Pacarina del Sur
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Sobre la salvaguarda de la música tradicional en México. Una reflexión desde la experiencia comunitaria en Chacalapa, Veracruz

On the safeguarding of traditional music in Mexico. A reflection from the community experience in Chacalapa, Veracruz

Sobre a protecção da música tradicional no México. Uma reflexão a partir da experiência da comunidade no Chacalapa, Veracruz

Yaredh Marín Vázquez[1]

Recibido: 07-03-2015 Aceptado: 19-03-2015

Resumen

Resumen: El Patrimonio Cultural Inmaterial es un recurso utilizado por instituciones estatales, privadas, civiles y académicas, pero también por el resto de la sociedad, convirtiéndose así en una idea generalizada. Sin embargo, se desconoce exactamente a qué se refiere este término y qué implicaciones tiene en la reproducción de las expresiones culturales y en la vida cotidiana de los pueblos a los que estas pertenecen. En el texto se analizan algunos elementos de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO (2003), además de presentar brevemente las experiencias de Patrimonialización de la música y la danza en Méxicos y contrastarlas con la experiencia de salvaguarda comunitaria en Chacalapa, comunidad afrodescendiente del sur Veracruzano.

Palabras clave: Patrimonio Cultural Inmaterial, patrimonialización, música tradicional, políticas públicas, son jarocho.

 

Las manifestaciones culturales tradicionales y populares como las comidas, las fiestas, las danzas y las músicas, han cobrado en poco tiempo una relevancia nunca antes vista en las sociedades occidentales. Con la notoriedad ganada se han iniciado procesos para convertir estas expresiones en “patrimonio” nacional o internacional. Las mismas prácticas que durante siglos fueron relegadas a la periferia cultural, siendo omitidas y en algunos casos desdeñadas[2] por la mirada ajena e incluso por la propia, hoy son consideradas un bien preciado. A la par, la idea de “patrimonio” se ha convertido en un recurso muy utilizado por instituciones estatales, privadas, civiles y académicas, pero también por el resto de la sociedad, convirtiéndose en una idea generalizada. Sin embargo, se desconoce exactamente a qué se refiere este término y qué implicaciones tiene en la reproducción de dichas expresiones culturales y en la vida cotidiana de los pueblos a los que pertenecen.

Este texto nace como respuesta, en primera instancia, a una necesidad propia emanada del trabajo de campo e investigación sobre música tradicional en México. Se enfoca en el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) específicamente en el caso de la música y la fiesta tradicionales. Para abordar el tema, en primer lugar, propongo analizar algunos elementos de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO (2003). En segundo lugar se exponen brevemente las experiencias de Patrimonialización de la música y la danza en México. Posteriormente se analiza la experiencia de salvaguarda comunitaria del son jarocho y el fandango desde el caso de Chacalapa, Veracruz. Para finalmente contrastar los casos ya patrimonializados en cuanto a música y danza con la experiencia chacalapeña y proponiendo una reflexión

 

La UNESCO y la Convención para la Salvaguarda del de Patrimonio Cultural Inmaterial

La riqueza de las expresiones culturales radica, en primera instancia, en su capacidad para mostrar la diversidad, siendo la étnica una de sus formas. Asimismo, da cuenta de las complejas transformaciones históricas, sociales, económicas y políticas de un pueblo, región o país. Pero al mismo tiempo son una fuente generadora de riquezas económicas y políticas. La complejidad de estas expresiones representa un reto para su estudio y salvaguarda, debido a que su deterioro, despojo o transformación no son fácilmente registrables. Es decir, a diferencia del patrimonio tangible, en el patrimonio intangible, como la música, el deterioro de una obra musical no es tan visible como lo sería en una pieza de cerámica.

Por tanto, es necesario preguntarnos ¿qué motivos alientan la voluntad institucional por generar estrategias de salvaguarda para estas expresiones? García Canclini[3] propone que la artesanía y música, en la globalización, deben ser “analizadas con los circuitos masivos trasnacionales, donde los productos populares suelen ser ´expropiados´ por empresas turísticas y comunicacionales” (2009: XVI). La influencia del mercado y la industria en la creación de políticas públicas, no pueden quedar fuera del análisis en la búsqueda de una respuesta a esta pregunta.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) es un organismo especializado de las Naciones Unidas. Su Constitución se firmó el 16 de noviembre de 1945, siendo una de las primeras agencias del Sistema de Naciones Unidas. Su objetivo, según se establece en el artículo I de su constitución[4] es “contribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones”. Para lograrlo la UNESCO:

-      [f]omentará el conocimiento y la comprensión mutuos de las naciones,

-      [d]ará nuevo y vigoroso impulso a la educación popular y a la difusión de la cultura y

-      [a]yudará a la conservación, al progreso y a la difusión del saber

Dentro de esta tercera forma de actuación si incluyen las acciones destinadas a velar por la conservación del patrimonio universal, pero limitadas a su actuación en principio a “libros, obras de arte y monumentos de interés histórico o científico.

Después de un periodo de debates y reflexiones la UNESCO aprobó en 1989 una recomendación a los Estados sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y Popular[5] y posteriormente otros documentos como la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural en 2001[6]. Este proceso de reconocimiento del PCI llevó en 2003 se abrió a firma la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial (Convención PCI).[7]

Esta norma define en su artículo 2.1 el Patrimonio Cultural Inmaterial como:

(…) los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

Imagen 1.
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Es decir, se trata de  prácticas representativas de la cultura de un pueblo y transmitidas de una generación a otra, como pueden ser las “tradiciones” tales como las mayordomías,[8] “técnicas artesanales” como el telar de cintura; “artes del espectáculo” como han sido considerados Los voladores de Papantla o la música; “usos sociales, rituales y actos festivos” como pueden ser ceremonias religiosas de tradición indígena, los “conocimientos” y las “tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma”.

La principal diferencia entre el patrimonio material e inmaterial es su aparente tangibilidad, es decir el primero tiene una base física (inmuebles, muebles, paisaje, etcétera), por tanto su deterioro o maltrato se puede identificar con más facilidad. Mientras que el patrimonio inmaterial cómo la música, la comida o las danzas carecen de un cuerpo físico que dé cuenta de su transformación, al menos en apariencia, aunque su materialidad puede darse en elementos físicos como sucede con las técnicas artesanales de producción.

Actualmente 161 países forman parte de la Convención sobre PCI, incluido México que ratifico dicha convención el 14 de diciembre de 2005.[9] Los países miembros se comprometen a adoptar todas las medidas necesarias para salvaguardar el PCI garantizando su viabilidad. Entre los métodos que los países deben adoptar se encuentran la “identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización, transmisión -básicamente a través de la enseñanza formal y no formal- y revitalización” de las expresiones del patrimonio inmaterial.

La Convención PCI hace mención explícita en su preámbulo a otras normas internacionales de Derechos Humanos y ha sido integrada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México dentro de su Compilación de Instrumentos Internacionales sobre Protección de la Persona Aplicables en México (Tomo VII).[10] Esta relación con los derechos humanos resulta fundamental, pues como señala Lenzerini, el “PCI representa un componente de los derechos humanos culturales y un prerrequisito esencial para asegurar la realización y el disfrute de los derechos individuales y colectivos de sus creadores y portadores”[11] (Traducción propia)

En este sentido es necesario interpretar las obligaciones de los Estados derivadas de la Convención CPI en relación con otras normas de derechos humanos, y en concreto en relación con las normas relativas al libre desarrollo de la personalidad, a los derechos económicos, sociales y culturales y los derechos de los pueblos indígenas.

Así, cuando un Estado, por ejemplo México, diseñe una estrategia para salvaguardar parte del PCI, debe garantizar el respeto total a los Derechos Humanos, incluyendo otras normas relevantes, como por ejemplo el derecho de los pueblos indígenas a la consulta libre, previa e informada.

 

Los casos de patrimonialización en México.

¿Quién y cómo se decide que una expresión sea patrimonio?

La Mtra. Amparo Sevilla[12] especialista en el tema, en una entrevista comentó que como resultado de la Convención PCI (2003), la UNESCO propuso crear “una lista representativa de expresiones que cada país parte de la Convención considere relevantes para su identidad y para la continuidad de su propia cultura. Cuando un elemento de una nación entra en esa lista representativa […] es declarada Patrimonio de la Humanidad”.

Para que la UNESCO reconozca una expresión como patrimonio de la humanidad, su país de origen debe diseñar una estrategia de salvaguarda que procure la permanencia de la práctica y considere actividades de documentación, transmisión, investigación, protección, etcétera que respeten el cumplimiento de las leyes nacionales e internacionales. Por otro lado, este trámite de inscripción sólo puede ser iniciado por el Estado y eso se debe a las características de la lista representativa que tiene la Convención.

            En México existen cuatro expresiones culturales inscritas en esa lista: La danza de Los Parachicos, La Pirekua, Los Voladores de Papantla y El Mariachi. Según Amparo Sevilla, las iniciativas para convertir estas prácticas culturales en patrimonio “en la mayoría de los casos, excepto en el caso del El mariachi, fueron iniciativas de turismo. Con una clarísima visión de integrar circuitos turísticos a otras ofertas también de carácter turística.” Y añade, que en los planes de salvaguarda “lo que vemos en común, […] es que hay serios problemas en la elaboración de los expedientes, en cuanto a la consulta libre, previa e informada que es obligatoria. […] Que en realidad en ninguno de los casos se llevó a cabo.” Por otro lado, menciona la debilidad de los planes pues “no se hicieron atendiendo a las necesidades reales de los músicos.”

            En seguida, se presentan ejemplos, que la Mtra. Sevilla ha documentado, sobre del impacto que ha tenido el proceso de “patrimonialización” en México: 

En el caso de La Pirekua en el plan de salvaguarda se piden recursos para el concurso de Zácan Michoacán que es un concurso de carácter turístico, donde se les da un muy mal trato a los músicos que van ahí y se premia por lo general a los músicos más comerciales, no a los pireris, que tienen todo un oficio y una función social de ser cronistas de su medio. Entonces otro problema que también se observa es que hay gestores culturales que terminan representando a los músicos. Un caso muy evidente es con Los voladores. Con esta promoción se acentúa mucho esta idea que los voladores sólo son los de Papantla y de que el representante de Los voladores es una persona, que es quien esta atrás de toda esta gestión. Que además todo está muy vinculado a la cumbre Tajín, que es un proyecto del exgobernador de Veracruz, proyecto que también dan muchos cuestionamientos y muchos problemas con la propuesta.

En el caso de Los Parachicos, como empezó a haber mucha propaganda turística en torno a esta celebración, pues empezaron a llegar un montón de turistas a Chapa [sic] de Corzo en el estado de Chiapas y resulta que se les llenó de borrachos el pueblo. Entonces la gente llega pensando en tomar, en brincar, en saltar, en hacer de todo. Menos en saber por qué se hace esa ceremonia y en qué consiste la parte comunitaria. Entonces, se suponía que ahí la propuesta era hacer un museo comunitario, recuperar la memoria en torno a la celebración, generar materiales didácticos, aprendizaje de la música y la danza, y todo esto pues no se lleva acabo. Entonces, el diseño de los planes de salvaguarda debe de atender con mucho cuidado a la necesidad concreta de los músicos, de la comunidad y solo así serían válidos.

El balance hasta ahora de estas experiencias en México no parece ser positivo. En el II Coloquio Salvaguarda de la Música Tradicional Mexicana (2014) al que asistieron músicos, danzantes, voladores y personas relacionadas con las expresiones que hoy son Patrimonio en México, pudimos escuchar de viva voz los atropellos que han pasado estos actores frente a instituciones estatales de cultura y turismo, empresarios y medios de comunicación. Sevilla señala:

El patrimonio es un término que poco se conoce a nivel general, de cómo surge y que implicaciones tiene. Se menciona mucho sobre todo en ámbitos de carácter gubernamental, pero la gente que lleva a cabo prácticas culturales desde hace mucho tiempo le es ajeno el concepto. Nosotros a la fecha no hemos observado algún beneficio para los músicos, danzantes y las comunidades. A lo mejor los beneficios son para otros agentes sociales externos a estas comunidades. La patrimonialización de estas prácticas culturales es un tema más de carácter político, que de políticas públicas que puedan abonar de manera profunda a la salva guarda estas expresiones.

 

Chacalapa: son jarocho[13] y fandango.
Una experiencia de salvaguarda comunitaria.

El fandango[14] y el son jarocho[15] son hoy en día una práctica viva en Chacalapa, municipio de Chinameca, estado de Veracruz de Ignacio de la Llave (México).  Ante esta vitalidad resulta ilustrativo y enriquecedor conocer cómo se han mantenido estas expresiones para extraer lecciones que puedan ser relevantes no sólo para la pervivencia del fandango y el son jarocho, sino en general para la conservación de expresiones culturales inmateriales como elementos vivos y actuales de la realidad de las comunidades. Sin embargo, es importante destacar que ni este, ni ningún otro caso pueden ofrecer una fórmula para la pervivencia de las expresiones culturales. Los factores que influyen en la su permanencia son complejos y dependen de las condiciones históricas y sociales, por lo que un mismo elemento puede ser benéfico o perjudicial en diferentes contextos.

            Chacalapa[16] es una comunidad localizada en el sur de Veracruz fundada hace más de 300 años. Según la historia oral, los primeros pobladores eran hombres y mujeres de origen africano que escaparon del trabajo esclavo. El son jarocho o música de cuerda, como la llaman en la comunidad, es parte de los elementos que distinguen como característicos de su ser chacalapeño.

            El trabajo de campo que he realizado en Chacalapa,[17] junto con la lectura y análisis de textos especializados sobre son jarocho me permiten identificar algunos los elementos que han resultado benéficos para este caso concreto: la distancia de Chacalapa con las urbes, la convivencia de varias generaciones de músicos, las relaciones de parentesco y el vínculo de la música con otros campos sociales de la comunidad.

            Sin embargo, también existen elementos que dificultan su permanencia como son la competencia desigual con otros géneros musicales, las políticas culturales, la idea de progreso, las condiciones de desigualdad social y la marginalidad. Por último, el constante intercambio de Chacalapa con su región, el país y el mundo, introduce al análisis otros procesos como los medios de comunicación y el impacto de las industrias musicales “disqueras”. 

            En los siguientes párrafos se esbozan algunos temas relevantes en el impacto de la pervivencia del son jarocho y el fandango en Chacalapa desde la primera mitad del siglo XX a la actualidad. El recorrido temático presentado procura destacar la influencia de los aspectos extramusicales que influyen en la permanencia de las prácticas culturales.

Imagen 2.
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La distancia de Chacalapa a los centros urbanos

En las ciudades o urbes generalmente se concentran las relaciones políticas, sociales, económicas. Son lugares propensos a los cambios frente a acontecimientos políticos, económicos y sociales de importancia. Son centros donde abundan los servicios de salud, educación, las oportunidades laborales y el intercambio con otras zonas a nivel nacional e internacional y por esta razón son también centros de atracción de poblaciones. Durante la primera mitad del siglo XX, diversas zonas de México enfrentaron importantes cambios relacionados con la transformación del país. La Revolución Mexicana, la expansión de la industria petrolera y la construcción del Estado mexicano posrevolucionario afectaron especialmente a las ciudades cercanas a Chacalapa, como Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan. Fruto de estos cambios, las prácticas culturales en los centros urbanos experimentaron importantes transformaciones.

            En Coatzacoalcos, por ejemplo, el fandango casi desapareció del espacio público durante la Revolución debido a la inseguridad. Durante esta misma época Chacalapa era una comunidad de difícil acceso. Esto permitió que sus habitantes pudieran permanecer relativamente tranquilos y que no se vieran forzados a abandonar su comunidad.[18] Esta tranquilidad no fue total, ya que la violencia sí afectó a Chacalapa y en  al menos en una ocasión los chacalapeños tuvieron que refugiarse en Chinameca, cabecera municipal. Este éxodo afectó a las fiestas, incluyendo los fandangos, que disminuyeron en frecuencia pero no dejaron de realizarse. Fidel Morales, músico de Chacalapa, conserva la memoria de la comunidad sobre este hecho:

Dicen que hubo una revolución creo en Chinameca y se desapareció toda la gente de aquí de Chacalapa, se fueron a huir. [...] Entonces dice mi papá que había guardado su jarana arriba del tlapanco porque todos se “jueron” a huir y ahí quedo en el tlapanco [...] Ahí quedo la jarana porque cerraron las casas, [...] dice que venían saqueando las casas cuando esa revolución que se hizo. Y cuando vinieron, vinieron con el tanto de la jarana y la hallaron todavía y se la guardaron a mi papá y siguió tocando otra vez. (Marín; 2011)

Al término de la Revolución en Chacalapa la fiesta del fandango siguió siendo una expresión apreciada entre las y los habitantes. El fandango pos-revolucionario más antiguo en Chacalapa del que se tienen datos, se ha podido rastrear se sitúa[19] entre 1935 -1940.

 

Las relaciones de parentesco y la convivencia de varias generaciones de músicos.

Uno de los aspectos que han fortalecido la práctica del son jarocho y el fandango en Chacalapa es la convivencia de varias generaciones de músicos, bailadores y versadores[20] en la comunidad. En la actualidad conviven en Chacalapa cuatro generaciones de músicos,[21] a las que he denominado: músicos viejos,[22] músicos maduros,[23] músicos jóvenes[24] y músicos en formación.[25]

            Durante un tiempo, el son jarocho fue visto dentro de la comunidad como una “música de viejos”, pero gracias al empeño de algunos actores locales de las generaciones de músicos viejos y maduros, se han formado nuevas generaciones de músicos. La presencia de gente “joven” anima a los adolescentes, niños y niñas a participar del son jarocho y el fandango. La influencia familiar ha jugado en muchas ocasiones a favor de esta renovación generacional,[26] pues supone un vínculo con la herencia familiar y en ocasiones incluso afirma la identidad personal y la pertenencia a la comunidad.

            Por otro lado, la transmisión del conocimiento musical anteriormente se caracterizaba por la observación, reforzada en ocasionalmente al interior de las familias si en está existían músicos. Sin embargo, actualmente la realización de talleres impartidos por jaraneros “jóvenes” de la misma comunidad ha propiciado y diversificado la formación de músicos. Además, sentir esta herencia musical como un legado ancestral da a músicos, bailadores y versadores, que participan actualmente de esta expresión, un motivo extra para participar en la misma, al suponer un hilo con su pasado comunitario y familiar.

 

El vínculo de la música con otros campos sociales de la comunidad.

La permanencia de la fiesta del fandango y del son jarocho no sólo se sostiene en su práctica, sino en los elementos sociales subyacentes, los motivos, la organización, etcétera.

            En Chacalapa estas expresiones se encuentran estrechamente vinculadas con la historia de la comunidad y su identidad. Si bien, este género y fiesta son característicos de la región, en Chacalapa su ejecución tiene un sello distintivo que reside, por ejemplo, en la afinación de los instrumentos (en LA), la importancia de la leona o bombona (instrumento que hace las veces de un bajo) y el marcado zapateo sobre la tarima. Estos, entre otros aspectos, diferencian a los chacalapeños de los pueblos circunvecinos y afirman al son/fandango como una característica que si bien es regional, también es particular.

La labor de un músico, bailador o versador se mantiene por ser una actividad considerada de valor para la comunidad. Son  guardianes de esta tradición y se les reconoce por su destreza, llegando a suponer una fuente de prestigio social, como muestran diversos testimonios

Juana Morales (hija de un músico)- La labor de un músico consiste en dejar las raíces de la música… Porque mi papá ya le ha enseñado a varios muchachos y de ahí mismo van enseñándole a los que siguen, y a los que siguen. Es importante y consiste en que no se pierda la tradición más que nada en eso. (Marín: 2013b)

Amelia Morales (hija de un músico)- ¿Cómo describiría yo a un músico? Siendo sincero con el mismo, que lo que toca, lo toque por amor a lo que hace realmente. Este… como un pasatiempo, talvez… ¿podría ser? Pero a la vez que lo lleve en la sangre realmente lo que está haciendo lo sienta, lo haga con devoción, con amor a lo que está haciendo realmente. (Marín: 2013a)

La música en distintos momentos ha sido utilizada como símbolo, por ejemplo en las configuraciones de los Estados Nación, o en las configuraciones regionales. También ha servido de plataforma para fenómenos políticos, económicos y, evidentemente, religiosos. En Chacalapa actualmente la reproducción, la permanencia y la práctica del fandango (entre los miembros de la comunidad), junto con la ejecución del son jarocho (por los músicos) son principios de diferenciacióndel habitante católico frente a otras adscripciones religiosas. Por tanto, la permanencia del fandango tiene un vínculo importante con la identidad religiosa, y se asocia con el calendario festivo católico.

 

La competencia desigual con otros géneros musicales

Durante las décadas de 1970 y 1980 Coatzacoalcos y Minatitlán, principales ciudades de la región, mostraban un gran dinamismo, siendo las centros urbanos con gran dinamismo social “el flujo de gente que llegaba de fuera era extraordinario, Coatzacoalcos y la región se convirtieron en un lugar ideal para hacer dinero rápido. [...] Esta fuerza migrante de distintos rumbos del país y del extranjero [...] buscaban mejorar su condiciones de vida” (Morosini; 1996:34). Con la inmigración se produjeron una serie de intercambios culturales, entre ellos los musicales. El fandango empezó a convivir y competir con el danzón, marimba, chachacha, rock y música tropical.

Imagen 3.
Imagen 3.

En las generaciones nacidas en Chacalapa entre 1955 y 1980 los músicos de son, bailadores y versadores disminuyeron considerablemente, salvo algunas excepciones. La música tropical, la música disco y otras expresiones se popularizaron entre estas generaciones, pasando la práctica del fandango a ser una actividad para los “viejos”.

Paulino Domínguez (Bailador)-Hubo un tiempo en la temporada de mis padres que el son decayó, fue en los años 60, 80, cuando empezaron la época no sé de Los Beatles, son esos melenudos ¿no? Que los pantalones acampanados, en esa época fue donde la cadena del son jarocho se fracturo porque ya la gente no acudía, la gente de esa época joven no asistía a los fandangos más que la gente adulta. (Marín: 2012)

Las industrias[27] musicales son negocios privados que se interesan principalmente en los beneficios económicos que generen las producciones. Las políticas públicas orientadas a la difusión de las producciones nacionales son casi inexistentes, pese a que la producción nacional independiente es numerosa no sólo de música tradicional sino de rock, jazz, fusión, etcétera. Las iniciativas estatales por promover la diversidad musical reproducen la lógica del mercado y no atienden a las necesidades comunitarias o a las necesidades de las y los productores independientes, pues estas iniciativas carecen de un dialogo con dichos actores.

La competencia entre los géneros musicales industriales y las músicas tradicionales/independientes en cuanto a difusión, producción y comercialización no tienen punto de comparación. Pues mientras que los primeros reciben sumas millonarias para publicidad y marketing, los músicos tradicionales tienen que luchar día a día por su sustento compaginando el quehacer musical con otras actividades.

            Las políticas culturales

Actualmente el son jarocho experimenta un boom debido a varios factores. Sin embargo la piedra angular ha sido la labor de músicos y actores locales que con el apoyo de actores externos plantearon con firmeza la necesidad de inyectar energía y recursos para dar visibilidad y perpetuar esta práctica.

Las instituciones estatales respondieron con programas, como PACMyC,[28] en parte debido al contexto social y político con que iniciaba el siglo XXI; los movimientos sociales de las últimas décadas del siglo XX tuvieron un correlato musical, en 1960, 70 y 80 hubo una demanda creciente por la música de protesta latinoamericana[29] y con ello de música regional mexicana. Luego en 1994 el levantamiento armado de los pueblos indígenas del estado de Chiapas expuso al mundo el desprecio del Estado mexicano por la cultura indígena y campesina. Este hecho histórico impacto en las políticas públicas y no sólo las dirigidas al sector indígena sino también en las que se dirigían a la población campesina mestiza.

Sin embargo, dichas políticas públicas son insuficientes y se carece de un plan que las articule. Las propuestas musicales que se benefician de estos programas obtienen presupuestos para producción o difusión, rara vez para ambas actividades. Además el acceso a espacios como la radio y la televisión pública no es sencillo, principalmente para los músicos tradicionales que viven en zonas rurales. No existe un plan de nacional de producción musical, con un enfoque pluri-étnico que articule de manera participativa la diferentes propuestas que existen, además de contemple no sólo las producciones, sino el día a día del ejercicio musical.

 

La idea de progreso

El progreso es un tema difícil de abordar, pero que sin lugar a dudas influye en la reproducción de las prácticas culturales. Los medios de comunicación y los modelos de consumo dictan “el buen vivir”, que no son únicamente las condiciones de vida sino los gustos y preferencias.

En México durante las décadas de 1940- 1970 la versión fandanguera del son fue menospreciada por estar vinculada a la vida rural en un momento histórico donde el país pretendía “modernizarse”, sea lo que sea eso. En Chacalapa y en algunas otras zonas aledañas, en estas generaciones, como ya se ha mencionado antes, la cantidad de músicos disminuyó, pues la práctica del fandango y la música de cuerda eran consideradas algo antiguo que había que dejar atrás; como en otras zonas hablar los idiomas originarios era menospreciado y motivo de discriminación.

Imagen 4.
Imagen 4.

Aunque el día de hoy el género musical de son jarocho y el fandango se ejecutan por un sinnúmero de personas dentro y fuera del Sotavento, en todo México, el continente Americano y Europa, es necesario reforzar una mirada crítica sobre lo que la radio, televisión y las modas proponen como el nivel óptimo de vida. Pues estas “ideas de progreso” responden a los flujos económicos de los mercados y se diseñan para necesidades estandarizadas que no corresponden a la mayoría de los escenarios donde se reproducen. Estas lógicas de desarrollo en su mayoría son creadas desde las ciudades, con un sesgo de clase social.

 

Las condiciones de desigualdad social y la marginalidad.

La permanencia de las prácticas culturales, como ya se he mencionado antes, depende también de factores extra-musicales, tales como las transformaciones sociales propias de la época. La música de cuerda y el fandango se enfrentan a grandes cambios en la región, específicamente, la migración, el petróleo, el narcotráfico, la violencia, el desempleo, el acceso a la salud, a la educación, en un mundo híper conectado donde, hoy como nunca antes, la economía, la cultura, la política no son locales sino globales.

La generación de los músicos viejos, en su mayoría campesinos, siembran para el autoconsumo y debido a su avanzada edad por problemas de salud eventualmente dejan de trabajar la tierra, dependiendo así de la familia. Además carecen de servicios de salud públicos de calidad, con lo cual encontramos a viejos músicos con problemas de salud tratables sin atención debido a los costos de la salud privada.

Los músicos maduros y jóvenes afrontan una realidad de desempleo o precariedad laboral, la cual en muchas ocasiones los orilla a tomar la decisión de migrar. La generación de “los músicos en formación” se enfrenta al reto de compaginar el gusto por las industrias musicales de la época y la práctica del son jarocho y el fandango. La participación y permanencia en la práctica del son jarocho y el fandango en el caso de las mujeres “músicas”, bailadoras o versadoras, depende en buena medida de su relación familiar. Cuando son solteras y una vez que contraen nupcias, depende de la relación con el cónyuge. Actualmente es común encontrar matrimonios entre bailadoras y músicos, lo cual permite a las mujeres seguir participando de esta fiesta.

El contexto regional y nacional al que pertenece Chacalapa en la actualidad dificulta la permanencia de los actores en su comunidad, lo que impacta directamente en la reproducción de la música y la fiesta, pues son estos actores los que mantienen dichas prácticas vivas.

 

Los medios de comunicación

Los medios masivos de comunicación son controlados en México por la industria privada y carecen de una línea editorial incluyente que contemple la multiplicidad de expresiones culturales que existen dentro del país. La triada que incluye a las televisoras, la radio y las disqueras dicta el gusto musical y las tendencias con el claro objetivo de generar productos que reditúen económicamente por medio de la venta de discos, conciertos, souvenir´s, comerciales, etcétera.

Aunque en algunas ocasiones la industria privada se ha interesado en las expresiones culturales populares y tradicionales la difusión que se realiza tiene dos grandes rasgos, uno el exotismo tipo zoológico, o bien la industria turística dónde lugares como en San Cristóbal de las Casas, Chiapas son anunciados con modelos de rasgos occidentales vestidas de indígenas.

En los últimos años, los esfuerzos culturales independientes han generado o popularizado el consumo de radios comunitarias, cine documental, televisión por internet, disqueras independientes, foros independientes, que permiten la difusión de estas expresiones desde una perspectiva que pretende ser más crítica y consciente.

 

El impacto de las industrias musicales “disqueras”

A fines de 1980 disqueras multinacionales reconocen la diversidad y riqueza de las músicas tradicionales de distintas partes del mundo y crean así el género musical World Music, género ha ganado popularidad hasta consolidarse. El son jarocho (como otros géneros étnicos y/o rurales del mundo) ha sido incluido en la categoría, lo que ha dado difusión al género, incrementado su consumo y estandarizado su reproducción. Por tanto, la influencia de las industrias musicales es de suma relevancia y no puede quedar fuera del análisis.

Existe una discusión muy intensa sobre el impacto del World Music en la música tradicional, pues algunos consideran que se ha propiciado su estandarización para ajustarla al oído de Occidente y, por lo tanto, una pérdida de la variedad tan amplia de ejecución de estos ritmos, orillando a su folclorización, es decir, se les reproduce alejados de su contexto con lo cual pierden su sentido comunitario. La relación ha traído trabajo a algunos músicos y lauderos de Veracruz, el consumo de esta música se ha globalizado y también ha generado imaginarios en las comunidades, quiero decir que algunos músicos jóvenes consideran que el modo de vida de un músico de son jarocho reconocido a nivel comunitario e internacionales de fama y estabilidad.

 

Reflexiones finales

Los temas que presento aquí son varios y por tanto es complicado tratarlos todos pues son muy amplios y en cada uno podría profundizarse. Sin embargo, el presente texto ha pretendido dar un bosquejo general del tema del Patrimonio Cultural Inmaterial. La Convención de la UNESCO PCI (2003) al leerla parece una propuesta muy interesante, que si se aplicara cumpliendo todas los lineamientos podría generar experiencias, sino totalmente benéficas, si constructivas. En México por el contrario las experiencias han resultado en perjuicio de los actores que son guardianes de estas prácticas.

Exponer el caso de Chacalapa pretende ser una imagen de los elementos, que desde mi punto de vista, deberían considerarse en la creación de un plan de salvaguarda. Considero que existen dos factores medulares en la creación de una propuesta como ésta, la primera es realizar el proceso desde el inicio en coordinación con los actores que han guardado y practicado estas tradiciones; y segundo considerar no sólo los factores musicales, dancísticos o gastronómicos (etcétera) sino las condiciones que los rodean y dan estabilidad a las comunidades y actores a los que pertenece.

Por último, vivimos una época que se caracteriza por el despojo, en el caso del territorio, por ejemplo, la violencia es evidente. Sin embargo las expresiones culturales, aparentemente intangibles, están siendo explotadas; los músicos, bailadores, voladores, son utilizados como botín político o bien turístico. Se puede aprender del proceso de defensa que han emprendido comunidades por su territorio y aunque hasta hoy no ha sido visto, o al menos personalmente no conozco ningún caso, se pueden encontrar herramientas jurídicas que exijan amparo.

En los cuatro casos mexicanos patrimonializados no se ha cumplido con el carácter vinculante del PCI (2003), no se han realizado consultas previas, libres e informadas, por tanto se ha violentado los derechos de los pueblos. La antropología jurídica tiene un amplio campo de trabajo en estos aspectos que además son novedosos. El Estado mexicano debe responder a los atropellos perpetuados en estos procesos y atender a las necesidades reales de estas expresiones culturales y sus actores.



Notas:

[1] Antropóloga egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Especializada en estudios sobre música y religión. Directora y productora del documental “Chacalapa tierra mestiza”. Miembro del Seminario Permanente de Estudios sobre Historia y Música de la Universidad de la Ciudad de México (UACM). Actualmente profesora adjunta en la cátedra Antropología Aplicada en Escuela Nacional de Antropología e Historia (2015). Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Agradezco al Mtro. Daniel Zapico el tiempo dedicado a este texto, manifiesto en valiosas contribuciones y recomendaciones para profundizar en el tema. Agradezco al Dr. José Andrés García Méndez por tiempo y  anotaciones al texto.

[2] E incluso perseguidas, como parte de los procesos de asimilación cultural, religiosa vinculados no sólo a la colonización, sino también a la construcción de los estados nación como entes homogéneos.

[3] Considero que los apuntes del autor sobre las industrias culturales en la globalización resultan de gran utilidad, sin embargo no coincido con el autor en su propuesta de análisis “la hibridación”. Sobre el tema de industrias culturales consultar Adorno y Horkheimer.

[4] Consultada en: portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=15244&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html , el 26/05/2015.

[6] Consultada en: portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13179&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html, el 26/05/2015

[7] Consultada en www.unesco.org/culture/ich/index.php?lg=es&pg=00006, 26/05/2015.

[8] Las mayordomías son fiestas comunitarias de carácter religioso, transmitidas entre los miembros de una comunidad y se encuentran estrechamente vinculadas con los sistemas de cargos del catolicismo popular. La mayordomía es asumida por un conjunto familiar normalmente tiene una duración de un año. “Los cargueros no reciben pago alguno durante su periodo de servicio, por el contrario, muy a menudo el cargo significa un costo considerable en tiempo de trabajo perdido y en gastos de dinero en efectivo, pero como compensación, el cargo confiere al responsable un gran prestigio en la comunidad.” (Leal; 2005:37)

[9] Se puede consultar la lista de países miembros de la Convención en: http://www.unesco.org/eri/la/convention.asp?KO=17116&language=S, el 26/05/2015.

[11] Lenzerini, Federico. "Intangible cultural heritage: the living culture of peoples." European Journal of International Law 22.1 (2011): 101-120. Disponible en http://ejil.oxfordjournals.org/content/22/1/101.full, 26/05/2015

[12] Las referencias utilizadas en el texto que remiten a la Mtra. Amparo Sevilla corresponden a una sola entrevista realizada personalmente el 4 de Septiembre de 2014 en la DEAS.

[13] Hasta este año 2014 se han dado ya tres iniciativas, de las cuales ninguna se ha  consolidado hasta ahora, de inscribir al son jarocho en la lista representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. Clara Macías ha hecho una recolección detallada sobre el proceso, se puede escuchar  su intervención en el II Coloquio Salvaguarda de la Música Tradicional Mexicana, en línea: http://chacalapatierramestiza.blogspot.mx/2014/09/el-dia-de-hoy-concluyo-el-ii-coloquio.html, 26/05/2015.

[14] El fandango jarocho es una fiesta que se celebra alrededor de una tarima o tablado de madera y es parte de la cultura del Sotavento mexicano que abarca los estados de Veracruz, Tabasco y Oaxaca.

[15] La música llamada “el son jarocho”, la lírica y danza, son los elementos que conforman el fandango y datan de hace más de 400 años, pues son resultado de la época colonial. Es decir, una mezcla de expresiones festivas, instrumentos, letras y ritmos, de culturas distintas, entre las que destacan están la cultura indígena, árabe-española y africanas, sumado a un sinfín de transformaciones sociales.

[16] Para más información sobre Chacalapa consultar Marín (2014) “Del rezo a la tarima. El fandango jarocho y su relación con la permanencia religiosa”, tesis de licenciatura.

[17] Los datos en el texto expuestos provienen del trabajo de campo realizado personalmente, que pueden consultarse en “Del rezo a la tarima. El fandango jarocho y su vínculo con la pertenencia religiosa”, tesis de licenciatura, ENAH, 2014.

[18] Durante el periodo revolucionario, México sufrió un gran impacto demográfico que afectó principalmente a las zonas rurales. Entre el Censo de 1910 y el de 1921 la población del país pasó de 15.2 millones de habitantes a 14.3, lo que supone una pérdida de población de 825,589 personas en esos 11 años, que en buena medida estuvieron marcados por el proceso revolucionario; este descenso supuso la pérdida del 0.5% de la población del país. Se debe destacar que esta ha sido, hasta el momento, la única vez en la que un censo de población ha registrado un descenso en la población del país.

Este efecto fue diferente en las ciudades y las zonas rurales. La población urbana creció en 114,332 personas, mientras que la rural sufrió una disminución de 939,921 personas, esta evolución supuso que la población urbana pasase en este periodo de representar el 28.7% de la población en 1910 al 31.2% en 1921. Desde entonces todos los censos han mostrado un aumento en el número de personas viviendo en zonas rurales, aunque su porcentaje sobre el total de la población del país ha disminuido debido a un crecimiento aún mayor de la población urbana.

Estas cifras apuntan a un impacto significativo del periodo revolucionario y postrevolucionario sobre las localidades del ámbito rural, del que aparentemente Chacalapa se vio relativamente libre gracias a su aislamiento.

Datos tomados de Estadísticas Históricas de México, Tomo I, INEGI 2000, disponible en www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvINEGI/productos/integracion/pais/historicas/EHM%201.pdf y de los Censos de Población y Vivienda 2000 y 2010 disponibles en http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/ccpv/. 26/05/2015.

[19] Según mis estimaciones, con base en las edades de los informante y con apoyo en los datos del estudio que la Lic. María Concepción Patraca Rueda “Las mayordomías afromestizas de Chacalapa como elementos de identidad comunitaria”.Inédito.

[20] El que compone versos que se cantan en el son.

[21] Es importante destacar que existe en muchos casos una relación de parentesco entre dichas generaciones ya sea padre/madre-hijo(a); abuelo (a)-nieto(a); tío(a)-sobrino (a) o primos.

[22] Los viejos es la forma en que se le llama a los músicos de más edad y experiencia. Es un apelativo que se considera de respeto, son personas nacidas durante la primera mitad del siglo XX.

[23] Se ha llamado así a la generación de músicos que se inició en la tradición del fandango en el periodo de mediados de 1960 y 1980. Los actores de esta época son pocos, sin embargo, su presencia fue de suma importancia pues animaron a otros jóvenes a participar. La distancia generacional entre ellos y los músicos viejos sería de una, es decir serían los nietos.

[24] Se ha llamado así a la generación de músicos que se inició en la música de cuerda durante el periodo de 1985 a 2005. La distancia generacional entre ellos y los músicos maduros es como de hermanos, los primeros en el papel de hermanos menores.

[25] Se les denomina así a las y los niños y adolescentes que actualmente están aprendiendo que nacieron entre el 2000-2008

[26] Aunque cabe mencionar que en algunas ocasiones también ha jugado en contra.

[27] Las industrias culturales como disqueras y políticas públicas merecen un estudio más detallado pues existe un debate sobre los beneficios o perjuicios de su incidencia.

[28] Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias, coordinado por la Dirección General de Culturas Populares, CONACULTA.

[29] El Dr. José Andrés García el sugiere analizar con más detenimiento este contexto, pues en algunas ocasiones la música sudamericana llego a desplazar el interés por la música mexicana.

 

Bibliografía

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Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). “Censos de Población y Vivienda 2000-2010." Disponibles en: http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/Proyectos/ccpv/, 26/05/2015.

_____Datos tomados de Estadísticas Históricas de México, Tomo I.” Disponible en:  www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvINEGI/productos/integracion/pais/historicas/EHM%201.pdf26/05/2015.

Lenzerini, F. "Intangible cultural heritage: the living culture of peoples." European Journal of International Law 22.1 (2011): 101-120. Disponible en http://ejil.oxfordjournals.org/content/22/1/101.full, 26/05/2015.

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Cómo citar este artículo:

MARÍN VÁZQUEZ, Yaredh, (2015) “Sobre la salvaguarda de la música tradicional en México. Una reflexión desde la experiencia comunitaria en Chacalapa, Veracruz”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 24, julio-septiembre, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 23 de Junio de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1186&catid=13

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