso al interior de las ciencias sociales en cuanto a que la reforma de los gobiernos locales, estuvo enfocada desde una óptica tecnocrática y neoliberal, cuyo objetivo era lograr una eficiente despolitización de la sociedad (Gallardo, 1989; Vergara, 1990; Pozo 1990). En el marco de esta discusión, se ha sostenido que dicha reforma representó una síntesis ideológica en el pensamiento militar, el que aglutinó a la Doctrina de la Seguridad Nacional, junto con posiciones corporativistas y neoliberales (Valdivia, 2011). A juicio de Valdivia, Álvarez y Donoso (2012), todo lo anterior habría decantado en un proceso de alcaldización de la política, en donde gracias a las nuevas atribuciones, los ediles se habrían empoderado a través de un contacto privilegiado con la ciudadanía. A partir de esto y con el anexo de las nuevas herramientas institucionales, se habría articulado su uso en la generación de fuertes de redes clientelares. Todo lo anterior, con el objetivo de generar un proceso deliberado de despolitización a través de la resocialización de la ciudadanía.

Ya en el marco de la transición y su desarrollo, se ha analizado el impacto de la reforma municipal durante gobierno de Patricio Aylwin, la que permitió la elección directa de los alcaldes. Sin embargo, no modificó la estructura heredada del periodo dictatorial, potenciando las propias funciones de los ediles, para un contexto ahora electoral. En razón de lo anterior, esta reforma ha sido categorizada como “en la medida de lo posible” (Álvarez, 2012). Más aún, durante la posdictadura los estudios de clientelismo político en Chile se han centrado en liderazgos categorizados como neopopulistas, para los casos de los ex-alcaldes Joaquín Lavín y Jorge Soria (Barozet, 2003; Arriagada 2008). Desde esta óptica similar, se ha analizado con profundidad los lazos clientelares de la UDI en la región Metropolitana, reconociendo los elementos subjetivos que interactúan en su edificación (Álvarez, 2014b). Dentro del mismo grupo, existen investigaciones que han trabajado el fenómeno del clientelismo para casos emblemáticos de la Concertación durante los primeros años de la transición en regiones, como el caso Hernán Pinto en Valparaíso (Pérez, 2013). Junto con ello, recientemente hemos indagado en los límites de la estrategia pragmática del gremialismo con los pobladores y el mundo popular en Viña del Mar (Pérez, 2014). Para casos menos urbanos, se ha reconocido el desarrollo de este tipo de intermediación política con las comunidades campesinas, sosteniendo que se lograría interesantes niveles de integración con el Estado (Durtson, ibíd.).

Desde otra perspectiva más politológica, se ha sostenido que el gremialismo chileno utilizaría una estrategia dual, caracterizada por la extracción de recursos de los miembros de las elites -particularmente empresarios para campañas políticas- a fin de desarrollar una política de movilización carismática, junto a la implementación de intercambios particularistas hacia el mundo popular, ello mediante redes clientelares (Luna, 2010). A través de este artículo pretendemos matizar algunos elementos de esta última posición, incorporándole otras variables al fenómeno, tales como el rol activo de los sujetos, la extensión del fenómeno clientelar a sectores no populares y la asimilación de los elementos subjetivos.

 

La comuna de Viña del Mar. ¿Espacio propicio para el clientelismo?

La alcaldesa Reginato o “Tía Coty” como se le conoce popularmente, se ha convertido en una de las figuras emblemáticas para el mundo municipal chileno. Ya sea por su particular estilo carismático -el que proyectó elementos importantes del lavinismo noventero-, o también por sus notables resultados electorales: un 47,8% en el 2004, para pasar bruscamente a un 78.76%  en 2008, la alcaldesa ha llamado la atención de diversos actores políticos, quienes privilegian una foto al lado de ella para el periodo de campañas.[4]

En este sentido, la “Tía Coty” desplegó un estilo cercano, cosista y muy relacionado a la farándula del espectáculo, con una presencia permanente en los medios locales, siempre posicionada con “estrellas” conocidas. Al mismo tiempo, ha utilizado el Festival de la Canción de Viña del Mar como una plataforma importante de posicionamiento político. Por su parte, el liderazgo de Reginato en la zona no es nuevo, sino que por el contrario se fue construyendo a partir de la Secretaría Regional de la Mujer bajo la dictadura militar. Ello le permitió entrar en contacto con los sectores populares viñamarinos mediante los operativos cívico-militares manteniendo, tras el retorno democrático, una constante figuración pública local. De hecho ha desempeñado el cargo de Concejal desde 1992 hasta el año 2004, cuando obtiene el preciado sillón municipal. Otro aspecto interesante, ha sido el crecimiento de la UDI como actor político en la comuna, el que terminó de consolidarse en la elección edilicia del año 2012, cuando por si sola ganó cinco de los diez cupos a concejales, más la propia alcaldía. Es decir, el gremialismo local controló por si sólo la mayoría absoluta del Concejo Municipal viñamarino. 

Ahora bien, la mayoría de los estudios sobre clientelismo, han puesto su atención en barrios populares, siendo la pobreza un factor determinante en la generación del fenómeno. En este sentido, sería a través de las redes clientelares el mecanismo por el cual los pobres urbanos lograrían sobrevivir (Auyero, Ibíd. 2001). Es por ello que nos parece relevante presentar algunos datos socioeconómicos del territorio en el cual se desenvolvió la alcaldesa, para la configuración de redes clientelares.

La comuna de Viña del Mar según el censo del año 2002, tiene una población estimada de 286.931 habitantes, la que para el año 2012 creció apenas un 1,1% con un total de 289.968 personas. A fin de lograr dimensionar esto, es prudente señalar que bajo los mismos rangos temporales, la población regional creció un 16,6% y a nivel nacional un 15,1% (INE, 2012).[5] Es decir, la comuna estuvo muy por debajo del crecimiento demográfico que se experimenta a nivel nacional, esto debido entre otras cosas a la migración de la población hacia localidades aledañas de tipo dormitorio, como Quilpué o Villa Alemana. Cabe señalar que según el Plan de Desarrollo Comunal vigente, Viña del Mar tiene el 99,3% de su población en la zona urbana, siendo la tercera comuna más poblada del país (PLADECO, 2002:12).

Con respecto a la distribución poblacional por zona, la comuna está agrupada territorialmente en doce sectores: Nueva Aurora, Recreo, Forestal, Chorrillos, Viña oriente, Miraflores, Santa Inés, Plan, Achupallas, Gómez Carreño, Reñaca Alto y Reñaca. En base a esta distribución sólo se disponen de datos del censo 2002, los que estipulan que los siete sectores más poblados de la comuna serían: Plan (41.521), Achupallas (35.056), Forestal (30.405), Recreo (27.514), Miraflores (27.092), Viña Oriente (26.316) y Reñaca Alto (24.990). De estos siete sectores, tres: Plan, Viña Oriente y Recreo son socioeconómicamente medios altos y altos, el caso de Miraflores sólo un pequeño sector también lo es. El resto de las zonas son de marcada tendencia popular (SECPLA, 2002).

Por su parte, si tomamos el porcentaje de población bajo la línea de la pobreza tendríamos a nivel comunal un 15,36%, y a escala nacional 15,12% (FPSP, 2011). Es decir que la pobreza para el 2009 estaba muy cerca del porcentaje nacional, siendo un 0,24% más alta que a nivel país (CASEN, 2009).

Con respecto al acceso a redes de alcantarillado y agua potable, disponemos de información de SECPLA de la Municipalidad extraídos del INE, a partir de encuestas realizadas en el marco del censo del año 2002. De un total de 81.785 viviendas encuestadas, 79.280 contarían con conexión a redes de alcantarillado, mientras que 2.505 no (INE, 2002). Es decir alrededor del 3,06% de la las viviendas no tendría acceso a este servicio básico. Los tres principales sectores que no cuentan con esto serían: Forestal  (788 viviendas), Reñaca Alto (768 viviendas) y Achupallas (414 viviendas), todas las cuales están ubicadas geográficamente en cerros o sectores altos de la comuna.


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En torno al acceso al alumbrado eléctrico del mismo total de 81.785 hogares, 828 no tendrían acceso a este servicio, representando un 1,01% del total. Nuevamente los sectores donde estaría concentrada esta situación serían: Forestal (226), Achupallas (154) y Reñaca Alto (31) (INE, ibíd.).

Por otra parte, en los niveles de desocupación según la encuesta CASEN, la comuna marcaría el año 2003 un 16,03%, pasando el 2006 a un 7,81%  hasta el 2009 con un 13,43%. Si comparamos con el nivel nacional, el año 2003 se marca una notoria diferencia, con una tasa de desocupación del 9,7%, sin embargo el año 2006 se vuelve a estabilizar marcando un 7,32%, para finalmente marcar un 10,22% el año 2009. Es decir esta última cifra sería la más dispar, con una diferencia de 3,21% donde la comuna se representa con una tasa de desocupación más alta (CASEN, 2003; 2006; 2009).

En síntesis, podemos señalar que la comuna de Viña del Mar presentó una cantidad poblacional importante a nivel nacional, concentrando zonas con mayor densidad en los cerros más aislados geográficamente, además de ser sectores donde se ubican el mundo popular. Al mismo tiempo, es en esta zona donde se marca la mayor deficiencia de servicios básicos como alcantarillado, agua potable y luz eléctrica. Por otro lado, se demuestra que los índices de pobreza y cesantía son representativos al compararse con los promedios nacionales. Esto último creemos, fue un escenario favorable para la construcción de redes clientelares, a través de la solución de problemas cotidianos, sumado a un posicionamiento mediático de una alcaldesa en terreno con los pobres de los cerros. Lo que no excluyó la configuración de una forma de clientelismo más organizado hacia agrupaciones comunitarias, siendo estás las que mayores beneficios logran.

 

Organizaciones comunitarias y Fondeves. Andamiaje clientelismo político

Uno de los elementos principales del liderazgo de la alcaldesa se vincula al anclaje que logró construir con la ciudadanía viñamarina. Esto último mediante una compleja red de clientelismo político, el que se sustentó en relaciones permanentes de integración tanto vertical como horizontal con los diversos actores sociales de la comuna y, particularmente con las organizaciones comunitarias con una vieja tradición de organización. Un ejemplo de esto, es que el PLADECO vigente de la localidad reconoce que: “el municipio ha caracterizado su enfoque en la provisión de equipamientos y servicios sociales para hacer frente a un conjunto de demandas sociales alimentadas por las expectativas generadas al principio de la década, predominando una orientación política asistencial no exenta de dosis de clientelismo” (PLADECO, 2002:17).

Ahora bien, para que el fenómeno clientelar se consolide, es necesaria la existencia de organizaciones sociales que sean capaces de movilizar recursos –principalmente votantes-, a fin de que se pueda configurar un escenario de expectativa de la reciprocidad en sus distintas direcciones.

Con respecto a las organizaciones comunitarias en Viña del Mar, según la “Cartilla de Información Territorial de la Región del Valparaíso”, elaborada el año 2011 por la Fundación para Superación de la Pobreza, y en base a datos proporcionados por el Sistema Nacional de Información Municipal (SINIM), la comuna de Viña del Mar concentraría un total de 5.200 organizaciones comunitarias (FPSP, 2011:30). Por tales se entienden: uniones comunales, clubes deportivos, centros de madres, centros u organizaciones del adulto mayor, centros de padres y apoderados, juntas de vecinos y otras organizaciones comunitarias funcionales. Para darle sentido a esta cantidad de organizaciones comunitarias, comparamos con la cartilla de información territorial de la Región Metropolitana (capital del país) correspondiente a la misma fecha. Allí, la comuna donde se evidenció la mayor cantidad de organizaciones con una composición similar a la de Viña del Mar, era Puente Alto con 1.507 organismos (FPSP, 2011: 37).[6]  La gran diferencia es que dicha comuna tiene una población estimada de 691.742 habitantes, vale decir más del doble de la “ciudad jardín” y menos de un tercio de cantidad de organizaciones comunitarias. Más aún, desarrollando un ejercicio comparativo con todas las comunas de las regiones del país, se puede afirmar que a nivel nacional Viña del Mar es la que más entidades posee. De hecho, otra localidad que la seguiría en número es Temuco con 2.543 organizaciones, vale decir un poco menos de la mitad, y con una población estimada de 298.000 habitantes (FPSP, 2011:29). Desde otro ángulo, si relacionamos el promedio de población de la comuna entre los censos de 2002 y 2012 (288.449 personas), versus la cantidad de organizaciones, podremos proyectar un promedio de 55 personas por agrupación comunitaria. Este ejercicio permite visualizar la fuerte tendencia a la participación en actividades colectivas que se presentan en la comuna dirigida por la “Tía Coty”, además matiza las miradas según la cuales en regímenes neoliberales la gente se desorganiza e individualiza. Más aún, dada esta densa red de colectivos y tradición organizativa, es que se proyecta un clientelismo distinto a los casos emblemáticos en Latinoamérica, como el corporativo propio del caso mexicano (Zapata, 2004), o el más militante territorial de las “unidades básicas” como el peronismo argentino (Auyero, ibíd.). La evidencia tiende a mostrar un clientelismo en Chile con un soporte institucional y dirigido a organismos particulares, es decir en clave más neoliberal, sustentándose en la densa red de agrupaciones. Importante es señalar que para ser considerada una organización comunitaria se requería -al momento de la encuesta para la elaboración de los datos-, de personalidad jurídica al día. Esto quiere decir que probablemente existan más organizaciones, pero que no cumplen con los requisitos para poder ser categorizadas como tales. Al mismo tiempo, no es posible homologar la intensidad o el ritmo de cada organización, pudiendo ser algunas más laxas y menos constantes y otras mucho más disciplinadas.

Ahora bien, reconociendo las limitaciones de una imagen sobre un proceso histórico a través de los datos presentados y asumiendo que no es reducible una cantidad de organizaciones comunitarias a prácticas clientelares, desarrollamos un proceso de depuración de datos. Este último se basó en la lectura y análisis completo de la totalidad de Actas del Concejo municipal (2009-2012), a partir del cual se pudo analizar el conjunto de organizaciones que eran favorecidas con subvenciones efectivas del municipio, estableciendo con ello un proceso de integración vertical basado en un liderazgo monopólico por la figura de la alcaldesa. Es decir, todas las demandas recogidas por los funcionarios municipales, eran presentadas ante el Concejo Municipal como una intermediación propia de la “tía Coty”.

Por otra parte, establecimos los promedios de montos entregados, el carácter de las votaciones y la cantidad de organizaciones que obtenían recursos. Se optó por una especial atención en uno de los momentos trascendentales para la adquisición de fondos, como lo era la postulación a los FONDEVEs. A partir de esto, abarcamos la totalidad de organizaciones que participaban en la competencia por los recursos, analizando su comportamiento por año, tanto en número de organizaciones como en montos obtenidos. Cabe señalar, que las organizaciones comunitarias solicitaron beneficios materiales y monetarios al municipio durante todo el año y en cada reunión del Concejo Municipal, es decir no tan solo en los fondos vecinales. De hecho, en la totalidad de actas analizadas –salvo contadas excepciones- el concepto de subvenciones existe como punto de tabla de la reunión. Ahora, creemos que el momento de la postulación a los FONDEVES –una vez por año- es más representativo, esto por la cantidad de los montos junto con la organización que conlleva.

 

Según los datos obtenidos presentamos los siguientes promedios: 

Tabla 1[7]. Organizaciones sociales beneficiadas por FONDEVES

Años

Organizaciones sociales

Población

Promedio de habitantes por organización

Montos totales

2009

887

288449

325,1961669

$ 809.547.019

2010

1107

288449

260,5682023

$ 964.680.992

2011

1603

288449

179,9432314

$ 1.131.096.043

2012

1249

288449

230,9439552

$ 1.098.396.493

 

Estos datos entregan varios elementos interesantes de analizar. Primero que todo, llama la atención el crecimiento de la demanda de Fondeves desde el año 2009 con 887 organizaciones, hasta su punto más alto el 2011 con 1693 grupos sociales solicitando y recibiendo montos del municipio, luego de esto la cantidad desciende el año 2012 con 1249 entidades. Esto coincide con el ritmo de la movilización nacional, pues fue precisamente durante dicho año donde se registró un mayor nivel de masividad de la conflictividad social, para luego ir descendiendo el 2012 paulatinamente. En este sentido, una respuesta tentativa podría ser que en el año más álgido de movimientos de acción colectiva, se abrió una estructura de oportunidades políticas que se expresó en la canalizaron de una mayor cantidad de solicitudes de beneficios hacia el gobierno local. En otras palabras, mientras más personas demandaban diversos elementos en las calles a nivel nacional, en el espacio local estas organizaciones en vez de autonomizarse, aumentaron su demanda al municipio. Ello evidencia la mixtura y complejidad de los procesos históricos nacionales con locales, donde convivieron al mismo tiempo movimientos sociales de tensión y demanda (aspectos de cambio bajo el supuesto “derrumbe del modelo”) junto a prácticas políticas de vieja data (continuidad) en el pasado chileno, como la solución de problemas mediante redes clientelares en el municipio.

Otro elemento interesante es el promedio de organizaciones sociales, la cual también llega a su punto más alto el año 2011, con una agrupación recibiendo fondos por cada 179 habitantes[8]. Esto mostraría la gran cantidad de organizaciones que establecen vínculos directos con el municipio a fin de obtener beneficios, lo que implica un proceso de intermediación institucional propio del gobierno local.

Cabe resaltar que los montos que se entregan crecen en la misma línea ascendente hasta el 2011 para luego bajar levemente el 2012.  Desde el año 2009 con 809 millones de pesos hasta el 2011 con 1.131 millones, para descender el 2012 a 1.098 millones aproximadamente. En otras palabras podríamos sostener que en la medida que existe un contexto nacional de movilización social, y al mismo tiempo más organizaciones solicitan montos, más dinero se entregó. Por ello los actores políticos institucionales fueron susceptibles a las demandas desde la sociedad civil, reconociendo por tanto elementos de presión por parte de la ciudadanía. Así, el control “desde arriba” se acomodó a la presión o demanda “desde abajo”.

Ahora bien, dadas las particularidades del año 2011 tanto por su contexto nacional, como por el comportamiento de demandas de subvenciones en el espacio local, merece un análisis específico. Para ello tomamos como muestra dicho año y separamos los tipos de fondos que buscaron las organizaciones, el número de organismos que recibieron fondos, los montos entregado y los promedios asignados a cada grupo. Al respecto, los resultados son los siguientes:

 

Tabla 2 Tipos de organizaciones año 2011 y montos recibidos

 

Deportivo

Grupos prioritarios

Fondos de autoconstrucción

Fondeve vecinal

Fondos de iniciativas artísticas culturales

Fondeve escolar

Seguridad ciudadana

Nº de organizaciones

320

315

203

159

65

49

47

Montos

$297.679.660

$ 199.115.581

$ 201.500.000

$ 229.619.061

$ 39.999.960

$ 49.000.000

$ 96.812.061

Promedio de fondo recibido

$ 930.249

$ 632.113

$ 992.611

$ 1.444.145

$ 615.384

$ 1.000.000

$ 2.059.831

 

Como es posible de resaltar, la mayor cantidad de proyectos adjudicados se centran en las organizaciones de clubes deportivos con un total de 320, decayendo finalmente en la temática de la seguridad ciudadana con 47.  Esto refleja la importancia que tuvieron los clubes deportivos y la densa red que representan, llevándose sólo este ítem $297.000.000 aproximadamente. No es menor que, según conste en acta, estos grupos recibieron fondos para financiar toda la liga de fútbol amateur de las poblaciones, subvencionando incluso remuneraciones para los árbitros, por  un monto de 30.000.000 de pesos dividido en seis cuotas una vez al semestre (Acta nº1.077, 2010:5). Esto muestra el nivel de prioridad y al mismo tiempo de capacidad de posicionamiento de estos grupos al momento de solicitar fondos, los que representan una densa red de votantes disponibles para las elecciones.

Otro aspecto interesante es el que guarda relación con los proyectos de seguridad ciudadana. El año 2011 se adjudicaron un total de 47 proyectos bajo este ítem, lo que evidencia la poca relevancia comparativa de los grupos al momento de la solicitud de recursos. Al mismo tiempo esto repercute en la cantidad promedio de los montos adquiridos, puesto que al ser menos reciben más dinero cada uno, en un promedio de $2.059.000.

En síntesis, el espacio local de Viña del Mar se caracterizó por una gran cantidad de organizaciones comunitarias, las que bajo el contexto más alto de la movilización social aprovecharon el escenario para aumentar su capacidad de demanda hacia el gobierno local, dicha demanda se vio retribuida con la mayor entrega de recursos para los postulantes, es decir más grupos postularon y más dinero se entregó modificando ante la demanda el presupuesto municipal estipulado. En ello los clubes deportivos durante el año 2011 fueron un actor de impacto masivo que lideró las solicitudes.

 

Demanda activa: subvenciones tradicionales y Fondeves

El comportamiento en la entrega de subvenciones resulta crucial al momento de analizar el fenómeno del clientelismo político. Esto por cuanto se convierte en el nexo entre el municipio y las organizaciones sociales o individuos a través del intercambio de un bien material o simbólico. En otras palabras, es el recurso que tiene el operador político para entrar en relación con el cliente en nombre del patrón. En cuanto a esto Vommaro y Quirós han sostenido –en perspectiva etnográfica- que los procesos clientelares no se dan sólo desde “arriba” hacia “abajo”, sino que también a la inversa, donde son los propios clientes quienes logran entrar en momentos de negociación e intercambio con los intermediarios, presionando entonces “desde abajo” por la entrega de recursos. Más aún, Hélène Combés desde una perspectiva más radical ha sostenido la necesidad de cambiar la noción de clientelismo por la de intercambio, extendiendo la categoría thompsoniana de “economía moral” (Combés, Ibíd.). Sin embargo, pensamos que ello implica invisibilizar las relaciones de dominación que se esconden en toda dinámica clientelar y con esto opacar la problemática del poder, algo que el propio Thompson no hubiese dejado de lado. En dicha propuesta, se fuerza la categoría, la que sin embargo en su sentido original es mucha utilidad. Desde nuestra óptica, existe capacidad de presión de los dirigentes sociales como parte de una “economía moral”, de hecho al aumentar su presión desde abajo la desplazaron, pero ello enmarcado dentro de una relación desigual que posee historicidad y por tanto, se posibilita en un contexto particular ya sea en su dimensión fáctica como en sus significaciones.

Para tener una panorámica general de la entrega de subvenciones, realizamos un análisis de la totalidad que se entregaron durante el período 2008-2012, incluyendo tanto el momento de la postulación a los FONDEVES como la solicitud que se hace en cada uno de los concejos municipales como punto de reunión.

 

Los resultados obtenidos los mostramos a continuación en la siguiente tabla y gráfico.

Tabla 3. Totales de subvenciones por años

Año

Montos

2009

$ 1.855.233.650

2010

$ 2.886.641.379

2011

$ 4.409.201.721

2012

$ 3.092.606.540

 

Como es posible visualizar, se identifica nuevamente una línea ascendente y progresiva de entrega de subvenciones desde el año 2009 hasta el 2011, con una leve baja el 2012. El total de subvenciones entregadas en el último período de gestión de Reginato  (2008-2012) ascendió a más de $12.200 millones, algo así como US$18,3 millones, con un promedio anual superior a 3.750 millones de pesos, es decir US$5,63 millones.

Por otra parte, en el año 2011 tenemos el punto más alto con cerca de 4.400 millones de pesos entregados por el mismo concepto, esto en el contexto de alta movilización social y al mismo tiempo de mayor cantidad de postulaciones de proyectos para recibir subsidios en el plano del FONDEVE. En otras palabras, el mismo año es cuando más organizaciones comunitarias postularon a los fondos vecinales, también más personas y grupos solicitaron y se les entregó más subvenciones de manera particular, por fuera del programa de desarrollo vecinal. La mayor demanda entonces no fue tan solo a un programa en específico, sino que al municipio como institución mediante los Concejos Municipales respectivos. Lo interesante es que esta institución, respondió a la demanda otorgando dichos beneficios. Todo lo anterior bajo un escenario nacional de mayor movilización social. Esto muestra el carácter institucional y funcional que adquieren estas organizaciones y que el municipio fortalece, al mismo tiempo que el conocimiento de las agrupaciones sobre cómo solucionar sus problemas. Importante es resaltar el alto grado de consenso que genera la entrega de subvenciones, esto por cuanto de la totalidad de subvenciones otorgadas durante cuatro años, sólo una fue rechazada, la que se dirigía a un club de paintball (Acta nº1182, 2011:7).

Otro aspecto que llama la atención, es que el proceso de entrega de subvenciones no esté restringido a los sectores populares. Levitsky ha demostrado para el caso del peronismo argentino la proliferación del fenómeno del clientelismo en el marco de las reformas neoliberales -y la consecuente pobreza que representó para los sectores populares, esto debido entre otras cosas por la desarticulación del Estado de bienestar y la pérdida de importantes derechos sociales (Levitsky, 2003). Al mismo tiempo, en el caso chileno Juan Pabo Luna sostiene que las redes clientelares de la UDI serían hacia los sectores populares (Luna, óp. cit.), sin embargo mediante esta investigación matizamos esa perspectiva, percatándonos que el clientelismo puede apuntar a diversas direcciones, generando un proceso de integración vertical pero también horizontal. Esto por cuanto en el marco de la entrega de subvenciones se detectan entrega a clubes deportivos de la elite viñamarina como por ejemplo el “Club de Yates” (Acta  nº 1056, 2010:6; nº 1085, 2010:6; 1173, 2012:5), o el constante financiamiento al club de Rugby “The Mackay School” (Acta nº 1109, 2011:6; nº 1153, 2012:9, nº 1196, 2013:6)[9], o de los “Sagrados Corazones Padres Franceses” (Acta nº 1147, 2011:9)[10] dos colegios tradicionales de la elite viñamarina. Al mismo tiempo, se detectan entregas a instituciones como Carabineros de Chile (Acta nº 1149, 2011:6), el club de Ecuestre de Carabineros (Acta nº 1006, 2009:6; nº 1108, 2010:8; nº 1153, 2012:7; nº 1196 2013:6), Bomberos (Acta nº 1104, 201:5)[11] y la Policía de Investigaciones (Acta nº 1197, 2010:7) [12] o al propio club deportivo de los Funcionarios Municipales (Acta nº 1021, 2009:6). Con esto queremos demostrar que los procesos clientelares no son sólo restringidos a espacios de pobreza e integración vertical, sino que se evidencia el carácter policlasista, como empleados públicos medios y medios altos, además deportes de la elite e instituciones estatales.

 

A continuación presentamos una tabla de la cantidad de concejos anuales y montos promedio de subvenciones por cada año, con su consiguiente gráfico.

Tabla 4: Promedio por concejo municipal

Año

Número de Concejos

Total de Subvenciones

Promedio por Concejo

2009

45

$ 1.855.233.650

$ 41.227.414

2010

50

$ 2.886.641.379

$ 57.732.828

2011

44

$ 4.409.201.721

$ 100.209.130

2012

45

$ 3.092.606.540

$ 68.724.590

4 años

184

$ 12.243.683.290

$ 66.541.757

 

Con los datos presentados, se puede observar que durante el período completo de Reginato se realizaron 184 Concejos Municipales, de los cuales se logra establecer un promedio de entrega de fondos de $66.541.757 aproximadamente por cada reunión. Al mismo tiempo, durante el año donde más subvenciones se otorgaron (2011), se adjudicaron un promedio de 100 millones de pesos por cada reunión. Lo que nos permite visualizar el escenario permanente y preponderante del concepto de subvenciones.

Desde otro sentido, resulta relevante señalar que según información del SIMIN, el municipio de Viña del Mar para el año 2011 gastó en su ejecución presupuestaria alrededor de 56.500 millones de pesos, representando por tanto las subvenciones un 7,8% del presupuesto comunal anual. Cabe resaltar que dicho gasto es alto en términos comparativos, pues la vecina comuna de Valparaíso para el mismo año 2011 ejecutó un presupuesto cercano a los 26 mil millones de pesos, vale decir la mitad del de Viña del Mar. Al mismo tiempo, las transferencias de la gestión de la “Tía Coty” al sector salud fueron de alrededor de 2.865 millones (5,07% del gasto anual) y educación 2.862 millones  (5,06% del gasto anual) (SINIM). De lo anterior se deduce que en términos de gastos, el municipio privilegió la mayor demanda ciudadana por fondos, más que las transferencias a sectores como salud o educación. Al parecer de una u otra forma, la gestión de Reginato fue más sensible a la demanda de organizaciones que pueden ser sujetas a procesos clientelares en el marco de procesos electorales que, a los temas que la propia coyuntura política de agitación social ponía en agenda. Todo lo anterior se debe comprender en razón del gran presupuesto que maneja –cuyo factor fundamental es el Casino Municipal de Juegos-, el cual se convierte en determinante a la hora de hacer funcionar su “máquina” de subvenciones. Esto explicaría la razón del pragmatismo ideológico de Reginato al momento de denunciar la privatización del Casino Municipal, abriendo toda una coyuntura política para su defensa, articulándose con otros actores en igual situación.

Ahora bien, el último aspecto que queremos analizar tiene que ver con el comportamiento de la entrega de subvenciones. El análisis de ellas como unidad nos permitió desarticular ciertas presunciones previas de la investigación.

En razón de esto, al comienzo de la indagación se presumía la existencia de una planificación previa o determinación desde la gestión municipal con respecto a la entrega de las mismas. En otras palabras, pensábamos que existía una suerte de “plan maestro” donde se incorporaba detalladamente toda la entrega de beneficios, junto con una estrategia de selección de organizaciones afines, ya sea en términos ideológicos o electorales, no dejando espacio para el azar o la espontaneidad. Al mismo tiempo, suponíamos que la entrega de subvenciones se acrecentaba en momentos previos a las elecciones, esto como un estímulo al voto por la alcaldesa. Si eso era así, deberíamos encontrar una suerte de patrón común en los promedios de los montos que se entregaban por concejo, lo que revelaría una suerte de planificación previa con pocos marcos de desviación de los montos.

Para solucionar la presunción enunciada, hicimos un análisis detallado de cada una de las subvenciones que se entregó en todos los concejos que se realizaron, lo que nos permitió percatarnos de que no existe un patrón común o montos promedios homogéneos para la entrega de ellas en los concejos. En otras palabras, nos encontramos con concejos donde se entregaban desde $300.000 (Acta nº 1093, 2010), pasando por otros que se asignaban $52.000.000 (Acta nº1122, 2011), hasta en los que se aprobaban los FONDEVES donde por razones obvias los montos aumentaban bruscamente, dada la cantidad total de dinero entregado. Por su parte, los totales mensuales de los concejos tampoco respondían a algún patrón común o cifras que evidenciaran alguna suerte de planificación o cálculo previo mensual o anual. A continuación, presentamos un gráfico de dispersión el que demuestra lo afirmado, donde el eje horizontal representa cada mes del año y el eje vertical los montos totales entregados durante las cuatro sesiones respectivas de un mes.

Esto nos indicaría –al contrario de lo que pensábamos- que la entrega de beneficios a organizaciones depende mucho más de la capacidad de presión u organización que tengan estas últimas, más que la propia planificación desde la gestión municipal. Reconocemos por tanto, espacios de maniobra de las organizaciones y el uso de momentos políticos. Al mismo tiempo, este descubrimiento derriba la idea según la cual habría un aumento en la entrega de subvenciones en contextos de campañas políticas, no existiendo por tanto evidencia empírica que demuestre la suposición previa. Por el contrario, los lazos clientelares son prácticas políticas de vieja data en la historia chilena, los que pasan por una construcción de largo plazo de confianzas, cercanías y reciprocidad indirecta.

A modo de síntesis, podemos señalar que existió en la comuna de Viña del Mar una gran densidad de organizaciones comunitarias, las que establecen procesos de institucionalización mediante la solicitud de fondos con el municipio. El comportamiento de la entrega de subvenciones mostró una línea ascendente los tres primeros años, con un punto alto el año 2011 para luego descender levemente el 2012. Esto último coincidiría con el período donde se registra mayor visibilización nacional de movimientos sociales. Al mismo tiempo, queda demostrado que no existió una planificación previa sobre la entrega de montos, dando espacio por tanto a la propia capacidad e iniciativa de las organizaciones sociales.

 

“Mano de ida y vuelta”. El funcionamiento clientelar: afecto y reciprocidad de los clientes

Para lograr analizar cómo se configuran la práctica del clientelismo político y al mismo tiempo cómo es percibida la gestión municipal a nivel de dirigentes locales, presentamos tres entrevistas de tipo semi-estructuradas con informantes claves.[13]

Ahora bien, para comprender el funcionamiento del clientelismo político en el espacio local, se requiere tener en consideración la gran infraestructura institucional que dejó la dictadura militar para la intermediación con la ciudadanía. De esta forma, el municipio resultaría como un cortafuegos entre la relación de las personas con el Estado, ello para lograr una eficiente despolitización de la sociedad. Así, la solución de los problemas cotidianos –base del clientelismo- encuentra un mecanismo institucional de funcionamiento. Particularmente, en el caso del organigrama gubernamental, existe un departamento de desarrollo comunitario (DIDECO) el que tiene por objetivo recopilar, procesar y resolver las problemáticas presentadas por los vecinos. Los integrantes de este organismo son de exclusiva confianza del alcalde, en este caso militantes de la UDI. Ellos son los que se subdividen en sectores territoriales para el tratamiento de las demandas. Junto con ello, son los que asesoran a los dirigentes en la elaboración de proyectos, entran en confianza con actores sociales enlazando la relación clientelar. Son una verdadera infantería de operadores. Este departamento, para el caso de la ciudad jardín, poseía un sinnúmero de subdivisiones las que se organizan de acuerdo a las particularidades de las demandas. En este sentido, la institucionalidad local en el caso estudiado tuvo la flexibilidad suficiente de ir adaptándose a las distintas demandas que se presentan, como el caso de los pobladores (Pérez, 2014). Estos operadores territoriales tienen el respaldo de la municipalidad para desarrollar su trabajo como parte de la función propia del cargo. En ello, la inteligencia social y la habilidad para crear los lazos de confianza son cruciales. Así, desde el proceso de la elaboración del proyecto hasta la adjudicación de los fondos, su acompañamiento es permanente. La visibilización y presencia resultaba crucial, convirtiéndose en el símbolo de la diada expectativa y reciprocidad en la relación clientelar. Las formas de solicitud del voto eran diversas, desde aquellos que apelan a lo “hecho” y por si solo ello significaría apoyo electoral, hasta dirigentes de confianza no militantes a quienes llaman para dejarse caer en las reuniones de la organización y solicitar el voto (D.D.B, 2014:3). Esto último es de manera muy sutil e indirecta, nunca brusca y explícita. El candidato por sí mismo no lo hace, sino más bien sus operadores, “ellos son los políticos” agregó una entrevistada (D.S.T., 2014:3). Además de la labor de estos funcionarios, los concejales también desarrollan un trabajo parecido, una suerte de competencia por la intermediación. En esa lógica los clientes trabajan con distintas personas, pero su lealtad es con algunos determinados que ellos “sienten” que están más y entregan más, por lo tanto requiere mayor retribución. También ahí, los lazos de confianza son fundamentales.

Ahora, centralmente en cuanto a las entrevistas, se seleccionó a dirigentes conocidos popularmente y que además accedieron a la grabación. La primera,  una dirigente social-territorial de club del adulto mayor y las otras dos a líderes deportivos locales de distintas ramas. Esto por cuanto como lo evidenciamos en el apartado anterior, las organizaciones deportivas son las más numerosas y las que en conjunto se llevaban más fondos.

En las entrevistas, los tres dirigentes partieron negando el carácter político de su actividad. La dirigente social territorial de un barrio popular sostuvo: “Yo no hago política. Nosotros como dirigentes no podemos ser políticos, podemos apoyar a una persona, pero no podemos estar en un partido político (D.S.T., 2014:3)”. Sin embargo tras el desarrollo del diálogo, y ante la pregunta sobre cómo se organizaban para el momento de las elecciones, la dirigente reconoció que: “empiezan a llamar por teléfono, llaman (sic) de todos lados y preguntan -¿cuándo tienen reunión?- y aparecen” (Ibíd., 2014:4). Más aún, reconocía también que redistribuían los votos para el caso de los concejales: “De las chiquillas muchas votaron por una concejal en particular de la UDI porque ella nos dio muchas cosas, otras por una concejala histórica de la UDI, nos repartimos, mejor repartir los votos” (Ibíd., 2014:5). Ahí se evidenciaba la politicidad propia de la actividad, pues ella coadyuvaba como un semi-puntero coordinando sus socias ante los líderes locales, es decir movilizaba al grupo de clientes que representaba en relación con los candidatos, llegando a desarrollar estrategias electorales. A pesar de ello, la dirigente asumía o negaba abiertamente que dicha actividad fuese propia de la política, pues a su juicio, ello sería una práctica exclusiva de los militantes de partidos, como los funcionarios.

Además de ella, los otros dos entrevistados ligados al deporte también negaban el carácter político de su actividad, entre otras cosas debido a que su ámbito –según ellos- sería una actividad ajena a la política. Ante la pregunta de la politización el dirigente deportivo sostuvo: “No. Acá en Viña no se ve esa politización. Yo por ejemplo en nuestra asociación, cuando estuvimos con el alcalde anterior tuvimos el apoyo máximo para crear nuestra institución, donde sacamos la personalidad jurídica.” (D.D.A., 2014:4) Con el hecho de nombrar al ex-edil, el entrevistado quería sacar a relucir el carácter trans-ideológico de las relaciones con los dirigentes políticos y por ende, -desde su perspectiva- apolítico.


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En otras palabras para este representante el carácter no político, se demostraba al momento de no tener relaciones políticas con sólo un sector, sino que con el que estuviese disponible, reconociendo en esto un fuerte pragmatismo. De hecho, más adelante reconoció: “Para el momento de las elecciones siempre se hace una reunión, donde invitan a las asociaciones y dan una cuenta e invitan (sic) a votar por los de su partido (…) y ahí cada asociación y cada institución vela por sus intereses…Ahora uno siempre va, porque el municipio siempre responde con uno.” (Ibíd., 2014: 3-4) Con este ejemplo se muestra cómo las relaciones políticas se establecen a partir de actividades de distensión, donde el respaldo se entiende en clave de reciprocidad, uno de los elementos principales del clientelismo político.

En el último caso el otro dirigente deportivo, también fundó su argumento de la apoliticidad sosteniendo “…más allá que uno tenga una tendencia política o no, el tema de la parte deportiva con lo que es la parte política [no convergen], porque al final de cuentas se inmiscuyen cosas que no tienen nada que ver. En la parte final, el deporte lo puede practicar cualquier persona que tenga cualquier tendencia, no así la otra parte”. Sobre la relación entre dirigentes sociales y sectores políticos sostuvo: “sí yo sé que hay dirigentes y que tienen una relación estrecha con el municipio y ellos están constantemente trabajando con ellos, directamente con ellos” (D.D.B., 2014:2).

Estos aspectos de negación de la política,  podríamos deducir hipotéticamente tienen que ver con un efectivo trabajo de la dictadura militar la que escindió lo político de lo social, logrando que los actores que se desenvuelven en este último espacio no relacionen su práctica con la dimensión anterior, pensada como contaminada. Es este aspecto, se evidencia una profunda línea de continuidad en la política chilena.

Otro de los elementos interesantes a resaltar, tiene que ver con los aspectos subjetivos, como el altruismo y los lazos afectivos que se entrecruzan. En las entrevistas realizadas, relucían los elementos altruistas de tanto de la alcaldesa como de los propios dirigentes sociales. En el caso de la dirigente social-territorial, se señalaba que su rol lo hacía luego de jubilarse por entretención y ayudar a la gente (D.S.T., 2014:4). En el caso del segundo representante deportivo, se remarcaba con ahínco el carácter no remunerado del dirigente, lo que sería muestra del sacrificio. Al mismo tiempo se reconocía que cuando se solicitaban recursos a los dirigentes políticos, se hacía  finalmente “por los niños”. Al respecto agregó en la entrevista: “cuando vamos a un coctel dicen: ¡vienen las elecciones, vamos a comer y nos vamos! [Risas]. Pero a la vez a uno le sirve para hacer lobby. Uno conversa con los dirigentes municipales, y les dice: “necesito esto” y listo no hay problema. Si ahora salió un diputado que te ha visto que estay en “esa”, hay que aprovecharlo. A sacarle recursos pa´ (sic) los cabros, porque uno todo lo hace por los niños en ese sentido, porque el dirigente no es remunerado” (D.D.A., 2014:5). Este aspecto se relaciona con lo que señalan autores como Auyero, según el cual las relaciones entre patrones y clientes se recubren de conceptos como el altruismo y el sacrificio, nublando con ello el carácter político de la relación clientelar (Auyero, 2002: 33-52). Más aún, una de las entrevistadas hacía referencia a su contacto con la funcionaria de la DIDECO diciendo: “cuando nos vemos con ella nos decimos ¿cómo está mi amiga del alma?” (D.S.T, 2014:7), evidenciando con ello una lazo permanente de confianza que no se puede reducir a un momento sólo de intercambio racional. Allí la clave que estructura esa emotividad a nuestro juicio, pasa por la reciprocidad que, no necesariamente se centró en el apoyo electoral, sino también en la presencia física de las personas, por ejemplo en los actos de campaña. La misma dirigente al respecto agregó: “La concejal nos invitó a una Unión Vecinal que está  cerca de la parroquia para apoyar a Matthei[14] cuando ella estuvo ahí”, (D.S.T., 2014:8) dado que tiempo antes la misma concejala las había apoyado en sus actividades. “Con ella sacamos unas lanas que fuimos a buscar a la Ligua. La señora nos dio la plata para la locomoción, nos dio todo. Hace poco sacamos unos cortavientos que me los entregan dentro de los próximos días (D.S.T., Ibíd.).” Como se puede visualizar, la confianza, la emotividad y reciprocidad son factores claves del clientelismo, siendo entonces un fenómeno mucho más complejo que la mera reproducción de favores por votos.

También dentro de los elementos a destacar, resalta la efectividad de la política cosista y la generación de obras  civiles, lo que llevaría a generar un total respaldo a la gestión y el estilo de Reginato en el municipio. Al respecto, los tres entrevistados resaltaron la generación de una gestión dedicada a su ámbito. Particularmente destaca en los relatos, la construcción del recinto polideportivo en un sector popular, el que cuenta con cancha de tenis, gimnasio techado y piscina temperada. Esto fue señalado como muestra del compromiso efectivo del municipio con el deporte (D.D.A, 2014:2), al mismo tiempo que era el lugar físico donde se reunía el grupo de la dirigente social-territorial. Al respecto, la misma sostuvo que cuando llegaba el momento de las elecciones ella les decía a sus socias: “... pónganse la mano en el corazón y vea lo que hay de positivo. Yo no hago política (D.S.T., 2014:3).” Nuevamente se perfila la calve de la emotividad como recurso en la generación de apoyo político, y al mismo tiempo la negación de la política.

Por otra parte, los dirigentes deportivos reconocían la enorme generación de recursos para el deporte, ya que en tiempos anteriores para el caso de una rama en particular eran “cinco personas las que se distribuían las subvenciones, en cambio con Reginato eso se abrió a todos los clubes, al mismo tiempo comenzó a exigirse rendiciones de cuentas” (D.D.B., 2014:3). Además, en ambos dirigentes se reconocía como una obra importante la generación de la Casa del Deporte, este sería un organismo más ordenado y planificado para las disciplinas. Junto con lo anterior, concordaban en la importancia que tenía la premiación que hacía el municipio a los mejores deportistas por ramas. Aquí nuevamente funciona el fenómeno de la emotividad, demostrando con ello que los dirigentes locales no funcionan tan solo mediante relaciones racionales, sino que también el reconocimiento simbólico es importante en las estructuras clientelares.

Todo lo anterior, decanta en que los tres informantes claves se sintieran totalmente representados por el municipio, y al mismo tiempo reconocían la enorme gestión de Reginato, como la alcaldesa que hizo cosas visibles, abrió fondos para postulaciones y al mismo tiempo los asesora para que dichos fondos potencien las organizaciones a las cuales representan. Esto sería a nuestro juicio el elemento crucial al momento de explicar la enorme cantidad de votos logrado por la figura política de Reginato, y el uso clientelar de la institucionalidad municipal.

 

Conclusiones

Mediante el presente artículo hemos reflexionado sobre los aspectos de continuidad y cambio en la historia reciente chilena. De esta forma, cuando se visualizaron una serie tensiones sociales durante el Chile postransicional –siendo estos significados como cambios políticos por las ciencia sociales- el clientelismo político siguió operando en los gobiernos locales como una anclada costumbre política.

Más aún, el trabajo apuntó a evidenciar  cómo cuando aumentaba la visibilización de una serie de movimientos de acción colectiva, la demanda de los clientes hacia el gobierno local también subió. Así, la relación clientelar más que una dominación vertical “desde arriba hacia abajo”, funcionó también como una presión de “abajo hacia arriba” evidenciado en el aumento de la demanda y la respuesta por parte del municipio en la entrega de más beneficios para los dirigentes y sus organizaciones.

Por otra parte, el clientelismo chileno cuenta con herramientas institucionales ancladas en el gobierno local. Departamentos municipales junto a los propios concejales encargados de lograr una mayor y mejor intermediación de demandas de distintos clientes. De esta forma, existió presupuesto y una infraestructura flexible y dispuesta a solucionar problemas de los vecinos, quienes en la medida que reciben recursos sintieron que son tomados en consideración. A su vez, dada la estructura dispuesta a esto, se producía una suerte de intermediadores o brokers en competencia, puesto que distintos actores llegaban a tratar entrar en contacto con los dirigentes.

Sin embargo, queda la pregunta sobre ¿cómo se decide un cliente a refrendar su apoyo electoral y cuáles son los niveles de dominación que se establecen? A través de las entrevistas realizadas, lo que más resaltaba era la estructura de reciprocidad articulada en la expectativa de apoyo. Esta relación para que fuera eficiente, debía contar con los factores de confianza y lealtad de operadores con clientes. Así, en círculos de cercanía se apelaba al apoyo electoral, una vez evidenciado la ayuda de parte de la institucionalidad hacia los dirigentes. De esta forma, la relación no era sólo cálculo racional, sino más bien una estructura de expectativa y reciprocidad cuyo motor era la confianza, cercanía y lealtad. Por su parte, la dominación se basa en la relación desigual de poder, puesto que la necesidad de los recursos está puesta por “abajo” de la relación y a su vez el capital político para su resolución está más bien “arriba”. En este juego de silencios de la cultura política chilena, donde no se nomina la necesidad mutua, la dominación pareciera volverse tenue. Sin embargo, dentro del mismo silencio la consecuencia implícita de una derrota electoral implica el corte de la cadena de resolución de problemas, manifestándose allí la dominación.

Ahora bien, la literatura especializada ha puesto su atención en los sectores populares como los preferentes para las redes clientelares. Resulta evidente sostener que en la medida que en una sociedad determinada existan altos índices de pobreza y desigualdad, podrán haber mayor condiciones para establecer relaciones clientelares, sobre todo para aquellos que necesitan solucionar sus problemas básicos de existencia. Sin embargo, mediante este artículo se mostró como la demanda no tan sólo venía del mundo popular, sino también de grupos socioeconómicos medios, medios altos y altos. Subvenciones por 20 millones de pesos para clubes de rugby, equitación o yates, así lo hacen saber. Al parecer, matizado la mirada de Luna, podríamos decir que la retribución de la UDI –dependiendo de las localidades- se centra no tan solo en los sectores populares, sino que sectores sociales acomodados también le demandan retribución. Dicha reciprocidad tiene sus particularidades, de acuerdo a la expectativa de los grupos. Así de parchar una sede vecinal se puede pasar a financiar un campeonato de yates en el verano viñamarino.          

En síntesis, a partir de un diálogo de sucesos históricos nacionales con un caso de historia local, se trabajó en implementar una mirada más compleja que mostró a través del clientelismo político, como convivieron elementos de continuidad cuando se modificaban ciertas tendencias de la posdtransición y para algunos autores el derrumbe del modelo era evidente.

 

Notas:

[1] Licenciado en Historia y Educación, Profesor de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso. Magister en Historia, mención historia de América, Universidad de Santiago de Chile, estudiante del programa de doctorado en historia, Universidad de Santiago de Chile, dirigido por el Dr. Julio Pinto Vallejos, actual Premio Nacional de Historia, 2016. Nuestras áreas de investigación han sido: la historia de la historiografía, la historia reciente de Latinoamérica y Chile, las derechas en Chile y el fenómeno del clientelismo político. Miembro activo del Taller de historia política y editor adjunto de la revista Divergencia. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] La UDI representa el sector más “duro” de la derecha chilena, ligada a la defensa de la obra de la dictadura militar.

[3] Para una análisis sobre la investigación de Valenzuela ver: (Espinoza, 2006).

[4] Lo anterior implicó un total de 107 mil votos, duplicando el promedio de preferencias de los diputados de la zona. Luego de esto, su votación se estabiliza para las elecciones del 2012 con un 63,45% en un contexto de nacional marcado por la caída electoral debido a la implementación del voto voluntario, para ello ver: http://www.servel.cl/ss/site/home.html]

[5] Actualmente una gran polémica con respecto al censo realizado bajo el gobierno de Sebastián Piñera, sobre todo en lo que respecta dimensiones totales de muestras. No obstante aquello, hemos indagado en los datos que, mediante páginas oficiales de las instituciones públicas podemos revisar. Particularmente los datos empleados aquí han sido obtenidos del Instituto Nacional de Estadísticas, mediante el reporte comunal que se hace a la Biblioteca del Congreso Nacional.

[6] Según este reporte, la comuna con más organizaciones sociales en la Región Metropolitana sería Melipilla, sin embargo decidimos no tomarla como eje de comparación, porque la constitución de esta última es marcadamente diferente a la de Viña del Mar, entre otras cosas por su marcado carácter agrícola y rural. Sin embargo creemos, se abre un interesante campo de estudio.

[7] Todas las tablas y gráficos aquí presentados son de elaboración propia del autor, a partir del análisis de la totalidad de las Actas del Concejo Municipal 2009-2012. Los montos están en peso chileno, para una fácil comprensión 1US$ equivale a 713 pesos en moneda local.

[8] Importante es señalar que, para solicitar fondos municipales se debe tener personalidad jurídica vigente, además de la elaboración de un proyecto que fundamente la solicitud, elevando un poco más la complejidad en la obtención de fondos. Allí cumplen una función importante los funcionarios municipales, los que funcionan como brokers o punteros, cosa que analizaremos en el siguiente apartado.

[9] La primera de estas subvenciones fue por $15 millones, la segunda por $20 millones y la tercera también por $20 millones de pesos.

[10] Esta subvención correspondió a $20 millones de pesos.

[11] Subvención por $44 millones de pesos.

[12] Esta subvención incluía la compra de un televisor led 32 pulgadas y otros elementos de oficina, por un total de $5 millones de pesos.

[13] Bajo solicitud de los entrevistados, en las indagaciones aquí presentadas se mantiene la confidencialidad de las personas, por ende usaremos categorías generales guardando reserva de los nombres.

[14] En este contexto, Evelyn Matthei fue la candidata de la UDI a la Presidencia de la República.

 

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Entrevistas.

Dirigente deportivo. A

Dirigente deportivo. B.

Dirigente social-territorial.

 

Cómo citar este artículo:

PÉREZ CONTRERAS, Aníbal, (2016) “Continuidades en el cambio de la historia política chilena reciente: actores sociales y clientelismo político en el gobierno local de Viña del Mar 2008-2012”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 29, octubre-diciembre, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 27 de Marzo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1385&catid=14&Itemid=31

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