Pacarina del Sur
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Necropolítica y neuroliberalismo. La masacre de estudiantes en Ayotzinapa

Necropolitics and neuroliberalismo. The student slaughter in Ayotzinapa

Necropolitics e neoliberalismo. A matança de estudantes em Ayotzinapa

Hugo E. Biagini

Recibido: 07-09-2016 Aprobado: 19-09-2016

Resumen

Resumen: El texto hace hincapié en los tenebrosos elementos sacrificiales que ha sufrido en carne propia el movimiento estudiantil perteneciente a la combativa Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, situada en el Estado mexicano de Guerrero, dominado por el narcotráfico y por un gobierno municipal que actúa en complicidad con este último. Se trata de un establecimiento que, además de formar maestros populares, se halla enrolado en las luchas sociales y políticas.   El 26 de setiembre de 2014, 43 alumnos de ese establecimiento fueron reprimidos y desaparecidos brutalmente, lo cual dio lugar a una ininterrumpida protesta civil con muy diversos ribetes internos y mundiales cuyas múltiples expresiones procuran explicitarse en el trabajo. Por otra parte, se incursiona en el trasfondo ideológico que viene acompañando el devenir institucional mexicano bajo el manto del neoliberalismo –al cual el autor ha optado por reconceptuar como neuroliberalismo en distintos ensayos suyos y en colaboración. Conjuntamente, se enfoca la problemática en cuestión desde un ángulo doctrinario y existencial específico: la del necropoder y el pensamiento crítico. Entre los referentes bibliográficos principales pueden citarse desde Foucault y Mbembe a Holloway y González Casanova.

Palabras clave: Ayotzinapa, Escuela Normal, Neoliberalismo, Biopolítica, Necroempoderamiento.

 

Los desaparecidos, los cadáveres sin identidad, los secuestrados, los alcanzados por los estragos de la violencia, son entidades elocuentes en sí mismas, al tiempo que ponen de manifiesto la fragilidad del ser humano que habita en  sociedad. Esta situación posee ribetes únicos en ciertos sectores del continente americano.
(Alonso, Rodrigo. 2015)

 

Escenario

Uno de los más horrorosos casos que han debido apelar al cielo para su escarmiento tuvo lugar en México hacia setiembre de 2014 y sus clamores siguen tronando a diario. En principio, se trató de un nuevo eslabón en la historia del movimiento estudiantil: una de las principales expresiones civiles alternativas, dotadas con una impronta histórica de resistencia o transformación y en los últimos tiempos, más puntualmente, frente al neuroliberalismo y a un Estado como el mexicano, de ese mismo signo ideológico pero narco-terrorista a la par.[1]

La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, de fuerte componente campesino e indígena, constituye uno de los pocos legados subsistentes de la Revolución Mexicana y de su afán por masificar la educación; una revolución que llegó a crear la delegación estudiantil en sus embajadas al exterior. En ese tipo de establecimiento se ha mantenido una larga tradición identitaria de lucha social, activismo político y formación de maestros populares, bajo premisas antielitistas como la de “Estudiar, aprender, para el pueblo defender”

En líneas generales, las Escuelas Normales Rurales defienden las demandas de los sectores marginados, mientras chocan con el modelo dominante de la enseñanza como un lucro mercantil y al servicio de los emprendimientos privados. Conceptuadas por el poder económico, mediático y político como “semilleros de guerrilleros” (PRI), “refugio de vagos” (Televisa) o “guaridas del crimen organizado” (Diario El Universal), se llegó a exigir su clausura invocando su carácter de centros donde se forman profesores para “el reclutamiento subversivo” (otras estigmatizaciones afines: “nidos comunistas” o “kinderes de bolcheviques” y “escuelas ácratas”, “contaminadas desde los años sesenta con ideologías ajenas a lo que debiera ser una óptima formación magisterial”).


Imagen 1. www.horizontal.mx

Uno de los sobrevivientes de la represión, Francisco Sánchez Nava, ha testimoniado con nitidez las actividades llevadas a cabo en su propio establecimiento y el compromiso militante que el mismo conlleva, al cual, retomando una extendida caracterización, lo visualiza como cuna de conciencia (social) que se pretende silenciar:

Ayotzinapa es una escuela normal donde estudiamos los hijos de los campesinos. A las siete de la mañana desayunamos, después entramos a clase. A las tres y media terminamos de estudiar y a las cuatro tenemos que trabajar la tierra, sembramos maíz, arroz, frijol, y también alimentamos vacas, cerdos, gallinas, para sostener nuestra economía. El Estado (de Guerrero) nos hace llegar 50 pesos al día para las tres comidas, eso no alcanza ni para una comida hoy en México. Terminada la actividad de campo, regresamos a la (escuela) normal, donde los compañeros de tercero y cuarto nos dan una plática de cómo este sistema nos explota, cómo somos pisoteados por un gobierno corrupto.[2] (López de San Miguel, M. 2015)

 

En setiembre de 2014, mientras los normalistas de Ayotzinapa planteaban distintas reivindicaciones,fueron reprimidos brutalmente en la ciudad próxima de Iguala, dejando un saldo emblemático de 43 desaparecidos, con la complicidad de narcotraficantes, fuerzas de seguridad, dirigencias políticas y, ─según figuras consulares como Chomsky─ de los mismos Estados Unidos, que negocian con los cárteles mexicanos y los proveen de armas aniquiladoras, como también lo han hecho otros países como Alemania y Francia.

            Puede esbozarse un cuadro dantesco en el cual, mutatis mutandi, los alumnos adolescentes habrían sido trasladados a un basurero para ser triturados e incinerados y arrojados sus restos en bolsas al río. Uno de los estudiantes apresados, Julio César Mondragón, fue tendido en la vía pública con la piel arrancada de la cara y los ojos desorbitados para insuflar el terror en una población civil cuya existencia ha trascurrido en medio del crimen organizado, con miles y miles de atroces ejecuciones y desapariciones forzadas, que es lo que se halla verdaderamente en juego para el caso tratado.

Por otra parte, así como se lleva a cabo en México la “limpieza social” como práctica política, la trata de cuerpos resulta allí un gran negocio, no sólo a través de la prostitución, el trabajo servil y el comercio de órganos sino también con la venta de niños a los Estados Unidos y Canadá, habiéndose perdido las huellas de más de medio millón de ellos, entre 4 y 12 años, durante el último lustro (siendo 2/3 partes de género femenino).

 

Resistencias

Los ensañamientos criminales contra el estudiantado ─sólo equiparables a los que tuvieron lugar durante las tristemente célebres dictaduras cívico-militares de Sudamérica─ desencadenaron una serie de manifestaciones multitudinarias en todo México y, más tarde, en la sociedad mundial, produciéndose muchísimas demandas estentóreas desde distintos sectores sociales: “¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”, “¡Pasemos de la indignación a la digna acción!”, “Todos somos Ayotzinapa”, “Fue el Estado” (como una organización delictiva de suyo) “Es el gobierno el que ha matado a todos los luchadores sociales”, “Vivimos en un país donde uno tiene que callarse pero Ayotzinapa no se calla nunca”, “Quisieron enterrarnos pero no sabían que éramos semillas, “Qué cosecha un país cuando siembra cuerpos”, “Ni la lluvia ni el viento detendrán el movimiento”...Frente a los cordones policiales que impedían la circulación de los normalistas y sus madres, se sostuvo: “Nosotros no traemos nada de armas ni cosas peligrosas, andamos buscando 43 vidas, nada más”, junto a esta otra proposición “Que no se vote en Guerrero hasta que no se encuentren a nuestros hijos”, denunciándose a un sistema corrupto e incapaz de resolver los grandes conflictos de la región. [3]

Para la escritora Elena Poniatowska, México “se ha convertido en una tumba sin nombre”, mientras que la periodista Ana Ceceña, ha llegado hablar de una guerra social con participación activa de los jóvenes, un 70% de la población, quienes más reclaman en las calles, por resultar uno de los sectores más golpeados por el neuroliberalismo. Hasta los estudiantes de las universidades privadas, bastiones de la burguesía, se movilizaron en apoyo a los normalistas ultimados. Hubo plantones de 43 horas en el Palacio de Bellas Artes, mientras una muchedumbre y 43 asociaciones civiles, una por cada estudiante ultimado, desfilan por la plaza central del Zócalo. Se repitieron consignas como “Pediremos que el gobierno actual renuncie, porque cuando el pobre muere el rico tiene que caer” o “Disculpe las molestias pero nos están matando” –un revival más cruento de los términos con los cuales enfrentaban a la policía las pancartas de los sesenta: “Soy un ser humano; no doblar, agujerear ni mutilar”…

            Además de la movilización de repudio en cientos de ciudades mundiales, también se produjo en México el bloqueo de autopistas, la toma simbólica de aeropuertos, espacios municipales y radios para pedir la renuncia de Peña Nieto, así como otras exteriorizaciones menos pacíficas como el incendio de edificios como el Palacio de Gobierno de Guerrero y el Palacio Nacional en el DF, o levantamientos con piedras, palos y rifles reclamando la formación de gobiernos paralelos. Han aparecido “Carteles humanos” de jóvenes estudiantes sin ninguna vestimenta posando en puentes y transportes, con su piel desnuda escrita con leyendas alusivas a los normalistas desaparecidos, mientras el autor del proyecto, “Poner el cuerpo: sacar la voz”, declara que “es más alarmante ver un cuerpo desnudo que un cadáver calcinado”.

Del otro lado, se hicieron oídos sordos a esos reclamos: “No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo”, mientras se utilizan drones espías para vigilar universitarios y manifestantes para facilitar su detención, o se amenaza con abrir fuego contra los padres de los alumnos de Ayotzinapa que osaran acercarse a los cuarteles para buscar a sus hijos en eventuales cárceles clandestinas. Esos mismos padres a los que se acusa de ser vividores que especulan con su dolor y de estar manipulados para que hagan denuncias internacionales, que con ello se deshonra al país y que “la ropa sucia se lava en casa”. Asimismo, el odio racista y clasista circula por las redes sociales y en las cuentas de Twitter se ataca a los mismos normalistas desaparecidos, tratándoselos de delincuentes cuyas muertes resultaron bien merecidas.


Imagen 2. www.parentesisplus.com

Pero no fue tan solo la “plaza pública” la que levantó su repudio. Evocamos aquí, entre otros a la Organización Mundial contra la Tortura, Amnistía Internacional, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, interesada en impedir que se diluya un caso, dividido en muchas causas penales y distintos juzgados, por más que el secretario de la Defensa, alardease de que no iba a permitir que se interrogara a “sus” soldados con motivo de normalistas que toman autobuses o camiones con mercancía.

Human Rights Watch, por su parte, exigió en otro registro, que se conocieran las 20.000 personas identificadas pero sin paradero y otras 22.000 extraviadas. Muy destacados intelectuales oficiaron como padrinos de egresados en el Normal de Ayotzinapa pertenecientes a la cohorte 2011-2014, “Sangre, resistencia y esperanza”. El mismo Cuauhtemoc Cárdenas, fundador del PRD frente a la corrupción del PRI, abandonó las filas de su partido por el asesinato de los estudiantes de la Escuela de Magisterio de Ayotzinapa, que había sido creada bajo el mandato presidencial de su padre, habida cuenta de la complicidad del alcalde lugareño, José Luis Abarca, miembro del PRD. Entre las principales agrupaciones orgánicas mexicanas que le han salido al cruce al latrocinio se encuentran la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas, la Asamblea Universitaria Académica, la Asamblea Nacional Popular y la Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación.

El vocablo ‘Ayotzinapa’, el lugar de las tortugas en náhuatl, pasó a ser redenominado como el lugar de las torturas, un sitio escalofriante que trae a colación el Plan Cóndor conosureño de aniquilación de los disidentes, mientras un film testimonial fue titulado “Ayotzinapa, crónica de un crimen de Estado”. En la primera Bienal mundial de Cárteles por Ayotzinapa, resulta elegido en primer término un afiche que, sobre un gran esqueleto, aparece el mapa de México, con el Estado de Guerrero como si fuera un fémur fracturado, con lo cual se trasunta la tragedia radiográfica que vive un país con cientos de fosas clandestinas en su haber; también se levanta un antimonumento de metal en la calle Reforma, una de las más transitadas avenidas mexicanas. En el mismo DF, se había erigido un memorial sobre las 8000 víctimas de la violencia del Estado, en el cual, se inscriben los nombres de los 43 normalistas desaparecidos.

Fuera de México, la caravana “43 Sudamérica” recorre el mundo para pedir justicia y para que no se cierre el caso como sucedió con otras matanzas de estudiantes como las de Tlatelolco. Recorren Uruguay, Brasil y Argentina, donde visitan el Museo del Che y acompañan las denuncias contra las desapariciones forzadas. Posteriormente, los normalistas efectúan giras por Europa y Estados Unidos, donde una pancarta de los padres de los normalistas rezaba frente a la Casa Blanca: “Estados Unidos pone las balas y México los muertos”. Un colectivo, París-Ayotzinapa, al grito de Neoliberalismo, cuestionó los honores que el presidente de Francia brindó a su par de México.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), creado especialmente para identificar restos de personas de muy dudosa identidad, pese a trabajar muy tenazmente, como lo ha hecho en otras partes del mundo, no ha logrado grandes resultados positivos, tras haber sido reconocidas sus investigaciones como las más valederas por parte de la comunidad afectada, aunque también se los ha recusado de tener intereses ocultos que los ha llevado a mentir y desestabilizar. Desvalorizaciones como esas han dado lugar a que se hable de “la doble moral de la prensa burguesa”, así entendida:

Cuando se trata de reforzar al régimen represivo, la intervención de los extranjeros es un apoyo solidario, cuando en el extranjero se denuncian los abusos y las injusticias cometidas por el Estado mexicano, se trata de injerencia en asuntos de política interior. (Anónimo: 2015)[4]

 

Un laboratorio de ADN en Austria, perteneciente a la Universidad de Innsbruck, descubrió que uno de los 43 estudiantes, cuyos restos habrían sido arrojados al río, integra el grupo devastado, pero resultan muy bajas las posibilidades de individualizar a los demás por las malas condiciones de esos restos humanos. Cuantiosos operativos, que han contado con participación de buzos y espeleólogos, se han llevado inútilmente a cabo.

Todo ello cabe ser actualizado con referencia a una sucesión de muy diversos aconteceres y emprendimientos adicionales en torno a la matanza de Iguala. Por un lado, tenemos una avalancha de alegatos librescos sobre Ayotzinapa tanto en papel como on line, [5] así como la filmación de muestras gráficas, películas y documentales [6] o, en materia musical, las interpretaciones de “Ayotzinapa en mí” registradas por Calle 13, el cancionero presentado en Chicago por Raúl Sorantes y Febronio Zatarain (“El desamor y las desapariciones de Ayotzinapa”), y la conmovedora pieza compuesta por Julieta Venegas en homenaje a los normalistas y centrada en los secuestros forzados, que incluye estrofas como las siguientes:

Fue un José o un Pedro 
Desapareció ayer 
Un hombre sin apellido 
Lo levantaron y fue 
Otro desaparecido 
De calles y escuelas también 
Van cayendo sin rumbo 
El mundo tiembla […]

Justicia va por las calles 
Pidiendo entrada en cualquier dirección 
Nadie la escucha ni mira 
No saben bien para que sirvió 
Es la memoria perdida 
¿A quién toca despertar? 
Tanto tiempo perdido 
Que el mundo tiemble 

Que explote todo por aquí 
Que todo despierte 
Dime si vas a permitir 
Que esto suceda ante ti 
Que explote todo por aquí 
Que todo despierte 
¿Quién les va a pedir perdón? 
O dar explicación […] [7]

 

Por otra parte, aparece la renovada movilización de la sociedad civil frente a una causa judicial que supera los cien tomos de expedientado y decenas de miles de fojas tribunalicias. Entre las numerosas acciones de respaldo que han ido gestándose en diferentes niveles se encuentran:

  • las encendidas agitaciones y expectativas generadas durante la visita del papa Francisco a México;
  • la imponente misa realizada en el estadio de Morelia con la presencia de miles de sacerdotes y seminaristas;
  • la función disparadora o ‘epidémica’ que ha producido Ayotzinapa para dar con otros casos de desapariciones en todo México, al punto de que el mismo Ejecutivo haya tenido que propiciar una legislación castigando con 90 años de prisión a la desaparición de personas y con 20 años más a la desintegración de cadáveres;
  • la apelación al Parlamento europeo ante el desconocimiento flagrante de los derechos humanos en México y el pedido de las mujeres ganadoras del Premio Nobel de la Paz para que el Estado mexicano se decida a impartir justicia;
  • la recolección de miles y miles de firmas para exigir la verdad y la realización de una Jornada Global por Ayotzinapa con caravanas por todo el territorio mexicano;
  • gestos tan puntuales como la viuda de Eduardo Galeano dedicando el honoris causa que la Universidad de Guadalajara le confirió a su marido;
  • el cierre de la Escuela Normal Rural por parte del cuerpo docente y el alumnado como protesta defensiva;
  • o la Jornada Mundial de Indignación Global por Ayotzinapa al cumplirse el segundo aniversario de los luctuosos sucesos y la solidaridad internacional que ello puede despertar.

 

Frente a ese cuadro reivindicativo no dejan de multiplicarse los embates refractarios: la proclividad del Estado a criminalizar a los estudiantes –pidiéndole sus antecedentes al FBI– y vincularlos –como a sus propios padres– con el narcotráfico, habida cuenta por lo demás del importante tráfico de heroína que circula de Iguala hacia los Estados Unidos; la arremetida de la derecha contra las abogadas defensoras internacionales de los desaparecidos por considerarlas “amigas de los terroristas” y falsificadoras de pruebas; la obstrucción oficial para que el Papa sea visitado por los familiares de los normalistas; el deslinde de toda responsabilidad por el gobierno federal o la anulación de fotos y videos de la represión en Iguala por parte de los militares.


Imagen 3. www.sites.utexas.edu

 

Contexto histórico e ideológico

En cuanto al origen y alcance de los luctuosos episodios, se formularon distintas pero convergentes versiones sobre el trasfondo local en cuestión, como la clara resultante del accionar neuroliberal; una apreciación que no resulta nada peregrina en un país que ha estado durante más de tres décadas regido oficial e ininterrumpidamente por el neuroliberalismo: con desmantelamiento de las empresas paraestatales y al servicio de las privatizaciones, el capital trasnacional, la concentración de riquezas y la exclusión social, con la escuela y la salud pública derruidas y el campesinado sin tierra. A esos conocidos indicadores modélicos, debe añadirse la existencia de una narcoeconomía que, por ocupar a medio millón de personas, la convierte en la “empresa” más grande de México, patrocinadora tanto del armado de carreras y campañas políticas como de acallar la protesta popular.

Un México que fue el primero en firmar los TLC con Estados Unidos, pese a los incontables enemigos que aquellos han cosechado ─según lo ha remarcado una autora norteamericana como Martha Nussbaum, haciéndose eco de una dilatada sensibilidad mundial. Mientras tanto, recrudece, en tierra mexicana, la pobreza y la indigencia, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, la impunidad y las violaciones de los DDHH hasta erigirse en un paraíso macabro, compuesto por un grupúsculo de multimillonarios y tapizado por cadáveres fantasmagóricos. Los narcotraficantes se han trasmutado en grandes terratenientes que destruyen el tejido social y atacan las organizaciones civiles. Todo ello sideralmente alejado de ese maravilloso país prometido, que iba a dejar atrás al descalificado populismo antidemocrático precedente, para terminar en un feroz capitalismo amiguista o de compadres, inclinado a beneficiar a las empresas más allegadas al poder político y también, a privatizar y entregar los recursos nacionales y naturales.

Un México que, en medio de la informalidad y el desempleo inducidas por el neuroliberalismo, posee uno de los porcentajes más altos de jóvenes Nini que ni estudian ni trabajan, con una precariedad educativa que los convierte en Nonos (no pueden, no los aceptan), que son reclutados por grupos delictivos o quedan afuera del sistema universitario, como le ocurrió al 91% de quienes se examinaron para ingresar a la UNAM. Los adolescentes y jóvenes del interior son los que menos oportunidades tienen y están presionadas para migrar a las grandes ciudades o a Estados Unidos, detrás del evanescente sueño americano. Las otras opciones son la de las desfavorecidas Escuelas Normales rurales, cuya acentuada radicalización ha hecho que se las pretenda reducir a la formación de “técnicos en turismo”, además de que ya resulte incompatible la cultura juvenil campesina para los parámetros modernizadores de la globalización financiera.

Pese a esa atmósfera mercantilista y antisolidaria, se puede hallar a un pueblo en pie de guerra y a una juventud que no ha dejado de impugnar ese estilo individualista de vida, como es el caso del normalista sobreviviente citado, quien ha advertido que en México se mata a las personas humildes que levantan la voz y que hay que articular la lucha social para revertirlo (por más que se criminalice esa resistencia comunitaria y se dictamine impunemente la vida y la muerte de las personas).

Qué grado agudo de enfrentamiento y problematicidad se encuentran en esas convicciones del arsenal ultraegocéntrico y anticomunitario que arrastra consigo la plataforma neuroliberal, según se desprende de análisis como los efectuados por Foucault cuando señala que aquella tiene como objetivo por excelencia la instalación de una tecnología de gobierno que condiciona a los gobernados para amoldarse a las pautas fijadas por el mercado; a lograr que cada uno resulte capaz de ser “empresario de sí mismo”.

Con ello se procura implantar una nueva racionalidad y un nuevo sujeto, competitivo y rapaz, mientras, como interpreta García de la Huerta, se “reduce la libertad política a la económica” y se “sustituye al ciudadano por el animal labrador/consumidor” (García de la Huerta, M. 2010). El propio Foucault ha tratado las relaciones entre poder, cuerpo y estrategias de disciplinamiento, de cómo el cuerpo ha sido atormentado y desmembrado a lo largo de la historia, hasta poder aludirse a una verdadera "anatomía política" (Foucault, M. 1975) y a la lucha de clases como enfrentamiento corporal, al estilo de una puja gladiatoria en la cual gana, como en el mercado, el combatiente de mayor poder –según lo hemos puesto de manifiesto en nuestro libro citado. (Biagini-Fernández Peychaux, 2014).

Volvemos así a un México encarnando la más cruda expresión del neuroliberalismo, esa ideología posesiva y destructora para la cual el cuerpo humano denota una mercancía cosificada y manipulable. Según los lineamientos trazados por  Sayak Valencia, para lo que denomina como el capitalismo gore o necrocapitalismo, se bordea una “crueldad ultra especializada” en la vida cotidiana, con violencia brutal y derramamiento de sangre por el crimen organizado, con su alto monto de “vísceras y desmembramientos”, como una “herramienta de necroempoderamiento”: también se ha hecho referencia a la comercialización política del asesinato, cuando la destrucción del cuerpo se convierte en una mercancía valorada, que produce suculentos réditos económicos. Los decapitados, los torturados y los desollados, que ejemplifican “una mutilación y desacralización del cuerpo humano” (Lamas, M. 2014).

Tales corporalidades deformes serían el reflejo más elocuente del modelo neuroliberal, entendido como necropolítica, en tanto poder arbitrario de hacer morir y dejar vivir, según sostiene Achille Mbembe, para el cual la biopolítica misma no deja de consistir en el poder capitalista sobre las ideologías y sobre los cuerpos también. Mbembe va a percibir como un imaginario de la modernidad el credo en “la existencia del Otro como un atentado a mi propia vida, como un atentado a mi propia vida, como una amenaza mortal o un peligro absoluto cuya eliminación biofísica reforzaría mi potencial de vida y de seguridad” (Mbembe, A., 2011). Si bien ese politólogo camerunés considera que el Estado nazi facilitó, con su postulado sobre la ‘solución final’, el acceso al derecho de matar, debe recordarse que el mismo contaría con fuertes precedente en las campañas decimonónicas de exterminio que se efectuaron como si fueran una verdadera conquista del desierto y en las cuales se instaló el apotegma Mors sua, vita mea (Biagini, H., 1995).[8]

En un libro coordinado por Abelardo Barra Ruata, se ha incursionado en las tecnologías capaces de desarticular cuerpos como “auxiliares poderosos del biopoder”, mientras se enfatiza la especial aptitud del cuerpo humano para interactuar, abrirse a la otredad y desanimalizarnos. Asimismo, se destaca allí la explotación social de los cuerpos hasta anularnos y convertirlos en vergonzantes desperdicios, junto al reduccionismo del hombre a pura animalidad por parte de los totalitarismos cuyo objetivo apunta a

lograr que el enemigo se convierta en un montón de huesos y nervaduras forradas por vestigios de piel. La historia testimonia innumerables conductas sádicas destinadas a quitar la cara o el rostro, al disidente, al otro, al desvalido (Barra Ruata, A., 2012).

 

Si resulta en última instancia no demasiado materializable la posibilidad de un capitalismo más humanizado, en México ello parece mucho menos factible, porque allí se marcha muy a contrapelo de la creencia que el Estado moderno surge para garantizar seguridad y respeto al cuerpo de las personas junto a su libre circulación. Allí están para desmentirlo los cuerpos adolescentes masacrados de Ayotzinapa, los cuales no pueden ni siquiera asemejarse a los cadáveres despedazados en guerras atroces y sin cuartel  que impiden reconocer el carácter de humanos a esas víctimas de otros humanos. Por lo contrario, en Ayotzinapa, la desaparición de los cuerpos estudiantiles ni siquiera les otorga a esos cuerpos su previa condición de seres vivos, a diferencia de lo que ocurría en los campos de concentración nazis con la cremación de las personas exterminadas.

            John Holloway, que enfatiza a Ayotzinapa nada menos que como una “expresión concentrada de la cuarta guerra mundial”, se refiere al pensamiento crítico metafóricamente: por un lado, como la tormenta que representa la organización de una sociedad centrada en la lógica de la ganancia junto con un sistema que nos está matando. Por otra, ese pensamiento también supone buscar la esperanza en medio de esa tormenta y crear mejores condiciones de existencia (Holloway, J. 2015). Dicha manera de concebir el pensamiento crítico también es resaltada por Pablo González Casanova cuando afirma:

[el] orden mundial alternativo puede ser estudiado y construido como un mundo emergente . Su curso no sólo depende de las fuerzas dominantes sino […] de las fuerzas antisistémicas en gestación (González Casanova, P. 2002)

 

Por lo demás, desde nuestra aventajada óptica sudamericana, podríamos admitir, con algunos autores, que en Latinoamérica se estarían insinuando tales condiciones de cambio frente al neuroliberalismo, por tratarse de una significativa “contraexperiencia política con respecto al orden racional dominante” –el del ismo aquél– y en la cual puede llegar a restringirse “la extensión ilimitada del sujeto neoliberal”. (Alemán, J. 2013) [9]

Sin embargo, a la problemática cercanía física de México con los Estados Unidos –largamente mentada–, viene a yuxtaponerse la identificación de sus gobernantes con un modelo de despojo tan afín al de su colosal vecino norteño. Para colmo de males, tenemos el distanciamiento mexicano de lo que resta del bloque sudamericano empeñado en impulsar una etapa posneoconservadora y hasta alejado del nuevo giro hacia una izquierda alternativa que empieza a emerger en varias naciones europeas. De la unidad organizativa comunitaria y de una fuerte presencia estudiantil, puede vislumbrarse la posibilidad de revertir ese estado anómalo de cosas. Por qué no ilusionarse con la eventual emergencia de una reacción colectiva como las que se han dado en los grandes momentos de flujo popular en Nuestramérica como fueron el Cordobazo y otras puebladas similares. Al fin de cuentas, estamos refiriéndonos a un país en el cual, más allá de los vaivenes ulteriores y su compleja realidad actual, llegó a protagonizar una de las primeras grandes revoluciones sociales de la historia.


Poemario alusivo


Imagen 1. www.topdocumentaryfilms.com

En la letra también hierve la injusticia. Vemos pasar a los muertos, vemos desaparecer a la gente que caminaba a nuestro lado, nos vamos quedando solas, solos, y una saliva espesa no nos deja mover la boca. Intentamos darle nombre a lo que nos pasa, a lo que nos están haciendo (¿Represión? ¿Dictadura? ¿Exterminio?), pero no hay palabra que signifique de suyo que aún nos faltan cuarenta y tres, no hay palabra de suyo que hable del dolor del rostro despojado de Julio César Mondragón, de nuestros muertos semillas entre las tierras de Guerrero, de nuestras miles de cruces clavadas en Ciudad Juárez y el Estado de México con el nombre de cada una de nuestras muertas asesinadas por ser mujeres.

Ante la ausencia de esa palabra única dotadora de sentido, aparecen mil, dos mil, tres mil palabras más, aparece la poesía en un intento de articular un significado a lo que pasa en México desde hace al menos diez años. Los poemas aquí seleccionados dialogan entre sí. Desde su propia particularidad se funden en una sola experiencia: la del miedo, el terror, porque esto es el país de las fosas, / señoras y señores, porque ningún país cabe en esta habilidad obscena de los muertos de barro, porque tengo a ningún país atravesado en la garganta, porque vago la ciudad / con temblores en la boca. Pero los poemas también comparten la esperanza y la rebeldía, porque una lucha empieza así: disiento, porque aún tenemos manifiestos de semillas suaves, porque quisiera decirle, / al que espera junto a mí / el vagón próximo / decirle: no te conozco / pero te quiero vivo. Porque vivas, vivos nos queremos.

Esta compilación es apenas una pequeña muestra de la producción literaria escrita en función de la violencia que se vive en México y de los acontecimientos ocurridos el 26 de septiembre de hace dos años. “Ayotzinapa”, de David Huerta, y “Ningún país es mi país”, de Gustavo Ogarrio, están escritos desde el desgarro del momento, desde el estupor, desde la incredulidad, el dolor y la indignación. “Tres poemas sin título”, de Diana del Ángel, no habla ya de forma explícita del tema, sino muestra cómo en nuestra vida cotidiana, mientras viajamos en el metro, mientras recorremos nuestras calles, se siente el miedo, la angustia y la necesidad de acercarnos a la persona que yace a nuestro lado, de hablarle, para sentirnos un poco acompañados en medio de nuestro estado de terror. Por último, “Disentimientos de la nación”, de Javier Raya, escrito en 2012 al calor de las protestas en contra de la imposición presidencial de Enrique Peña Nieto, muestra la potencia de la rabia, la contundencia de decir “No”, la subversión de decir “disiento” en un país como México.

Mariana Brito Olvera

(UNAM/UBA)

 

AYOTZINAPA[10]

David Huerta (Ciudad de México)

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos

Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes

Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía

El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos

Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto

Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río

Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa

Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos

Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido

2 de noviembre de 2014. Oaxaca

 

 

NINGÚN PAÍS ES MI PAÍS[11]

Gustavo Ogarrio (Ciudad de México)

mi país es ninguno cuando se abren consumados los pechos de ese dolor intrépido
que sale por la glándula de las metralletas y las granadas
que cruza como un dios enfermo por el malecón de los elefantes persas
ningún país cabe en esta habilidad obscena de los muertos de barro que caminan
en parajes cósmicos de una desolación de aguacero
en bahías petroleras con espantapájaros baleados al sol
en desiertos bíblicos con mujeres de silicio boca abajo
quiero decir la mantequilla del amor y del odio en Tamaulipas
en Juárez Nueva Italia la gavilla de Tumbiscatío estudiantes pulverizados en guerrero
el amo de los besos de pistache en Durango
el puerto de Mazatlán con todo y sus peces de alambre
perfume de coco en el cuello de los sicarios
treinta cuarenta cincuenta cien doscientos trescientos mil muertos
palmados acribillados desollados diluidos en sosa cáustica borrados
los durmientes del horror que vigilan la noche de todos nuestros silencios
monosilábicos y despeñados
fosforescentes en su camello del olvido

mi ningún país siempre ha sido un sepulcro de músculos nuevos
sangres espeluznantes que hasta hace poco regalaban besos y sonrisas
una sopa de fideos en la que olvidamos las plegarias de la abuela
una batalla naval contra las parábolas de la infancia
la mueca exterminadora de un gigante demente que nos aplasta antes de nacer
llámenle nación o país o cartilla militar o pasaporte o credencial para votar
llámenle canoas de brujos contemporáneos que cruzan el río de la noche y de la tormenta
llámenle campesinos sin mundo global áspero y peludo bestial y confortable
llámenle proletariado sin sus tres cabezas al borde del precipicio
llámenle futbolistas de caramelo en la memoria
llámenle amapolas divinas en el horizonte
llámenle templo que agoniza
después de haberle ofrecido la otra mejilla a la gran bofetada de la eternidad

es ninguno este país cuando las chimeneas de sus fábricas de la muerte
divulgan sus facultades adivinatorias
y las anacondas de la vida se deslizan por las supercarreteras del amor y del miedo
antes de que llegue el ejército y despegue nuestra economía de ataúdes eléctricos
las almas en renta de prostitutas veloces
los cuellos de carnero de empresarios sentimentales que huyen a Texas
antes de que el frío y el hambre   el hambre como cascajo en las muelas
nos obliguen a la eyaculación precoz en la vitrina de los panes

tengo a ningún país atravesado en la garganta
con el viejo cuento de su amor ilimitado por el prójimo
con sus palabras ya difuntas en los mercados    en la televisión    en las iglesias
y sus arcos de metal que inauguran tristezas incomprensibles
con sus mujeres de acero inoxidable y sus niñas vacías de novedad en las axilas

qué país tan grave tan ninguno
me digo cuando el bostezo de las tres de la madrugada
exhala las traiciones melodramáticas de los últimos días
qué país tan tuyo como de nadie
con su aliento carnívoro y su fantasía vegetal de afectos y virtudes
este no país del acoplamiento brutal entre vida y muerte
la orquesta de la nada que no para de tocar
su vals del nunca más volveremos a vernos bajo la sombra del castaño

lo mejor sería romperlo por dentro y refundarlo con mujeres azabaches
con hombres de plastilina con barcos de cerámica y con muñecas de trapo
con astillas de titanio en los huesos del tiempo
hacerlo desaparecer en las cañerías de universos paralelos
librarnos de él como quien se despierta de un mal sueño

voy a cantarles el último bolero de la noche
para jugarnos toda nuestra soledad de pájaros moribundos y sin entrañas
en el horóscopo de mañana
en la declinación de las luciérnagas
en la verdad de los audaces y de sus amaneceres púrpuras
vamos a limpiarnos estas lagañas volcánicas para empezar a cavar la tumba del espanto

recuerden compañeras y compañeros que nos vamos sin país 
hermosos bagres que boquean su agonía sobre la charola de la vía láctea
con la grandeza de las tarántulas sin veneno
tiernos y viles en la danza ortopédica del águila sin serpiente

voy a clavar mi machete de sílabas escarlatas en esta tierra de espectros de nieve
para detener la tormenta de nuestras historias y leyendas quemadas
para desviarnos hacia otra muerte en la que no esté cifrado únicamente el horror
o la navaja en el pescuezo que busca el badajo vibrante de miedo
o la amígdala hembra del silencio en la hora tartamuda de las ráfagas

voy a clavar mi machete de piedra encendida en el ojo mayor del dios del vacío
estoy hablando de buscar el refugio de los jabalíes y de los antílopes
de los trenes que en la madrugada salen hacia ningún país
de acabar de una vez por todas con el cíclope de la muerte sin combate
estoy hablando del derrumbe del capitalismo financiero
y de ciertas algas metafísicas que retoñan en alta mar

pero también hablo de los relámpagos del fornicio
de las caricias basálticas en los genitales y de los árboles que se ramifican en la nada
de policías mortíferos que fusilan a ciudadanas paralíticas
de la mutilación del viento y de los sueños
y de los que se arrastran ensangrentados buscando también su no país
hablo de garzas apátridas y de galeones fantasmas en aguas internacionales
de la quietud de los párpados en la penumbra
y del ocaso de los cuerpos en la galaxia de las banderas
hablo de mi madre y de mi padre y de mis hermanas y de mi hija
y de las compañeras y compañeros
de nuestro manifiesto de semillas suaves
de nuestra muerte como la última refutación contra las estatuas
hablo ya sin dolor de ningún país mi país

México Distrito Federal / Morelia Michoacán / octubre de dos mil catorce

 

TRES POEMAS SIN TÍTULO[12]

Diana del Ángel (Ciudad de México)

1.

Teníamos rituales sencillos
una taza de café,
un abrazo al despedirnos;
buscábamos también prodigios
en el ligero desdoble de los días,
caminábamos a diario,
el amor a ratos,
casi siempre la esperanza.

Hicimos bien poco, la verdad,
apenas alcanzamos a soñar
el día venidero,
apenas un ladrillo acomodamos.
 

2.

Hubo una puerta
lo sé, como se sabe de un hueso roto
como se sabe el sabor de la saliva,
como se sabe el hervor del agua,
como sabía en la infancia cambiar de nombre,
como supe un día cómo cruzarla.

3.

Días hay
en que vago la ciudad
con temblores en la boca
y quisiera decirle,
al que espera junto a mí
el vagón próximo
decirle: no te conozco
pero te quiero vivo.

Hay días en que pienso
que se iría el temblor
de mi boca y de mis labios
si abrazara al que viene al lado
y le dijera, así como si nada
la guerra no podrá llevarnos…
Pero la mayor parte de los días
solo el temblor del alma.

 

DISENTIMIENTOS DE LA NACIÓN (SPOKEN REMIX)[13]

Javier Raya (Ciudad de México)

Una lucha empieza así: disiento.

Disiento cuando dejo de creer en tu himno:
no, patria, no soy un soldado que en cada hijo te dio,
no soy un hijo de ningún concepto nacional
aunque retumben en sus centros la tierra, Masiosare,
porque no puedo estar a favor de tanto
bélico acento.

Cuando dices que los índices de pobreza
están bajando, mientras el señor de los mazapanes
a la vuelta de mi oficina
me grita “tengo hambre”, como si me culpara,
justamente, yo disiento.

Cuando la imagen del señor
de los mazapanes se me confunde
en la cabeza con la del señor
de los cielos, y me dices que vamos ganando
la guerra civil, la lucha contra el narco, yo disiento.
Cuando veo que es más fácil en este país
conseguir mota, perico, pastas, polvo, piedra
que una hoja rosa del IMSS,
que una ficha para la universidad,
yo disiento.

Yo disiento de tu versión de la salud
como enfermedad que se cura a balazos.
Yo disiento de tu versión de la educación
que deja a las mentes más brillantes
de mi generación
condenados a empleos de telemarketing
o viviendo con sus padres hasta los 30,
cogiendo sin hacer mucho ruido,

porque la gente se acostumbró a sentir
desde hace muchos años
que no debe hacer mucho ruido:
que es mejor pasar frente a los extraños
en las calles sin saludar, sin decir “buenos días”,
que es mejor no voltear a ver a nadie en la calle,
en el metro, en las carreteras,
que ser inmorales nos vuelve chingones,
que ignorarnos nos hace más fuertes,
que el miedo nos prepara mejor
para enfrentar una guerra social
que tú nos provocaste criminalizando
a los jóvenes, especialmente de noche,
cuando las señoras se cambian de banqueta
porque te ven con el pelo largo
y con tu morral de la UNAM.
El único lujo de los jóvenes ha sido la esperanza
e incluso la esperanza nos la venden a crédito y cara,
nos ven la cara como se la vieron a nuestros padres
y los dejaron embarrados en una clase media
más media y mediocre, como pollos hacinados
en sus jaulas mamando televisión
hasta ponerse gordos, hasta volverse zombis,
deseando una tele más grande,
una tele más grande
para ver unas mentiras más grandes
en alta definición, y un coche más grande
para no tener a dónde ir, porque las carreteras
son intransitables,
y un miedo más y más grande vendido y cobrado
en abonos chiquitos para pagar poquito
hasta que todos aprendieron que era más seguro
no hacer ruido,
quedarse calladitos sin correr,
sin gritar, sin empujar,
para sentir igual, para sentir en los huesos
el miedo sordo igual.

La política nos ha robado las palabras:
se ha metido al saco la palabra pueblo,
la palabra comunidad, la palabra
compromiso, la palabra solidaridad.
Política ya no es intercambiar opiniones
creadas, pensadas por uno mismo
porque ya no sabemos pensar
por nosotros mismos.

Sociedad ya no es hablar con el otro,
construir comunidad con el otro,
sino un programa estatal de mejoramiento
y planeación y planificación
para la organización comunitaria
de redes intergubernamentales
e interinstitucionales
para el saneamiento y la pudrición
de la conciencia.

Disiento, cuando me dices que los
70 mil muertos
y contando
son bajas colaterales.
Stalin pensaba como tú,
cuando les decía que
 “la muerte de un hombre es una tragedia
y la de millones, estadística.”
Disiento cuando me dices que los muertos
caben en una cifra, en un coste,
en un gasto de producción de la paz,
que la paz sólo se produce
con el miedo de los niños
acodados y cantando debajo de las bancas
mientras las balas pasan rasando por las paredes
y se meten en el pizarrón.
Disiento cuando me dices que la violencia
es el precio de la paz.
Disiento cuando me dices
que la escalada de violencia
es en nombre de la felicidad.
Disiento cuando me haces caminar
con una navaja en la bolsa
por las calles oscuras
cuidando en el rabillo del ojo las sombras
de otros que tienen tanto miedo de mí
como yo de ellos.

Disiento cuando haces que una persona
tenga miedo de otra persona.

Disiento cuando dices que respetas
la diversidad de opiniones
y vamos cada vez más cerca del primer lugar
en periodistas asesinados por metro cuadrado.
Cuando llamas a los jóvenes “porros,
huevones, flojos, ignorantes”
porque salen a la calle
a tomar las calles
que siempre fueron suyas.

Disiento porque tu plan no es perfecto,
porque no contabas con nuestra astucia,
estimado presidente, estimado dirigente sindical,
estimado líder charro y petrolero,
estimado burócrata que ves el reloj del tedio.
Me quieres enseñar a sentir que todo está bien,
que todo va a estar bien porque tú lo dices.

Yo disiento.

Yo sé que todo va a estar bien
porque no estoy solo,
porque somos muchos,
los que vamos a hacer
que todo esté bien,
ve mandando hacer un disenso
de población con el Inegi,
les prestamos nuestras manos
para que nos cuenten, cada uno
uno y diferente, gente
no acarreada, no
abanderada, saliendo a la calle
por primera vez,
aprendiéndose las consignas
en tu contra,
disintiendo, como bien pueden,
con traje de oficinista, con los niños cargados,
con la bolsa del mandado,
sin miedo porque estamos entre gente
y yo ya no le tengo miedo a la gente,
y mucha gente ya no tiene miedo de la gente,
y ya no tenemos miedo de estar vivos

porque estar vivo en México
es un acto subversivo,
porque estar vivo en México
es una conspiración de la vida
una insurgencia de vida,
un disentimiento cuando digo que mi país
empieza aquí, en este metro cuadrado,
y tú eres mi país, y tú eres mi país, y tú eres mi país
y de este metro cuadrado me voy a hacer cargo yo,
y en este metro cuadrado no pasarás,
en este metro cuadrado soy un peligro para México,
para tu México de daños colaterales
que no se nos va a olvidar,
sobre este metro cuadrado de país yo disiento
y de tantos y tantos metros cuadrados de disentimiento
ya no nos vas a quitar.

 

Notas:

[1] Sobre el devenir contemporáneo de los movimientos juveniles y estudiantiles, véase, Biagini, H.E., 2012. Se utiliza aquí el neologismo ‘neuroliberalismo’ o ‘neuroliberal’, conforme a las propuestas efectuadas en distintos trabajos nuestros y en el libro de Biagini y Fernández Peychaux (2014).

[2] Citado por Mercedes López San Miguel en su reportaje al estudiante aludido: Quieren hacer desaparecer la escuela normal de Ayotzinapa.  http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-273444-2015-05-25.html

Se ha reunido un gran acopio de entrevistas a estudiantes y familiares, vinculados con el caso en cuestión, en el libro compilado por John Gibler, 2016, Una historia oral de la infamia, México, Penguin Random House. También cuenta con mucho elemento testimonial la obra de Paula Mónaco Felipe, 2015, Ayotzinapa: horas eternas, México, Ediciones B.

[4] “Ayotzinapa: ¿Quién debe estar avergonzado?”; http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196643

[5] Libros individuales o grupales como Faltan más. 43 voces por Ayotzinapa. 2016. https://web.facebook.com/faltanmas/?_rdr (publicado por la Sociedad de Estudiantes del Colegio de México); Francisco Cruz Jiménez, Félix Santana y Miguel Ángel Alvarado. 2016. La guerra que nos ocultan, México, Planeta; Tryno Maldonado. 2015. Ayotzinapa. El rostro de los desaparecidos, México, Planeta; Arturo Miranda. 2015. Los 43 normalistas que conmocionaron a México, Servicios Editoriales Especializados/UAG; AA.VV. 2015. Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, México, Proceso; Juana Juárez Romero y Alma Patricia Aduna Mondragón (coords.). 2015. Alzando la voz por Ayotzinapa, México, UAM-I y Ediciones del Lirio; Roberto González Villareal. 2015. Ayotzinapa: La rabia y la esperanza, México, Terracota; Roberto González Rodríguez. 2015. Los 43 de Iguala, Barcelona, Anagrama; Sergio Aguayo. 2015. De Tlatelolco a Ayotzinapa, México, Ediciones Proceso, Federico Mastrogiovanni. 2015. Los 43 de Ayotzinapa, México, Grijalbo-Proceso; José Manuel Valenzuela (coord.). 2015. Juvenicidio. Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina y España, Barcelona, NED; Jaime Solís, Ayotzinapa y yo. Anecdotario. 2015. México, Editorial Los Reyes. Este último volumen, que no pasa de ser un simple folleto de 61 páginas, fue escrito por un ex directivo de la Escuela Normal en cuestión, que pone en duda el compromiso político y el buen desempeño imperante en ese establecimiento, mientras culpabiliza a un alumnado que ha sido objeto de reiteradas acciones penales y represión policial. Una densa publicación oficial de lo acaecido, presentada como un libro blanco, es el Informe del caso Iguala. 2016. México, Procuraduría General de la República.

[6] Con títulos de este tenor: “Ayotzinapa: Acción visual”, “Un rugido de silencio” (muestra plástica con 43 carteles ad hoc), “Marchas por Ayotzinapa”, “Ayotzinapa: Crónica de un crimen de Estado”, “Mirar morir”, “La noche de Iguala” (de tinte oficialista), “Ayotzinapa 26” (reúne 43 cortometrajes alusivos y fue patrocinada por Amnistía Internacional), o “Meister des Todes” (sobre el contrabando de armas alemanas para los narcos y policías mexicanos), o el libro de fotografías del curador Marcelo Brodsky 2016, Acción visual, México, RMA. A modo ilustrativo, se ha esculpido a los 43 normalistas sobre el tronco de un árbol en la Escuela Normal de Ayotzinapa, donde se quiere significar la violación de los derechos humanos en distintas regiones mexicanas: ver revista digital Sin embargo, http://www.sinembargo.mx/07-03-2016/1633007 También se ha representado, con el marco de la tragedia clásica, la pieza teatral de Hugo Arrevillaga, Las lágrimas de Edipo, donde se tematiza el horrendo asesinato del estudiante César Mondragón Flores. En su “Breve diccionario para entender un sexenio turbulento”, Sandra Rodríguez Nieto, al abordar la entrada Ayotzinapa, remite allí también a una decena de expresiones vinculadas con un caso límite como ese:  http://www.sinembargo.mx/28-08-2016/3084761    

[7] J. Venegas, “La explosión”, http://www.musica.com/letras.asp?letra=2227089

[8] En nuestros días, a nivel cotidiano y en rechazo a las políticas de inclusión social posneoliberales, suelen proferirse consignas como las de que, en “un país de mierda”,  “a los negros hay que matarlos a todo”, entendiendo por negros a vastos y diversos sectores étnicos desvalorizados, muchas veces ligados a la inmigración fronteriza.

[9] La perspectiva optimista sobre la vitalidad de los gobiernos progresistas de Nuestramérica debe ser con todo actualizada y matizada ante la restauración conservadora que se ha ido imponiendo regionalmente con dudosos procedimientos. Así han aparecido fenómenos insospechados como el triunfo de Macri en la Argentina y la férrea defensa de su correligionario, el presidente de México, Peña Nieto, a cuya acción política aquél no le atribuye ninguna responsabilidad en la masacre de Ayotzinapa ni a la misma violación interna de los derechos humanos. Un Peña Nieto al cual se le exige una perentoria renuncia en su país y se pide su enjuiciamiento en la Corte Penal Internacional, mientras que otras naciones, como Holanda, cancelan su visita ante dichas imputaciones y, más allá del cariz promocional, hasta una candidata presidencial estadounidense, Hillary Clinton, considera “indignante” la falta de resolución de la cacería estudiantil en Iguala y rehúsa entrevistarse con el gobierno mexicano.

[10] Se consigna aquí el poema publicado por la revista mexicana Tierra adentro, que lleva una introducción de Nidia Rosales Moreno en conjunción con la Redacción de la Revista. En “Ayotzinapa, de David Huerta”, Tierra adentro, México, versión digital. http://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/ayotzinapa-de-david-huerta/

[11] Gustavo Ogarrio, “Ningún país es mi país”, Luvina, México, no. 78, 2015. Disponible en: http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=2231&Itemid=68

[12] Diana del Ángel, “Tres poemas sin título”, Confabulario. Suplemento cultural de El Universal, México, 28 de mayo de 2016. Disponible en: http://confabulario.eluniversal.com.mx/tres-poemas-sin-titulo/

[13] Javier Raya, “Disentimientos de la nación”, publicado en el blog del autor, Cuaderno de Raya, el 14 de junio de 2012. Disponible en: http://cuadernoderaya.blogspot.com.ar/2012/06/disentimientos-de-la-nacion-spoken.html

 

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Cómo citar este artículo:

BIAGINI, Hugo, (2016) “Necropolítica y neuroliberalismo. La masacre de estudiantes en Ayotzinapa”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 29, octubre-diciembre, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 23 de Abril de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1403&catid=9&Itemid=8

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