Pacarina del Sur
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La transición civilizatoria y la planificación territorial urbana en el laberinto de la sustentabilidad

El presente artículo discute la cuestión ambiental y el futuro de las ciudades modernas. Analiza las diversas propuestas alternativas que buscan solucionar la denominada “catástrofe global” y la sobrevivencia de los actuales modelos urbanos.

Palabras clave: catástrofe, sustentabilidad, urbanismo, capitalismo, desarrollo compatible

 

Introducción

La dramática situación que vive el mundo, no es más que el final de una era en la historia de la humanidad,[2] el cual está marcado por el parteaguas que representa el calentamiento global que afecta sin duda el funcionamiento y perspectivas de las grandes ciudades; esto sugiere también que la historia de la tierra es la que está fijando los obstáculos y posibilidades de la supervivencia humana (y de las ciudades), así como de las miles de especies que nos acompañan en esa trama.

Dichas problemáticas se acentúan en el modelo neoliberal aún en marcha; por lo que no sólo se trata de la imposibilidad de continuar con la depredación ambiental, menos con la destrucción del “sujeto de la historia”;[3] de esta forma, la planificación urbana territorial se enfrenta a graves dificultades, y éstas rebasan las posibilidades de continuar con el modelo de planificación urbana puesto en marcha y al servicio de las grandes empresas, reflejando el crecimiento sostenido de las grandes ciudades.

La conjunción de dichos límites naturales y sociales en la perspectiva de la urbanización capitalista, principalmente extensiva, policéntrica y difusa,[4] crea a la vez condiciones para avanzar en la realización de propuestas alternativas a aquéllas que nos están llevando al despeñadero. En ese aspecto, el problema de nuestro tiempo,[5] y esta es la gran interrogante de entrada, puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿Podrá la sociedad humana sobrevivir y adaptarse adecuadamente a las nuevas circunstancias implícitas en la catástrofe global?, y simultáneamente, ¿podrá realizar la transición hacia una nueva civilización sin pasar por las horcas caudinas de los cataclismos sociales y en el contexto de inevitables desastres naturales?

El inicio de una nueva era revela que lo que le urge en el mundo es cambiar prácticamente todo, y como la civilización es el concepto más alto acuñado por occidente para justificar su superioridad y los atropellos cometidos frente a los “otros”,[6] por ello lo que hay que cambiar en el fondo es, en esencia, la misma civilización; y, desde luego, en su forma actual (post-civilización). No obstante, la crisis de nuestro momento histórico, se revela en que a pesar de que la necesidad del cambio es mayúscula, empero, los cambios visibles que son pertinentes en la dirección de la esta transición civilizatoria, son insignificantes cuanto simbólicos en muchas ocasiones; mientras que, los cambios invisibles siguen socavando los sótanos de la sociedad, y la presión social aumenta alrededor de las reglas de convivencia urbana establecidas en las grandes ciudades.[7]

El problema del fondo es si el desarrollo social podrá continuar (bajo los modelos de crecimiento sostenido, sostenible o sustentable), sin afectar la evolución de la especie humana en consonancia con otras miles más de plantas y animales, así como microorganismos.[8]

En este contexto, la lentitud en la transición hacia una nueva civilización tiene un elevado costo. El reto para los cientistas sociales, es encontrar las fórmulas para que la sociedad civil (en especial en los países oprimidos, coloniales y neocoloniales), ya castigada por el modelo socioeconómico en marcha, no siga pagando los platos rotos. Hay que agregar que la solución que se ha ofrecido en esta trama de equivocaciones históricas y sociales, es la propuesta por la sustentabilidad (en este caso, urbana). No obstante, ésta está marcada por la disputa de su significado, el cual pasó del énfasis en el principio intergeneracional,[9] más adelante hacia una visión integral[10] y, finalmente, acabó siendo un galimatías[11] que enmascara las prácticas de monopolios emergentes, promoviendo el libre comercio.

 

El modelo depredador urbano

Para explicar lo anterior, hay que destacar la evolución de la crisis ambiental que comenzó como una lucha contra la contaminación,[12] para acabar siendo una crisis climática, lo que obliga encontrar una solución en la transición civilizatoria, que ahora es frenada por la depresión mundial (producto del hiperconsumismo y la loca especulación), que incluye la debacle de las esferas sociopolíticas;  trayendo consigo la extinción de miles de especies y provocando cada vez más miseria humana y ecológica. En el momento actual, la crisis ambiental ha derivado en económica, y avanza irremisiblemente hacia una seria descomposición social. En este contexto, las ciudades  sufrirán un inevitable schock, ya que son las principales responsables de esta situación.

El modo depredador es la característica fundamental del vínculo de la sociedad con la natura en la actualidad, y representa el principal obstáculo en la historia de la humanidad para sortear la dificultad de la destrucción planetaria. Este modelo se traduce en la hiperurbanización y sus implicaciones eco-sociales. Y es el principal responsable del mundo invernadero.[13]

No se trata pues sólo del capitalismo como sistema económico sino que hay que tener en cuenta que éste es tan sólo una forma más amplia de destrucción, que se comparte incluso con los países que han basado su economía en la propiedad social (Socialismos conocidos). Por lo tanto, no sólo debe buscarse un sistema económico alterno al presente (socialmente justo), ya que también se requiere uno alterno en la relación hombre/natura; el cual debe fundarse en la restauración planetaria con el fin de construir un mundo humano que sea compatible con el natural.

 

El modelo de crecimiento urbano sostenido y sus resultados

Puede decirse que el modelo prevaleciente es el del crecimiento urbano sostenido (que no se logra en la economía nacional, aunque siempre es la meta de políticos y economistas) Y es necesario destacar que, en la simple búsqueda de éste, y se encuentra un incremento de las “externalidades negativas” eco-sociales, anulándose la idea de que combatir la crisis ambiental pasa por incrementar el crecimiento económico ininterrumpidamente (el cual se convierte en un fin en sí mismo), lo que se traduce en un engaño; y tanto cuando no se logra éste, como cuanto sí, puesto que las contradicciones, desequilibrios y distorsiones en el proceso de reproducción conducen inevitablemente a presionar más sobre natura. Ejemplo de ello, lo tenemos en los resultados de la expansión territorial de la ciudad de México, donde el 20%  de la población, de todo el país, habita en la cuenca (1% del territorio); es como si en Nueva York habitaran casi 70 millones de personas, ¡una locura!

Lo anterior no significa que no se requiera en teoría un alto crecimiento económico, como ahora en nuestro país; sí, desde luego, éste es conveniente (aunque no del “crecimiento sostenido”). Mas no se trata de que esta situación puede mantenerse, simplemente por que no se siguen a los ciclos de la naturaleza (no humana y humana, siendo lo característico de esta última su evolución sociocultural o segunda naturaleza); por el contrario, se pretende absolutizar un autosostenimiento urbano (y económico en general) al margen de su basamento ecológico y social.

Entonces, es mejor adaptarse al proceso evolutivo, a que se mantenga una pseudo estabilidad económica, la cual en todo caso no dependería del ciclo económico sino de un desarrollo comp  atible, esto es, de la requerida compatibilidad entre natura, economía sociedad y cultura. Y el resultado es que, mientras más desarrollo, más destrucción eco-social. Este es un  principio teórico y práctico del sistema económico dominante a escala global. La causa está en que se ataca el daño que ésta ahí, y no se previene; se mitiga, no se evita. Mientras que, en el desarrollo compatible, está presente la reconstrucción eco-social de la natura, siempre y cuando se cumplan virtuosamente con metas de tipo económico y extraeconómico. Así, se muestra que es posible habitar una junto a la otra; por lo que no son necesariamente incompatibles sociedad y la naturaleza.

 

La sustentabilidad del imperio

Derivado del funcionamiento del modo dominante globalmente de apropiación de la naturaleza, la solución ofrecida ha sido: “satisfacer las necesidades de hoy sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las nuevas generaciones”.[14]

Así pues, un hecho fundamental de nuestro tiempo es el de la sustentabilidad,[15] convertida en los hechos en la ideología contemporánea del imperio. Y esto como resultado de pretender conservar el sistema capitalista intentando modificar tan sólo el modo de apropiación de la natura. Todo ello ha resultado en un imposible.

Pero tampoco, bajo el paradigma de la sustentabilidad, se ha buscado hacer cambios sistémicos o radicales al mundo sino, por el contrario, tan sólo renovar el funcionamiento del sistema socioeconómico, más eficientemente y mediante un maquillaje ambientalista. Este es el verdadero significado de una sustentabilidad light [16]que no rebasa el sentido de aminorar el daño, sin atacar las causas del mismo.

 

Estrategias de planificación territorial

La planificación territorial debe obedecer a dos criterios: ordenamiento territorial y poblacional; reduciendo el impacto ecológico-socio-ambiental.[17] En términos generales, el ordenamiento territorial parte del principio de  que la extensión urbana no debe comerse al mundo rural ni éste al natural;[18] mientras que sin el poblacional los desequilibrios geográficos y económicos subsistirían.

Además, debe considerarse que el aumento de la huella ecológica[19] y social, la disminución de la capacidad de carga[20] y el espacio ecológico ambiental[21] antidemocrático, marcan la evolución de las ciudades en la actualidad y constituyen un aspecto fundamental que no se puede soslayar en el diseño de las estrategias de planificación territorial de las  (nuevas) ciudades.

Para ello hay que partir de que entre el plan y el mercado se encuentra con una auténtica contradicción. Su superación radica en la participación sociedad civil como el aspecto decisivo en el diseño y ejecución de los planes urbanos de desarrollo.

No obstante, la planificación territorial debe respetar el ciclo económico-ecológico que posibilite la continuidad de los procesos que inician en la generación de biomasa, después expresan la cobertura de la satisfacción de las necesidades humanas (alimenticias, medicinas, vestido, vivienda, combustibles, educación, etc.); luego de ello importa saber de qué manera la economía humana, interactuando con las esferas mencionadas, puede ser más eficiente y lograr que la perturbación del ambiente pueda ser revertida por las acciones humanas, principalmente a transformar la economía de los desechos en la de su aprovechamiento. Además, si se piensa en una sustentabilidad urbana, es necesario contrarrestar los resultados del modelo depredador, mediante:

1.      La reducción de la huella ecológica y social, que supone la reducción de la población y su redistribución en otros territorios; y simultáneamente la reducción del consumo de energía en sus múltiples formas. Igual de importante es la reposición en especie del llamado capital natural (por ej. recuperando la vieja ciudad de México-Tenochtitlan). Esto es fundamental como un principio de planificación territorial, la cual debe darse en función de los ecosistemas rehabilitando ríos, canales, arroyos y manantiales, lagunas, etc. Y está asociado a la capacidad de los urbanos de promover un servicio (tequitl) hacia nature. Por lo tanto, hay que aplicar un principio restitutorio y compensatorio (sobre todo a los pueblos asentados a lo largo de los siglos) para avanzar hacia un desarrollo compatible, que es el único que puede ofrecer la posibilidad verdadera de eso que se llama  sustentabilidad, que no sosteniblidad.

2.      El aumento de la capacidad de carga pasa por transformaciones estructurales de gran calado, las cuales deben conducir a reducir la presión urbana sobre los ecosistemas (así como agroecosistemas); fundamentalmente del ecosistema forestal, cuencas y dehesas, y otras reservas naturales. Pero, al mismo tiempo, implica una mayor eficiencia en el uso reducido de energía mediante transformaciones basadas en ecotecnias, las cuales deben producirse masivamente y ser necesariamente; ello pasa forzosamente por subsidios para que las ciudades coadyuven a aminorar el costo de la transición energética (dada la reapropiación social del mercado).

3.      Asimismo, el espacio ecológico ocupado es desigual de manera abismal, no sólo por el diferencial en el consumo de energía realizado por las distintas clases y estratos sociales sino por el poder de decisión que tienen los individuos por encima de las necesidades más sentidas de los amplios grupos sociales de la “comunidad” (realmente divididos por los enfrentamientos derivados de la guerra urbana). Esto se traduce en amplios procesos de privatización asociados al advenimiento de una ciudad global. Por ello, una demanda fundamental de la sociedad urbana, es la democratización del espacio ecológico. En el caso del agua es fundamental. En consecuencia, las nuevas ciudades deberán sostenerse en una nueva urbanidad.[22]

 

Las revueltas urbanas

En Las ciudades muertas[23] en que se han convertido las grandes aglomeraciones urbanas, se han socavado los cimientos de una convivencia entre los seres humanos. El pueblo en armas es la tendencia (para bien o para mal). Y mientras la economía conduce completamente a una insustentabilidad, debido a que las incompatibilidades de la vida diaria urbana aumentan día a día, la política se vuelve en una sirvienta de aquélla.

Desde luego que no hay de otra más que la reapropiación social.[24] Ésta no significa una vía pacífica, aun que ello es lo más deseables. Pero la ciudad vive presa de la conformación de una redistribución del poder entre los “reinos” que integran la alianza política contra la población; así como que la violencia es el PAN de cada día.

Las explosiones socioambientales cada vez mas presentes responden al incremento de la problemática del calentamiento global que se traduce el aumento de la temperatura -natural y social- que hace “hervir la sangre por el cuerpo entero” de la ciudad. En la historia del México se atestigua que antes de una revolución, la naturaleza marcó el fin de un ciclo (largas sequías); México se quedó sólo con el cuerno sin la abundancia.

Las nuevas revueltas urbanas llevan dos signos: de un lado, responden a la crisis del ecosistema urbano en cuanto a la reducción de los servicios ambientales y la explosión que deriva de la escasez de agua, energía y alimentos (toda economía de mercado es por naturaleza de escasez relativa) a que lleva la megalópolis. Además, el fin de los subsidios augura momentos difíciles, ya que hasta ahora las megalópolis se han fincado en ellos, y los cuales se han vuelto insostenibles para el modelo neoliberal y depredador en marcha.

Entonces, las guerras por el agua es un desenlace de la fase postcivilizatoria que sufre el mundo.

Del otro lado, las revueltas representan la realización del imaginario popular, que es más fuerte que la política y la economía urbanas.

El panorama descrito implica que las demandas ambientales deberán integrarse con las sociales para así tener la fuerza suficiente,  a fin de impulsar la transición a un sistema alterno eco-social. En este tenor, es necesario la formación de brigadas de la tierra y sindicatos[25] transversales de los elementos de la natura, agua, tierra, energía, aire, biodiversidad, salud humana, incluso tecnología, educación (construcción de comunidades de aprendizaje socioambiental, etc.

Esto quiere decir que sin el rescate del territorio y el cambio del sentido (antihumano) y dirección (antinatural) del sistema, no se podría pensar en una auténtica restauración (o mejor: rehabilitación); además, los comités locales de resistencia global-local deberán tener el poder para parar los focos rojos y aplicarse las sanciones correspondientes (expropiaciones, penalizaciones, impuestos), en materia socio-ambiental.

En otras palabras, el cambio sistémico implica una dualidad que se refiere a transformaciones en el sistema económico basado en la explotación del trabajo asalariado y de la naturaleza, por uno fundado en el cambio de polaridad,  a favor de la cooperación (económica-ecológica) y el servicio socio-ambiental.

 

Fin o reconstrucción de las ciudades

La hipótesis de nuestra época implica que los movimientos sociales de la urbe (y del campo también), no están encaminados a avanzar dentro de una estrategia basada en un optimismo “aun cauto”.

En el pasado, el viejo paradigma civilizatorio reflejado en el liberalismo y socialismo, proponía distintas panaceas para la solución de los problemas sociales (pobreza y desigualdad social). El primero, fincado en la teogonía del mercado. El segundo, en el cambio de propiedad de los medios de producción (que no condujo a eliminar el binomio salario/ganancia en las experiencias conocidas).

Particularmente en el segundo caso, se fue más allá que el primero, pues se fincó en la idea de que el capitalismo no es eterno y en su desenvolvimiento las contradicciones se hacen más antagónicas. De ahí el socialismo como un resultado casi natural. Tal idea quedaba reforzada frente al “socialismo o barbarie” (Engels, Luxemburgo) o el: “socialismo o muerte” (Ché Guevara).

Empero, la reprivatización capitalista (así como la derechización de los países socialistas) logró echar a andar la demolición de las viejas alternativas socialistas. De tal manera que no se pudo evitar la barbarie (catástrofe). Así pues, la economía y sociedad se transformaron en un auténtico modo depredador; por lo que el cambio social, a más de ya no poder evitar tal barbarie, tiene que enfrentarla decididamente. Mediante estrategias “no pensadas”[26] de supervivencia eco-social ya que hoy, la catástrofe es mayúscula e incomparablemente más grave las anteriores.[27]

Esto implica que la revolución proletaria trocó en  la necesidad de enfrentar la destrucción mediante formas creativas  y constructivas. Y también que la ciudad se destruye y reconstruye todos los días pero al servicio del capital.

La nueva ciudad debe verse entonces en el marco de una nueva y “verdadera” civilización (o bien, más allá de la civilización, bajo el renacimiento del sujeto homo-natura). Sin embargo, esta supone abandonar el ejercicio de la dictadura planetaria, sin ignorar que las ciudades no son más que faros de la tierra. La profecía apocalíptica habrá de cumplirse, como un requisito para una sustentabilidad sustantiva, “Las ciudades se destruirán” ¿serán abandonadas por falta de energía, alimentos, etc., y devoradas por los bárbaros del Sur?

 

La sustentabilidad: ¿respuesta múltiple a la crisis civilizatoria?

Todo el escenario actual por las crisis general, crónica y múltiple (y desde luego cíclica) de la civilización del capital,[28] es el que está necesariamente detrás de la renovación teórico-práctica alrededor del desarrollo sustentable en el mundo, así como de la reflexión alrededor de los pobres resultados obtenidos, luego de constituirse como el eje de las políticas públicas. Por lo anterior, a continuación, se discuten algunas dificultades epistemológicas del concepto de desarrollo sustentable y el laberinto a que conduce.

 

Factores limitantes del desarrollo sustentable

Entre los factores más generales que limitan el acceder hacia el desarrollo sustentable, aun en su versión institucional, hay que destacar, en primer lugar, un distanciamiento creciente entre la teoría y los hechos (lo que tiene que ver con la forma de Estado en México), lo cual provoca que se esté muy lejos de enfrentar la profundidad de la crisis múltiple (crisis de transición civilizatoria) que vive el mundo; así como la falta de recursos, corrupción y desorden institucional, etc.; y también los aspectos de índole cognitivo y metodológico, por lo que, sin una visión crítica y sustantiva, no se podrá atacar la problemática de la complejidad ambiental y tampoco siquiera acercarse a cumplir con los objetivos que proclama la susten  tabilidad (incluyendo las “Metas del Milenio”); tanto en el discurso institucional como en el alternativo; y es que, en ambos casos, prevalece una interpretación en donde el concepto referido es producto de una simple suma de sus partes integrantes, por lo que se abandona la idea de una compatibilidad entre sus integrantes; resultando de ello un enredo teórico-práctico, y circunscribiendo la llamada transversalidad de las políticas públicas, a la mera “coordinación” entre las instituciones gubernamentales.[29]

 

Limitaciones epistémicas

A continuación, se puntualizan algunas de las limitaciones epistémicas que tiene la visión de la sustentabilidad para contribuir a resolver la crisis ambiental planetaria:

En este  aspecto, se puede formular de inicio la siguiente interrogante: ¿Hasta qué punto el concepto de sustentabilidad ha ayudado a construir una visión del mundo a la altura de la superación de la crisis ambiental global, o mejor dicho, del modelo depredador y transitar así hacia un modelo alterno?

Y lo anterior, se plantea debido los siguientes agravantes: a) La degradación ambiental es cada vez mayor; b)  Los procesos alternos son escasos; c) La sustentabilidad ya tocó sus límites positivos; d) Ésta genera graves efectos secundarios negativos; e) No se trata entonces de una cuestión de simplemente aplicar la teoría; f) El concepto aludido se convierte en un obstáculo, y al no ser crítico, se finca en una sustentabilidad simple y “débil”,[30] es básicamente instrumentalista (productivista, conservacionista o asistencialista).

Y, adicionalmente, puede formularse una segunda pregunta: ¿Cómo puede rescatarse el concepto de sustentabilidad, desde una perspectiva compleja, crítica y compatible eco-socialmente?

Las respuestas a dichas interrogantes tienen que ver con que, en este punto, interesa sobremanera destacar que el significado y sentido que adquiere la noción de sustentabilidad, están relacionados no sólo con la reacción humano-social ante la degradación eco-socio-ambiental sino con el diseño de un camino nuevo.

Desde el punto de vista de la complejidad,[31] es indudable que se ha fallado en ofrecer una verdadera teoría y prácticas que expliquen el cambio eco-social bajo las condiciones de la destrucción planetaria.[32] Y esto es importante a destacar, pues se atribuye a la expansión del capitalismo mundial (y el modelo depredador), ser la principal causa de la catástrofe ambiental global.

Por ello, el centro del rescate planetario se encuentra en una concepción del mundo contemporáneo que debe cumplir con los siguientes requisitos: 1. Que refleje las distintas miradas de ver el mundo, las cuales reconozcan las variantes en las distintas concepciones sobre la naturaleza, pero que a la vez permita reordenarlas en función de la construcción de identidades en sus diferentes facetas: planetaria, humana, social e individual de la persona humana,[33] todo lo cual conduce a afianzar las convergencias entre los distintos agentes ambientales, reduciendo las divergencias a partir de una meta-teoría  (y práctica) integradora; 2. Que capte la tendencia del mundo humano a hacerse más conflictivo, no menos; 3. Que logre establecer los medios para alcanzar las sinergias positivas entre los más amplios grupos sociales; 4. Que posibilite el desenvolvimiento de los procesos evolutivos frente a las agresiones del estilo actual de desarrollo marcadamente involutivo;[34] 5. Que pueda realizar un nuevo desarrollo que supere las rupturas provocadas por el modelo en curso, sustituyendo al modelo depredador mediante la realización de nuevos proyectos de vida; y que rompa con el maniqueísmo reflejado en la preponderancia de la economía o la ecología, según el caso; 6. Y que permita unir a los contrarios, en función de objetivos traducidos en acciones ambientales trascendentales, que posibiliten simultáneamente aminorar sus diferencias.

Por lo anterior, es evidente que el problema que implica la discusión teórica y aplicación práctica del concepto emergente aludido (sustentabilidad), pasa por una reflexión epistemológica que permita delimitar su funcionamiento en el marco de un mundo donde los símbolos adquieren una presencia corporal, más allá del discurso centrado en meras prescripciones (principalmente de técnicas), y que considere  a la vez los aspectos ontológicos y éticos (el pathos, logos y ethos). El cuerpo del ser humano es la tierra.


Lo anteriormente dicho es efecto de que, la noción discutida, tiene como falla central el no avanzar más allá del sistema del lucro desmedido que devora al hombre y la naturaleza. Por lo tanto, en esa dirección, no se deconstruye la idea, no-científica y científica a la vez, del presupuesto del hombre como “Rey de la creación” y la interpretación de la Tierra como un botín humano (Génesis). En pocas palabras, las incompatibilidades inherentes a la realidad descrita, constituyen soportes, formas de manifestación y resultados de la depredación: son los procesos que nos han llevado  a la insustentabilidad del mundo, considerado como el cuerpo social del hombre.[35]

De ahí que una sustentabilidad crítica (y aún en la denominada sustentabilidad Fuerte), derive a su vez de un pensamiento complejo arraigado en una visión del mundo que debe romper con la agresividad del modelo depredador (capitalismo y socialismo reales), y estar basado en los principios de compatibilidad eco-social. De esa manera, la sustentabilidad-alimentación de la tierra y el hombre, surge de una relación diferente y un pacto (en los hechos) entre el hombre y la natura (el contrato natural), así como de un nuevo trato[36] entre los seres humanos.

Por lo tanto, el advenimiento de un desarrollo no incompatible surge del cambio social en las dos direcciones señaladas. Esto es, de la ruptura radical -y gradual- con el modelo depredador. De ahí que, el siguiente paso, sea la moratoria a la depredación; y luego de ésta, la posibilidad de transitar por la estación del shock socioambiental y sus implicaciones económicas y sociopolíticas; todo bajo el control de la sociedad civil.

En el debate mundial, se incluye también la frecuente no distinción (por supuesto, en español) de las respectivas implicaciones sistémicas, al dar por idénticos los términos de “sustentabilidad” y “sostenibilidad” (equivalentes del vocablo sustainable en inglés); puesto que la primera traducción al español es más amplia, porque no sólo incluye una diferencia semántica, sino que abarca a la misma “sostenibilidad” y además de que, su motivación última puede definirse como la retro-alimentación planetaria, sin la cual no podría sostenerse el mundo humano.

Otras interpretaciones[37] distinguen entre una sustentabilidad débil y una fuerte; la primera, inspirada en la integración del ambiente al mercado, y en la segunda, supeditando la actividad humana a las condiciones naturales del planeta.

Pero también, desde la teoría crítica, se han señalado las limitaciones del concepto emergente y su raigambre conservadora, aunque dentro del sistema capitalista mundial; y esto es lo que esconden ciertas visiones donde, si bien se habla de “salvar el planeta”,[38] no se tocan las incompatibilidades (explotación humana y de la natura) que se encuentran en su base sistémica;[39] de ahí que se distinga[40] una sustentabilidad compatible de una incompatible. Aun más: hoy se pretende mitigar y adaptarse al cambio climático pero sin modificar la relación actual del hombre con la naturaleza (que significa en realidad un conflicto). Por ello, emerge un concepto alternativo como es el de desarrollo compatible. Este último, en el sentido de revertir las rupturas preexistentes (incompatibilidad hombre-naturaleza y hombre-sociedad) para que, en todo caso, funcione la sustentabilidad (fuerte) que implica (como resultado), la estabilidad evolutiva de la especie humana, y por lo tanto de México, para las siguientes décadas. La sustentabilidad entonces, brotaría de la compatibilidad y no a la inversa.

Lo anterior queda fundamentado en que la idea de sustentabilidad/sostenibilidad, así como su práctica (siempre antrophos) ve el ambiente (esencialmente el Bios) y su problemática limitada a una secuencia (inter) temporal, soslayando el espacio (esto sólo conceptualmente pues su práctica sí es espacial); por ello no toma en consideración la dimensión sincrónica (que interespacialmente involucra la explotación del Norte sobre el Sur global y la ciudad sobre el campo) del ambiente referida a la subordinación de la realidad de la ecología por los principios de la economía (sea neoclásica, keynesiana o marxista).[41]

Entonces, el desarrollo compatible, sólo es un medio para la construcción de una nueva civilización fundada en la red de sinergias entre el campo y la ciudad en el ámbito mundial-local.[42]

De ahí la necesidad del giro lingüístico y de la re-semantización de la sustentabilidad, que no es más que acercarse al sentido inicial positivo y pensado en función de llegar al cambio a fin de conservar “mejorados”, decía Marx[43]) los recursos naturales (pensando en las “próximas generaciones”); sin embargo, el concepto se detiene ahí,[44] por su origen y destino a alcanzar; de ahí la necesidad de la búsqueda de un concepto construido en función de un modo de vida alterno al american way of life y que refleje que otro mundo (y otra ciudad) es posible, siempre y cuanto quepan en él otros mundos.

 

Conclusiones

Un resultado de la actividad capitalista es que a mayor desarrollo se asiste a una mayor destrucción de la naturaleza, como condición y resultado de la misma. Esto es la primera parte de la canción.

La segunda, es que mientras más se lucha contra la naturaleza, más se hunde la sociedad (“teorema de la abeja”). Y es por eso, que seguir con la visión de lucha contra la natura o sea de la civilización contra la natura, es tan sólo parte de un proceso autodestructivo global-local que tiene su explicación en el modo de vida y de pensamiento que prevalece en el mundo actual, el cual no tiene para cuando detener su impacto desastroso mientras continúen las premisas y los procesos que han llevado al desenlace inevitable, cuanto no deseado, que sufre la humanidad; más aún los pueblos y  trabajadores.

Y es que hay que tomar en cuenta que está presente en el mundo contemporáneo, una contradicción; o antinomia desde el punto de vista discursivo. De un lado, el mundo humano corresponde al mundo natural, y del otro, el mundo natural está apresado por el mundo humano. En esta incompatibilidad fundante se encuentra el origen de un sistema de incompatibilidades en cada una de sus partes; y de éstas con respecto al todo.

Por ello, las conclusiones conducen a las siguientes estrategias de transformación social (urbana y rural), así como de supervivencia humana:

1.      Dar donde falta: acabar con la pobreza y la grave desigualdad social; rehabilitar los ecosistemas; recuperar el campo y la agricultura; reconstruir las ciudades desde abajo.

2.      Tomar donde abunda: eliminar la ganancia privada como objetivo; expropiaciones por interés público y penalizaciones a los depredadores urbanos.[45]

Lo anterior contrasta con la lógica de la modernidad-posmo, que bajo la absoluta dictadura del mercado promueven:

1.      Sustraer riqueza desde los pobres (que son los que pagan impuestos) a los ricos (construyendo infraestructura y otorgando subsidios de todo tipo y apoyos a los monopolios, además integrando el monopolio económico y el político).

2.      Continuar con el saqueo de los ecosistemas y sin aprovechamiento adecuado de los recursos naturales.

El modelo urbano alternativo fincado en una sustentabilidad urbana, debe basarse en un desarrollo compatible:

Hombre natura/campo /ciudad/ecosistema; humano/ecosistema social (hombre-sociedad) y en la autodeterminación de sus habitantes pero regido por los principios fundamentales de toda planificación territorial:

a.       El plan implica control sociocomunitario del mercado.

b.      El ordenamiento territorial debe ser a partir de los ecosistemas.

c.       Ordenamiento poblacional democrático y justo.

d.      Respetar la economía urbana en función de la economía de la naturaleza

e.       Autosuficiencia energética, alimentaria, de agua y en salud

f.       Seguir la ruta de una nueva urbanidad.

Para ello se requiere superar las siguientes oposiciones:

A.    Contradicción entre el desarrollo económico y social y la evolución.

B.     Incompatibilidad hombre/sociedad/naturaleza/cultura.

Finalmente: El hombre (o mejor dicho: la sociedad humana) debe dominarse a sí mismo[46] en vez de pretender un imposible: dominar la nature.

 


Notas:

[1] Profesor-investigador del Departamento de Sociología Rural, Universidad Autónoma Chapingo. Correo-E: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.; tel.-fax: 01-595-95-2-16-25.

[2] De Souza, 2003; Touraine, 1999

[3] Ahora en consonancia con  la emergencia de los “derechos de la naturaleza”, véase a Ferry, 1994 y Serres, 1992. El sujeto resulta de la dualidad/unidad  Hombre natura (unidad sujeto/objeto).

[4] Aguilar, 2003

[5] Lovelock, 2007

[6] Derrida, 1990; Levinas, 2000

[7] Bookchim, 1993

[8] Laszlo, 2007

[9] Oslo, 1987

[10] Río, 1992

[11] Johannesburgo, 2002

[12] Callicot, 1998

[13] Rifkin, 1992

[14] Brundtland, 1987

[15] Leff, 2004

[16] De Geus “sostenibilidad y tradición liberal”, op.cit.

[17] LEGEEPA, 2000

[18] Lovelock, 2007

[19] Rees, 1995; Wackernagel, 1996

[20] Wackernagel, 1996

[21] Tim Hayward, 2003

[22] Bookchim, 1978; Torres, 2006

[23] Davis, 2005

[24] Leff, 2004

[25] Propuesta de Lovelock en su libro “Gaia”, Planeta, Madrid, 1972.

[26] Leff, 2004

[27] Véase de Lenin, “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”, op.cit.

[28] Marx, 1972

[29] Véase el Programa Sectorial de Medio ambiente y Recursos Naturales, 2007-2012. México, Semarnat, 2007.

[30] De Geus, 1999; Weber, 1982

[31] Morin, 1993

[32] Lovelock, 2007

[33] Mounier, 2005

[34] Laszlo, 2007

[35] aunque sigue siendo un microcosmos, Paracelso, 1994

[36] Torres, 2006

[37] De Geus, 1999

[38] Lester Brown, 1992; Lovelock, 2007

[39] Burkett, 2006

[40] Torres, 1995; Medina, 1996

[41] Véase el caso de los economistas ecológicos como Martínez Alier, Jiménez Herrero, Costanza, Daly, O’Connor, Altvater, etcétera.

[42] Araghi y Mc. Michael, 2006

[43] Ya que la sociedades  humanas son tan sólo “sus poseedoras, usufructuarias , y deben legarla mejorada, como buenos padres de familia, a las generaciones venideras”“ Véase K. Marx, El Capital, vol. 8, Siglo XXI, México, p. 987..

[44] En 1992 (Agenda 21) se fue ampliando la sustentabilidad  hacia los aspectos económicos y sociales,  y no sólo ambientales, con lo cual  se avanza hacia una comprensión compleja del concepto, pero dentro de la confusión  que provoca el necesario equilibrio entre sus componentes, los cuales son incompatibles entre sí.

[45] Sólo entonces se podrá pasar al “cada cual según su trabajo” y luego al “Reino de la libertad” (cada quien según sus necesidades) pero ahora, frente a la catástrofe, éste se amalgama con el “Reino de la necesidad”.

[46] Acot, 2005

 

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