Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Conquista y conflicto en el norte de México[1]

Conquest and conflict in Northern Mexico

Conquest e conflito no Norte do México

Rafael Pérez-Taylor[2]

RECIBIDO: 12-08-2015 APROBADO: 26-08-2015

Resumen

Resumen: Acerca de las condiciones en las cuales se llevó a cabo la conquista del desierto en lo que ahora es el norte de México, aunque debemos tener en cuenta las condiciones en las cuales, la llamada conquista de México, pasa en realidad por la invasión española, la conquista y la colonización, dando lugar a un etnocidio generalizado de las culturas originarias. En este sentido, la resistencia y la lucha se mantienen durante varios siglos para dar cuenta de cómo los grupos indígenas son diezmados con la colonización y la opresión de estos grupos.

Palabras clave: invasión, conquista, colonizaje, guerra, desierto, norte de México, pápagos, yumas.

 

Presentación

Para establecer una cartografía antropológica-histórica del norte de México, en el contexto de los grupos étnicos y en específico de los pápagos de Sonora, debemos establecer las diferentes coordenadas en las que nos moveremos, para denotar en el discurso la construcción del espacio, el tiempo y el sujeto de la enunciación. Es decir, el grupo étnico tiene su historia, en su hábitat y la geografía en que han vivido durante muy largo tiempo, los hábitos, la organización social en el ecosistema en el que se mueven, extensiones de territorio que desenvuelven las formas en las cuales el mundo se transforma y se paraliza para dar cuenta de su existencia.

La expansión colonial entendida esta como la invasión territorial a través de la conquista y la colonización, llevó a los diferentes grupos étnicos a tener diversidad de acciones, de sobrevivencia ante el embate de la llamada civilización occidental, el cristianismo, las diferentes formas de construcción del territorio, apropiación y parcialización del terreno, desde la construcción de propietarios administrados por la iglesia y el gobierno que establecen las rutas de tránsito. En este movimiento nacen las fronteras y las formas de realizar los recorridos, se legisla el movimiento y con ello, se establecen pueblos, caminos reales y otros de menor importancia, se cuenta con las misiones, los presidios, las haciendas, las mineras y los terratenientes. El territorio es controlado y la etnicidad de los grupos originarios es marginada y obligada a formar parte de la civilización, como mano de obra barata o a ser expulsada y expropiada de sus tierras.

La resistencia, la luchas de reivindicación indígena dan por principio el deseo de mantener el orden anterior, de hacer justicia por el pueblo indígena, para intentar recobrar lo perdido, las guerras indias se llevan a cabo desde el periodo colonial hasta el siglo XX, durante este largo tiempo hemos construido simbólicamente al indígena, le hemos dado diferentes categorías, que van desde enemigo, primitivo o salvaje, es el otro, es el trabajador manual que puede ser explotado, es el cuasi hombre que se mueve entre ser flojo, holgazán, vicioso y recae sobre él, todos los peyorativos que la sociedad llamada civilizada les pueda dar.

 

La construcción del espacio

En la distribución del terreno, el espacio es un lugar de privilegio en la medida que ubica y designa en donde se encuentra algo. Es decir, el espacio manifiesta y materializa objetos, sujetos y entramados simbólicos que ubican en los imaginarios y en la realidad lo que ahí se localiza, desde este acercamiento el espacio material determina el territorio, como focalización de una entidad cualquiera que sea. Existe una amplia gama de espacios que determinan en la esfera de lo público la organización territorial, y en su nivel de lo privado conllevan a la estratificación del sujeto, como el vínculo que tiene para construir la historia de su cuerpo en relación con la cultura y la organización social[3]. En este sentido, al conceptualizar el espacio debemos determinar la escala en la que se procede, además hay que delimitar su extensión para ver lo que se encuentra dentro y establecer la residencia de lo que ahí está, en contra parte, la delimitación conlleva al establecimiento de su frontera y de lo que se encuentra fuera, esta connotación ubica extensión y fortalecimiento de esa frontera como el punto final del espacio propio.

Para poder denotar la existencia del espacio es necesario hacer presente la focalización de la distancia, lo cual nos permite reconocer la existencia de diferentes parámetros de medición entre un lugar y otro, nos ayuda a construir el perímetro de la frontera y con ello, se define lo que pertenece al espacio propio, se construye una geopolítica que alcanza en su versatilidad a la estructura interna de la organización. Este acercamiento, define un escenario posible que se materializa en la cultura local de un grupo étnico, nacional o del propio imperio.

El espacio es una entidad en construcción permanente, que adquiere sentido en la medida en que se fortalece en su interior, lo que indica que en su interior existe una serie de prerrogativas ambientales, sociales, políticas y militares que resguardan la integridad de dicho espacio, de esta manera el espacio se convierte en un territorio, definido por la capacidad que tiene de mantenerse unido a través de diferentes formas de organización. Al producir sentido las condiciones sociales, habilitan el ordenamiento regional como una posibilidad que aglutina en un territorio determinado un ecosistema, una cultura local y un sistema de organización que ayuda a una comunidad a sobrevivir. De ahí, que el asentamiento humano proceda en un principio de la ubicación región-territorio que determine la capacidad, para que una sociedad pueda asentarse y reproducirse, este resultado significa para el espacio el aseguramiento de su existencia material en la activación de estrategias que permitan la pervivencia.

Cuando la invasión española llega a lo que hoy es México, la posible distribución de grupos étnicos en el occidente y el norte de lo que hoy es nuestro país se encontraba de la siguiente manera:

Ocupación territorial antes de 1521
Imagen 1. “Figura 2. Ocupación territorial antes de 1521”; en Commons, Áurea; Cartografía de las divisiones territoriales de México, 1519-2000; Instituto de Geografía-UNAM; México; 2002; mapa, únicamente se presenta el occidente y el norte de México.

En el mapa anterior, podemos ver la distribución de los diferentes grupos étnicos que vivieron en lo que hoy conocemos como el occidente y el norte México, y el sur de los Estados Unidos, es claro que existieron en este territorio una diversidad de etnias y que en buena medida en nuestros días han desaparecido, debido a la invasión española de América, entendido esto como el acto de hacer la guerra para ocupar los diferentes territorios alcanzados. En el momento en que el “nuevo mundo” aparece tras su descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, el imperio español va por el control de las tierras recién descubiertas y un puñado de aventureros liderados por Hernán Cortés, se lanzan en una empresa militar para tomar posesión de este nuevo mundo. El primer contacto, tiene sus consecuencias a través de la transmisión de enfermedades[4] que no existían en el nuevo mundo, la mortandad no se deja esperar y es el momento en el cual se empieza a dejar ver el inicio de la invasión[5].

Dicha acción, adquiere toda su crudeza con la vertiente de las armas y en este sentido podemos decir que: toda invasión se alcanza cuando una fuerza militar se apropia de una región por medio de la fuerza e infringiendo todo tipo de violencia física y simbólica sobre una población. Este contingente militar cuenta con una infraestructura tecnológica mayor a la de los grupos locales, lo que equivale decir, que la pólvora, las armas de acero y de fuego (cañones, arcabuces, pistolas), así como las armaduras y los caballos, dan un lugar de supremacía contra las armas de piedra. Este punto de convergencia al enfrentar dos fuerzas distintas en un combate hace que quien posee el acero y el fuego tenga una mayor oportunidad de vencer.

“…los aztecas necesitaban la guerra por un motivo truculento: requerían de enormes cantidades de prisioneros para emplearlos en sacrificios humanos. Por tanto, sus tácticas y armas no estaban pensadas para aniquilar al enemigo, sino más bien para someterlo de modo que pudiera más tarde ser inmolado. Ello hacía de ese pueblo una civilización muy vulnerable ante oponentes que no se guiaban por los mismos principios. Cuando Hernán Cortés llegó a México en 1519 con un grupo de conquistadores armados con espadas de acero y armas de fuego, se alió con los enemigos de los aztecas, y, aunque muy inferiores en número, los colonizadores acabaron imponiéndose sobre los aztecas en 1521, tras apenas dos años de batallas”[6].

La consecuencia inmediata de esta acción es la conquista que deja manifiesta la parte material y por supuesto la espiritual, que conlleva en el caso que estudiamos a la imposición de nuevas formas de vivir, de pensar, de sentir, de trabajar y de organizar el espacio público y el privado. Un segundo paso es la colonización, dar paso a ello, requiere que las diferentes poblaciones locales diezmadas por la guerra, muertos sus soldados, apresados o muertos sus gobernantes; los sobrevivientes sean puestos a disposición de los vencedores, como esclavos, en la servidumbre y en la pérdida de todas sus pertenencias materiales y simbólicas; así sus tierras tienen nuevos dueños, estos nuevos propietarios suelen ser en principio los soldados victoriosos, llegan con ellos, los religiosos y las primeras migraciones de españoles, que buscan sobre todo apoderarse de las riquezas por encontrar.

Esta guerra se mueve en dos dimensiones diferentes la de los vencedores que escribirán las crónicas de esta invasión, la conquista y la dominación de los que han perdido, los vencidos adquieren significantes encajonados en la cosmovisión occidental, la lectura de los hechos como nos dice Guy Rozat: “Durante años la lectura de todos los textos posibles sobre América, y sobre todo sobre México, nos parecerían presentar a uno de estos personajes ambiguos de la historia, el indio: enigmático, silencioso, secreto, desconfiado, imagen muy parecida a aquella que el discurso construyó del otro lado del Atlántico sobre el campesino occidental, también como el “anarquista”, violento, capaz de paciencias milenarias así como de revueltas relámpago es con la intuición de que había en común una igualdad de trato entre esas dos negaciones del discurso de la historia”[7]. Pensar la guerra de esta manera, nos proporciona en el discurso la opción de ver que en la historia que ha producido occidente, el otro, el que marca la diferencia está cargado de adjetivos peyorativos que desmantelan el carácter de humanidad, debe ser, el que produce miedo y en ese miedo se encuentra el enemigo. En este punto, los conquistadores (militares y religiosos[8]) colonizadores que llegan a México desde los tiempos más tempranos ven en el vencido-indio el acercamiento con el peligro y los religiosos[9] intentan cristianizar a estos indios, y en su camino describen las herejías, idolatrías y supersticiones de su cosmovisión, a partir de sentir el deseo de la conversión por cualquier medio, la aceptación pacífica de la nueva creencia, o por vía del castigo, la tortura y la muerte. En este sentido, la nueva religión empieza a compenetrarse en el pensamiento indígena.

La segunda dimensión, es intentar saber cuál es la historia de los vencidos contada por ellos mismos, sin la interferencia occidental[10]; este nivel del signo se perdió en el tiempo, debido a que las fuentes fueron mancilladas por los primeros escribas indígenas y españoles a través del pensamiento occidental. Occidente, sus historiadores, sus cronistas europeos o americanos establecieron el canon de lo que sería la conquista americana, y en este lineamiento le siguieron los religiosos, que impusieron en el discurso las necesidades de la iglesia y definieron así el propósito occidental de la sumisión de los vencidos.

El problema que se produce en la construcción de textos, es el lugar que debe ocupar el Yo y el Otro, como dos identidades distintas enfrascadas en la construcción de una historia, la de los indios derrotados y el estado en el que deben vivir a partir del fin de su cultura. No es sencillo adjudicar un propósito maléfico en ese Yo que intenta describir la diferencia, el problema ya lo habían encontrado los viajeros medievales en sus recorridos por Asia en busca del Gran Kan desde el siglo XIII[11], y seguramente en un pasado más remoto el Otro, siempre fue el bárbaro[12], él que tenía costumbres extrañas de ver el mundo y de establecer su cosmovisión, esa alteridad produce el miedo necesario para no acercarse, o por lo contrario para acabar con él.

De cualquier forma, cuando nos acercamos a la noción de bárbaro debemos actuar en el sentido en que lo trabaja Tzvetan Todorov al decir.

“en adelante, recurriremos exclusivamente al significado absoluto de “bárbaro” (son bárbaros los que no reconocen la plena humanidad de los otros), nos alejaremos de la perspectiva cristiana y expondremos que la barbarie existe por sí misma, no sólo en la mirada del observador ingenuo, y que forma también una categoría de capital importancia.

La barbarie es resultado de un rasgo del ser humano del que parece ilusorio esperar que algún día llegue a erradicarse definitivamente. Así, para nosotros no corresponderá a ningún periodo concreto de la historia de la humanidad, ni antiguo, ni moderno, a ninguna de las poblaciones de la tierra. Está tanto en nosotros como en los otros. Ningún pueblo ni individuo está inmune contra la posibilidad de llevar a cabo acciones bárbaras”[13].

Entre el símil y la diferencia se construye la posibilidad de hostilidad, como el acto que detenta en el enfrentamiento de las culturas la acción, que niega el dialogo y la convivencia, este sentido en la producción de identidades marca en la práctica la posibilidad de enfrentamiento con el otro, se apila el deseo de dominación y expansión del yo, para convertir al otro, o por el contrario se busca su eliminación para asegurar su propio espacio. El yo, sigue proporcionando seguridad, atestigua en la identidad el sentido de identificación y con ello, establece la garantía de la cultura, construcción de procesos que aglutinan en la pervivencia la organización de mantenerse unidos; así, la política, el estado, la religión, las instituciones denotan en la vida pública el sentir unitario que se materializa también en la vida privada de la familia, el sistema de parentesco y en la intimidad de los secretos, el mundo gira alrededor de sus certezas y cualquier situación que exceda estos procesos producen incertidumbre y peligro, como resulta ser la presencia del otro.

Las distancias del lenguaje delimitan la escritura y la descripción se oscurece, el otro emerge a través del miedo, de los desconocido y por tanto, podemos adjudicarle cualquier adjetivo que haga válida la incomprensión, después quienes se encarguen de materializar ese adjetivo lo llevará a cabo desde la violencia como un acto de salvaguardar al Yo. El símil se resguarda de sí mismo, intenta producir condiciones sociales de producción de sentido, para darse seguridad, y con ello, asegura su espacio simbólico y el cosmológico, en su sistema de creencias construye la diferencia a partir de lo conocido, de sus conceptos y de una memoria colectiva, que establece los signos que proporcionan el sistema de seguridad de su mundo, este debe expandirse para colonizar, hay que arraigar en la alteridad mi creencia y con ello se coloniza, la historia se transforma en una concatenación de eventos semejantes, que concuerdan en diferente escala con el orden que rige en la naturaleza.

El espacio se convierte en el sistema clasificatorio de lo que existe en lo material y lo inmaterial, pero a su vez se hace presente en el territorio como una entidad física que dialoga con el medio ambiente, la ecología, la geografía y con el mundo que le rodea, sea en el campo de los grupos humanos como de la naturaleza misma. Si nos adentramos en el espacio físico de nuestro objeto de estudio, el Estado de Sonora tiene una extensión de 184 934 kilómetros cuadrados y es el segundo en extensión en nuestro país.

“El paisaje de Sonora incluye, al noroeste, el desierto de Altar –único desierto clásico mexicano según el geógrafo Claude Bataillon--, con sus dunas moviles que cubren 8000 kilómetros cuadrados formadas por el fino sedimento del delta del Río Colorado, acarreado durante 10 000 años por vientos del Oeste, acuerdo con West, y que alberga el campo volcánico El Pinacate, con sus cráteres fantásticos de tipo semilunar. Este desierto –el más extenso del continente—se caracteriza por torrentes efímeros, ramas mal vestidas y mudos.

El desierto de Sonora y la faja costera, entre la playa y los cerros, están poblados de mezquite, gobernadora, palo verde, palo fierro, ocotillo, pitahaya, Sahuayo, lechuguilla, choya y biznaga esparcidos junto a matorrales ásperos; esta vegetación constituye el bosque espinoso llamado por los lugareños “el monte”; actualmente en esa área se concentra la mayoría de las ciudades y de la población del estado, y al sur del Río Yaqui predominan las tierras de regadío.

La enorme región del desierto de Sonora –que con la excepción del desierto de Altar es un desierto arbolado o arbóreo—constituye para algunos especialistas el más rico y variado en formas de vida y comunidades bióticas de todos los desiertos de Norteamérica”[14].

El espacio tiene en su presentación geográfica y material, el significado de su extensión y de lo que ahí se encuentra, su medio ambiente hace presente el sentido por la vida y la naturaleza, el vínculo existente nos lleva al noroeste del estado, donde el desierto de Altar y el de Sonora confluyen para dar al estado de Sonora, el vórtice de culturas que ahí se han arraigado durante miles de años y que en el devenir del tiempo estos han ido cambiando paulatinamente de región, su movilidad ha sido por las imposiciones del estado primero colonial y de después nacional.

El desplazamiento se ha llevado a cabo paulatinamente, y ha implicado el desenvolvimiento de las culturas del desierto, evidencias arqueológicas, etnohistóricas y sociales, han dejado su legado en el presente para poder atestiguar esas historias en la etnicidad sonorense. Las evidencias han marcado en la naturaleza su presencia, así los petroglifos de la Proveedora en las inmediaciones de la ciudad de Caborca, son testigo del paso humano por la región, plasmando en ellos lo concerniente a la naturaleza vegetal y animal, así como el agua y antropomorfos que dignifican criterios ahora oscuros sobre sus relaciones imaginarias con el mundo en que vivían, por demás quedaron plasmadas para la posteridad.

Su mundo se concentró en las formas de sobrevivencia en un lugar, en el que la apariencia del vacío, o de que, ahí no hay nada, se podía vivir, y estos grupos encontraron las formas del saber vivir en el desierto, como una acción que ubica la naturaleza con el ser humano.

“El área ocupada por los pápagos corresponde a la parte sur del desierto Sonora-Arizona, el segundo en el mundo en lo que respecta a resequedad y aridez. En verano, cuando corren los ríos que bajan de la sierra, el desierto florece en forma exuberante; en invierno, como un fenómeno espacial de la zona, crecen hierbas efímeras.

…los pocos recursos que se ofrecen al hombre en el desierto no permiten grandes concentraciones humanas; así, sólo es posible que los grupos vivan en él esparcidos en pequeñas bandas y recorriendo de un lado al otro el desierto para aprovecharlo totalmente y en época adecuada”[15].

La descripción que hace Margarita Nolasco del desierto, nos dice como aun en las temporadas de campo de principios del siglo XX, los pápagos[16] como un grupo del desierto, seguían teniendo prácticas seguramente ancestrales de movilidad para lograr su sobrevivencia, su movilidad se daba en pequeñas partidas que puedan garantizar el alimento diario, este tipo de actividades vienen desde una antigüedad lejana en el tiempo y es seguro que así los encontraron los españoles durante la expansión colonial.

Otra evidencia sobre las formas de vida de los pápagos de principios del siglo XX es el de Julian Harris Salomon que nos dice: “Los indios pima, pápago y maricopa vivían en el sur y en el oeste del país de los pueblo, en aldeas con cabañas en forma de cúpula construídas de ramas cubiertas de barda y barro”[17]. El discurso delimita nuevamente a los que se encuentran en Arizona y hace presente el tipo de casas en las que habitan.


Imagen 2. Almada, Ignacio; op. cit; p. 16.

Pero debemos tomar en cuenta que la totalidad del desierto de Sonora abarca también los estados de Baja California, Baja California Sur, evidentemente Sonora en México y los estados de Arizona y California en los Estados Unidos.

La geografía física del desierto de Sonora tiene altas montañas y valles de gran extensión, con arena, fango y grava, además de las cenizas y las piedras de origen volcánico. Este se formó aproximadamente entre 20 y 40 millones años atrás. “La poca latitud del Sonora y la evaporación baja hacen de él no sólo el desierto más cálido de Norteamérica, sino también el más húmedo, con un régimen de lluvias biestacional que permite una exhuberancia y diversidad en hábitats y especies sin parragón en otros desiertos de la región. A diferencia de otros desiertos, tiene inviernos suaves y con raras heladas…La diversidad del Sonora rivaliza con la de cualquier otro ecosistema terrestre. Sus 260 000 kilómetros cuadrados albergan más de 60 especies de mamíferos, 35 de peces y más de 100 de reptiles, así como más de 350 especies de aves” [18].

La diversidad de la vida en el desierto de Sonora, lo ha convertido a lo largo del tiempo en un lugar de privilegio, su naturaleza le dio por significado los espacio que dan a la organización social el lugar de asentamiento, las evidencias arqueológicas marcan que los sitios donde se asentaron grupos humanos son de gran antigüedad que data entre 15 o 20 mil años. Estos primeros habitantes de la región posiblemente fueron “cazadores-recolectores de cultura neolítica, que fabricaban instrumentos de piedra, dependían de la fauna pleistocénica: el caballo americano, el camello, el mamut y el mastodonte, que se alimentaban de los abundantes pastizales, producto de un clima frío y húmedo”; nos dice Cynthia Radding[19].


Imagen 3. Felger, Richard Stephen and Bryles, Bill, edited by; Dry Borders. Great natural reserves of the Sonora Desert; The University of Utah Press, San Diego Natural History Museum, Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza A.C, Instituto Nacional de Ecología, Arizona—Sonora Desert Museum; Salt Lake City; 2008; p. 6.

El espacio en su totalidad geográfica del Desierto de Sonora, nos ubica en una dimensión que si regresamos al primer mapa acerca de los grupos étnicos que habitaban antes de la llegada de los españoles, podemos ver que, en Baja California estaban los yumas, cochimies, laymones, que se encuentran a medio camino entre el norte y la Baja California Sur, dodne tambéin estaban los guaycuras y los Pericles; en Sonora estaban los yumas, los pápagos, pimas, opatas y seris que estaba en el desierto, pero también cruzaban lo que hoy es la frontera internacional con los Estados Unidos en el estado de Arizona con los yumas, pápagos y pimas.

La diversidad étnica que encontramos en el noroeste de México para esta etapa inicial, durante el periodo más temprano de la penetración española, aquí podemos ver que la invasión, la conquista y la colonización, no tuvo el mismo efecto que en el centro de México, debido a la extensión del territorio en primera instancia, en un segundo lugar podemos ver que el caballo se introduce muy rápido entre los grupos indígenas, además de tener acceso en algún momento a las armas de fuego de uso personal, pistolas y arcabuces, después los rifles[20].

El entramado de la colonización en el noroeste del México actual, va acompañado de la exploración, la construcción de mapas para asegurar los recorridos y por supuesto de la mano de los misioneros que van en pos de la cristianización de todos los indígenas que encuentren a su paso. Se construyen caminos, misiones, presidios y pueblos pequeños que empiezan a formalizar el camino para el desarrollo de diferentes actividades económicas.

Si extendemos, nuestro mapa al territorio de los pápagos en la época en la que el padre Eusebio Kino se encuentra con ellos, y funda las primeras misiones lo podemos ver de la siguiente forma:


Imagen 4. Kino, Padre; Aventuras y desventuras del Padre Kino en la Pimería Alta; Asociación Nacional de Libreros; México; 1986; pp. 24-25.

El mapa de Kino ya nos marca el asentamiento español y con ello la transformación del espacio geopolítico de la región, puesto que se han establecido en el territorio nuevos asentamientos que irrumpen con el territorio original de los grupos étnicos. Esta nueva configuración, hace presente que ahora están las misiones, los presidios, las rancherias y las mineras, donde viven los colonizadores europeos y con ello, nace una nueva distribución del espacio del desierto, desaparece en libre tránsito en los recorridos, y emergen las primeras fronteras territoriales, el espacio es repartido y los grupos indígenas son llevados a las misiones para ser catequizados, imponerles rutinas de trabajo forzado y coartados de su libertad como hombres del desierto.

Llegar a este punto, presupone todo un trayecto de viaje, apropiación del territorio por cualquier medio y en base a la colonización religiosa e imaginaria de las poblaciones locales. El traslado desde el centro y el occidente de la Nueva España, conlleva el fortalecimiento de una parte del mito occidental que impulso a los viajeros medievales a buscar grandes riquezas en oriente (la India y China- el Catay); con el desarrollo de las rutas comerciales, especialmente la búsqueda de una alianza entre Europa y los mongoles para poder enfrentar al Islam desde dos frentes posibles, desde el oriente y del occidente, este política de guerra contra los árabes nunca fructifico. De cualquier forma, en estos viajes realizados por religiosos franciscanos fray Juan del Plano Carpino (1252) y fray Guillermo de Rubruk (1254), ambos realizaron descripciones muy precisas sobre la vida de los mongoles en China, además de tratar el incremento de relaciones políticas con el imperio mongol, en el entramando de la descripción de Carpino aparece el Preste Juan[21] y su reino imaginario cargado de belleza, riquezas y con una fauna fantástica inigualable, todo ello en el devenir mitológico de los deseo de occidente por encontrar una fuente de riqueza que no se encontraba en Europa[22].

Otro libro de importancia, es el escrito por Juan de Mandavila intitulado Libro de las Maravillas del Mundo, esta obra data de 1356 o 1357, y se convirtió en una de las obras favoritas de los europeos, puesto que este libro “se nutre de una doble y plural, fuente de información: los datos adquiridos por el autor a través de sus continuados viajes (es preciso subrayar que su notable capacidad de observación estaba potenciada por un extenso bagaje de conocimientos científicos y geográficos que le permitieron superar el nivel de simple testimonio y enriquecer el sentido de su relato) y el rico caudal de noticias, dispersas entre infinita cantidad de páginas, que él, partiendo de muchas y muy minuciosas lecturas, supo primero seleccionar con acierto para integrarlas después armónicamente en su texto”[23]. Los viajes de Mandevila rumbo al oriente sirven de marco para hacer presente como fuente el recorrido de Carpino y entrelaza en lo imaginario y fabuloso lo que ahí existe, el conocimiento que se tiene del oriente deambula entre la fantasía y la existencia de un mundo exótico desbordado por la buena fortuna, así Ceílan, la India y Catay se convierten en el imaginario medieval en los lugares de procesión y representación de otro que se materializa en las ciudades fabulosas.

Poco más tarde, los viajes de marco Polo a China y el contacto con Kublai Khan, dejan en la escritura de su libro Viajes una especie de guía que servirá a viajeros posteriores, en esta guía, se presupone como seguir la ruta hacia China, en que ciudades descansar y como negociar con los líderes locales el paso de las mercancías en las caravanas, igual como deben tratarse los jefes militares y cuáles son los costes del paso por ciertas tierras, sus descripciones van acompañadas de la geografía de cada territorio, sobre todo el recorrido por los diferentes desiertos y sus jefes tribales, viajar al oriente presupone un sacrificio personal, pero la recompensa de la riqueza obtenida repara cualquier daño.

En la descripción hace referencia a los viajeros anteriores establece rutas para llegar al destino final y en este trayecto, recuerda de nueva cuenta al Preste Juan[24] y su mundo fabuloso, y de cómo muere al enfrentar su ejército contra el de Gengis Khan, todo por no dar la mano de su hija en matrimonio al jerarca mongol. Todo ello, delimita en el imaginario europeo un principio de esperanza que se fundamenta, parte en las descripciones históricas y sobre todo en las narraciones míticas, que posibilitan en el imaginario social de la cultura occidental durante la edad media, un sentido de tener al alcance grandes riquezas.

“El oriente de los antiguos. El mundo griego siempre sintió fascinación por Oriente. Ya en tiempos de Herodoto (c. 475 a.c), Persia estaba unida por vías comerciales con la India y Asia central, y a los griegos se les abrieron nuevos caminos con las conquistas de Alejandro Magno, hasta el valle del Indo (más allá del actual Afaganistán). Nearco, almirante de Alejandro, abrió una ruta desde el delta del Indo hasta el golfo Pérsico, y a partir de entonces la influencia helenística se extendió incluso más allá de ese lugar. Ahora bien, quién sabe qué contaban los mercaderes y los soldados a su regreso. A pesar de que esas tierras ya habían sido visitadas, sus exploraciones habían sido precedidas de muchas leyendas que perduraron durante siglos. Incluso cuando viajeros más de fiar como Juan Plano de Carpini o Marco Polo en la Edad Media redactaron extensas relaciones de viajes. En definitiva, los relatos sobre las maravillas o mirabilia de oriente se convirtieron, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, en un género literario que sobrevivía a cualquier descubrimiento geográfico”[25].

Los viajes hacia el oriente abren el camino de expediciones militares, de mercaderes, de religiosos y de caminantes errantes que posibilitan a través de sus narraciones dar a conocer ese mundo, que parece ser misterioso y cargado de riquezas exóticas que no existían en Europa. Encuentran en este espacio diferentes condimentos con sabores exquisitos al paladar, esas esencias para los alimentos, proveen de un nuevo sentir por la comida; la diversidad de telas y lienzos entre ellas, la seda, y por supuesto el descubrimiento de la pólvora, dan cause a innumerables historias acerca de cómo se preparan todas aquellas maravillas, donde se encuentran en la naturaleza y aquí hay que recalcar, la existencia de todo un bestiario fantástico que alimenta la imaginación medieval[26] y evidentemente, al existir estas cosas, la sociedad occidental intenta referirse a ello, como un mundo sobrenatural en el que lo maravilloso establece las pautas de comportamiento social.

“Las especias, la pasta, el papel , desde luego la pólvora; todas estas cosas llegaron a nosotros provenientes del Lejano Oriente. Y tal frenesí de la imaginación ayudaría a preparar el escenario para el sorprendente descubrimiento de un continente anteriormente desconocido a finales del siglo XV. Ya desde hace tiempo los intelectuales medievales dedicados a pensar tales cosas –los cartógrafos y los geógrafos-- venían haciendo la suposición de que, ya que la gente del mundo conocido habitaba un solo hemisferio, tenía sentido pensar que en el otro hemisferio existía una serie de tierras –“en el otro extremo de la tierra, donde el sol sale cuando para nosotros se pone”--, las cuales bien podían estar habitadas. Llamaban a estos hipotéticos territorios las Antípodas”[27].

En este contexto, podemos decir que en buena medida el conocimiento que se tenía del mundo hasta el siglo XV, establece las pautas que desde el mundo clásico se hacía presente sobre la redondez del planeta, Ptolomeo y Estrabón, así como Plinio el viejo tenían claro que si se viajaba de oriente-Europa con rumbo a occidente se llegaría a la India y a China, no se contemplaba que existiera alguna tierra nueva y es bajo esta perspectiva de navegación que Cristóbal Colón[28] surca el océano para busca la India, de esta forma hacia finales de ese siglo XV, en 1492 se descubre el llamado Nuevo Mundo.

El espacio simbólico europeo adquiere un matiz que lo lleva a la búsqueda incesante de todo tipo de riquezas, oro, plata, otros metales y piedras preciosas, especias y todo tipo de imaginarios como la fuente de la juventud entre otras muchas más. Este espacio se materializa con la invasión, la guerra de conquista y la paulatina pero rápida colonización, donde en buena medida, muchos de los mitos y creencias medievales acompañan las expediciones cuando se internan en los territorios del nuevo continente. La irrupción es violenta, las enfermedades que llegan menguan la organización social, la presencia de nuevas tecnologías, y seguramente, acompañadas de estrategias diferentes para hacer la guerra dieron por resultado el fin de la hegemonía de las culturas indígenas, un nuevo orden es impuesto y con ello, nace la colonia.

Cerrar el espacio indígena a partir del siglo XVI se convierte en la esfera de la pérdida de la cultura, la tierra y la libertad de movimiento, ello va acompañado de un sin fin de calamidades y que en muchos casos perduran hasta el día de hoy. La historia, su historia empieza de nueva cuenta bajo una perspectiva de los sistemas de creencias religiosos y científicos occidentales, así cada espacio histórico reescribe las hazañas del mundo prehispánico y de cómo se civilizaron esas culturas con la llegada española, la transformación del mundo llega de la mano de la espada y de la cruz como una advertencia del nuevo orden.

En este contexto, los primeros misioneros llegan y en su recorrido tienen presente varias connotaciones que están directamente conectadas con la vieja Europa, los franciscanos intentan encontrar en el pensamiento mesiánico a las tribus perdidas de Israel que debían encontrarse en el nuevo mundo, y con ello, ven en el indígena el encuentro con ese pasado imaginario[29]. Mientras que Hernán Cortés ve en ello, la conquista material de este mundo.

“La bienvenida de Cortés impresionó a los frailes tanto como a los indios. Él no tenía que considerar su recepción a los doce franciscanos como auto conquista del otro mundo, como Mendieta nos hace creer, sino como medio para solidificar su control político sobre los aztecas conquistados. La conquista de las almas de los indios por los frailes era el complemento necesario a la conquista de los cuerpos. Por tanto, Cortés creyó prudente transferir a los mendicantes parte de su prestigio ante los nativos, y desde su punto de vista, una alianza política con los frailes, era más que deseable, necesaria. Tener a los franciscanos como enemigos hubiera significado un desastre. Como aliados podían serle útiles, no sólo con los indios sino también con los colonizadores españoles, con los oficiales reales y la Corte de España”[30].

La alianza entre Cortés y los religiosos se estrecha políticamente y esto permite que los frailes decidan construir un mundo basado en sus creencias apocalípticas, además de intentar por todos los medios la conversión de los indígenas al cristianismo. En su idea de conversión se encuentra la retórica de la cultura del otro y qué hacer con ella, una de las primeras consecuencias es el encuentro con las bibliotecas que tenían los indios, donde se encontraban documentos y libros que atestiguaban la religión, las historias sobre los orígenes ancestrales, la medicina, la astrología, las genealogías y quien sabe cuántas historias más. Al tenerlos rápidamente sostuvieron que debían ser destruidas todas estas evidencias del pasado indígena.

La eliminación de la biblioteca de Moctezuma y la del poeta Netzahualcóyotl se llevan a cabo por la orden de fray Juan de Zumárraga en el centro de México, mientras que en Yucatán la realiza fray Diego de Landa[31]. Así la mayor parte de los códices mesoamericanos son destruidos, acción de una política destructiva que cercena la cultura indígena, puesto que irrumpió en la memoria escrita y con ello, se da por terminada la posibilidad de que estos libros den a conocer algún tipo de conocimiento, mientras que por otra parte, los códices prehispánicos que lograron sobrevivir fueron escondidos, robados o comprados en buena medida por coleccionistas occidentales, mientras que por otra parte, después de la guerra algunos tlacuilos en compañía y bajo la supervisión de los frailes siguieron escribiendo las historias, pero en buena medida acompañada de la escritura alfabética de Europa.

Acabar con una cultura se lleva a cabo desde dos objetivos primordiales, el primero es el derrotarlos militarmente, así la resistencia armada disminuye o es eliminada por completo, pero existe otro nivel para llegar a un triunfo completo sobre los vencidos y es arrancándoles su pasado y escribiendo de nuevo esos pasados como una continuidad civilizatoria que conlleve a la colonización, donde quede el pasado, como un proceso, que para que se tenga veracidad histórica, debe ser domesticado en una nueva versión de ese pasado, acorde a las necesidades de los vencedores y de quienes detentan el nuevo poder.

De nuevo, paso revista sobre esa forma de eliminar una cultura y una de ellas, es a través de la eliminación de su memoria colectiva que se fundamenta en la escritura, se destruyen sus libros y desaparece de la estructura fija del pasado la evidencia, sin escritura la larga duración se puede convertir en mito, o mejor dicho, en leyenda y esta, queda sustentada por la tradición oral, y como bien sabemos, la oralidad marca en la narración que cada vez que se cuenta, se modifica y en el devenir del tiempo[32], la tradición no vacila en irse transformando según los requerimientos del presente, de cada presente en que se narra. De esta forma, cada espacio o periodo histórico da su propia versión del pasado, hasta que de nueva cuenta se convierte en escritura.

El movimiento producido mantiene vigente la memoria como retórica emotiva de un pasado glorioso, que emerge en la escritura occidental para darle sentido al cambio de paradigma en la construcción del nuevo orden. Este intercambio permanente de saberes entre la tradición indígena y el mundo occidental rehace la historia, y la convierte en una larga continuidad que favorece a la nueva sociedad. Debemos tener en cuenta que la caída de las culturas indígenas desarma la estructura territorial de las diferentes etnias, la nueva configuración establece el nuevo territorio, tanto del espacio físico, como del simbólico; con ello, nace la estructura colonial de lo que se llamará la Nueva España.

Por otra parte, en el espectro de la vida de occidente, ellos también cambiaron con los nuevos descubrimientos, para los europeos llegaron los tiempos en las hambrunas desaparecieron, la riqueza se extendió en el imperio y se sentaron las estructuras de las nuevas sociedades en el nuevo mundo, que ahora sería conocido como América[33], al fin, tenía vida propia un continente que no estaba contemplado en la cartografía medieval.

 

Tiempo y sujeto: un proceso de larga duración

Al triunfo de la guerra los españoles dan principio a la dominación como el acto de sometimiento de los vencidos, la mentalidad indígena se doblega en el centro de México[34], y el nuevo orden predispone de nuevas alianzas camino al norte, antiguos enemigos de los mexicas, los tlaxcaltecas en compañía de los españoles dan principio a la invasión e intento de conquista de territorios más vastos, se inician las primeras expediciones que toman rumbo al norte del continente, desde un periodo muy temprano, los viajes van cargados principalmente por la sed de conquista, pero a la vez de la búsqueda de las riquezas se encontraba aun en el imaginario del español el encuentro con las ciudades fantásticas en riquezas y en todo lo que el occidental del siglo XVI podía tener en mente. Se construye un imaginario que tiene sus orígenes en los viajeros religiosos y comerciantes de la edad media que tomaron rumbo a Catay y que pensaban que encontrarían hasta la inmortalidad en estos viajes, sus narraciones denotan discursos que impregnan la mentalidad de los españoles y con ello, la búsqueda de estas ciudades se convierte en parte de estas primeras expediciones.

“Por cuya distancia se puede conocer que grandísima tierra es la Nueva España y Nueva Galicia, salieron frailes por muchas partes para predicar y convertir indios aun no conquistados; y fray Marcos de Niza y otro fraile franciscano entraron por Culhuacan el año 38. Fray Marcos solamente, pues enfermo su compañero, siguió con guías y lenguas el camino del sol, por tener más calor y por no alejarse del mar, y anduvo en muchos días trescientas leguas de tierra, hasta llegar a Sibola. Volvió contando maravillas de siete ciudades de Sibola, y que no tenía fin aquella tierra, y que cuanto más al poniente se ponía, tanto más poblada y rica de oro, turquesas y ganados de lana era”[35].

“Viendo tan poca gente y tan pocas señales de riqueza, dieron los soldados muy pocas gracias a los frailes que con ellos iban, y que elogiaban aquellas tierras de Sibola; y por no volver a Méjico sin hacer algo y con las manos vacías, acordaron seguir adelante, que les decían ser mejor tierra. Así que fueron a Acuso, lugar sobre un fortísimo peñón, y desde allí fue don Garci de Cárdenas con su compañía de caballos al mar, y Francisco Vázquez con los demás a Tiguex, que está a la orilla de un gran río. Allí tuvieron noticia de Axa y Quivina, donde decían que había un rey llamado por nombre Tatarrax, barbudo, canoso y rico, que ceñía un bracamarte, que rezaba cada ciertas horas, y que adoraba una cruz de oro y una imagen de mujer, señora del cielo”[36].

Las dos descripciones anteriores sobre Sibola (Cíbola) y Quivina (Quivira) se encuentran sumergidas en el discurso medieval que demuestran que existe un mundo desconocido, que siempre les lleva a imaginar los prodigios y con ello, innumerables proyecciones y frustraciones acerca de lo que en realidad encuentran a su paso. El viaje, se convierte en una trayectoria cuasi mítica, es atrapado en la narración fabulosa y legendaria que establece el rompimiento de fronteras narrativas, empíricas y de recorridos por el nuevo mundo, por lo que el espacio religioso, la leyenda, la fantasía y la mentira confluyen en la construcción de estas historias que en su producción alimenta el deseo de un encuentro con lo maravilloso.

Así, se piensa en la existencia de ciudades maravillosas comparables únicamente con el Jardín del Edén, cuya materialización hace presente el deseo de ir más allá de lo conocido hasta ese momento, inspirando la exploración de esas tierras desconocidas. En este sentido, podemos seguir el pensamiento de Peter Kingsley que nos dice: “En general, lo que tenemos delante de los ojos es más real que lo que vemos.

Eso es así en todos los niveles de la existencia.

Lo que falta es más poderoso que lo que tenemos delante de los ojos. Todos lo sabemos. El único problema es que la ausencia es demasiado difícil de soportar, de manera que en nuestra desesperación, inventamos cosas para echarlas de menos. Todas son sucedáneos temporales. El mundo nos llena de sucedáneos e intenta convencernos de que nada falta, pero nada tiene la capacidad de llenar el vacío que sentimos en nuestro interior, de manera que tenemos que ir sustituyendo y modificando lo que inventamos mientras nuestro vacío proyecta su sombra sobre nuestra vida”[37].

He pasado de la perspectiva colectiva de la cultura a un intermesso individual, pero a la vez, es colectivo en la medida en que el proceso de identificación denota en el discurso la necesidad de tener en la vida acciones de sobrevivencia que les conviertan en hombres afortunados, a pesar del autoengaño y de que no se puede dar marcha atrás. En este contexto, es claro, lo que sostiene Julio César Montané Martí acerca de las mentiras de fray Marcos de Niza[38] y de su esclavo Estebanico, puesto que nunca estuvieron en la costa, no encontraron Cíbola y fray Marcos a su regreso a la ciudad de México ocuparía diferentes cargos en el centro del país hasta su muerte, mientras que Estebanico[39] sería de nuevo guía en una nueva expedición con Francisco Vázquez Coronado con rumbo a Cíbola (Sibola en otros diarios de estos cronistas) y a Quivira, al encuentro de estos lugares, sólo hallaron pobreza y desolación, nunca aquellas riquezas y ciudades legendarias, como había empezado a parecer desde las crónicas de Alvar Núñez Cabeza de Vaca[40].

Por otra parte, si vemos las descripciones realizadas por Juan Matheo Mange un siglo después encontramos que su historia, que tanto Cíbola como Quivira si existieron y estuvieron en guerras contra los españoles durante un tiempo, estos intentaban apoderarse de sus riquezas y con ellos esperaban convertirlos al cristianismo.

“Fray Agustín Ruiz lo enterró en una capilla que habían hecho en la plaza del pueblo, a quien a pocos días quitaron también la vida, con que se vé, que desde los principios están regadas aquellas remotas regiones de la América Septentrional, con sangre de cinco religiosos sacerdotes y desde lo primitivo de la conversión (fs.186) de Nueva España, quitaron las vidas a otros veinticinco religiosos sefáricos en la reducción de las naciones de indios chichimecos, que juzgo, que esta sangre habrá fertilizado la copiosa mies de millares de almas que habitan en los llanos de Cíbola y ciudades, para hacer una bien lucida cristiandad y fruto a Dios si se entrase a su reducción”[41].

…Andadas otras ocho jornadas hacia el Noroeste y en altura de 42 grados Septentrionales llegaron a la dilatada nación de los escanjaques (fs. 206) o ajiacos y aun que traidores y ocultos de paz judaica, entendiendo ellos que las armas españolas iban a dar sangrienta lid a la nación Quivira, sus capitales enemigos, se vinieron y confederaron más de tes mil indios Aixacos con el campo español, quienes lo guiaron hasta los márgenes de un caudaloso río que dividía está nación de la de los Quiviras, a la cual capitularon ser malos y depravadas intenciones, pésimas costumbres y de corazón dañado y que ellos habían llevado y muerto al Capitán Humana y sus acompañdos, reservando solo la vida (a) Alonso Sánchez, por ser mancebo hermoso y a una mujer de mucha beldad y garbos y que a estos la tenían en la población grande y cerca”[42]

Las exploraciones que llevan hacia lo que hoy es Nuevo México a cargo de Juan de Oñate en la búsqueda de Cíbola y Quivira para el año de 1599, dan por resultado el fin del mito medieval de las ciudades fantásticas, en su lugar encuentran pueblos que no tienen la magia imaginaria, la búsqueda de lo maravilloso llega a su fin, el mundo tal cual, poco tiene que ver con las ensoñaciones de quienes les antecedieron, se ven con pueblos nómadas que no quieren tener contacto con los españoles. Y en estos grupos se hace presente la resistencia a ser conquistados por los europeos, que están invadiendo aquellos territorios, los enfrentamientos se hacen presentes ante la invasión. El encuentro con la realidad de estos pueblos desmoronan lo dicho por fray Marcos de Niza y Estebanico, el mundo es otro, no hay riquezas, ni ciudades majestuosas; en su lugar han encontrado pequeños caseríos, con jefes locales que hacen frente a los invasores españoles, quienes promueven en sus incursiones la reducción de indios.

La invasión de los territorios norteños establece una gran cantidad de levantamientos desde una etapa muy temprana 1585, los surque y los ocoromi, en 1613 los mayos, 1629 los nevome, pima, zuaque, cocomaricopa y aybina, 1644 los concho, 1646 los tarahumara, 1651 los suma, 167 los seris son reducidos, 1684 los tabari, 1688 sigue la reducción de los seri, 1688 los sonora, 1690 los pima, 1694 los apaches, jocón y Jano, 1695 los pima en Oquitoa, Tubutama y Caborca, por los malos tratos de los españoles a la población indígena, muere el padre Javier Saeta, 1695 los concho, soba y pima, 1716 los sobaipuri, 1740 los seris, apaches, yaquis, 1749 los seris, 1750 los pimas y pápagos, 1751 seris y apaches, insurrección pima en alianza con gilas, cocomaricopas, pápagos y yumas, 1756 pimas, pápagos y seris, 1825-1833 los yaquis, 1862-1872 apaches en el suroeste de Estados Unidos, 1875-1899 los yaquis, 1886 rendición Gerónimo, 1902 los mayos y los yaquis[43].

En buena medida, lo acaecido durante el periodo colonial está inserto en el proyecto de expansión y asentamiento del imperio español, se produce un vínculo entre la conquista militar[44], la espiritual y la colonización de las tierras, todo ello, en detrimento de la población indígena. La conquista militar estuvo siempre en manos de un ejército necesitado de obtener grandes riquezas materiales, de hacerse de propiedades territoriales y de acabar con el enemigo donde quiera que se le encontrase, así los enemigos son aquellos indios paganos que no aceptan la sujeción con el imperio, que no quieren estar doblegados por la servidumbre y la esclavitud.

Esto quiere decir, que todas las sublevaciones de los grupos indígenas del norte de México (la Nueva España en su momento) se llevaron a cabo por la invasión de sus territorios, por la creación de fronteras ficticias que irrumpían en contra del libre tránsito de los grupos nómadas, además de las diferentes formas en las cuales las diferentes etnias eran reorganizadas al interior de las misiones, los presidios y los pueblos, aunado al trabajo forzoso y a la catequización.

“La conquista espiritual de las Américas, en su globalidad, no representa ruptura, sino continuidad con su práctica misionera de los siglos postconstantinos. La Capitulatio de partibus Saxoniae, del 728, de Carlo Magno (+814), dejó a los sajones la misma alternativa como el requerimiento, de 1513, a los indígenas: conversión al cristianismo o muerte. En el año 728, en un solo día, el fundador de la Europa cristiana mandó decapitar, en Verden, 4,500 “rebeldes”. La victoria sin embargo, sobre los sajones paganos, vino sólo con el bautismo de su líder, Widukind. Carlo Magno –hoy sepultado en la catedral de Aquisgrán- fue su padrino de bautismo. En ambas situaciones históricas, la “conversión” era sólo un cambio de religión por fuerza mayor. También los métodos misionales tienen semejanzas. Willibrod profanó los santuarios sajones, Bonifacio cortó su árbol sagrado, Sturmius exigió la destrucción de sus templos.

El ambiente cerrado del patronato permitió la continuidad de los patrones medievales en el trabajo misionero en las Américas. Santiago apóstol de la reconquista, continuó en el imaginario de la conquista como caballero apocalíptico socorriendo con la cruz y la espada a los soldados de Cristo. Ahora no era más Santiago Matamoros, sino Santiago Mata-Indios. Así Cortés en su segunda Carta-Relación, de 1520, podía comunicar a Carlos V que mandó “por prevención” encerrar un gran número de los habitantes de Churultecal en un recinto cerrado. En seguida dio la orden a sus soldados para matarlos y poner fuego a la ciudad: “En pocas horas murieron más de tres mil hombres”. La alianza entre cruz y espada tuvo un papel decisivo en la fundación de la Europa cristiana y en el forjamiento de la América católica”[45].

América se convierte en colonia del imperio español, a excepción de la parte anglo-francesa, contexto en el cual, la estrategia militar va acompañada de la espiritual para poder convencer y dominar al otro. En este sentido, el otro es visto como un ser que es pagano, se cuestiona si hombre o no lo es, se justifica todo tipo de políticas que sirvan para la dominación y con ello, se marcan las pautas del nuevo territorio, el conquistado que empieza a ser administrado y explotado por los europeos. En lo concerniente a la fase espiritual, las diferentes órdenes religiosas (la más importante fue la de los jesuitas) reúnen a los indígenas alrededor de las misiones, en donde tienen que domesticarse al servicio de los frailes, intentan éstos, introducir la doctrina católica y el trabajo en servidumbre, se les obliga a vivir bajo condiciones que occidente plantea como una vida civilizada y en este proceso de conversión, la opresión se hace presente a través de todo tipo de injusticias sobre los diferentes grupos étnicos.

Los levantamientos y rebeliones no se hacen esperar y como respuesta del imperio (se incluye en esto a los militares y a los religiosos), da principio la reducción de indios, que equivale a decir, que se les puede matar en un acto de guerra justa[46]. Por otra parte, la colonización llevó nuevas formas de organización de la tierra, el territorio quedo fraccionado de acuerdo a las necesidades políticas del gobierno virreinal y bajo este espectro, los grupos originarios pierden su lugar en el espacio geográfico, sus tierras son usurpadas, las condiciones sociales después de la guerra de independencia (1810-1821), no son muy diferentes y los distintos gobiernos ven a lo lejos a los grupos étnicos norteños, además de una política centralista en la que sólo importa en realidad lo que sucede en el centro del país.

 

Notas:

[1] El presente artículo forma parte del proyecto de investigación: Antropología del desierto: el Norte de México. Proyecto PAPITT: 400213; que apoya la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

[2] Investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas UNAM.

[3] “… enunciar un espacio nos obliga a situarlo materialmente en un apartado tangible donde tenga presencia física, sobre todo cuando es un probable lugar que delimita un territorio; este situar el espacio configura la noción de límite y de frontera, puesto que saber hasta dónde se llega determina sus posibilidades de existencia”; en Pérez-Taylor, Rafael; Construir el espacio; Pérez-Taylor, Rafael, compilador; Antropología y complejidad; Editorial Gedisa; Barcelona; 2002; p. 141.

[4] “Durante la campaña de Hernán Cortés en la conquista de México, una expedición encabezada por Pánfilo de Narváez tocó tierra el 23 de abril de 1520 cerca de lo que hoy es la ciudad de Veracruz. Según varias crónicas de los españoles, en aquel ejército se encontraba un esclavo africano llamado Francisco Eguía, o Baguía, que había contraído la viruela. Otras fuentes señalan que los portadores habrían sido indios de Cuba que Narváez llevaba en calidas de auxiliares. Fuera como fuese, alguien había introducido el virus y había infectado a todo un hemisferio.

La enfermedad llego veloz a Tenochtitlán, la principal ciudad de los mexica (aztecas), donde causo estragos primero en la metrópoli y después en el resto del imperio”; Mann, Charles C.; 1491. Una nueva historia de las Américas antes de Colón; Editorial Taurus; Madrid, 2006; p. 134.

[5] “En México, omitiendo estimaciones sumamente arriesgadas sobre el periodo inicial, se ha considerado que la población perdió la mitad de sus componentes en los últimos treinta años del siglo XVI, sin contar con el declive seguro durante el primer medio siglo de la conquista”; Livi Bacci, Massino; Los estragos de la conquista. Quebranto y declive de los indios de América; Editorial Crítica; Barcelona; 2006: p. 40.

[6] Newark. Tim; The Grammar of Warfare; The Ivy Press; Londres; 2008; p; 136.

[7] Rozat, Guy; Indios imaginarios e indios reales. En los relatos de la conquista de México; Tava Editorial; México; 1992, p. V.

[8] “La misión de los franciscanos se había gestado a petición de Cortés, quien creía que la conquista militar de la Alianza había de ser acompañada —y justificada, sobre todo— por una conquista espiritual paralela. A su entender, los indios debían ser conducidos a la salvación, y con ese motivo pidió a Carlos V que le enviase a algunos misioneros”; Mann, Charles C.; opcit; p. 160.

[9] En este punto, debemos tener en claro que el cristianismo en su vertiente católica siempre ha sido una religión universal que ha obligado al otro a la conversión, la conquista espiritual mediante cualquier medio, se convierte en el arma eficaz que controla las mentalidades del vencido, práctica que deviene desde los primeros siglos del cristianismo con la noción de herejía. “El concepto de “herejía” se precisa, en efecto, a mediados del siglo II, en una descripción unificadora del error que en adelante sirve de marco e instrumento para la polémica, y del que da la fe en primer lugar la obra del apologista (y mártir) Justino. La adopción de un modelo común de exclusión se sitúa en el momento en que la Iglesia trata de ser reconocida definiendo su autenticidad, según las manera de pensar de aquellos a quienes debe convencer”; Boulluec, Alain de; “Herejías y ortodoxia”, IV. Definir la fe; Corbin, Alain, Bajo la dirección; Historia del Cristianismo; Editorial Ariel; Barcelona; 2008; p. 66.

A partir de este momento, el cristianismo puede verse así mismo como una religión, que intenta por todos los medios de convertir al otro y por ello, se sirve de las herejías, las superticiones, las idolatrías para poder dominar a quien no quiere adoptar la nueva fe.

[10]“Lo europeo escribe la historia, dice y habla de los confines del mundo, enuncia sus fronteras y describe a quienes, según ellos, no tienen historia. Su escritura convence y crea una armonía única basada en el etnocentrismo tomista, ellos dicen dónde está la verdad y en qué términos es el acto simbólico de la consagración que interpreta el alrededor y el interior, como la esencia de occidente. A partir de esta concepción la idea del mundo queda establecida y Europa-similitud, escribe la historia y el resto del mundo conocido-otredad, es descrito por occidente, facilitando en esta forma el conocimiento discursivo de la historia, aunque el otro está bajo el dominio de la palabra conquistadora, para subyugar esa noción en aras del crecimiento del imperio, como Estado y como religión.

La otredad desde la similitud pierde su voy y occidente la describe, no importa si esa otredad se explica y se define a sí misma, es una continuidad aplastante bajo cuya unidad argumentativa la diferencia desaparece, para convertirse en móvil para ser civilizado, y esto significa ser cristianizado, conquistado y convertido en servicio de la civilización de un modelo que niega por definición la diversidad”. En Pérez-Taylor; Rafael; La formación del cristianismo en los primeros siglos y la evangelización americana como segunda conquista espiritual; Anales de Antropología; volumen 34; Instituto de Investigaciones Antropológicas UNAM; México; 2000; p. 250.

[11] A este respecto puede consultarse. T`Serstevens; Los precursores de Marco Polo; Biblioteca de Historia; Ediciones Orbis; Barcelona; 1986. Piccolómini, Eneas Silvio (Papa Pío II) Descripción de Asia; volumen preparado por Francisco Socas; Biblioteca de Colón III; Alianza Editorial; Madrid; 1992. Gil Fernández, Juan; En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII; Alianza Editorial; Madrid; 1993.

[12] “Era preciso ver cómo los bárbaros, con sus distintos rostros, recorren los textos de muchísimos autores a los largo de la historia, desde los trágicos de la Grecia clásica hasta los antropólogos de hoy, pasando por los juristas romanos, los humanistas del Renacimiento, los historiadores del siglo XIX o los pensadores contemporáneos. Con distintos trajes, los bárbaros surgen regularmente en las representaciones colectivas de la historia occidental. Los vemos, en momentos de transición, desempeñando un papel de primer orden en el imaginario político y la constitución de la identidad colectiva”; Droit, Roger-Pol; Génealogie des barbares; Odile Jacob; Paris; 2007; p. 16.

[13] Todorov, Tzvetan; El miedo a los bárbaros; Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores; Colofón; México; 2013; p. 38.

[14] Almada, Ignacio; Breve historia de Sonora; Fondo de Cultura Económica- El Colegio de México- Fideicomiso Historia de las Américas; México; 2000; p.17.

[15]Nolasco, Margarita Prólogo/ser mujer pápago; Underhill, Ruth; Biografía de una mujer pápago; SepSetentas 201; México; 1975; pp.14-15, hay que hacer referencia que en su edición en inglés fue publicado en 1936.

[16] “Los indios pápagos viven en reservaciones situadas en el sureste de Arizona, EUA, junto a la frontera mexicana. Pertenecen a la familia lingüística pima-sonora y son, tanto en su idioma como en su origen, idénticos a los pimas, a quienes llaman ribereños, mientras ellos son la gente del desierto. Los españoles encontraron a ambos grupos en el territorio que todavía ocupan y que se extiende desde el río Altar, en Sonora, hasta el río Gila en Arizona, área que en una época fue parte de la provincia de la Alta Pimeria”; Underhill, Ruth; opcit; p. 41.

Aquí debemos resaltar que los trabajos de Ruth Hunderhill sobre los pápagos se llevaron a cabo en Arizona y las pocas referencias que tuvo de los que estaban en Sonora fueron de segunda mano.

[17] Harris Salomon, Julian; Arte y costumbres de los pieles rojas; Ediciones HYMSA; Barcelona; 1937; p. 30.

[18] Coenraads, Robert R. ,y Koivula, John I; Geológica. Las fuerzas dinámicas de la tierra; H.F. ullmann; Barcelona; 2008; p. 378.

[19] Radding, Cynthia; Entre el desierto y la sierra. Las naciones o`odham y tegüima de Sonora, 1530-1840; CIESAS—INI; México; 1995; p. 23.

[20] “En Norteamérica, donde no existían imperios centralizados, los colonos europeos formaron una relación diferente con los pueblos nativos, a veces en alianza y otras hostiles pero lejos de apoyarse en una absoluta superioridad militar. Los amerindios adoptaron las importaciones europeas como el caballo y las armas de fuego”; Grant, R.G.; Batallas. El recorrido visual más completo a través de 5000 años de combates, prólogo de Dan Snow; Pearson Educación; Madrid; 2007; p. 165.

[21] En principio el Preste Juan posiblemente vivío entre 1155 y 1180, porque se supone que el Preste Juan les mando su carta a Manuel Commeno y a Federico I, aunque la carta ya era conocida en Europa para 1165; en Lalanda, Javier Martín; Introducción; La Carta del Preste Juan; Editorial Siruela, Biblioteca Medieval; Madrid; 2004; pp.14-15.

[22] Ver: T´serstevens; opcit.

[23] Santoja, Gonzalo, Edición de; Mandavila, Juan de; El libro de las maravillas; Biblioteca de Obras Raras y Curiosas; Editorial Visor; Madrid; 1984; p. 9.

[24] “El Preste Juan es un soberano mítico que reunía en su persona los dos poderes, temporal y espiritual. Marco Polo, que trata de dar base histórica a este pretendido soberano cristiano de oriente, dice que es la misma persona que Uncán, rey turcomongol de la tribu Kereyit, nestoriano y por lo tanto cristiano. Lo cierto es que este Uncán (Ong-Khan) tenía sometidos a los tártaros a vasallaje hasta que Gengis Khan (Temudjin) le dio la vuelta a la situación”; Quiroga, Juan Barja; nota 114; Polo, Marco; Viajes; Editorial Akal; Madrid; 2009; p. 136. Para una mayor información. sobre el Preste Juan en el presente libro hay que leer los capítulos: LXIV al LXIX; pp.135-143 de la presente edición. “En 1165, empezó a circular la que se denominaría Carta del Preste Juan, escrita por el preste Manuel Commeno, emperador de Bizancio. Pero la carta llegó también a manos del papa Alejandro III y de Federico Barbarroja; y no hay duda de que impresionó a sus destinatarios, puesto que el papa Alejandro III envió, en 1177 y por mediación de su médico Felipe, una misiva al mítico monarca a abandonar la herejía nestoriana y a someterse a la Iglesia de roma. Poco se sabe de este Felipe –ni si llegó hasta el preste, ni si obtuvo respuesta por parte de este--, pero el episodio revela el interés que podía tener la carta, tanto en el plano político como en el religioso.

La carta contaba que en el lejano Oriente, más allá de las regiones ocupadas por los musulmanes, más allá de las tierras que los cruzados habían intentado arrebatar al dominio de los infieles, pero que habían tornado a ese dominio, florecía un reino cristiano, gobernado por un fabuloso Presbyter Johannes, rex potentia et virtude di et domini nostri Iesu Christi; en Eco Umberto; Historia de las tierras y los lugares legendarios; Editorial Lumen; Barcelona; 2013; p. 101.

[25] Eco, Umberto; ipcit; p. 97

[26]“—De literatura didáctica: en cierto sentido, puede decirse que todas las obras medievales son de tal índole; que existe un didactismo difuso que baña toda la literatura medieval. Pero me refiero aquí a obras específicamente didácticas, como los bestiarios, el Trésor de Brunetto Latini, Sidrac, La Image du Monde, Placides et Timeo, enciclopedias como las de Thomas de Cantimpré o Bartolomé el Inglés, o relaciones de viajes como las de Marco Polo, el pseudo-Mandeville, Odorico o la fantástica Carta del Preste Juan. No hace falta insistir en la importancia de la literatura de viajes: saber que el bosque de Morrois –que albergó a Tristán, o que pueden hallarse las ruinas del artúrico castillo de Tintagel en la costa noroeste de Cornualles, sólo puede satisfacer a mentes positivistas; la necesidad de “geografía mítica”, como dice Eliade (Traité, 362), es la única de que el hombre no puede prescindir, y de ahí el recuerdo imperecedero del viaje de Alejandro Magno a Asia”; Malaxecheverría, Ignacio; Introducción; Bestiario Medieval. Biblioteca Medieval; Ediciones Siruela; Madrid; 1999; p. 34.

[27] Cahill, Thomas; Los misterios de la Edad Media; BELACQVA El ojo de la historia, Grupo Editorial Norma; Barcelona; 2007; p. 220.

[28] Debemos tener en cuenta que entre las posesiones de Colón y que posiblemente le acompañaban eran varios libros que consultaba permanentemente: estos eran El libro de Marco Polo y la Historia Natural de Plinio el viejo, el Ymago Mundi de Pierre dAilly, La descripción de Asia de Eneas Silvio Piccolómini (Papa Pío II) y una versión suya de la Biblia que el intitulo como el Libro de las Profecías. Este último no fue publicado en su época. (ver: bibliografía).

[29] “la popularidad del mito judaico-indio en el Nuevo Mundo se debió en parte al hecho de que se proporcionaba una cierta explicación sobre el origen del hombre americano. Pero sugiero que la verdadera fuente de atracción para difundir esta curiosa leyenda sólo puede encontrarse en la atmósfera apocalíptica de la era de los descubrimientos. Si los indios eran en verdad las tribus perdidas, tal descubrimiento era una prueba convincente de que el mundo terminaría pronto” (p.43)…”Como muchos místicos apocalípticos, incluso Mendieta, Francisco de la Cruz tesoneramente que los indios eran descendientes de las diez tribus pérdidas de Israel” (p. 111) ; Phelan, John L; El reino milenario de los franciscanos en el Nuevo Mundo; Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM; México; 1972; p. 43 y p. 111.

[30] Phelan, John L; opcit; p. 57.

[31] “Los aztecas y mayas contaban con una de las civilizaciones más extraordinarias del México antiguo. En el palacio de Netzahualcóyotl, que era poeta, había una gran biblioteca, lo mismo que en el palacio de Moctezuma. Los libros eran códices hechos de papel amate, obtenido de una higuera silvestre, y reproducían dibujos.

En el año de 1530, en Tezcoco, hizo una hoguera con todos los escritos e ídolos de los mayas (¿?: es mía la interrogación). Su acto tuvo una interrogación enorme porque no hubo nadie entre quienes vieron la quema que no entendiera su significado: la idea era borrar el pasado y dar paso a una nueva etapa. Juan Bautista Pomar relató que entre las grandes pérdidas de los indígenas estaban sus pinturas “en que tenían sus historias, porque al tiempo que el marqués del Valle con los demás conquistadores entraron por primera vez en Tezcoco, se las quemaron en las casa reales de Nezahualpiltzintli, en una gran aposento de sus papeles”.

C.W. Ceram ha revelado que Zumárraga “(…) destruyó en un gigantesco auto de fe cuantos documentos pudo obtener.

Diego de Landa continuo su labor. También partencia a la orden de los franciscanos, y se había educado en el convento de San Juan de Los Reyes, en Toledo, donde supo de otro célebre alumno de esa casa de estudios, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Al parecer ambos, aprendieron una teología radical, porque sus acciones así lo demuestran. Landa hizo torturar a 4500 indios.

…En julio de 1562 hizo quemar en Maní cinco mil ídolos y 27 códices de los antiguos mayas. En su relato autobiográfico justificó su ataque al decir: “Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y daban a entender que enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosas en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”; Ver: Relación de las cosas de Yucatán de Diego de Landa; (1978, pp. 104-105); Báez, Fernando; Historia universal de la destrucción de los libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak; Editorial Debate; México; 2004; pp. 131-132.

[32] “¿Debe hablarse de colonización o de occidentalización de la imaginación? En México, en todo caso, la imaginación y el modo de expresión pictográfica servían de soporte a la memoria oral mantenida en los medios nobiliarios. Serge Gruzinski mostró que las “pinturas” tenían una especificidad irreductible, pues condensaban en el mismo plano las guerras, los prodigios, los dioses, el sistema de impuestos, la transferencia de los bienes. A su manera, la imagen se pretendía un instrumento de poder. Ahora bien, lo que transfiguró primero fue el espacio por medio de los bosquejos a la española, lo que se acompañó de un empobrecimiento cromático. Poco después, fueron las “ilustraciones” las que se subordinan a la escritura y a las reglas del relato occidental, con su continuidad lineal que predominó”; Ferro, Marc; La colonización. Una historia global; Siglo XXI Editores; México; 2009; p. 242.

[33] “Es conocido Martin Waldseemüller (1474-1518) como el cosmógrafo que en sus primeras aportaciones cartográficas adjudicó el nombre de América, en honor de Américo Vespusio, a las tierras que desde pocos años antes estaban siendo explotadas por los europeos a partir de Cristóbal Colón. Pero si el nombre de América corrió con buena suerte y fue adoptado por muchos cartógrafos, paradójicamente el mismo Waldseemüller, cual si se hubiera arrepentido, no lo aplicó más tarde en otros de sus mapas y abandonó también la concepción geográfica que había guiado su representación de esas tierras nuevas”; en Léón-Portilla, Miguel; Estudio Introductorio; en Waldseemüller, Martin; Introducción a la cosmografía y las Cuatro navegaciones de Américo Vespusio. Traducción del latín, estudio introductorio y notas de Miguel León-Portilla; Universidad Nacional autónoma de México-Fideicomiso Teixidor-Cátedra Guillermo y Alejandro de Humboldt-Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos; México; 2007; p. 9

[34] “Con la conquista española y los desórdenes que provocó, las estructuras sociopolíticas amerindias fueron desbaratas. Las aristocracias mexica e inca fueron las más afectadas por los transtornos. Perdieron sus privilegios, cuando no perecieron; de la educación de sus hijos se hicieron cargo los religiosos, y un buen número de sus hijas se convirtieron en concubinas o esposas de los conquistadores. Sin embargo, fue toda la jerarquía cacical la que se vio desbaratada. Se asistió, en efecto, a un proceso de nivelación de la pirámide, pues la corona no se fió y no tomó bajo su protección a los más conspicuos señores étnicos: sólo le importaba el escalón que le garantizaba el ejercicio directo de la autoridad con el fin de movilizar hombres y apropiarse de los recursos”; Poloni- Simard, Jacques; La América española: una colonización de antiguo régimen; en Ferro, Marc, Dirigido por; El libro negro del colonialismo: siglos XVI al XXI: del exterminio al arrepentimiento; La Esfera de los Libros; Madrid; 2005; p. 226.

[35] López de Gómara, Francisco; Historia General de las Indias, I. Hispania Victrix; Biblioteca de Historia, Ediciones Orbis; Barcelona; 1985; p.298.

[36] López de Gómara, Francisco; opcit; 299.

[37] Kingsley, Peter; En los oscuros lugares del saber; Ediciones Atalanta; Girona; 2010; p. 39.

[38] “Desde San Miguel de Culiacán el 7 de marzo de 1539 por órdenes del Virrey Antonio de Mendoza partió Niza tras las Siete Ciudades, junto con el esclavo Estebanico que Dorantes había regalado al Virrey para evitar tener que ir en la expedición a Cíbola, desde Culiacán tras las dichas ciudades. En verdad ni Dorantes ni Estebanico habían estado en Cíbola. Por consiguiente debe tenerse en cuenta que los territorios a las cuales iban eran desconocidos, por lo tanto, no tenían ideas claras sobre distancias y menos sobre la geografía del área a explorar, lo poco que sabían era lo que les habían contado los indios a Alvar Núñez Cabeza de Vaca y a sus compañeros”; Montané Martí, Julio César; Francisco Vázquez Coronado. Sueño y decepción; El Colegio de Jalisco-Fideicomiso Teixidor; México; 2002; p. 128.

[39] “En el nordeste de Arizona se hallan los hopis, que significa pacíficos, y que en la época de Alvar Núñez vivían en dos mesas; la primera con las aldeas Hualpi, Sichumovi, y Hano, que fue parcialmente deshabitada a comienzos del siglo XVIII; y la segunda, con los shipaulovi, mishoguovi y shumogovi. No conocieron, pero sí tuvieron noticias de Cíbola y sus ciudades habitadas por los zuñis, en la zona limítrofe entre los Estados de Nuevo México y Arizona, junto a un afluente del río Colorado. Las noticias sobre las riquezas de Cíbola y las Siete Ciudades darían lugar a que el negro Estebanico encontrara la muerte, asesinado por los indios, cuando acompañaba a fray Marcos de Niza en la busca de estas ciudades míticas. La cartografía de la época, tanto española como extranjera, se hace eco de estas ciudades habitadas por los pueblos. La relación puntual de estos pueblos se pudo hacer poco después de 1540, gracias a Pedro Castañeda, que acompaño a Coronado en su visita a Cíbola, el 7 de julio”; en Ferrando, Roberto; Introducción; Núñez Cabeza de Vaca, Alvar; Naufragios y Comentarios. Edición de Roberto Ferrando; Dastin Historia-Promo Libro; Madrid; 2003;   p. 16.

[40] “Dábannos también muchas cuentas y de unos corales que hay en el mar del Sur, muchas turquesas muy buenas que tienen de hacia el Norte; y finalmente, dieron aquí todo cuanto tenían, y a mí me dieron cinco esmeraldas hechas con puntas de flechas, y con estas flechas hacen ellos sus areitos y bailes; y pareciéndome a mí que eran muy buenas, les pregunté que dónde las habían habido, y dijeron que las traían de unas sierras muy altas que están hacia el Norte, y las compraban a trueco de penachos y plumas de papagayos, y decían que había allí pueblos de mucha gente y casas muy grandes (referente a Cíbola y a sus siete ciudades)”; Núñez Cabeza de Vaca, Alvar; opcit; pp. 113-114.

[41] Mange, Juan Matheo; Luz de tierra en la América Septentrional y Diario de las Exploraciones en Sonora; Tiempo Extra Editores-Gobierno del Estado de Sonora; 1993; pp. 105-106.

[42] Mange, Juan Matheo; opcit; pp. 121-122.

[43] Ver: Pérez-Taylor, Rafael; Antropología del desierto: identidades colectivas y resistencia; Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Antropológicas; México; 2013; pp. 79-91.

[44] Ver: Troncoso, Francisco P. General de Brigada; Las guerras con las tribus Yaqui y mayo. Desde el 22 de diciembre de 1529 hasta el 31 de diciembre de 1902; Secretaria de la Defensa Nacional-Universidad del Ejército y Fuerza Aérea; México; 1984. Tomo I y II

[45] Suess (org), Paulo; La conquista espiritual de la América española. 200 documentos-siglo XVI; sin editorial, sin fecha, sin lugar de edición; p. 9.

[46] “El soldado de Cristo está a salvo cuando mata; y aún más a salvo cuando muere. Al morir salva sirve a sus propios intereses, ¡y al matar, a los de Cristo!¡No es sin motivo que empuña la espada!”; San Bernardo; en Ehrenreich, Barbara; Ritos de sangre. Orígenes e historia de las pasiones de la guerra; Espasa Calpe; Madrid; 2000; p. 241.

 

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Cómo citar este artículo:

PÉREZ-TAYLOR, Rafael, (2015) “Conquista y conflicto en el norte de México”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 25, octubre-diciembre, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 28 de Abril de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1223&catid=6&Itemid=6

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