Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Pacarina del Sur

José María Naharro-Calderón, Entre alambradas y exilios. Sangrías de las Españas y terapias de Vichy[1]

Luis Roniger[2]

 

El autor de este apasionante y erudito libro inició su escritura a fines del siglo pasado, cuando ya se había producido en las sociedades occidentales la llamada ‘era del testigo’, signada por el ascenso de las prácticas de evocación y recuperación de memoria colectiva. En el caso de los españoles, la evocación de la Guerra Civil y sus cicatrices nunca había dejado de bullir en círculos diversos, aunque la muerte de Franco sumada a su legado persistente tras la transición democrática reposicionó el tema, imponiendo lecturas del pasado en las que inevitablemente las múltiples y diversas apreciaciones y memorias del régimen franquista, de los ‘insiliados’ y de la diáspora del exilio habrían de ocupar un rol central.

Al encarar tal escenario, Naharro-Calderón decidió analizar críticamente tanto los problemas acarreados por ciertos olvidos de la Transición, así como los discursos demagógicos, descarados o desvergonzados que proyectaron lecturas sesgadas del pasado o bien anclaron su discurso en lo que él llama ‘una historia nostálgicamente anticuaria’. En ese marco, con certera agudeza Naharro-Calderón analiza las manifestaciones culturales de la memoria plural colectiva de las Españas (en plural), a través de testimonios literarios, fotográficos, cinematográficos e ilustrados. Mediante un penetrante análisis de la variedad de formas de evocación del pasado conflictivo, Naharro-Calderón pone al descubierto la inconsistencia y los usos políticos de la memoria, sin idealizar – en contraposición a muchos otros autores – a los exilios republicanos y su imagen a menudo mediatizada:

Los exilios republicanos se manifiestan cual espectros y metáforas del pasado, a veces, para domesticar horizontes de imágenes añoradas, idealizadas, reconciliadas, que el espectáculo, el mercado o la ideología procesan convenientemente, que el kitsch trafica y reproduce mecánicamente, pasto de revisionismos de todos los espectros: exilios y memorias-business, puntos ciegos, monos de la desfachatez (p. 14).

 

En opinión del autor, la transición postfranquista no operó “un proceso de cambio político y cultural lento que hubiera acarreado la creencia de que el presente debía esgrimir el pasado”, mientras “se depuraba la prevalencia de la memoria del franquismo”, lo que Naharro-Calderón define como las inframemorias históricamente documentadas a partir de testimonios y artefactos culturales.

Tampoco se asistió – afirma el autor – a un cambio gradual en que el pasado de los exilios se pudiera asumir como mito o historia ritual de los que la comunidad fuera capaz de extraer ejemplos pertinentes para guiarse en el presente y así desintoxicar los circuitos colectivos de la prevalencia de la memoria de los vencedores, desenmascarando también las contradicciones y paradojas de los vencidos: intramemorias.” (pp. 251-252).

Por el contrario, según Naharro-Calderón, la transición cimentó una política silenciosa de rechazo de la Guerra Civil y de los exilios, que evitaba que el pasado fuera un marco de referencia activo, sino que lo contemplaba como temas a trascender y pasar al olvido, a la desmemoria y a la amnesia, en aras de la reconciliación, la paz y la renuncia a la revancha, cristalizando así artificialmente supramemorias desmemoriadas, para usar otro de los neologismos que acuña el autor, que se desempeña como catedrático de literatura española de la Universidad de Maryland en los Estados Unidos.

Sin embargo, eventos como la guerra de Irak y sobre todo el 11 de marzo de 2004 “resquebrajaron los cimientos de aquel sopor,” abriendo paso a la “indignación inframemoriosa” (pp. 253-254). Pero en lugar de falacias atemporales, genéricas e ideológicas que a menudo surgieron de la irrupción de la memoria, el autor sugiere reconocer la pluralidad y diversidad de las experiencias exiliares, que abarcaron exilios de republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas; de intelectuales y gente del pueblo; de mujeres, hombres y niños; de civiles y militares; con diversos horizontes y distintos periplos en el exterior. Desde esa perspectiva, sugiere una mirada revisora, una intramemoria crítica que no deja de tocar temas controvertidos como el tesoro republicano en manos del SERE y de la JARE, mientras muchos desterrados debieron enfrentar la escasez o nulidad de los subsidios.

Con pincelazos críticos, Naharro-Calderón ofrece a los lectores un recorrido por muestras fotográficas, retrospectivas, escritos literarios y obras de arte sobre las memorias de la Guerra Civil y sus consecuencias y secuelas. En su análisis, se propone “desfosilizar” a los exilios de 1939 mediante una lectura revisora y crítica de cómo éstos fueron ideados y proyectados a partir de la transición. Es difícil resumir los distintos capítulos, que cubren entre muchos otros desde los escritos de Jorge Semprún, Manuel Andújar, Eulalio Ferrer, Silvia Mistral o en particular Max Aub, a las memorias catalanas y desde el cine de Mario Camus, María Luisa Elío, Fernando Fernán Gómez, Jomí García Ascot y Agustí Villaronga, a una discusión sobre las memorias intervenidas.

A través de una revisión crítica de esas creaciones culturales, el autor despliega su análisis desde un marco muy amplio de conceptos y referentes intelectuales, con una bibliografía que por sí sola cubre 53 páginas (pp. 423-476), con lo cual el libro constituye un caleidoscopio de futuras indagaciones, lecturas y debates, como es toda obra de valor perecedero. En lugar de intentar resumir la multiplicidad de análisis de textos, imágenes y obras de arte que el autor integra en su análisis, plantearemos a continuación algunas de las propuestas analíticas que nos ofrece este libro.

Ante todo, sobre el carácter de la Guerra Civil, a menudo interpretada como un “preludio estratégico de la Segunda Guerra Mundial”. Por el contrario, tomando en cuenta tanto su salvajismo como la pugna por la hegemonía de la conciencia colectiva, Naharro-Calderón considera que se trató de “un enfrentamiento y pugna premodernos que se generalizan en el verano de 1936, se extienden por todo el territorio con la red de distintos recintos concentracionarios y continúan por lo menos hasta 1952 con la última presencia de la guerrilla y el permanente flujo exílico”:

Guerra arcaica y estática, más cercana de los conflictos civiles carlistas preindustriales (armamento sui generis de la guerra civil estadounidense en la zona republicana) y no preludio estratégico de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de los elementos ultramodernos de la aviación de origen alemana, italiana o rusa, los tanques y algunas ofensivas […] y los síntomas de guerra total sobre la población civil: modernidad europea del éxodo de la primera mitad del siglo XX (p. 417).

 

Este es un ejemplo de cómo Naharro-Calderón quiere superar las visiones partidarias y demagógicas para alcanzar una narrativa mínima común y equilibrada sobre el conflicto y la represión, sin tratar de hacerle ningún descuento a la brutalidad del régimen, pero tampoco restar responsabilidad a los republicanos y a quienes tuvieron que tomar la ruta del exilio o se encontraron en los campos de concentración del sur de Francia, las compañías de trabajadores y por extensión los campos de la muerte nazis, como consecuencia de la derrota y de la política del gobierno de Vichy. En efecto, Naharro-Calderón llama la atención sobre la política de persecución, exclusión, represión y muerte del franquismo, y su forzosa presencia en memoriales como el Valle de los Caidos, que el autor define de la Montaña In-Civil. Pero, al mismo tiempo, también critica el exilio-business, las divisiones internas de los desterrados, las luchas entre prietistas y negrinistas en torno al tesoro del yate Vita, el abuso y la discriminación en el uso de los fondos enviados para los refugiados en Francia, donde los máximos responsables de la República en el exilio se apropiaban de sumas mucho mayores que los exiliados ‘del montón’. El autor también critica la apresurada adopción en la Transición de una ética de la responsabilidad (Max Weber) en forma acomodaticia, al punto de instalar el olvido, la desmemoria, la amnesia en aras de la reconciliación en la sociedad.

En un pasaje del libro, Naharro-Calderón cita a Max Aub en su diario de regreso a la España de 1969, donde el prominente intelectual describía ya la profunda transformación de su patria y la imposibilidad del reencuentro en base al intercambio abierto de ideas, algo que al cabo de más de 35 años de franquismo, los desterrados y sus descendientes descubrirían en los comicios de 1977, cuando se les impidió ejercer el derecho al voto y en los que ningún partido con sesgo republicando pudo participar:

Regresé y me voy. En ningún momento tuve la sensación de formar parte de este nuevo país que ha usurpado su lugar al que estuvo aquí antes; no que le haya heredado. Hablo de hurto, no de robo. Estos españoles de hoy se quedaron con lo que aquí había, pero son otros. Entiéndaseme: claro que son otros, por el tiempo, pero no solo por él; es eso y algo más; lo noto por lo que me separa de su manera de hablar y encararse con la vida. No es el progreso, no es el turismo sino algo más profundo. “Nos los han cambiado”. No han variado, no los han alterado, los trocaron. ¿Veo molinos en vez de gigantes? (Max Aub, La gallina ciega, pp. 596-597, en Naharro-Calderón, p. 310)

 

Exiliados como Aub y quienes lo siguieron en años posteriores no se reconocerían en la sociedad peninsular, que había cambiado y que los ignoraba, negaba o tergiversaba su experiencia por ‘los eternos años de la dictadura’, la censura y el adoctrinamiento, seguida de la supramemoria de la Transición. No es pues de extrañar que, a más de 40 años de la Transición, Naharro-Calderón quiera superar un campo cultural que sigue dominado por “un rampante olvido sumido en la desinformación” (p. 421) o por las “inframemorias divisivas, exclusivistas, separadoras, esenciales, excepcionales y anormalmente españolas” (p. 419). Para ello, sugiere superar “la enfermedad memoriosa-anticuaria o monumental paralizante a favor de la historia crítica al servicio de nuestra vida.” Tal visión

[r]epresentaría el arte y la fuerza de poder olvidar y paradójicamente evocar, representar, equilibrar, desvelar y pertrechar una historia crítica que discursiva y fictivamente enmarcara todas estas memorias excesivas, justicieras o huidizas, extrajera los elementos contemporáneamente dinámicos y contextualizara los vitalmente ejemplarizantes en las historias-memorias monumentales así como los paralizadores de las anticuarias, cautivas entre las plusvalías de lo adánicamente ausente de las victimas frente a las minusvalías de lo cainitamente presente de los victimarios (p. 418).

 

Este no es un libro que se pueda leer de la primera página a la última en un día. La complejidad del argumento unido a los neologismos y las múltiples referencias a obras de diversos autores, artistas, intelectuales y políticos presenta ciertas dificultades a lectores que no conozcan la escena cultural española; sus capítulos requieren lecturas secuenciales, consultas digitales y tiempo para explorar y reflexionar en profundidad sobre las distintas vetas de análisis que nos ofrece. Pero, quienes superen dichos trances, saldrán enriquecidos por este fascinante libro, que representa una contribución importante a varios corpus de análisis, entre los que se destacan la historia reciente de la cultura ibérica, la literatura de los exilios y diásporas, y la literatura de los estudios de memoria y olvido en sociedades post-autoritarias, que deben confrontar un legado de violaciones masivas de derechos humanos después de haber sufrido profundas escisiones y transformaciones culturales durante los períodos dictatoriales. Recomendado entusiastamente.

 

[1] Madrid: Biblioteca Nueva, 2017, 476 pp.

[2] Luis Roniger ocupa la Cátedra Reynolds de Estudios Latinoamericanos en el Departamento de Política y Relaciones Internacionales de Wake Forest University, EUA. Es autor entre otros de los libros La política del destierro y el exilio en América Latina (Fondo de Cultura Económica, 2013, con Mario Sznajder), Destierro y exilio en América Latina. Nuevos estudios y avances teóricos (EUDEBA, 2014), y Exile, Diaspora and Return. Changing Cultural Landscapes in Argentina, Chile, Paraguay and Uruguay (Oxford University Press, 2018, junto con Leonardo Senkman, Saúl Sosnowski y Mario Sznajder). Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Cómo citar este artículo:

RONIGER, Luis, (2018) “José María Naharro-Calderón, Entre alambradas y exilios. Sangrías de las Españas y terapias de Vichy”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 35, abril-junio, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 12 de Diciembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1621&catid=12

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