Pacarina del Sur
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Todo lo sólido se edifica sobre sangre:
narrativas sobre la violencia en México contemporáneo

Sayak Valencia[1]

 

Artículo recibido: 30-12-2012; aceptado: 31-12-2012

En este ensayo, trataremos de analizar algunas de esas causas estructurales que, desde nuestra perspectiva transdisciplinar, se conjugan y han creado un entramado sumamente complejo que aquí denominamos como Capitalismo Gore (Valencia, 2010), y cuyos rostros más visibles en México son el crimen organizado, la guerra contra éste y el ejercicio de rentabilización de la violencia espectacular.

Palabras clave: Capitalismo Gore, Sujetos endriagos, Biopolítica, Necropolítica, Masculinidad

 

Outside and even against the law, the capitalism is embedded in the Latin American spirit.

Hernando de Soto

 

[…]Detrás de cada reflejo, de cada semejanza, de cada representación se oculta un enemigo vencido. El Otro vencido y condenado a ser sólo el Mismo. Esto ilumina con una luz singular el problema de la representación y de todos esos espejos que nos reflejan espontáneamente con una complacencia objetiva. Nada de todo esto es cierto, y cada representación es una imagen servil, fantasma de un ser antes soberano, pero cuya singularidad ha sido aniquilada. Pero que un día se rebelará y entonces todo nuestro sistema de representación y de valores está destinado a perecer bajo el peso de la revuelta. La actual esclavitud de lo mismo y de la semejanza se romperá algún día con la reaparición violenta de la alteridad. Soñábamos con pasar al otro lado de los espejos, pero son los pueblos de los mismos espejos los que irrumpirán en nuestro mundo. Y esta vez no serán vencidos.

Jean Baudrillard. El crimen perfecto.

 

El horror y la violencia cotidiana en la que se desarrolla México contemporáneo ya no son un secreto para nadie. Por el contrario, tal parece que el bucle de sangre, destrucción y mutilación es ya una imagen que le cruza por la mente a la mayoría de sujetos que escuchan el nombre de este país sin importar en qué confín del planeta se encuentren. Esta popularización distópica, obedece a unas lógicas de rentabilidad mediática que han lucrado –y lo siguen haciendo—con la violencia espectacular; haciendo del morbo, el desmembramiento y la sangre un nicho de mercado más, que se inserta en la lógica inexorable del Capitalismo Gore[2] y que no profundiza en las causas estructurales  que provocan la violencia que nos rodea.

En este ensayo, trataremos de analizar algunas de esas causas estructurales que, desde nuestra perspectiva transdisciplinar, se conjugan y han creado un entramado sumamente complejo que aquí denominamos como Capitalismo Gore (Valencia, 2010) y cuyos rostros más visibles en México son el crimen organizado, la guerra contra éste y el ejercicio de rentabilización de la violencia espectacular.

Proponemos que esta violencia tiene que ver con el Estado mexicano como proyecto fallido, como ejercicio de prestidigitación. Tiene que ver también con la falta de perspectiva de los gobiernos, quienes desde la época posrevolucionaria pusieron todo su empeño en la construcción de una democracia —meramente discursiva—, pensando en ésta como en una panacea.

Es cierto que la democracia es fundamental para el ejercicio sano de un Estado laico y responsable. Sin embargo, existe y ha existido una falta de perspectiva y de contextualización al respecto, por parte de nuestros gobernantes, transmitida a la sociedad civil a través de las distintas instituciones estatales; puesto que no han considerado la práctica situada de la política. Es decir, no han sido críticos con el discurso del proyecto de la modernidad ni han sabido llevar a cabo una práctica geopolíticamente pertinente para nuestro contexto mexicano dentro de esa narrativa.

Dicha narrativa anglo-eurocéntrica corresponde a un contexto político, social, racial, económico y cultural totalmente distinto al nuestro, un contexto que bajo sus discursos de progreso y ascensión social tiene fuertes bases colonialistas y cuya aceptación acrítica en el contexto mexicano llevará al fracaso del Estado como proyecto emancipador, puesto que refuerza la relación de poder marcada por la diferencia colonial y estatuida por la colonialidad del poder o dicho en palabras de Walter Mignolo: “la trampa es que el discurso de la modernidad creó la ilusión de que el conocimiento es des-incorporado y des-localizado y que es necesario, desde todas las regiones del planeta, “subir” a la epistemología de la modernidad.” (2003: 2).[3] De esta manera, el querer subir a la epistemología de la modernidad, hizo que desde sus inicios el Estado mexicano fuera un proyecto que dirigía, organizaba y gobernaba poblaciones “ideales” bajo parámetros que no concordaban con las poblaciones reales a gobernar.

Ya en 1909, el historiador Andrés Molina Enríquez, en su libro Los grandes problemas nacionales, argumentaba que el problema más profundo en México, era material; refiriéndose a la propiedad de la tierra y no tanto, en contraposición a lo que argumentaba Francisco I. Madero, un problema meramente político y de democracia.


http://politicarock.cl/el-narcotrafico-en-mexico-y-su-presidencialismo-de-la-muerte/

Así, más de un siglo después, uno de los problemas más insidiosos en México es que los gobernantes y las instituciones de nuestro país gobiernan para un Estado mexicano “imaginario”, cuyas lógicas anglo-europeas, hacen imposible dar cabida o representación a la mayoría de los ciudadanos que pueblan este país; un Estado tremendamente sexista, homófobo, anti-indigenista, autoritario, corrupto, centralista, déspota y desobligado.

Un Estado que traiciona radicalmente los ideales revolucionarios, los cuales buscaban destruir el Estado oligárquico y crear uno nuevo que incorporara a las clases campesinas, trabajadoras y medias. Un Estado que a través de la Constitución de 1917, “prometió reformas agrarias a los campesinos, protección, beneficios sociales y derechos de organización a la clase trabajadora; el control nacional de los recursos naturales y la liberación de espíritu, mente y cuerpo del control católico” (Vaughan, 2010: 40),[4] y cuyo desarrollo biopolítico se ha dado de manera desigual y hasta contradictoria —a excepción de algunos ejercicios de movilización, reforma social y nacionalismo económico hechos durante el gobierno de Lázaro Cárdenas—, pues mientras México se maravillaba ante el milagro mexicano (1940-1970), el autoritarismo, la violencia de Estado y la represión abrían caminos para que la biopolítica del “Estado benefactor” se transformara en un estado neoliberal que radicalizaría las desigualdades sociales, desestructuraría el incipiente estado de bienestar y conduciría a la necropolítica en la que nos encontramos actualmente y que nos tiene de regreso del “sueño” del progreso y la globalización.

Sin ánimos de ser reduccionistas o simplificar demasiado, pero si con ánimo de resumir, podemos decir que ante la traición de los ideales revolucionarios que se ve reflejada en el descuido del campo, lo cual obligó a la migración forzada de la clase campesina; primero del campo a las ciudades y después a la migración transnacional, el adelgazamiento constante de la clase media, el crecimiento de las desigualdades sociales, el elitismo, el clasismo, el endoracismo, las crisis económicas acumulativas, la falta de conciencia crítica para decolonizarnos mentalmente y el neocolonialismo capitalista (conocido y celebrado como globalización) se crea un campo propicio para que la violencia depredadora que nos atraviesa y acompaña cotidianamente en México sea una realidad innegable e incluso hasta predecible, puesto que los acontecimientos antes citados “[…]nos demostraron que el progreso no llegaba, o peor aún, aparecían numerosos fenómenos regresivos.” (Morin, 2004: 58).[5]

Los elementos antes enumerados son altamente conocidos y citados por especialistas en distintas disciplinas. Elementos que conforman una serie de labelizaciones dentro de los discursos críticos y académicos. Y que parecen configurar una realidad difícilmente modificable a nivel estructural. Desde mi perspectiva, existe un elemento que falta en esta serie de análisis y que es necesario para crear una crítica que logre articular un cambio en la perspectiva y la forma en que entendemos las narrativas de la violencia en el México actual.

Este elemento faltante, se refiere a la creación, también ubicada dentro del momento posrevolucionario, de un arquetipo social que exalta la figura del macho. Una especie de nacionalismo-machista, donde aquél es el representante fiel de los ideales nacionalistas. No afirmamos que esta exaltación de la figura del macho como modelo cultural no haya acompañado a los discursos y las prácticas pre-revolucionarias. Sin embargo, nos centramos en la época posrevolucionaria por considerar que dada la cercanía en el tiempo, puede darnos mejor noticia de cómo se construye la biopolítica estatal que se retraduce en una biopolítica de género y que tiene, amplias consecuencias en la violencia exacerbada actual; ya que, este elemento aunado a violencia económica y a la depreciación simbólica de aquellxs que no pueden ser hiperconsumidores, crea un cóctel explosivo.

Analicemos pues, los lazos que existen entre la violencia ejercida por los criminales y la construcción de la nación mexicana basada en el machismo y el despliegue de la violencia que ello implica.

Carlos Monsiváis, nos dice que el término macho está altamente implicado en la construcción estatal de la identidad mexicana, dicho término se expande en México después de las luchas revolucionarias como signo de identidad nacional (1981: 9-22),[6] durante ese período el término machismo se asociaba a las clases campesina y trabajadora, ya que en la incipiente configuración de la Nación mexicana, el macho vino a ser una superlativación del concepto de hombre que más tarde se naturalizaría artificialmente como una herencia social nacional y que ya no se circunscribiría solo a la clases subalternas, dado que el machismo cuenta entre sus características: “la indiferencia ante el peligro, el menosprecio de las virtudes femeninas y la afirmación de la autoridad en cualquier nivel” (Ibíd., 9).

Haciendo notar, que las construcciones de género en el contexto mexicano están íntimamente relacionadas con la construcción del Estado y que éste a su vez retroalimenta el bucle de precarización económica en el que vive cotidianamente nuestro país, afianzando el capitalismo de cuates, es decir, el capitalismo de oligopolio, que se señala Denise Dresser (en su discurso del 29 de enero de 2009 en el Foro “México ante la crisis.”) este capitalismo, junto a la figura del macho nacional, conforman algunas de las criaturas del Estado que amenazan con devorar al Estado y que unidas a factores como el endoracismo, el neocolonialismo, la depreciación del concepto de trabajo (pero sobre todo la falta de trabajo) se convierten elementos que articulan caminos distópicos para empoderarse económicamente.

Uno de estos caminos, en nuestro país, es formar parte de las filas del crimen organizado a través de su escalafón más bajo: el de los sicarios, que conforman lo que en este ensayo denominamos el Proletariado Gore.

Por ello, ante la coyuntura contextual del México actual y su desmoronamiento Estatal, es necesario visibilizar las conexiones entre el Estado y la clase criminal, en tanto que ambos detentan un mantenimiento de una masculinidad violenta emparentada a la construcción de lo nacional. Lo cual tiene implicaciones políticas, económicas y sociales que está cobrando en la actualidad un alto número de vidas humanas dada la lógica masculinista del desafío y de la lucha por el poder y que, de mantenerse, legitimará a la clase criminal como sujetos de pleno derecho en la ejecución de la violencia como una de las principales consignas a cumplir bajo las demandas de la masculinidad hegemónica y el machismo nacional.

 

Emprendedores económicos, emprendedores políticos y especialistas de la violencia

Dado que “los delincuentes organizados y desorganizados […] son buenos capitalistas y empresarios emprendedores, ansiosos por obedecer la ley de la oferta y la demanda,” (Glenny, 2008: XV)[7] hemos decidido indagar en el concepto de emprendedor puesto que es vertebrador en la construcción y el triunfo de las lógicas capitalistas.

Según páginas especializadas en gestión empresarial, se denomina emprendedor “a aquella persona que identifica una oportunidad y organiza los recursos necesarios para ponerla en marcha.”[8] Es habitual emplear este término para designar a alguien que crea una empresa o que encuentra una oportunidad de negocio o que empieza un proyecto por su propia iniciativa.

Ahora bien, como vemos el término emprededor/a se usa fundamentalmente para designar positivamente aquellos sujetos que deciden hacer una incursión más activa en la economía. Sin embargo, en la definición de emprendedor/a, basada en el seguimiento de las lógicas neoliberalistas, no encontramos ningún tipo de restricción del tipo de empresas que un emprendedor puede crear, dicha omisión parece ser suficiente para que se entienda literalmente que si no hay restricciones mercantiles al respecto, cualquier tipo de empresa puede ser creada. Es decir, mientras produzca ganancias está legitimada por unas coordenadas económicas que aunque presupongan unos mínimos éticos no los exteriorizan, creando así un vacío discursivo para la interpretación del concepto de emprendedor/a y su puesta en práctica.


http://gerard-narcotrafico.blogspot.com/

Con lo anterior buscamos evidenciar que si se analiza a los sujetos endriagos (concepto de definiremos en párrafos siguientes) de la economía criminal, bajo las reglas del mercado y no de la espectacularización a la que los someten los medios de información, éstos serían perfectamente válidos y no solo válidos sino legítimos emprendedores que fortifican los pilares de la economía “en el filón oculto donde se encuentra la energía palpitante del corazón del mercado.” (Saviano, 2008: 138)

Algunas de las características distintivas del emprendedor/a son: la innovación, la flexibilidad, el dinamismo, la capacidad para asumir riesgos, la creatividad y la orientación al crecimiento. Bajo estas características los sujetos endriagos, es decir, emprendedores del Capitalismo Gore crean una amalgama entre emprendedores económicos, emprendedores políticos y especialistas de la violencia.

Dicha amalgama exige que un mismo emprendedor tenga conocimiento de los otros campos o estar relacionado con ellos, es decir,  un emprendedor económico debe saber desempeñar las funciones de un emprendedor político, quien se especializa principalmente en “activar (y a veces desactivar) líneas divisorias [separación nosotros/ellos], relatos y relaciones, […] de modo que tienen una considerable influencia en la presencia, la ausencia, la forma, los lugares y la intensidad de la violencia[…]” (Tilly, 2007: 33), y es de suma utilidad para el florecimiento de la economía criminal. Si los emprendedores económicos carecen de estos conocimientos deben contratar a aquellos que los tengan y deben contar además, entre sus empleados, con especialistas de la violencia, quienes controlan los medios para infligir daños a personas u objetos, por medio de la fuerza y la implementación de técnicas, despiadadamente eficientes, que serán favorables para conservar o arrebatar el poder.

En la economía empresarial del crimen, esta amalgama de figuras políticas es interseccional y, en muchos casos, está representada por: “los líderes mercenarios, tratantes internacionales de armas, los señores de la guerra, los dirigentes militares y aquellos que disponen de un ejército propio.” (Ibíd., 35). Disponer de un ejército propio es una de las muchas condiciones que cumplen  los cárteles de droga mexicanos.

Es importante destacar que en este entramado criminal los especialistas en la violencia se organizan en unas fronteras difusas donde no es del todo posible separar sus técnicas de las de las fuerzas de seguridad pertenecientes a los gobiernos. De hecho, es bien sabido que “[l]os especialistas en infringir daños físicos (como, por ejemplo, policías, soldados, guardias, sicarios y bandas) juegan un papel significativo en la violencia colectiva [y muchos de ellos se encuentran o encontraron emparentados con el Estado].”[9]

Un ejemplo de estos especialistas de la violencia lo representa el comando armado mexicano llamado Los Zetas, ex-militares de los ejércitos mexicano y salvadoreño, quienes constituyeron, hace algunos años el brazo armado, el ejército privado, de uno de los carteles de drogas más importantes del país y que ahora se han convertido en un cartel per se, y cuyas prácticas de violencia son famosas por ser tremendamente efectivas, efectistas y despiadadas. Por ejemplo: videograbar las decapitaciones de sus víctimas o contrincantes en tiempo real y después subirlas junto con un mensaje-amenaza oral o escrito al portal de vídeo en Internet llamado youtube.

El hecho de que estos expertos en violencia hayan sido entrenados  por los gobiernos dinamita la división simple entre los insurrectos y las fuerzas del orden. Ya que transcodifica esos registros y crea otros, donde los conocimientos sobre violencia se convierten en  una mercancía que se rige por las lógicas mercantiles de la oferta y la demanda.

Mediante estas lógicas mercantiles las organizaciones de narcotráfico en México han logrado crear un Estado alterno con sus propias competencias y sus técnicas de reclutamiento. Técnicas que van desde las más rudimentarias, como la colocación de narcomantas,[10] hasta la radio piratería  transnacional, a través de la cual envían mensajes como el siguiente:

Se hace una invitación a todos los ciudadanos que hayan prestado servicio y que hayan recibido el grado kaibil [militares de élite] para prestar seguridad a vehículos que transportan mercancía a México.” Ofrecemos oportunidades de superación, interesados comunicarse al…[11]

Desde marcos de percepción ordinarios, dichas técnicas de reclutamiento de trabajadores parecen una broma irrisoria, sin embargo, no lo son. Han sido fraguadas desde  la seriedad y la impunidad más absolutas; desde la interpretación literal del capitalismo. Reestructurando así las funciones y las tareas de la violencia;  haciendo a través de ésta una reconfiguración del sistema de producción y del concepto de trabajo. Otorgándole a éste una resignificación distópica que convierte a las técnicas de sobre especialización de la violencia no solo en un trabajo normal sino en un trabajo deseable al ofrecer “oportunidades de superación” frente a la precarización global del trabajo.

Un ejemplo de este cambio de paradigma puede ser representado por un sicario capturado en la frontera de Tijuana el 24 de enero de 2009,[12] el cual se dedicaba a disolver en ácido a los deudores y los enemigos de un capo del cártel de Tijuana. Al momento de la aprehensión el sujeto declaró, en primera instancia que había disuelto 300 cuerpos y que ése era su trabajo, un trabajo común, según afirmó. Trabajo por el cual percibía 600 dólares semanales. Sin embargo, la precarización del empleo no es algo que afecte solo a los países del Tercer Mundo sino que se ha convertido en una constante en los centros neurálgicos del  poder económico y convive con la opulencia.


http://www.infolatam.com/2011/09/19/narcotrafico-en-mexico-el-cartel-del-pacifico-o-sinaloa-viii/

Por lo anterior, interpretando el fenómeno de la violencia en México y sus narrativas, la lucha contra el crimen organizado emprendida por el presidente Felipe Calderón, se parece más un ajuste de cuentas entre machos poderosos y heridos que buscan limpiar su honor y recuperar sus territorios. Una estrategia pobre, un síntoma de un gobierno que no tiene imaginación, ni liderazgo político. Un gobierno que busca legitimidad a toda costa, después de ser acusado socialmente de espurio, tras el sonado fraude electoral de 2006 (que, desafortunadamente, se repite en 2012). Un presidente que busca legitimidad a la vieja usanza mexicana: a través del despliegue de violencia exacerbada para limpiar el honor del macho herido, haciendo uso de las potestades y los recursos del Estado, en este caso, del ejército para fines megalómanamente privados. Una lógica extraña y sacrificial donde se busca recuperar la honorabilidad con muertos.

Una estrategia de “seguridad” que no se preocupa por las consecuencias reales del fenómeno de la violencia[13], ni del miedo que está causando en la población civil, que se ve atacada en dos frentes; tanto por las reyertas entre bandas mafiosas como por la ocupación del espacio público de las fuerzas armadas, creando un miedo endémico que puede manifestarse —como ya lo está haciendo en casi todo el territorio— en el enclaustramiento de los civiles en sus casas, presas de un sentimiento de vulnerabilidad y de un sentimiento de culpa, no del todo justificada; mientras los criminales campan con toda tranquilidad por el territorio mexicano y el gobierno invisibiliza y reprime las manifestaciones activas por parte de la población civil que le exigen el cumplimiento de sus competencias en temas de seguridad.

El peligro que encierra este miedo, germinando con mayor intensidad en la sociedad, radica en que puede darse un brote de insurrección civil desembocando en el derrocamiento del Estado por su incompetencia y en una guerra civil producto de la paranoia, el sentimiento de desprotección, el estrés crónico y el terror constante al que se encuentra sometida la sociedad mexicana. Bajo estas circunstancias “te conviertes en un animal o estás en el límite” (Saraviano, 100), pues “cuando empieza a haber muertos, no se puede hacer otra cosa que combatir.” (Ibíd., 92) “El problema es que no puedes sentirte excluido. No basta con suponer que la propia conducta podrá ponerte a resguardo de cualquier peligro. Ya no vale decirse: se matan entre ellos.” (Ibíd., 105)

Sin embargo, el verdadero problema para el gobierno, respecto a la violencia no es que se ejerza, sino que ya no es exclusivamente el Estado quien la ejerce, como lo muestra una entrevista hecha al procurador Eduardo Medina Mora en 2008 y cuya argumentación institucional, no ha tenido un cambio significativo cuatro años después:

El Presidente Felipe Calderón ha dicho que las organizaciones criminales en algunas de esas zonas (la frontera norte de México) han disputado al Estado sus potestades básicas. El derecho exclusivo al uso legítimo de la fuerza. El derecho exclusivo de cobrar impuestos, y en alguna ocasión el derecho exclusivo de dictar normas de carácter general.[14]

Lo que el presidente Felipe Calderón no dijo fue que desde las legislaturas del PRI[15] y durante las dos legislaturas del PAN[16], el narcotráfico ha desarrollado prerrogativas correspondientes al Estado en cuanto a creación de infraestructuras, empleos y escuelas. No mencionó una sola palabra sobre la lógica inexorable con la que se han venido justificando los corruptos (burócratas, gobierno, policías) que se basa en igualar y servir —mientras detenten el poder—  a los que ganan dinero, sean empresarios, delincuentes o ambos. Sabemos que decidir corromperse no es una decisión difícil cuando el panorama que se avizora es solo pérdida, rezago económico. Lo que resulta difícil en estos casos es resistirse a la tentación consumista.

La guerra contra el narcotráfico que ha emprendido el Estado mexicano, nos dice:

[Quienes sólo buscan] soluciones basadas en el mayor despliegue policial y militar, delata una rotunda renuncia a la responsabilidad política por parte de su autor. Son obra de políticos desprovistos de imaginación que carecen de la visión o del interés necesario para abordar las enormes injusticias estructurales de la economía mundial de las que se alimentan el crimen y la inestabilidad. (Glenny, 475)

Lo que los discursos oficialistas no dicen es que en México los cárteles de droga no podrán ser erradicados eficazmente mientras no se erradiquen las desigualdades estructurales entre la población, mientras “la ausencia de trabajo [persista y nos ponga de frente con] la imposibilidad de encontrar otra salida que no sea la migración,” (Saviano, 82) mientras no se deconstruyan los conceptos de modernidad y de progreso y dejen de utilizarse como directrices del discurso político y éste integre las posibilidades reales de una política geográficamente pertinente, mientras no se escape a la espectacularización de la violencia y la celebración del hiperconsumismo; mientras no se cuestione el discurso político basado en la supremacía masculina que necesita el despliegue de violencia como elemento de autoafirmación viril y, sobre todo, mientras no se cuente con una estabilidad económica sostenible que funcione a mediano y  largo plazo.

La violencia económica y la violencia del capitalismo gore es también una forma de representación del machismo estatal, del patriarcado capitalista-militarista-heroico y guerrero que confiere todas las actitudes de fuerza y desafío a la masculinidad hegemónica. De allí surgen los sujetos endriagos, seres que responden de forma distópica al ejercicio de la violencia económica y de manera obediente hacia la masculinidad atroz y el sistema voraz de la economía actual.

 

Devenir endriago: nuevos sujetos del Capitalismo Gore

Ya a finales del siglo XIX Nietzsche se preguntaba ¿dónde están los bárbaros del siglo XX? e imaginaba a estos sujetos como “bestias salvajes y orgullosas, sin domesticar, feroces, pero completamente vivas.” (Berman, 2002: 175). Los hombres nuevos de Nietzsche, se fundaban en un orgullo precristiano, denominados como bestias rubias  eran capaces de traspasar las fronteras de sus territorios y volver a sus lugares después “de orgías de muerte, incendios, violaciones y tortura, jubilosos y en paz con ellos mismos.” (Loc. cit.).  Nietzsche no imaginó que esta caracterización de las bestias rubias sería encarnada y ejercida por sujetos —en su mayoría— no blancos ni primermundistas. Dichos sujetos están llevando a cabo la rebarbarización del mundo tan esperada por Nietzsche, al mismo tiempo que se afirman asestando un golpe brutal a la visión romantizada de lo bárbaro, estos bárbaros, que quizá no han leído a Nietzsche, ejecutan sus premisas y responden a su pregunta sobre su ubicación. Estos nuevos bárbaros que nos dicen, al igual que Nietzsche: “Si miras demasiado al abismo, el abismo te mirará a ti.” (Ibíd., 176)

Es necesario superar el idilio exotista del otro, descartar “las conceptualizaciones y composiciones que oscilan entre los extremos de la victimidad y la heroicidad, la compasión y la glorificación,”[17] debemos dejar de utilizar el concepto de sujetos marginales bajo el cobijo de la corrección política contemporánea, pues con ello contribuimos a crear una generalización nebulosa de estas subjetividades, evitando internarnos en ellas con ánimo de radiografiarlas en su pertenencia al sistema económico contemporáneo. Es primordial superar al mismo tiempo la tentación exotista y la indolencia intelectual.

Estamos frente a un capitalismo cuyos efectos son simultáneos en la destrucción de cuerpos y producción de capital, cuya producción se basa en la especulación de los cuerpos como mercancía, “partiendo de una inversión mínima [uso de la violencia y la fuerza], venta directa del producto en tiempo real, de forma única y produciendo la satisfacción inmediata del consumidor.¨ (Preciado, 2008: 36).  Producir cuerpos muertos, mutilados o vejados como una forma de mercancía que abre, mantiene y se justifica en el proceso de la oferta y la demanda del Nuevo Capitalismo.

El asesinato es ahora concebido como una transacción, la violencia extrema como herramienta de legitimidad, la tortura de los cuerpos como un ejercicio y un despliegue de poder ultra rentable.

Lo que se entendía como bajos fondos globales ha dado el salto y, ahora, convive con la superficie. El Capitalismo Gore se ha infiltrado en nuestra vida y desde nuestro papel de simples consumidores/espectadores no podemos abstraernos de ese hecho. Muchos de los fenómenos que nos son cotidianos se anclan en el crimen organizado. Lo Gore ya no se reduce a un género cinematográfico, ni a pasquines o periódicos sensacionalistas. Lo Gore es nuestra realidad ahora.

Por lo anterior, intentamos indagar en el proceso de cómo un sujeto deviene en sujeto endriago. Cómo decide reapropiarse de la realidad y llevarla a parajes no edificados por la conceptualización. Saliéndose de los presupuestos originarios con raíz aristotélica en los que se funda occidente, exiliándose también de la red posmoderna y afirmándose dentro de las estructuras criminales y los cárteles de droga como forma irrefutable de narrar su particular forma de adscribirse como actante en el devenir de la historia.

¿Por qué necesitamos carne, sangre y desmembramiento para que la realidad vuelva a ser verdad? ¿Cuáles han sido las exigencias de las potencias económicas hacia el Tercer Mundo? ¿Esperaban estas potencias que la respuesta fuera tajante y violenta? ¿Podemos hablar hoy más allá de sujeto biopolítico, de sujetos endriagos? Los sujetos endriagos como ejes y actores del nuevo capitalismo rompen la consigna marxista sobre la modernidad: todo lo sólido se desvanece en aire y la cambian por: todo lo sólido y consumible se edifica sobre sangre.

El Capitalismo Gore es el resultado de la interpretación y la participación activa, violenta e irreversible de los endriagos al mundo globalizado, al híperconsumismo y a las fronteras. Giro de la Historia, descripción distópica. Paradoja en estado puro. Problema que se incardina y nos aniquila. Plusvalor y carnicería. Los endriagos como los nuevos sujetos del Capitalismo Gore. 

Ahora es momento de pensar al Capitalismo Gore como la consecuencia adversa de la producción sin reglas del capital, el estallido, el choque violento de capas de realidad. Como si la realidad se replegara en el tiempo y viviéramos en una multirealidad discursiva cuya única constante es el enriquecimiento de unos pocos y el derramamiento de sangre de la mayoría.

La globalización de la violencia es una de las múltiples distopías del proyecto mundializador. Dicha Globalización, aunada al surgimiento de los sujetos endriagos, nos muestra, por un lado, lo crudo de dicho proyecto, entendido como “el hecho absolutamente especifico que se refiere a la ampliación de los mercados mundiales”[18]  y, por el otro, la forma tan precisa que tienen los sujetos endriagos de acatar las exigencias de la economía ultraliberalista.

El monopolio económico y epistémico que ha fundado la ideología ultraliberal ha desplazado a todas aquellas ideologías de resistencia representativa y agente. Sin embargo, esto ha sido posible dado el repliegue y la actitud nihilista que ha venido dirigiendo a la Nueva Izquierda como contraparte del discurso neoconservador y ultracapitalista del neoliberalismo. La izquierda necesita hacer alianzas con  movimientos sociales de diversas índoles. Además de revisar sus motivos teóricos está en necesidad de trazar un mapa de acciones prácticas que la reconfiguren como una corriente de pensamiento que base la resistencia en los contextos específicos de los problemas que se desarrollan en las sociedades en las que actualmente estamos viviendo.

Al carecer de representación en los discursos de la resistencia, todos aquellos sujetos marginados, y no marginados, que se ven afectados por las demandas del hiperconsumo tienen la posibilidad de devenir endriagos. Ya que para los endriagos su representatividad se basa en el poder adquisitivo y en la reconfiguración del concepto de resistencia por medio de acciones distópicas; así el endriago busca perfilarse desde una tangente que históricamente había sido confinada a lo vedado: el crimen.

Si lo analizamos, el narcotráfico es otra forma de hacer uso de la consigna globalizadora que ha dado en llamarse deslocalización, practicando una suerte de deslocalización inversa ya que traspasa las fronteras,  para llevar sus productos y venderlos en un mercado floreciente y pudiente que lleva décadas demandándolo y cuya demanda es cada vez más frecuente, cumpliendo con la máxima fundamental del capitalismo: tener algo que vender a alguien que lo quiere comprar y obtener beneficios. 

El devenir endriago puede englobarse como uno más de los resultados, fácilmente previsibles del proceso económico contemporáneo, que en su versión social se denomina hiperconsumismo.

 

Definición y características de los sujetos endriagos

En éste y en párrafos siguientes definiremos nuestro concepto de sujeto endriago como sus características. Tomamos el término endriago de la literatura medieval, específicamente del libro Amadís de Gaula[19],  Lo hacemos así siguiendo la tesis de Mary Louise Pratt, quien afirma que el mundo contemporáneo está gobernado por el retorno de los monstruos. (Pratt, 2002: 1)

El endriago es un personaje literario, un monstruo, cruce de hombre, hidra y dragón. Se caracteriza también por una gran estatura, ligereza de movimientos y condición bestial. Es uno de los enemigos a los que se tiene que enfrentar Amadís de Gaula.  En el libro se le describe como un ser dotado de elementos defensivos y ofensivos suficientes para provocar el temor en cualquier adversario. Su fiereza es tal que la ínsula que habita se presenta como un paraje deshabitado, una especie de infierno terrenal al que solo podrán acceder caballeros cuya heroicidad rondara los límites de la locura y cuya descripción se asemeja a los territorios fronterizos contemporáneos.

Hacemos una analogía entre el personaje literario, que pertenece a los Otros, a lo no aceptable, al enemigo, y, los que en esta investigación identificamos plenamente como los nuevos sujetos ultra violentos y demoledores del Capitalismo Gore: los sujetos endriagos.

Ahora bien, aparte de las características adjudicadas al personaje literario, y compartidas por los sujetos endriagos, estos tienen otra serie de características y contextos que enunciaremos a continuación.


http://www.lavozlibre.com/noticias/ampliar/4982/violencia-y-narcotrafico-en-mexico-15-cadaveres-en-una-carretera-de-michoacan

Los sujetos endriagos surgen en un contexto específico: el postfordismo. Éste evidencia y traza una genealogía somera para explicar la vinculación  entre pobreza y violencia, entre nacimiento de sujetos endriagos y Capitalismo Gore.

Así, el contexto cotidiano de estos sujetos es “[…] la yuxtaposición muy real de proliferación de mercancías y exclusión del consumo; [son] contemporáneo[s] de la combinación de un número creciente de necesidades con la creciente falta de recursos casi básicos de una parte importante de la población.” (Lipovetsky, 2007: 181).  Aunada al hecho de que:

Mientras unos se bañan en una atmosfera de consumo desbocado, otros conocen la degradación de su nivel de vida, privaciones incesantes en las partidas más esenciales del presupuesto, el estar hartos del infierno cotidiano, la humillación de ser socorridos por la seguridad social. Si hay una pesadilla del hiperconsumo no se ve ni en el aumento de la insignificancia ni en la sed insaciable de adquisiciones comerciales: se localiza en la degradación de las condiciones materiales, en el desaliento que causan las restricciones, el consumo a mínima mientras la cotidianidad es bombardeada continuamente por las tentaciones multicolores. El infierno no es la espiral interminable del consumo, es el subconsumo de las poblaciones frágiles que viven en el seno de una sociedad de hiperconsumo.(Ibíd., 181.182)

De esta manera, los sujetos endriagos deciden hacer uso de la violencia como herramienta de empoderamiento y de adquisición de capital. Debido a múltiples factores, de los cuales enunciaremos algunos ejemplos, trataremos de evidenciar con ellos que el uso de la violencia frontal se populariza cada vez más entre las poblaciones desvalidas y es tomada en muchos casos, como una respuesta al miedo a la desvirilización que pende sobre muchos varones dada la creciente precarización laboral y su consiguiente incapacidad para erigirse, de modo legítimo, en su papel de macho proveedor.

Por un lado, está el hecho de que los pobres ya no pertenecen a una sola clase social, ya no tienen una categoría o condición que los englobe. “La pobreza y la indefensión de masas que hay en nuestras sociedades se manifiestan con rasgos desconocidos.” (Ibíd., 182). Una situación que trae consigo rasgos de negación y desrealización del individuo. Un tipo de anulación discursiva que rige todo sentido y posibilidad de pertenencia.

Por otro lado, nos encontramos con que se “tiende a justificar la pequeña delincuencia, el robo y los apaños como recursos fáciles para obtener dinero y participar en los modos de vida dominantes con que nos bombardean los medios.” (Ibíd., 184).  Creando así un giro epistemológico en la concepción de la violencia, pues se la percibe como una herramienta de autoafirmación personal, al mismo tiempo que como un modo de subsistencia.

Asimismo, a los dos factores anteriores se une el hecho de que los marginados también quieren (deben) ser consumidores, ya que buscan una forma de socialización/competición a través del consumo. “[E]l consumo, en las condiciones presentes, construye gran parte de la identidad: cuando las demás vías de reconocimiento fallan, sacar pasta y consumir se imponen como objetivos preeminentes.” (Ibíd., 183).

Es necesario aclarar que no solo el uso de la violencia se populariza, sino también su consumo. De esta manera la violencia se convertirá no únicamente en herramienta sino en mercancía que se dirigirá a distintos nichos de mercado; por ejemplo, el que va dirigido a las clases medias y privilegiadas, a través de la violencia decorativa. Este fenómeno hace que ningún sector o nicho de mercado escape a la violencia, sea el caso de que ésta se le presente como mercancía proveedora de valor simbólico o como herramienta de empoderamiento distópico.

En el segundo caso, son los sujetos endriagos quienes muestran la contra cara del consumo de la violencia; estrechando los márgenes entre el poder de consumo y el nivel adquisitivo conseguido a través del uso de la violencia como herramienta, ya que todo se unifica a través del consumo y éste se interpreta como la reafirmación de la identidad, como la consagración a través de la compra y la reafirmación de un status, ya no social sino individual. Así podemos decir que:

Mediador de la verdadera vida, el consumo se tiene a sí mismo como algo que permite librarse del desprecio social y de la imagen negativa de uno mismo. La obsesión por consumir, observable en nuestros días incluso en las poblaciones marginales, transparenta no sólo el poder sin precedentes de la comercialización de los modos de vida, sino también la insólita intensidad de las frustraciones en relación con los modelos de vida dominantes, así como una exigencia ampliada de  consideración y respeto, típica del individualismo expresivo que fomenta la fase del postfordismo: al individuo le importa cada vez más no sentirse rebajado, herido en su dignidad.(Ibídem)

Todo lo anterior nos marca el origen de la contradicción que lleva a lo Gore y que se ve reforzado por el hecho de que:

Por un lado los jóvenes de los barrios periféricos de las grandes ciudades asimilan masivamente las normas y los valores consumistas. Por el otro, la vida precaria y la pobreza les impiden participar plenamente en las actividades de consumo y en las diversiones comerciales. De esta contradicción surge con fuerza un chorro de sentimientos de frustración y de exclusión, al mismo tiempo que comportamientos de tipo delictivo. (Ibíd., 183-184)

De las características  identitarias del sujeto endriago, se puede contar el hecho de que es anómalo y transgresor, combina lógica de la carencia (pobreza, fracaso, insatisfacción) y lógica del exceso, lógica de la frustración y lógica de la heroificación, pulsión de odio y estrategia utilitaria.

La subjetividad endriaga:

[…] no coincide evidentemente con el individualismo de los triunfadores que disponen de los recursos de la independencia, pero tampoco se reduce ya al individualismo negativo o soportado. Este último se muestra como víctima, mientras que el individualismo salvaje [del sujeto endriago] busca modos de acción ilegitima y de autoafirmación para exorcizar la imagen y la condición de víctima. Uno apela a la compasión o a la solidaridad, el otro genera demandas de orden y represión. Incluso en las zonas de invalidación social hay cierta competencia individualista, hecha de activismo brutal, de desafío, de puesta en peligro que rebasa la posición del individuo por defecto. (Ibíd., 189)

Los sujetos endriagos hacen de la violencia extrema una forma de vida, de trabajo, de socialización y de cultura. Reconvirtiendo la cultura del trabajo en una especie de protestantismo distópico, donde el trabajo y la vida forman una sola unidad. Sin embargo, los endriagos hacen una reinterpretación de la noción de trabajo y de su práctica, donde la deidad del protestantismo ha sido plenamente desplazada por el dinero.

Rompen también con la lógica del mundo del trabajo que es esencialmente prohibitivo y racional, catapultándonos a un nuevo estadio donde el trabajo se reinterpreta y es equiparable con la violencia, mostrándonos “un exceso que se pone de manifiesto allí donde la violencia supera a la razón.” (Bataille, 2002: 45)

Finalmente, entendemos a los sujetos endriagos como un conjunto de individuos que circunscriben una subjetividad capitalística, pasada por el filtro de las condiciones económicas globalmente precarizadas, junto a un agenciamiento subjetivo desde prácticas ultraviolentas que incorporan de forma limítrofe y autoreferencial “los sistemas de conexión directa entre las grandes máquinas productivas, las grandes máquinas de control social y las instancias psíquicas que definen la manera de percibir el mundo.” (Guattari y Rolnik, 2006: 41).  Nos muestran, además, que “los cuerpos insertos en procesos sociales como la circulación de capital variable nunca deben considerarse dóciles o pasivos.” (Harvey, 2003: 141)

Ante este panorama las preguntas cambian, ya no es pertinente preguntarnos ¿cómo es posible que esté ocurriendo esto en México? Sino más bien la pregunta es ¿por qué tardó tanto en pasar?, la respuesta a esta pregunta está inscrita en el poder y en las tecnologías de la visualidad.

Con esto me refiero a quiénes gestionan los medios de información y entretenimiento, y al servicio de quiénes están estos medios que forman parte de las herramientas para crear visualidad, es decir, presentaciones simbólicas, políticas, económicas y de género que se retransmiten a las audiencias y crean una episteme de la violencia, donde esta aparece fragmentada y donde no se explican sus causas estructurales ni sus consecuencias reales.

Dado que las imágenes que nos son presentadas por dichos medios se nos muestran de forma desodorizada e incluso glamurosa (imitable en su dimensión estética, es decir, consumible como indumentaria, música, etc.), si se trata de una película, un videojuego, una serie televisiva, etc., y de forma segmentada y sobresaturada si se trata de noticiarios y periódicos, donde la intención directa no es de consumo sino de control social a través de la gestión teledirigida del miedo como herramienta biopolítica para imponer estados de excepción e hipervigilancia con la conformidad y el beneplácito de la población, bajo argumentos que apelan a la seguridad.

Así podemos decir que la violencia espectacular ejercida por los sujetos endriagos puede ser leída como un poscolonialismo irreflexivo y perverso que, por un lado muestra, obediencia absoluta hacia el entramado patriarcal y capitalista y, por el otro, da cuerpo a una especie de multitudes contradictorias cuya existencia muestra de manera radical que si bien las relaciones de poder penetran en los cuerpos, existe también un espacio de insurrección , en el caso de los endriagos un empoderamiento distópico, que muestra que dichas relaciones también son penetradas e influenciadas por los cuerpos y las poblaciones.

O en otras palabras: ya no es posible pensar el cuerpo social como un cuerpo dócil, más bien es necesario analizarlo desde una perspectiva situada que logre abarcar la complejidad de los tiempos sin ánimo de abarcar todo el fenómeno, ya que esta pretensión dista de ser posible.

Dicha perspectiva debe ir acompañada de una revisión exhaustiva de conceptos como: democracia, progreso y futuro que han sido los caballos de troya utilizados por las instituciones mexicanas para la aceptación e implantación  acrítica y descontextualizada de unas narrativas de la modernidad que han desembocado en prácticas de violencia extrema y capitalismo gore en nuestro territorio: donde (la mayoría de) los gobernantes, conservan la versión autoritaria del poder y piensan en gobernar países con ayuda de la sangre.

Lo cual retroalimenta a su vez, una lógica terriblemente continuista con la colonialidad y la necropolítica contemporánea, tan parecida a la ejercida en otros tiempos por la monarquía, situándonos en un espacio tristemente neofeudalista que nos permite parafrasear a Marx y su célebre crítica al capitalismo cuando escribió: todo lo sólido se desvanece en aire, contextualizando dicha frase a nuestros días podemos decir, también respecto al capitalismo y sus alianzas con el complejo patriarcal, militar y criminal:  Todo lo sólido se edifica sobre sangre.



[1]  Sayak Valencia (Tijuana, 1980). Doctora Europea en Filosofía, Teoría y Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid. Poeta, ensayista y exhibicionista performática. Ha dictado conferencias y seminarios sobre Capitalismo Gore, transfeminismos, feminismo chicano, feminismo poscolonial, arte y teoría queer en diversas universidades de Europa y América. Ha publicado los libros: Adrift´s Book (Aristas Martínez, Badajoz, 2012), Capitalismo Gore (Melusina, Barcelona, 2010), El reverso exacto del texto (Centaurea Nigra Ediciones, Madrid 2007), Jueves Fausto (Ediciones de la Esquina / Anortecer, Tijuana 2004), así como diversos artículos y ensayos en revistas de España, México, Argentina, los Estados Unidos y Colombia. Filiación institucional: UCM. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

[2]Proponemos el término capitalismo gore como la reinterpretación dada a la economía hegemónica y global en los espacios (geográficamente) fronterizos y/o precarizados económicamente. Tomamos el término gore de un género cinematográfico que hace referencia a la violencia extrema y tajante. Entonces, con capitalismo gore nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado (como precio a pagar por el Tercer Mundo que se aferra a seguir las lógicas del capitalismo, cada vez más exigentes), al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con el crimen organizado, la división binaria del género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de necroempoderamiento. (Valencia, Sayak (2010). Capitalismo Gore. Barcelona: Melusina).

[3] Mignolo, Walter. (2003). “Las geopolíticas del conocimiento y la colonialidad del poder” entrevistado por Catherine Walsh en Polis  Revista Académica (on-line) de la Universidad Bolivariana de Chile, Vol. 1, Núm., 4, p. 02.

[4] Vaughan, Mary Kay. “Introducción.” p. 40, en Cano Gabriela, Jocelyn Olcott y Mary Kay Vaughan (comps.), (2010).  Género, poder y política en el México posrevolucionario,  México: FCE.

[5]Morin, Edgar. “En el corazón de la crisis planetaria.” p. 58, en Baudrillard, Jean y Edgar Morin (2004). La violencia del mundo.Barcelona: Paidós Ibérica.

[6] Monsiváis, Carlos (1981). “¿Pero hubo alguna vez once mil machos?” FEM, no 18, abril-mayo 1981, pp. 9-20, México.

[7] Misha Glenny (2008). McMafia. El Crimen sin fronteras. Barcelona: Destino. p. XV.

[8] http://www.materiabiz.com/mbz/entrepreneurship/index.vsp

[9] Adell Argilés, Ramón. “Prólogo¨. Pág. XI. En: Tilly, Charles.  Op. Cit.

[10]Especie de sábanas colocadas principalmente en puentes o lugares visibles de mobiliario urbano de distintas ciudades mexicanas,  escritas a mano con mensajes que rayan en el desafío extremo y en la ridiculización del gobierno legítimo. Que incitan tanto a los soldados de élite como a la población civil a unirse a la empresa, es decir, a engrosar las filas del narcotráfico.

[11]Reclutan Zetas a militares en Guatemala con Spot de radio. El informador. Diario Independiente. 24 de abril de 2008. Guadalajara, Jalisco. México. http://www.informador.com.mx/mexico/2008/7904/6/

[12]Capturan a El Pozolero; cocinó a 300 narcos: Sedena. 24 de enero de 2009. Diario Milenio. http://www.milenio.com/node/153821

[13]Esta despreocupación también tiene sesgos de género y se evidencia frente al escaso interés que muestra el gobierno ante el feminicidio en Cd. Juárez y otros lugares como el Edo de México.

[14]Pablo Ordaz entrevista a Eduardo Medina Mora, Procurador General de Justicia la República. En El País, domingo 23 de noviembre de 2008, p. 10.

[15] PRI, acrónimo de Partido Revolucionario Institucional, el cual estuvo en el poder presidencial desde 1929 hasta el año 2000 y ha vuelto al poder en el año 2012.

[16] PAN, acrónimo de Partido Acción Nación, con tendencia conservadora y democristiana, el cual ganó las elecciones presidenciales en el año 2000 y se ha mantenido en el poder presidencial hasta 2012.

[17] VV.AA. (2008). Estudios Postcoloniales. Ensayos Fundamentales. Madrid: Traficantes de Sueños. p. 239.

[18]Antonio Negri citado en  Estévez, Carlos y Carlos Taibo (eds.), (2008). Voces contra la globalización. Barcelona: Noema, Crítica. p. 53.

[19]Es una obra maestra de la literatura medieval fantástica  en castellano y el más famoso de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo XVI en la península Ibérica.

 

Bibliografía

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Cómo citar este artículo:

VALENCIA, Sayak, (2013) “Todo lo sólido se edifica sobre sangre: narrativas sobre la violencia en México contemporáneo”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 14, enero-marzo, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Miércoles, 22 de Mayo de 2019.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=604&catid=3

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