Pacarina del Sur
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Gregorio Torres Quintero  y su  lucha contra la pedagogía libertaria en Yucatán

Gregorio Torres Quintero and his fight against libertarian pedagogy in Yucatan

Gregorio Torres Quintero e sua luta contra a pedagogia libertária em Yucatan

Arturo Vilchis Cedillo[1]

Recibido: 01-03-2014 Aprobado: 13-04-2014

 

A Erre A, por su paciencia integral

Y como Don Gregorio no es enemigo de las escuelas por el trabajo,
resulta que hay probabilidades de que sea racionalista,
porque no cualquiera escuela por el trabajo es racional;
lo es, como la mía establecida en Chuminópolis,
cuando tiene como principio básico la LIBERTAD;
de allí saldrían los hombres de acción;
anarquistas en el lenguaje de los parásitos.

José de la Luz Mena, Oriente, diciembre de 1917

Salvador Alvarado, un huacho en lu’um maya.[2]

Cada pueblo, cada época y cada generación tienen su propia concepción educativa. Dilthey fue el primero en reconocer este carácter histórico de la educación, señaló  que el ideal de la educación depende del ideal de  vida de la generación que educa, y que “el sistema de medios por los cuales se realiza la educación está condicionado por el estado de esa generación” (Dilthey 1960:26). En la historia de la pedagogía percibimos  una serie de movimientos innovadores o de educación nueva que dan a aquella su fisonomía propia. Los movimientos pedagógicos tienen en general un ritmo lento en su accionar, como   posiciones nuevas “conquistan una parte  de sus aspiraciones  y las viejas no pierden  todas las posiciones que disfrutan” (1960:36). Así, los movimientos pedagógicos innovadores  han tardado a veces mucho tiempo en llegar  a la realidad educativa y otras veces  han desaparecido al poco tiempo.

Desde finales del siglo XIX y hasta la primera década del siglo XX,  en México, en el caso específico del estado de Yucatán, la instrucción escolar básica, primaria,  tenía un carácter marcadamente intelectualista y memorista; su método se basaba sobre todo en el aprendizaje  de los instrumentos de la lectura, escritura y cálculo, en la recitación de algunas obras o libros escolares y en la audición y repetición de las  palabras del maestro. Se recomendaba, la enseñanza intuitiva (lecciones de objetos) y la clasificación de los alumnos (colegios  por jerarquías graduales); pero en general predominaba la enseñanza verbalista y la disciplina rígida del maestro, es decir era una escuela intelectualista, convencional y autoritaria, en la cual  el alumno era  considerado desde una posición pasiva, un receptáculo en el que se depositaban los conocimientos y el aprendizaje.

En la zona del sureste, de la península de Yucatán, desde 1910 se produjeron diversos movimientos políticos, reflejos por un lado de las conmociones políticas que embargaban al país y por el otro el derrumbamiento de la oligarquía yucateca, que bajo el dominio del grupo molinista[3] había mantenido su hegemonía durante quince años en el estado yucateco. Después de  la frustración de la rebelión de junio de 1910 en Valladolid, entre 1911 y 1912 se desarrollaron diversas insurrecciones independientes, dando paso  a una etapa de vacío político y de  inestabilidad en el Estado. Los distintos grupos que  formaban  la escena política yucateca luchaban entre sí por consolidarse en el poder.[4]

Imagen 1. El Gral. Salvador Alvarado y algunos profesores, s/f. Archivo Fototeca Pedro Guerra.
Imagen 1. El Gral. Salvador Alvarado y algunos profesores, s/f. Archivo Fototeca Pedro Guerra.

Hacia 1914, el proceso de expansión de la facción constitucionalista, bajo la égida de Carranza,  desplegó una estrategia  nacional de dominación política y militar, con la perspectiva de construir una nueva institucionalidad fundada en la  construcción de un Estado centralizado. La estrategia se dirigió hacia el sureste, en donde un movimiento de autonomía  estatal había expulsado a los carrancistas proclamándose gobernador el Coronel Abel Ortiz Argumedo (12 de febrero de 1915). Carranza sabedor de la importancia estratégica y territorial de Yucatán para el fortalecimiento financiero del constitucionalismo ordenó terminar con la rebelión argumedista, nombrando al Gral. Salvador  Alvarado Rubio como gobernador y comandante militar de Yucatán, quien al frente de 7,000 hombres se impuso al movimiento de Argumedo y entró triunfante a la  ciudad de Mérida el 19 de marzo de 1915.

Salvador Alvarado trató de implantar un proyecto de reformas acorde con la estrategia constitucionalista establecida por Venustiano Carranza. Intentó establecer un gobierno de coalición entre la pequeña burguesía y las clases populares, aliándose  con los trabajadores urbanos, los campesinos, los peones henequeneros y la fracción oligárquica de los peonistas,[5]  sectores que  desde años anteriores desarrollaron un crecimiento ideológico y político. Su finalidad  consistía en instaurar un régimen legitimado ante la sociedad yucateca, y desmantelar los reductos oligárquicos, quienes obstaculizaron el desarrollo del sistema capitalista, al utilizar en su marco de producción relaciones  de trabajo de carácter semi-feudal y esclavista; también, destruir el aparato político e ideológico que mantenía a la población sujeta  a la oligarquía henequenera: “la Casta Privilegiada”,[6] fiel representante del porfirismo en la península yucateca.

 La fuerza y desarrollo que el movimiento popular logró durante los años anteriores era una situación que el proyecto constitucional tenía que controlar. Lo que Alvarado planteó para la sociedad yucateca era un clima de tranquilidad en el que se conciliaran los intereses de las clases, consolidando el apoyo popular y aceptando la rectoría del Estado por los distintos sectores. Era urgente, entonces que no se perdiera el control ante el  desarrollo del movimiento popular y que el estado funcionara como controlador y organizador del mismo. Alvarado  fortaleció en gran medida el poder del Estado para realizar la modernización económica,  mediante el liberalismo y la dirigencia capitalista, además de impulsar el  sentido de nación, al favorecer la integración de indígenas y campesinos. El proyecto  de Alvarado tuvo no sólo a la oligarquía sino a la iglesia católica, como sus principales opositores, sin embargo el proyecto  se concretó mediante medidas dirigidas a la reorganización de la administración pública y la redefinición de la sociedad yucateca desde los aspectos  de la economía, la organización política y laboral, la cuestión agraria y civil, la cultura, los aspectos sindicales y de género. Para llevar a cabo el proyecto aplicó una serie de medidas estatales.[7]

 El ámbito de la educación constituyó un elemento central del proyecto. El pensamiento de Alvarado, consideraba la educación, la instrucción pública como el fundamento básico del progreso. Un mes después de su  llegada a Mérida (12 abril 1915), emplazó a la población para que respondieran una encuesta y dieran su opinión sobre los principales aspectos de la educación en el Estado:

a) las condiciones materiales de los planteles educativos; b)sujetar el plan educacional conforme a la metodología moderna aplicada al medio yucateco, c) la necesidad de cambiar los textos, hacer otros adecuados e incluso  considerar la supresión de algunos; d) la conveniencia de que el poder público controle todo el ramo de la educación pública, clausurando los planteles que dependían de las asociaciones civiles o religiosas para hacer completamente laica la educación, sometiéndola a la vigilancia y responsabilidad del gobierno; e) el cuidado que debe tenerse con la selección del personal, a fin de garantizar que sea absolutamente laico, pues muchos profesores hacían  propaganda filosófica contraria a los principios de la filosofía liberal; f) la necesidad de evitar que los maestros se mezclen en cuestiones políticas cuando se estén desempeñando en sus funciones; g) la manera en que se puede extender la instrucción primaria a todos los pueblos, haciendas y rancherías más apartados; h) la conveniencia o inconveniencia de que los municipios administren directamente sus escuelas, con la sobrevigilancia del Ejecutivo y del Consejo de educación Pública; i) la posibilidad de importar maestros del estado de Veracruz; j) el establecimiento de una ley de pensiones, a fin de proteger a los maestros después de 20 años de servicios; k) la manera de reunir la mayor suma posible de fondos  a fin de aplicarlos a la instrucción, con absoluta preferencia sobre los otros ramos”; l) cómo vencer el gran escollo que presenta la lengua maya para lograr un mejor éxito en las escuelas rurales; m) las escuelas nocturnas y los centros educacionales para los obreros (Espadas 1998: 98).

Desde el marco jurídico, dispuso una serie de legislaciones educativas,[8] la creación de más de 500 escuelas primarias  en todo el territorio yucateco, así como de Instituciones y centros escolares,[9] con el fin de reformar los planes y prácticas pedagógicas. Alvarado desplegó varios espacios importantes  donde  debatieron,  discutieron y participaron expertos de  las nuevas tendencias educativas.  Bajo su gobierno se realizaron tres Congresos Pedagógicos, el primero en septiembre de 1915, en Mérida; el segundo en agosto de 1916, en la misma ciudad y el tercero en julio de 1917, en Motul, Mérida.[10]

Alvarado se mostró  con una apertura hacia las propuestas de innovación pedagógica  que trascendieran los métodos educativos tradicionales, sin embargo  durante su régimen, aunque se dieron intensos debates, no se logró imponer la escuela racionalista como modelo fundamental en la educación primaria, como en algunos estudios se señala.[11]  Su cuestionamiento se dirigió hacia el enfoque intelectualista, teórico y mecánico que prevalecía en la pedagogía, dando mayor apoyo y alcance en su régimen a un proyecto en donde  resaltara la participación de los educandos en diversas actividades manuales y productivas, es decir un sustento a la educación por el trabajo y la acción.

 

El Primer Congreso Pedagógico

Después de un año de haberse llevado a cabo el Primer Congreso Pedagógico de Yucatán (11 al 16 de septiembre de 1915), en  el cual  se plantearon cuatro problemas  a debatir,[12] cuyo primer tema. ¿Qué método se debería seguir en la educación primaria?, originó la participación de  una comisión (integrada por los profesores: Agustín Franco, Vicente Gamboa, Ramón Fernández, José de la Luz Mena y Edmundo Bolio) quien presentó el método racional como el que favorecía el desarrollo espontáneo del infante:

EL MÉTODO QUE DEBE SEGUIRSE EN LAS ESCUELAS PRIMARIAS PARA FORMAR HOMBRES LIBRES Y FUERTES QUE RESPONDA A UNA SELECCIÓN MORAL Y FÍSICA DE LA SOCIEDAD, ES EL MISMO QUE HA EMPLEADO LA NATURALEZA EN SU FORMACIÓN AL ADQUIRIR Y ORGANIZAR SUS CONOCIMIENTOS.[13]

La filiación anarquista en el  Primer Congreso quedó  abiertamente establecida,  en los discursos de los Profesores Pedro Moreno Pérez, de Yaxcabá (Sotuta) y de Manuel Herrera, el primero, mencionó a la Escuela Moderna como la emancipadora de los obreros: “La Escuela Moderna abrirá centros de cultura para el obrero, centros de lectura y unión social.”Mientras que el Profesor Rural, Herrera, relacionó la escuela racionalista con la persona de Francisco Ferrer Guardia: “El sistema racional  está llamado a ser con el tiempo  universal […] Ha tenido excelsos partidarios y también mártires como Francisco Ferrer…”[14]

No obstante  se aceptó una reforma a los planes educativos, bajo la condición de aprobar el método racionalista  se pidió definir de manera concisa a la escuela racionalista. Lo que no se logró, lo que aunado  al limitado apoyo del Departamento de Educación Pública y del General Alvarado, -quien en el discurso de clausura sólo se remitió a la reforma educativa, jamás a la educación racionalista-, en la práctica, continuaron las costumbres educativas añejas. Los profesores racionalistas continuaron con una campaña de propaganda y difusión de sus líneas educativas.

Imagen 2. Gral. Salvador Alvarado  con la mesa directiva del Congreso Pedagógico. Der. La Presidenta, Profa. Prudencia Ávila de P. Izq. La Vocal 1ª. Profa. Dilia Macías de Trujillo. Mérida 7 agosto de 1916.
Imagen 2. Gral. Salvador Alvarado  con la mesa directiva del Congreso Pedagógico. Der. La Presidenta, Profa. Prudencia Ávila de P. Izq. La Vocal 1ª. Profa. Dilia Macías de Trujillo. Mérida 7 agosto de 1916.

 

El maestro “Goyito” y la escuela del trabajo y la acción

La organización del  Segundo Congreso Pedagógico, quedó en manos del profesor Gregorio Torres Quintero, el maestro “Goyito”,[15] colimense que tenía una amplia trayectoria en la docencia. Pertenecía  al grupo  de pedagogos formados bajo la dirección de Enrique Rébsamen hacia finales del siglo XIX y  en los años posteriores al estallamiento revolucionario, se integró a una congregación de intelectuales, quienes no tendrían impedimento para instalar un plan educativo único y  supremo:

Miguel Alesio Robles, Manuel Gamio, Gregorio Torres Quintero, Abraham Castellanos, entre otros,   un grupo que a instancias de Carranza, se empeñaba en definir el nuevo  proyecto educativo nacional para implantarlo en todo el país aún a costa de las iniciativas locales. (Monroy 1975: 13)

Torres Quintero fue destinado a Yucatán, por órdenes de Carranza el 18 abril de 1916,[16] llegó unos días después[17] y de inmediato asumió sus actividades. El maestro “Goyito” con bases pedagógicas en la Escuela por el trabajo y de la acción o activa,[18] desde su llegada a Mérida mostró una oposición abierta a la Escuela Racionalista y el grupo que apoyaba este movimiento  pedagógico. Una de sus primeras medidas llevadas a cabo como Jefe del Departamento de Educación Pública, fue hacer un llamado para organizar el Segundo Congreso Pedagógico, mismo que  organizó, pero al mismo tiempo desarrolló una serie de ataques a los profesores racionalistas. Recapitulando las conclusiones del Primer Congreso llevado a cabo un año antes y de algunos  profesores opositores a la escuela racionalista,  se valió de ellas para librar  una batalla en contra de estos miembros  y manifestó en el tercer apartado a discutir en el  2º Congreso Pedagógico la incapacidad de los racionalistas para definir su proyecto:

III En el primer congreso pedagógico se recomendó la Escuela racional o Racionalista para formar hombres fuertes y libres. No habiendo quedado bien definida dicha escuela, precisar aclarar bien su significación.

Debiendo ser racional toda enseñanza, ¿es esta escuela un cuerpo de doctrinas pedagógicas basadas en un  principio filosófico o bien es una aspiración a un sistema de educación racional es decir fundado en la razón?

¿La Escuela racional o Racionalista corresponde por sus principios a la Escuela de la naturaleza de Rousseau, a la de la intuición de Pestalozzi, a la de la instrucción educativa de Herbert ; hoy tan difundida en Alemania y en países como el Japón, o a la del juego de Froebel, a la de la vida completa de Spencer, a la nihilista de Tolstoy, a  la anárquica de Ferrer, a la de la autoeducación de Eislander, que participa de las dos anteriores, a la de la Escuela nueva de Reddie, semejante al falansterio de Fourier o a la más moderna de todas, la científica y experimental  fundada en las observaciones de la  psicología de la infancia, en las experiencias de los laboratorios y en las encuestas escolares?

¿O constituye un cuerpo nuevo de doctrinas?

En uno u otro caso definirla con precisión. (Fortis 1916: 2)

Como destacado pedagogo y ferviente seguidor de la educación por el trabajo  definió el racionalismo desde los fundamentos  kantianos, con la finalidad de  presentar a los racionalistas como simples profesores de intelecto menor, incapaces de definir el racionalismo desde su concepción  filosófica:

Se trata de hacer triunfar una teoría educativa que no corresponde fundamentalmente a un plan o a un sistema lógicos y definidos no ya en el resultado pretendido del mejoramiento social, pero ni aun en la forma de una metodología consciente y eficaz.

El racionalismo como escuela filosófica Kantiana, no es  más que el imperio augusto y soberano de la razón sobre las concepciones humanas. […] no existe en el terreno educacional una escuela que propiamente pueda llamarse racionalista, porque ello constituiría un nuevo sistema de educación que ni siquiera ha sido planteado. […] es indiscutible que tienen que involucrarse en la teoría y plan educacionales  el arraigo de los principios políticos que encaminan al mundo por la senda del progreso; esto es lo que ha hecho grande a Alemania e Inglaterra  y ésta es la preocupación constante del gobierno  de los Estados Unidos de Norteamérica. Estamos conformes en que tal programa constituye  una forma exclusivista de mejoramiento, pero ello no excluye a los demás del progreso, los llama  a su seno y los mejora; naturalmente vendrá la ley de selección y los pueblos débiles desaparecerán, pero aquellos que sean suficientemente fuertes por su educación [… ] La ENSEÑANZA VERDADERAMENTE RACIONAL SOLO LA PUEDE DAR UN FILÓSOFO, dice el propio Spencer (Torres Quintero 1916: 6 y 7). 

Torres Quintero no obstante, no obstruyó la participación del grupo  simpatizante de la educación racionalista en el Segundo Congreso Pedagógico (5 al 16 agosto en el Teatro Peón Contreras), aliado  al Dr. Eduardo Urzáis, el Profesor Florencio Ávila, la Profesora Mercedes Betancourt de Albertos, entre otros,  conformaron un grupo opositor que si bien, apoyaba la reforma de los planes educativos en el estado yucateco y planteaban el proyecto de la escuela del trabajo y de la acción como el más viable,[19] se opusieron de forma contundente a los profesores racionalistas.

Imagen 3. Congreso Pedagógico, Mérida 7 de agosto de 1916.
Imagen 3. Congreso Pedagógico, Mérida 7 de agosto de 1916.

Durante  el Congreso, el maestro “Goyito” publicó una serie de ataques en contra de   algunos seguidores de la escuela racionalista, nombrándolos   ignorantes y anarquistas, anarquistas como sinónimo de provocadores e incendiarios políticos,  “que andan hojeando libros y más libros para buscar un pensamiento bonito” (Torres Quintero 1916b: 3). Y si bien,  en el Congreso se discutió la cuestión de la escuela racionalista,[20] como el tercer tema principal (definición de la escuela racionalista),  al final del congreso se dictaminó que la misma quedase desligada  de los programas de educación primaria del Estado, por carecer de una definición: “Ya que los señores de la Comisión no han podido definir la Escuela Racionalista como cuerpo de doctrinas, yo pido que ese informe se rechace de plano; primero: Porque no define lo que se pide; segundo: Porque tiene errores científicos gravísimos; tercero: Porque su redacción es defectuosísima.” (Fortis 1916b: 7).   No obstante se convocó a los partidarios racionalistas a continuar con su proyecto en “próximos congresos e integrarse a las resoluciones emitidas a favor de la escuela por el trabajo” (Fortis 1916c: 1).   

En su discurso de clausura,  Torres Quintero habló de la escuela nueva de Eislander (uno de los principales teóricos de la escuela racionalista) y resaltó que la escuela racionalista era ilusoria, que no existía: “no existe en realidad, sólo ha existido en la imaginación de sus autor”, precisando que eran experimentos para “ciudades urbanas, mientras que Mérida es un campo rural” y que el infante debía permanecer en un sistema educativo de obediencia y servilismo: “no debe preguntarse al niño, es el niño el que debe preguntar. Todo pues debe ser ocasional. Prolongar el método del hogar hasta la escuela primaria: he aquí el sistema.” Concluyendo que la escuela racionalista no era un sistema apto para Yucatán: “Pero sería un error del Gobierno generalizar  en las escuelas un sistema no probado en la práctica. La escuela racionalista como escuela o como cuerpo de doctrinas, ha sido negada por el Congreso.”[21]

La labor del maestro “Goyito” continuó en contra de la escuela racionalista, aún después de que concluyó el Congreso. Como Jefe del Depto., de Educación Pública publicó  algunos artículos, con la intención de presentarse como el primer conocedor o el de mayor “conocimiento” sobre la escuela racionalista. De tal manera, que rescató textos publicados en revistas de pedagogía  de principios del  siglo XIX en las que había participado como colaborador o editor:

Hojeando el Tomo II de la Enseñanza de la “ENSEÑANZA PRIMARIA”, periódico pedagógico que dirigí en la capital de la República […] en el número 21 correspondiente al 1 de mayo de 1904. […] No tendré yo, con esto,  títulos suficientes para proclamarme inventor de la escuela racionalista, puesto que soy anterior a estos de aquí, que se titulan además, REVOLUCIONARIOS por añadidura? (Torres Quintero 1916c: 6).[22] 

 

La Defensa de la escuela racionalista

La escuela racionalista se enmarca  dentro de las corrientes de la escuela nueva,  como educación no constituye  un sistema o cuerpo de doctrinas cerrado, sino  que representa la articulación  de movimientos, corrientes pedagógicas encaminadas  a perfeccionar y vitalizar la educación existente. Al constituirse en una amalgama de  prácticas y métodos pedagógicos, también integra prácticas sociales del movimiento anarco comunista o anarco socialista, del anarquismo libertario,[23] por su lucha constante  a favor de la libertad,  lo que significó tomar una ideología y fisonomía de éste.   Su defensa en contra de Torres Quintero partió de la  premisa de la libertad individual en el infante, en la comunidad y de la libertad de cátedra:

Nuestra escuela tiene como PRINCIPIO BÁSICO LA LIBERTAD y que para la educación del niño no habrá más remedio que LA GRANJA, EL TALLER LA FÁBRICA, porque queremos despertar a los hombres “especializados”[…] como dice Kropotkine que el hombre es el completo ser humano  educado en el uso de su cerebro y de sus brazos, para que aventaje en el campo del arte y de la ciencia con una inventiva ingeniosa y productiva.

Esa es la escuela que pregonamos (Nacozari 1916: 3).

Al adquirir premisas de los libertarios o anarco comunistas, por obviedad  fundamentaron su proyecto en los pensadores ácratas, como lo refiere la cita  arriba, hay una intertextualidad de las ideas y prácticas de Pietr Kropotkine (Kropotkine 1978: 12), en cuanto a la construcción de otra civilización, de una “utopía”, como una meta que orienta la acción, algo deseable en cuanto necesaria. La errónea interpretación del maestro “Goyito” de las discusiones y debates en torno a la Escuela Racionalista en el Primer Congreso Pedagógico, al que por supuesto no asistió, son deliberadas por los profesores racionalistas que tuvieron participación y le hacen ver su actitud autoritaria, intransigente, una perspectiva que lo contraponen al “espíritu revolucionario y constitucionalista” que decía representar:

El Jefe del Departamento de Educación Pública, en vez de dar explicaciones acerca de las distintas escuelas que se mencionan en la cláusula III de la convocatoria para el próximo Congreso Pedagógico […] arremete en contra de la Escuela Racionalista, que entre paréntesis dice no conocer.

Imagen 4. Profesor  José de la Luz Mena
Imagen 4. Profesor  José de la Luz Mena

La Escuela Racionalista tiene bases eminentemente científicas; sus principios arraigan en la Biología en la sociología y en los últimos postulados de la Psicología experimental. […] El eminente sociólogo Eliseo Reclus en su obra El Hombre y la Tierra, expresa: “la escuela  verdaderamente emancipada y libre de la antigua servidumbre, no puede tener franco desarrollo más que en la Naturaleza. El arte de la educación como los demás artes es de invención prehumana. La educación tal como se comprende de nuestros hermanos inferiores, ha conservado su carácter normal, eficaz,  en tanto que entre los humanos ha degenerado frecuentemente  en pura rutina, y a  veces, ha obrado en sentido inverso de su objeto: no es raro que se convierta en verdadero embrutecimiento.”

Para el Jefe del Departamento de Educación Pública no hay más que tres cosas nuevas en materia de educación: obediencia, disciplina y principio de autoridad, puntales de cualquier tiranía (Dógmata 1916: 6 y 7).

La fundamentación partió entonces desde los aspectos de diversas ciencias, que  estaban en pleno desarrollo en el despertar del siglo XX, así como no  ocultaban el recurrir al pensamiento de personajes ácratas inmiscuidos en los procesos educativos, el caso de Eliseo Reclus,  quien creó un Comité Pro Enseñanza Libertaria, de carácter racional.[24]

Torres Quintero que continuó agraviando  a los profesores simpatizantes de la escuela racionalista, los mencionaba como “ineptos, oportunistas, soeces”, anarquistas en el sentido peyorativo, desconocía las actividades que desarrollaban algunos de estos profesores, el caso del literato, periodista y profesor Ricardo Mimenza Castillo, quien dio una respuesta al maestro Goyito, sobre los orígenes de la definición de escuela racionalista:

Ese término que tanto disgusta a sus impugnadores lo hallé en Ferrer y en otros. Pero el nombre no hace la cosa.[…] se rechazasen todos los fanatismos  y sobre todo el odioso fanatismo de la guerra que respiran los textos de Historia que se ponen en manos de los niños[…]También me interesó que se propusiesen a los niños en los libros de lectura, problemas sociales y de mejoramiento para el proletariado, ya que la mayor parte de los niños son hijos de proletarios y de las clases desvalidas.  […] Hablo del materialismo y no de anarquismo, ni de militarismo, porque el materialismo es científico y el anarquismo y el militarismo son formas políticas futuras o pasadas. (Mimenza 1916: 4).

Mimenza era muy sagaz con su réplica, mantenía su adhesión pedagógica a la educación ácrata con Ferrer y Guardia creador de la Escuela Moderna en Barcelona,  pero de manera suspicaz, no se  separaba del todo de una definición social y política del anarquismo,  al identificarlo no como una razón científica, sino una forma política futura, mientras que el militarismo era una forma política pasada, haciéndole rememorar al maestro “Goyito” que él iba bajo iniciativa de una forma militar, a cumplir órdenes del General Alvarado y éste a su vez del General Carranza,   formas política pasadas, o al menos en decadencia.

Ricardo Mimenza  respondió al ataque del que era objeto junto con otros profesores por parte del maestro “Goyito”, con la publicación meses después, de  una revista-folleto donde señalaba los  cuatro principios  de la escuela racionalista:

  1. tener una orientación filosófica de los principios de la razón pura.
  2. Impartir enseñanza basada en los principios bio-sociológicos de la doctrina evolucionista de Ernest Haeckel. La ontogénesis es la recapitulación de la filogénesis
  3. Ser no solo neutra o laica sino esencialmente antirreligiosa.
  4. Formar generaciones libres y fuertes. (Mimenza 1916b: 13-14).

Además de ser contundente  al señalar que las ideas, los métodos de la educación racionalista, surgían de un modo asistemático, espontáneo, sin una teoría pedagógica conclusa, porque:

La escuela no educaba según  un programa preconcebido y suministrado en forma serial, pues hacerlo así equivaldría a aceptar, por una parte, la enseñanza dogmática y tener sumiso el espíritu del niño a la voluntad del maestro y, por otra, mecanizar la enseñanza o pretender inculcar conocimientos en un momento en que el espíritu del niño se abre para adquirir otros. (1916b: 54).

Imagen 5. Profesor Gregorio Torres Quintero, “Maestro Goyito”.
Imagen 5. Profesor Gregorio Torres Quintero, “Maestro Goyito”.

 

La trinchera de los profesores racionalistas durante el Segundo Congreso  Pedagógico

El Primer tema que se debatió durante el Congreso fue la formación de una República Escolar para  el Estado de Yucatán, es decir un plan único de educación primaria, mismo que fue rechazado. José de la Luz Mena  uno de los principales alentadores de la escuela racionalista manifestó el significado de una diversidad de proyectos pedagógicos  y no la implantación de uno solo. Un rechazo a la educación concebida como imposición de ideas desde el exterior, es decir, como integración en el sistema establecido,  además  de que la  educación no debía pensarse desde la autoridad del maestro, sino desde los intereses y la libertad del alumno:

De una vez para siempre debe caer la creencia que tienen muchos padres de familia, y algunos maestros por desgracia, que la escuela solamente sirve para corregir los defectos de los niños, de una manera violenta haciendo poco caso  a su natural desarrollo. Es necesario respetar la libertad. Sin esa libertad no se manifiesta la vocación del niño y no debemos coartarla.

Más que República Escolar debemos atender a esto: que todos los hombres sepan cumplir con su deber.[25]  

El sentido de la libertad en los educadores racionalistas  de la educación del niño, fue un tema en el cual Mena insistió: el componente científico y laico  de la escuela. Educar en la libertad estaba articulado con la educación en el espíritu de la ciencia; es decir liberar a los niños de todos los prejuicios y dogmatismos que habían obstaculizado la capacidad autónoma  de los seres humanos. Era fundamental  librarlos del dogmatismo clerical, un área   apenas disminuida  por una educación estatal. La ciencia podría acabar con las supersticiones y con el escepticismo, y al mismo tiempo,   difundir los avances de la humanidad. Durante el siglo XIX, la ciencia por medio del positivismo decimonónico, se identificó con una nueva forma de progreso. Una actitud optimista que presuponía el mejoramiento de las condiciones de vida a expensas de los descubrimientos científicos y técnicos.

 Estos planteamientos ocasionaron gran molestia entre los participantes al Congreso, el grupo de profesores que abogaban por la continuidad de la educación tradicional unida a los dogmas y discursos de la religión, se unieron al grupo de profesores  simpatizantes con la Escuela del Trabajo y la Acción, proyecto del profesor “Goyito”.

Al darse la apertura del segundo  tema: la definición de la escuela racionalista, el grupo de profesores racionalistas compuesto básicamente por   José de la Luz Mena Alcocer, María Dilia Macías, J.G. Mena Alcocer, Vicente Gamboa y A. Rodolfo Gamboa E., expusieron los fundamentos de la Escuela, que si bien demostraban un carácter ecléctico condicionado, es decir de articulación de métodos pedagógicos, también hacía un matiz en su valor fundamental de la educación racionalista como mecanismo de cambio no sólo moral, sino de carácter social, como el centro de conformación del proceso revolucionario, de transformación radical y no sólo de cambios reformistas. 

La Escuela Racional reconoce al ser humano formado únicamente  de materia. Fundamenta su cuerpo de doctrinas del MONISMO. Desarrolla simultáneamente todas las facultades con las naturales  excitaciones  del medio en que se halla colocado el ser. Supone que el bienestar del hombre está en el acercamiento a la  Naturaleza por medio de la herencia  psico-fisiológica  que transforma en ciencia positiva y en amor. La misión del educador es SECUNDAR el desenvolvimiento natural de esa herencia. Utiliza bibliotecas. Ejercita las manos. Forma ciudadanos y hombres prácticos. Su lema es TRABAJAR EDUCANDO. Padres, maestros y niños la amarán. Será la escuela de donde irradien las reformas sociales.

LA ESCUELA RACIONAL ES PUES, UN CUERPO DE DOCTRINAS PEDAGÓGICAS BASADAS EN EL MONISMO, QUE PERMITE AL EDUCANDO TRANSFORMAR, LIBRE Y ESPONTÁNEAMENTE, SUS FACULTADES Y PODERES INGÉNITOS, EN CIENCIA Y FRATERNIDAD COMO BASE DE ECONOMÍA, Y EN FRATERNIDAD, COMO BASE DE MORAL,ES LA ESCUELA DE LA EVOLUCIÓN.[26]      

Si para Leibniz, las mónadas, eran: “cada sustancia en un universo autónomo capaz de autorrealizarse independientemente, que ante su destino individual está en perfecta libertad de elegir  entre infinitas determinaciones posibles” (Leibniz 1988: 32), para los profesores racionalistas, se fundaba en la idea de libertad y autonomía de la educación y de las escuelas, la autonomía escolar percibida desde cuatro fines articulados: para despertar y cultivar la conciencia social; para animar y fortalecer la  voluntad moral; ambas fomentan el bien común y altruista y hacen percibir que la plenitud moral de la  comunidad sean  interdependientes; fines que no podían alcanzarse sin una actuación temprana y múltiple del infante en la vida comunal. La escuela para ellos,  por definición significaba un  ente colectivo. Si desde Platón en La República, hacía una defensa de la educación para la comunidad, los  profesores racionalistas fundaban las mónadas en el principio colectivo, comunal de la educación. No desarrollaban al individuo en actividades aisladas, sino en el trabajo común con los demás, la articulación de la conciencia individual en la conciencia social. No era imponer una disciplina severa y estricta, lo que la escuela trataba de estimular, era la naturalidad, el autocontrol, la iniciativa.

Al unir la educación con fines sociales, los profesores racionalistas, no sólo se desmarcaban de la idea de educar  es domesticar, sino a su vez  presentaban que era un movimiento pedagógico  con posicionamiento ideológico político  popular y no de un selecto grupo de “intelectuales”. La instrucción debía transformar a los individuos y éstos debían transformar  a la sociedad, puesto que ella está formada por individualidades. La educación  para la escuela racionalista no era  simplemente materia de enseñanza y de ejercicio sino objeto de lucha: un campo de batalla donde comenzaba  a librarse los necesarios combates por la libertad y el progreso. No se comprendía una enseñanza y una educación que fueran  propiamente evolutivas, sino que éstas fueran a la vez eminentemente deconstructoras. Porque  los maestros habían sido   hasta la fecha,  agentes activos de propagación de los prejuicios dominantes y de las enseñanzas del clero.

El  posicionamiento de la educación racionalista en bases populares (obreros, campesinos, feministas, etc.) tuvo sus consecuencias durante el Segundo Congreso,  al contar con el apoyo de los obreros ferrocarrileros quienes  asistieron a las sesiones,  para apoyar a los profesores  a favor de la educación racionalista y desmentir que boicotearían a los opositores: “no se dejen manejar por nadie”, y que era una calumnia “la idea de impedir que hablen determinados oradores” (Editorial 1916: 1). Actos que fueron tomados por los grupos opositores como  hechos de anarquía, de perturbar las sesiones, sin embargo los profesores  refutaron tales calumnias, ya que la escuela racionalista no “predica la anarquía, sino la libertad en la escuela”.[27] Sin embargo, como ya se comentó anteriormente,  los dictámenes en el Congreso fueron desfavorables para la escuela racionalista.

Imagen 6. Portada del libro del Prof. Mena <em>De las tortillas de lodo a las ecuaciones de primer grado. </em>Mérida 1916.
Imagen 6. Portada del libro del Prof. Mena De las tortillas de lodo a las ecuaciones de primer grado. Mérida 1916.

 

La barricada después del Segundo Congreso

La defensa de la Escuela Racionalista, conllevó a presentar artículos de revistas que apoyaban la educación racionalista, ante aquellos que la negaban y  que trataban de locos y utopistas a sus seguidores, como lo continuaba haciendo el maestro “Goyito”. Presentaron y difundieron fragmentos de artículos de la Infancia, órgano mensual de la Liga Popular para la Educación Racional de la Infancia, publicada en Montevideo Uruguay (núm. 39, junio de 1916); así como del Boletín de la Liga de Educación Racionalista, de Buenos Aires, Argentina, y de El Pueblo, publicado en la Ciudad de México (30 agosto de 1916), (Pantoja 1916:5), de forma semejante daban noticias de la fundación de la Escuela Racional en la Ciudad de México, (Editorial 1916b: 3), dentro de la organización, la Casa del Obrero Mundial y su órgano de difusión, El Ariete, revista que publicaba diversos artículos sobre la educación racionalista. La articulación  entre el movimiento racionalista  en Yucatán, la Ciudad de México y algunas ciudades de Sudamérica, era un proceso de construcción y desarrollo de los movimientos obreros de carácter anarco-comunista.  

Si en el Congreso Pedagógico no hubo un  acuerdo total en la defensa de la Escuela Racionalista, ya que unos profesores la hicieron descansar en la evolución, otros, en el materialismo, otros más  en la educación  integral y algunos  en la educación en granjas y talleres. Al no haber un acuerdo, no significó que no existiera un proyecto, no hubo acuerdo  en la forma, sin embargo, en el fondo la crítica era una: la escuela actual fabricaba educandos lejanos a su circunstancia y realidad concreta y urgía una transformación radical, si estimamos que la educación era un proceso paralelo al proceso revolucionario: “No se trataba de aprenderse una definición de memoria y repetirla como loros. Esta clase de disciplina solo cuadra a los serviles y a los esclavos” (Pantoja 1916b: 4). El pensamiento y la acción no perdían su independencia, solo había discrepancias, como señalaba el Profesor Pantoja, quien  fundamentaba sus principios a través de uno de los objetivos de las Liga Racionalista de Montevideo:

En cada pueblo, villa o ciudad de la República, pueden formarse grupos o secciones adheridas a la liga ya individual o colectivamente, con una acción completamente libre e independiente dentro de los lineamientos generales de nuestro objeto, la libertad de educación. Entre nosotros no se dictan órdenes, ni se hacen insinuaciones para hacer obrar  inconscientemente (Ídem).

Y hacía una aclaración  al manifestar que un marco de diversidad de  definiciones implicaba un proceso continuo de libertad del pensamiento, de construcción y de respeto: “nunca hemos pensado enseñar la Granja, el Taller, con plan y descripciones” (Ídem), porque la educación racionalista no era una entidad estática, creada de una vez para siempre, sino que  su articulación con el movimiento  social, moral, político y cultural  anarquista, como una educación  integral la situaban en un permanente devenir. Desde su raíz positivista,  su desarrollo histórico estaba en conjunción al cambio y evolución. “Como  el anarquismo no se podía definir como una filosofía completa” (Nido 1921: 89). Como  una filosofía política, una filosofía aplicada a  campos  prácticos  de la vida humana,  no planificaba, presentaba proyectos, bosquejos que podían ser modificados, porque había un constante esfuerzo de desarrollo y porque para los proyectos no prefijaba un estadio último, una meta definitiva.  

No se reducía a una doctrina cerrada ya que se miraba a la educación como proceso,  en su sentido más profundo, como forma de conocer, lo cual indicaba una implicación de análisis. El conocimiento a partir de una educación en la moralidad como eje rector, propiciaba la unidad de las ciencias sociales y naturales y sus vínculos con las actividades artísticas. De tal manera, el educar desde la escuela  racionalista  adquiría un significado que buscaba integrar, mostrar, enseñar a partir de una perspectiva. No sólo era un método y un sistema, era algo más, no sólo consistía en descubrir, explicar e identificar los motivos y de construir sistemas pedagógicos ya que todo ello era insuficiente al aprendizaje, sino se apropiaba de su entorno, de su circunstancia, de la realidad en la que se manifestaba. Como señala Mario Magallón “en el acto de conocer  tiene que participar todo el ser porque en la apropiación de la realidad y la apropiación del mundo, se realiza un acto humano que se concretiza en la integración de lo subjetivo y lo objetivo” (Magallón 1993: 81).

El 7 de octubre apareció, una comunicación respecto a la Escuela Racionalista, firmada por la Profesora Porfiria Ávila y C. de Rosado. Se le encomendaba a la profesora por instrucciones del Departamento de Educación Pública, la formación de la primera Escuela Racionalista en el Estado, (Anónimo 1916: 4). Torres Quintero  contestó  en una misiva que él no dio ninguna instrucción al respecto como Jefe del Departamento de Instrucción Pública (Comunicación 1916: 5). Los ataques continuos a los profesores racionalistas por parte del Jefe del Departamento de Educación Pública, no cesaron durante los últimos meses de 1916,  pero adquirieron un destinatario directo, la persona del Profesor José de la Luz Mena Alcocer, a quien acusó de cobarde, al no presentarse a los debates en el Congreso: “¿No es de extrañar que en esta contienda racionalista hayan brillado por su ausencia los propulsores  de la pseudoescuela, señores Profesores José de la Luz Mena y Agustín Franco?” (Torres Quintero 1916d: 3). El profesor Mena  no dudó en responder,  señalando que no necesitaba de intermediarios para exponer sus ideas, pero debido a sus labores diarias le impedían escribir artículos sobre la escuela racionalista: “Crea usted que si contara con alguna  renta o con un empleo bien remunerado y subalternos que desempeñaran las tareas de mi cargo, de buena gana me aprestaría a la lucha para obsequiar sus deseos” (Mena 1916b: 7). Y dejaba en claro que no se consideraba  líder de los racionalistas, retomando la organización ácrata de inexistencia de jerarquías, sino que  se organizaban de forma horizontal, por lo que cualquier profesor podía hacer la defensa, “por tanto de nada serviría mi personalidad, por cierto carente de mérito”.

 

Coda

El término del año de 1916, no significó la conclusión  del debate entre Torres Quintero y los simpatizantes de la Escuela Racionalista, mejor dicho la lucha del maestro “Goyito” contra los racionalistas. Tuvo su ligera interrupción  en enero de 1917, cuando  fue comisionado por Alvarado para viajar a Estados Unidos, con la intención de impregnarse de las nuevas corrientes educativas, de los adelantos en pedagogía, administración y organización educativa, así como la comisión “para contratar profesores para las diversas escuelas de Yucatán, especialmente para las de Comercio, Preparatorias de Artes y Oficios, y Artes Domésticas:”[28]A su regreso, continuó su disputa,  y si señaló por primera vez su existencia, ésta la fundó en el anarquismo: “la escuela racionalista sí existe es ferreriana, intelectualista y…anarquista” (Oriente 1917: 3).  Aunque visitó la escuela racionalista fundada por José De la Luz Mena (Oriente 1918: 6), su aborrecimiento y falta de apertura pedagógica se transformó  en un repudio hacia la educación racionalista, que nunca olvidó:

Todo se lo aplicaron. ¡Hasta la teoría del monismo o doctrina filosófica de la unidad de la realidad le endosaron! …Y la llamaron Escuela del Trabajo y también Escuela por la Acción [...]. Atiborraron, pues, a la Escuela Racionalista de teorías pedagógicas traídas de aquí y de allá, y la atiborraron también de socialismo anarquista hasta el exceso. ¡Le aplicaron las doctrinas de los artículos 27 y 123 de la Constitución de Querétaro! Más todavía: la hicieron propagandista de las ideas de Margarita Sanger acerca de la reducción de la natalidad. Y, sobre todo, la inficcionaron de política (Torres Quintero 1925: 33).

Torres Quintero criticó las articulaciones político-educativas, de los racionalistas, siendo que la Escuela del trabajo y de la acción, que él promovió, también era un proyecto político del constitucionalismo, es más un proyecto de autoridad.  Jamás reconoció el valor de la escuela racionalista, una escuela que desbordaba el marco de un proyecto puramente pedagógico, que rompía  con los programas educativos franqueados en  las nociones de lectura y escritura, los cuales influían las relaciones sociales en forma negativa, agravando su dependencia a los juegos del cacicazgo político y a las estructuras de dominación económica y cultural.

Mientras el maestro “Goyito”,  continuaba con su repudio obsesivo, los racionalistas abandonaban las palabras, José de la Luz Mena y Alcocer,   realizaba la propaganda por el hecho: editaba el libro De las tortillas de lodo a las ecuaciones de primer grado (1916), mismo que vendió para reunir fondos y establecer la escuela racionalista en el barrio de Chuminópolis, Mérida  (agosto-septiembre de 1917).[29] Iniciaba un proceso de construcción, en donde la educación racionalista  fomentaría un proceso emancipador, de conciencia, un pleno desarrollo de los seres humanos, pero siempre en el seno  de una sociedad solidaria, de un equilibrio entre las labores  manuales y las labores intelectuales o culturales, como una vinculación  para el desarrollo armónico del ser humano. Vinculación de ambas actividades,  que produjo practicar una manera eficaz de suprimir la división de clases: la rotación de tareas,  ya que  mientras existieran niveles de educación diferente, existirían privilegios políticos y económicos para una minoría; en contraparte  esclavitud, opresión, y dominación para una mayoría.

 



Notas:

[1] Maestro en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y doctorante en Estudios Latinoamericanos  por la misma casa de estudios. Ha realizado estudios sobre  pedagogía anarquista y aimara, filosofía de la educación, filosofía de la historia. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] “Huach,  se refiere al sonido que hacían los zapatos del ejército constitucionalista bajo el mando del General Salvador Alvarado Rubio cuando  entraron a la Ciudad de Mérida  el 17 de marzo de 1915,” (Acereto 1977: 380). Huach  declinó en “huacho” o “guacho”, para hacer referencia a un miembro del ejército. Lu’um, significa tierra en maya. 

[3] Desde febrero de 1902 la dirección política de Yucatán estaba en manos de ”Don Olegario Molina S., el más importante hacendado henequenero y representante en Yucatán de la firma norteamericana International Harvester Co.”, (González 1985: 29).

[4] Estamos hablando de  que en un lapso menor a cuatro años (1911-1915) llegaron a establecerse  14 gobernadores, entre propietarios, sustitutos e interinos. (1985: 47 y ss:).

[5] A la llegada de Alvarado a Yucatán, la oligarquía se encontraba dividida en diversos grupos: “los peonistas  bajo la dirigencia de Carlos Peón Machado; los molinistas, dirigidos por Olegario Molina; los clericales encabezados por  el arzobispo Martín Trischler y Córdoba, los  manzanillistas y los redondistas”, (Sabido 1995:74).

[6] “Antes de que la Revolución llegara a Yucatán, un reducido número de personas tenía el control o dominio del Estado, en combinación  con trusts extranjeros, cuyo agente, Avelino Montes, español de origen y yerno y socio de Olegario Molina, era el verdadero amo del Estado,  en contubernio con unos cuantos  grandes henequeneros. Ese grupo encabezado por Montes dominaba en el Gobierno, en los Bancos, en los ferrocarriles, en educación,  en beneficencia, en la iglesia y hasta en las fiestas de la sociedad. El que no pertenecía  a la casta estaba condenado  a ser excluido de todo. ‘No se movía una hoja del árbol sin la voluntad  de la casta. Los Creel y Terrazas no eran sino unos pobres  aprendices, que debieron venir  a Yucatán a recibir lecciones”, (Alvarado 1918: 88).

[7] “a)ejercer el control económico de la sociedad, creando la Comisión Reguladora del Mercado de Henequén; b) destruir la estructura ideológica de dominación, ejerciendo un efectivo control sobre la educación, creando centenares de escuelas rurales e implementando nuevos planes y programas de estudio; c) disponer de un medio de propaganda para lo cual incautó La Revista de Yucatán, el diario de mayor circulación estatal, publicando en sus talleres, La Voz de la revolución, a partir del 25 de marzo de 1915, y d)ejercer un mayor control  sobre la prensa política de la época, disminuyendo significativamente las publicaciones existentes, de 30 que había en 1913 a tan sólo 8 en 1916.” (Espadas 1998: 93).

[8] Ley de Enseñanza Rural (Decreto 108, 26 mayo de 1915); Reglamento de la Ley de Enseñanza Rural (Decreto 109,  26 mayo de 1915); Código Escolar del Estado y Reglamento de la Ley de Educación Primaria (Decreto 184, 24 julio de 1915); Reglamento del Consejo de Instrucción Pública (Decreto 246, 28 agosto de 1915); Ley General de Educación Pública (Decreto 181,  17 de septiembre de 1915); Reglamento Interior para las escuelas primarias del Estado (Decreto 282, 22 octubre de 1915);  Ley de Educación Primaria para el Estado de Yucatán (Decreto 183, 19 noviembre de 1915), en La Voz de la Revolución, números del mes de mayo al mes de noviembre de 1915.

[9] Destacan durante el  transcurso de junio de 1915 a  octubre de 1916,  “La República Escolar”, “Ciudad Escolar de los Mayas”, Escuelas de Artes y Oficios, La Escuela de Agricultura y las escuelas nocturnas para obreros: “en el improrrogable término de dos meses, deberán quedar debidamente instaladas en el estado, trescientas escuelas nocturnas para la cultura y civilización de los ciudadanos que en el día van a la conquista del pan para sus hijos y en las noches en busca del sustento espiritual que los engrandezca y los dote de la fuerza de la ciencia, entendiendo que estas escuelas serán para ambos sexos.”(Alvarado 1915:1)

[10] En sustitución de los Congresos Nacionales  de Educación Primaria, se instalaron (hasta 1920), los Congresos Pedagógicos Estatales, la educación quedaba en responsabilidad del estado y en base a lo prescrito por la Constitución de 1824.

[11] Véase la crítica que Freddy Espadas Sosa hace a  Belinda Arteaga y su obra La escuela racionalista de Yucatán. Una experiencia mexicana de educación anarquista (1915-1923), UPN, 2005. Espadas  Sosa, en su amplio estudio sobre la política educativa de Salvador Alvarado refuta la tesis de Belinda Arteaga  en cuanto a que Salvador Alvarado legisló la educación racional,  y manifiesta que “no existe texto alguno en el que se posicionara a favor de la educación racionalista.” (1998: 189).

[12] Con una asistencia de 740 profesores (as) de todo el Estado de Yucatán y con una gran difusión e importancia  por parte del gobierno de Alvarado: “Artículo 6.- las cuestiones que estudiará y resolverá el congreso serán exclusivamente las que fija el decreto de 1° de julio del presente año, y son las siguientes: (a). ¿Cuál es el método que debe seguirse en las escuelas primarias para formar hombres libres y fuertes, que responda a una selección moral y física de la sociedad? (b). ¿Cuál es la mejor manera de establecer en el estado de Yucatán las escuelas  mixtas  o bisexuales y acabar con las viejas preocupaciones que se oponen a su establecimiento? (c). ¿Cuáles son los medios que deben observarse en las escuelas primarias para hacer más intensa la cultura cívica  de manera que acabe con el egoísmo individualista y formar generaciones patrióticas, capaces de ofrendar su vida y sus intereses en aras de la Patria y de la raza? (d). ¿Cuáles son los medios de que puede  y debe valerse la escuela primaria elemental y superior  para despertar en los alumnos amor por la Industria y la Agricultura y apartarlos de la antigua tendencia a obtener un título profesional.” (Menéndez 2008:47) 

[13] Continúan las conclusiones: “Por consiguiente, esta comisión somete al criterio del honorable congreso las siguientes conclusiones, cuya aplicación llenará las aspiraciones de selección moral y física contenida en el primer tema. 1.- El sistema de organización de las escuelas primarias en el estado debe tener como principio básico la libertad. 2.- Para que esta libertad pueda existir, es necesario que el niño esté colocado en medios que satisfagan las necesidades ingénitas de su desarrollo psíquico y físico. 3.- Son medios normales que favorecen este desarrollo la granja, el taller, la fábrica, el laboratorio, la vida. 4.- Para poder cumplir con estas finalidades, es indispensable que la escuela primaria actual se transforme en los medios aludidos en la conclusión que antecede. 5.- El maestro debe trocar su misión instructiva en la de un hábil excitador de la investigación educativa que conduce a la Educación Racional. 6.- por la libertad y el interés del trabajo, el niño trasforma su egoísmo en amor a su familia, a su raza y a la humanidad y será, en consecuencia, un factor del progreso.” (2008:105)

[14] “Ayer hablaron los partidarios de la Escuela racional”, La Voz de la Revolución, Mérida, 14 de septiembre de 1915, p. 3 y 5.

[15] Desde su natal Colima, y sus periplos en diversos Estados de la República Mexicana Gregorio Torres Quintero por su “dedicación y esfuerzo a la educación pública”, adquirió el mote del maestro “Goyito”.

[16] “La Secretaría de Educación Pública, atendiendo a los méritos que en UD. Concurren  como Pedagogo para trabajar por  la organización  y el progreso de la enseñanza en la Península yucateca, a tenido a bien, por acuerdo del C. Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo de la Unión, recomendarlo para desempeñar el cargo de Jefe del Departamento Educativo en el Gobierno de Yucatán”, en Oficio del Jefe del Departamento de Educación Pública, Félix  Palavicini dirigido al profesor Gregorio Torres Quintero, el 16 de abril de 1916,  Archivo Histórico de la SEP, Colección personal sobresaliente, Expediente Personal de Gregorio Torres Quintero, foja 185. 

[17] Vale hacer una aclaración, Torres Quintero, llegaría a Mérida el 23 de abril de 1916, José de la Luz Mena, fundador de la escuela Racionalista en Yucatán, cita una entrevista a Torres Quintero en La Voz de la Revolución, del mes de febrero del mismo año, misma que no existe, puede haber una confusión en el texto del profesor Mena, la fecha  sería posterior al mes de abril (Mena 1936: 15).

[18]Los fundadores teóricos de la educación activa  son John Dewey y Georg Kerschensteiner. Ambos tienen en común el articular la reflexión teórica con la práctica educativa:Dewey parte del campo de la filosofía y la psicología y aplica sus ideas en su “Escuela primaria universitaria” de Chicago. Kerschensteiner arranca de la realidad de las escuelas  de Munich, que transforma en “escuelas de trabajo”, para llegar a su concepción pedagógica de la Arbeitsschule, que los educadores suizos traducen más tarde con el término de escuela activa”,  (Luzuriaga 1958: 30).

[19] Gregorio Torres Quintero no llegó a definir  la escuela por el trabajo y la acción, si bien dio algunas pautas del proyecto que se funda en la actividad  práctica en las labores del campo, la granja y el taller, sin dejar de lado la educación teórica-intelectual,  sólo llegó a dar una definición años después, en un texto donde estructura su proyecto, (Véase Torres Quintero 1925).

[20] Véase, los artículos de Marco Fortis en  La Voz de la Revolución: “Ayer comenzó a discutirse en el Congreso pedagógico la tan debatida cuestión de la escuela racionalista (13 /agosto/1916); “Continua discutiendo el Congreso Pedagógico la Escuela racionalista” (14 /agosto/1916). “El Congreso Pedagógico rechazó dos dictámenes más relativos a la Escuela Racionalista” ( 17 agosto de 1916).

[21] Las citas de este párrafo corresponden al discurso emitido por el Jefe del Departamento de Educación Pública, Gregorio Torres Quintero, el 16 de agosto de 1916, publicado como “Discurso del Jefe del Departamento de Educación Pública Señor Profesor Don Gregorio  Torres Quintero”, La Voz de la Revolución, Mérida, Yucatán, 18 agosto de 1916, p. 1, 4 y 5.

[22] Otros artículos con la misma intención fueron: “No agotéis a los niños. Artículo racionalista de hace quince años” (9/septiembre/1916); “La Amenidad de la enseñanza. Artículo racionalista de hace quince años” (16/septiembre/1916), etc. 

[23] Anarquista y libertario son sinónimos (de la misma manera ácratas), su fundamentación en  la libertad individual y colectiva,  llevó a los militantes a nombrarse libertarios, pero también,  para que la sociedad dejara de  agruparlos con la falsa concepción de anarquía y caos, desorden. El primero en  mantener esta analogía de anarquista-libertario, fue Joseph Déjacque, quien acuñó el concepto  libertario como un neologismo en su obra El Humanisferio  que apareció en forma de folleto en la revista también fundada por él en New York: Libertaire (1858-1859). Posteriormente Sebástien Faure, propuso la palabra libertario en referencia al papel fundamental de la idea de libertad en el pensamiento anarquista y lo difundirá al editar un periódico de nombre Le Libertaire (1895) (Dejacque 1927: 23). 

[24] Comité Pro enseñanza Anarquista,  y/o “Ligue d’enseignement Libertaire”  con el propósito de hacer frente a la enseñanza religiosa y estatal dominantes. Adoptaba el principio de “una educación verdaderamente integral, racional, mixta y libertaria,” es decir respetuosa de la libertad, y por lo tanto, “contraria a una disciplina basada en el disimulo y la mentira; contraria a los programas escolares que anulaban la originalidad, la iniciativa y el sentido de responsabilidad en educadores y educandos, y contraria a las clasificaciones que motivan rivalidades, celos y odio.” En el comité estaban Jean Grave, Leo Tolstoi, Charles Malato, Jean Ardouin, Louise Michel y Elisee Reclus (Maitron 1955: 355). La traducción es nuestra.

[25] Palabras de José de la Luz Mena, en el Segundo Congreso Pedagógico de Yucatán, (Mena 1916: 5).

[26] “Ayer comenzó a discutirse en el Congreso Pedagógico la tan debatida cuestión de la Escuela Racionalista”, La Voz de la Revolución, Mérida, Yucatán, 13 agosto de 1916, p. 1 y 3. (Las mayúsculas son del original).

[27] Intervención de María Dilia Macías de Trujillo, (Fortis 1916d: 3).

[28] Oficio de fecha 9 de enero de 1917 que dirige el gobernador Alvarado al Sr.R.L. Cute, (Espadas 1998: 132)

[29]“Visita de un  periodista de La Voz de la Revolución el 9 agosto 1917 a la escuela,” (Oriente 1917b: 8).

 

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Cómo citar este artículo:

VILCHIS CEDILLO, Arturo, (2014) “Gregorio Torres Quintero y su lucha contra la pedagogía libertaria en Yucatán”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 19, abril-junio, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 20 de Septiembre de 2019.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=941&catid=10

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