Pacarina del Sur
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César H. Delgado Herencia

 

Conocí a Tirso Ricardo Melgar Bao en 1968. Emprendimos la tarea de organizar la Asociación de Estudiantes de la Universidad Pedagógica Inca Garcilaso de la Vega.[1] Él era postulante a la secretaría general y el suscrito a la de organización. Con Gabriel[2] fueron los dos representantes de la promoción 1968 de esa casa de formación de docentes pedagogos para educación básica (secundaria). Fuimos elegidos por amplia mayoría después de ardua campaña por salones de los turnos de mañana, tarde y noche. En estas tareas conoció a Hilda Tísoc, quien sería su compañera de vida.

El Perú estaba en su normalidad, como siempre en crisis, el presidente de la República sería derrocado meses después; la revolución de las fuerzas armadas se encargó de liquidar el latifundio e iniciar una de las reformas educativas más profundas que tuvo la educación peruana en el siglo XX.[3] Ante estos acontecimientos, Ricardo tenía la información precisa y la conversa fluida sobre la lectura que hacía de la situación social y cultural. Para entonces, ya era un mariateguista en busca de una utopía, de un mundo mejor para todos, sin exclusiones. Conjuntamente con compañeros de su promoción, José y Alberto, editaron a imprenta la revista Comentarios, donde exponían inquietudes de la cultura nacional. La apertura política durante el mandato de Velasco significó un nuevo lenguaje por parte de los militares y en sus primeros años, estuvo refrendada por la presencia en Lima de poetas, cantantes, intelectuales “de la otra orilla”. A Perú vinieron Fidel Castro, Salvador Allende, Pablo Neruda, entre otros.

Al año siguiente, Ricardo aún acudía a las reuniones de la Asociación de estudiantes, y yo consolidaba mi estima por él. Debido a una serie de represalias académicas por su participación en aquella experiencia de organización estudiantil, “El Chino”,[4] optó por trasladarse a la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco, Perú, en donde en 1971 se graduaría como Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales.

En la década de 1970 nos reuníamos varias veces en su casa familiar con amigos de San Marcos y con Edgar. Discutíamos sobre la actualidad nacional y cómo forjarnos un futuro laboral.

No le conocí a Ricardo ningún empleo magisterial en educación básica. Sin embargo, un verano postulamos juntos a una coordinación nacional del Programa de Alfabetización de la Reforma Educativa. Acudimos a Chaclacayo[5] con nuestros bártulos para asistir a una capacitación. El local quedaba en el Pasaje Hilda de la carrera central, pero no fuimos admitidos teniendo que volver con nuestros enseres a Lima. Otra hubiera sido mi historia personal si nos hubieran contratado y ¿tal vez de Ricardo?

Ante estos sucesos, juntamente con Juan pusimos una empresa de servicio de impresión a mimeógrafo de tesis. En nuestra imprenta Ricardo germinó la primera impresión de su poemario Crónica de la Plumífera y otros poemas, así como de Cuadernos Mineros.[6] Después él haría una segunda impresión de la plumífera a dos colores que dejó en consignación en la librería Studium, atendida por Enrique. Volvimos a nuestras reuniones en casas familiares.

Portada del poemario de Ricardo Melgar
Imagen 1. Portada del poemario de Ricardo Melgar.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc.

Al finalizar 1971 integré un equipo para trabajar en el Puericultorio Pérez Aranibar y en esos tiempos, las reuniones con “El Chino” fueron muy espaciadas. Entre una reunión y otra, me contó que había ingresado como docente en la Escuela Nacional de Arte Dramático, donde fui a visitarlo. Luego, en otra reunión, me notició que se había casado con Hilda, que vivían en la Urbanización Próceres, y que era vecino de Edgar, casa que también conocí.[7]

Invité a Ricardo y a nuestros amigos comunes a conocer el Puericultorio, al que fueron muchas veces durante los cuatro años que trabajé en el orfanato; sus visitas eran de media jornada. Ricardo se interesó en esa experiencia pedagógica, y en ella veía cristalizados algunos principios de una pedagogía libertaria y crítica. Tanto le impactó que, cuando dejé el Puericultorio en 1975, continuamente me motivaba a escribir sobre mi experiencia en el orfanato. Recién, cuarenta y cinco años después, pude concretarla en un artículo que escribí para Pacarina del Sur.[8]

En el verano de 1972 nuevamente Ricardo y yo nos encontramos cerca del rectorado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la segunda cuadra de la Avenida República de Chile.[9] Y obvio, la conversación fue sobre nuestro futuro. Ricardo había ingresado como docente contratado en un instituto de educación superior, al tiempo que buscaba presentarse al examen de exonerados de profesionales para continuar la licenciatura en Antropología Social en San Marcos. Ambos nos inscribimos y reiniciamos nuestros estudios universitarios en el “III Integrado de Ciencias Sociales” de la ciudad universitaria. Ese mismo año también ingresé como docente en San Marcos; donde ejercí desde entonces hasta el 2003, primero como asistente y luego contratado de asignatura.

En San Marcos, Ricardo y yo cursamos juntos tres años de asistencia nocturna a clases en el Pabellón de Letras y el de Derecho, conocido como “la pecera”. Tuvimos docentes que Ricardo admiraba como Ñuflo Chávez, Pablo Macera, Emilio Choy, entre los que recuerdo. La militancia estudiantil quedó un tanto de lado, pero Ricardo siempre estuvo atento a los cambios y apoyaba los reclamos sempiternos en las universidades estatales peruanas: más presupuesto, mejores bibliotecas, más investigación…, casi los mismos por lo que había sido secretario general en la Universidad Garcilaso, más de una década atrás.

En los siguientes años conversamos poco. Hasta su partida a México con Hilda en busca de otros horizontes que la realidad nacional no les proporcionaba. Fue una buena decisión, aunque no exenta de las vicisitudes de cualquier migrante o de los entresijos del régimen contra los intelectuales comprometidos como Ricardo e Hilda. Con su llegada a México, Ricardo y yo comenzamos otro nivel de comunicación a través de los envíos de materiales antropológicos mexicanos, así como algunas revistas y libros que él editaba allá, y que me hacía llegar a través de viajeros.

Su llegada a México también implicó su transformación de un intelectual migrante a un latinoamericanista en el que convergían dos grandes civilizaciones: la del norte, la Azteca y la del sur, el Tahuantinsuyo. Todo su trabajo antropológico estuvo signado por estas dos grandes creaciones humanas; siempre alrededor de los sectores sociales menos favorecidos, como son el magisterio estatal, las poblaciones subalternas urbanas y los condenados de la tierra; por referir a una de las obras del médico argelino Franz Fanon, que inspiraban a Ricardo.

En México, Ricardo participó, junto con Hilda y otros migrantes peruanos, de movilizaciones en apoyo a dos extensas huelgas magisteriales que se suscitaron a fines de la década de 1970; ambas ferozmente reprimidas. A su vez, efectuó marchas y concentraciones frente a la Embajada de Perú en México y visibilizó el tema en espacios académicos; siempre en defensa de las luchas por el pan y la liberación y de una educación emancipadora.

Ricardo Melgar, Hilda Tísoc y Juan Manuel Pérez Zevallos a fines de la década de 1970
Imagen 2. Ricardo Melgar (chamarra oscura, camisa blanca frente a la combi), Hilda Tísoc (con vestido y lentes de sol, sosteniendo la bandera peruana) y Juan Manuel Pérez Zevallos (camisa a cuadros y barba) a fines de la década de 1970. Protesta en Ciudad de México contra la represión a campesinos en Perú.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc.

En México Ricardo también prosiguió sus estudios sobre la clase obrera. Uno de sus proyectos más acariciados fue el Diccionario biográfico del movimiento obrero y popular peruano (1848-1959).[10] Sus publicaciones y avances realizados permanecen para la consulta y el escrutinio sobre los intereses intelectuales de Ricardo por la historia de las ideas y las clases sociales menos favorecidas.

Ricardo regresaba continuamente a Perú, ya nacionalizado como mexicano, y en cada viaje venía cargado de documentos, ideas y proyectos. En cada visita suya a Perú nos reuníamos los amigos que conformamos el “núcleo duro”: Ricardo, Enrique, Juan, Mauro y el infrascrito, y en ellas intercambiábamos regalos, ideas, proyectos y anécdotas.

De izquierda a derecha Enrique Marchena, Ricardo Melgar y César Delgado, Lima, principios década de 1990
Imagen 3. De izquierda a derecha Enrique Marchena, Ricardo Melgar y César Delgado, Lima, principios década de 1990.
Fuente: Enrique Marchena.

Ricardo era persistente en sus metas y de una notable modestia intelectual; también era solidario con las inquietudes de los otros, y a tono con los tiempos y sus transformaciones. Así recuerdo es como yo recuerdo a “El Chino”.

Personalmente estoy en deuda con él por los materiales que me brindó hace siete años, y a partir de los cuales escribí: Ideas educativas en los periódicos anarquistas 1904-1930. Huellas de las ideas educativas anarquistas en el imaginario magisterial nacional. En nuestras últimas conversaciones, antes de su deceso, me sugirió que revisara La Historia de la Universidad Popular de la década de 1920, que el gobierno local de Ate Vitarte[11] había publicado. Ésta me queda como una tarea pendiente a realizar. También le debo el estímulo para escribir mi libro sobre José María Arguedas: Enfoque pedagógico en la novela carcelaria “El Sexto”, escenarios educativos del método cultural del profesor José María Arguedas Altamirano, publicado en 2019 por la Universidad Nacional de Educación La Cantuta. Libro que Ricardo presentó en un viaje exprofeso a Lima y en cumplimiento de su ofrecimiento de que así lo haría.[12]


Imagen 4. Presentación del libro Enfoque pedagógico en la novela carcelaria “El Sexto”. Fuente: @UNEoficialPeru. Cuenta oficial de Facebook de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, Perú.
https://www.facebook.com/UNEoficialPeru/posts/2602119183186856/

Presentación del libro Enfoque pedagógico en la novela carcelaria El Sexto
Imagen 5. Presentación del libro Enfoque pedagógico en la novela carcelaria “El Sexto”. Fuente: @UNEoficialPeru. Cuenta oficial de Facebook de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, Perú.
https://www.facebook.com/UNEoficialPeru/posts/2602119183186856/

Para mí, su mayor logro editorial es Pacarina del Sur. Muchas noches tuvo la gentileza de comunicarme los avances de la revista; e incluso, hace más de 10 años, me compartió el texto editorial con el que presentaba la revista al mundo y la primera convocatoria para que yo le diera mi opinión. También me refirió haber encontrado en Perla, su asistente, un apoyo inestimable para el desarrollo de este proyecto editorial.

Mi primera contribución en Pacarina fue en 2010, bajo el seudónimo de Carlos Rubianes Indacochea;[13] dado que en ese momento yo trabajaba en el Ministerio de Educación y algunas reflexiones del texto podían no ser bien recibidas. Mis colaboraciones posteriores en Pacarina[14] las escribí por pedido expreso de Ricardo, y derivaban de algunas de nuestras conversaciones por teléfono. En nuestras llamadas, Ricardo y yo conversábamos sobre sus momentos de inspiración y los bajones que tenía en la escritura de algunos de sus libros; pero también hablábamos sobre nuestros hijos y nietos, de México y de Perú, este país en el que Ricardo nunca dejó de estar presente.

A su vez, Ricardo, como buen estudioso de la simbología y sus expresiones populares no dejaba su mirada de antropólogo, ni siquiera a la hora de la mesa. Así que cuando visitábamos los barrios populares de esta Lima Horrible en busca de sus preferencias gastronómicas: el ceviche de pescado[15] y el chifa,[16] a la hora del almuerzo, Ricardo abría un abanico de comentarios antropológicos. Estos platos nos llevaban ya a alguno de los mercados populares para consumir ceviche, o en el barrio chino de Capón en donde, dicho sea de paso, siempre nos citábamos en el Arco Chino para almorzar en el Tintín.

Ricardo era, asimismo un chamán sanador. Cuando se enteraba de que algún amigo sufría de alguna dolencia, tenía ya listo un amasijo de hierbas qué recomendar; seguidor de las Flores de Bach; en una oportunidad me trajo de sus tierras mexicanas un remedio para la fascitis que me curó este mal.

En la última vez que nos reunimos en 2019, en el abrazo de despedida, estando Juan y Marcela presentes, tuve el presentimiento que sería la última vez…, ya en privado, se lo comenté a Juan. Con Hilda fue algo parecido, en su último viaje a Perú en 2016, presentí que la despedida estaba implícito un adiós.

En aquel viaje, nos reunimos Ricardo, Hilda y yo, así como una de las hermanas de Hilda y su esposo en Chaclacayo. Era un punto intermedio de encuentro habitual para ambos, ya que en los últimos años he evitado bajar de Chosica –ciudad en donde resido– a Lima; pero también Chaclacayo era del gusto de Ricardo. En aquel encuentro, Hilda se compró un sombrero de paja y en nuestra caminata por el parque del centro de Chaclacayo nos cruzamos con un desfile escolar.

Memoro lo que Ricardo me dijo en las vísperas del deceso de Hilda, a inicios de 2017, él le había preparado un caldito que su esposa no tomó, y le pidió que le pusiera la canción de “Gracias a la Vida” de Mercedes Sosa. También le anticipó el deseo de que sus cenizas fueran esparcidas en la playa Cantolao del Callao.[17] Tras el fallecimiento de Hilda, mi hija Silvia, quien es artista, esculpió una escultura pequeña de ella y que le obsequié a Ricardo envuelta en una tela roja. Pude entregársela en el evento de homenaje a Hilda, celebrado ese año en la Casa Museo José Carlos Mariátegui.

Hilda Tísoc y Ricardo Melgar, década de 1960
Imagen 6. Hilda Tísoc y Ricardo Melgar, década de 1960.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc.

Cartel promocional del homenaje a Hilda Tísoc Lindley llevado a cabo en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, de Lima, Perú, el 28 de marzo de 2017
Imagen 7 y 8. Cartel promocional del homenaje a Hilda Tísoc Lindley llevado a cabo en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, de Lima, Perú, el 28 de marzo de 2017. En dicho evento se presentó la escultura hecha por Silvia Delgado a manera de homenaje.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc.

El último reencuentro de Ricardo y mío fue cuando en 2019 la Universidad Nacional de Educación decidió otorgarle el Doctorado Honoris Causa, y se hospedó en Chosica[18] con Marcela. En ese viaje me regaló una escultura de dos perros que están bailando; entiendo que así interpretaba nuestra amistad de tantos años.

Escultura de xoloescuincles bailando obsequio de Ricardo a César Delgado
Imagen 9. Escultura de xoloescuincles bailando obsequio de Ricardo a César Delgado.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc.

En la ceremonia Ricardo dio un discurso sobre el libro y la lectura, el cual fue muchas veces aplaudido por los asistentes. Fue la mejor alocución que le escuché en las innumerables veces que le he oído disertar.

En los interludios de la ceremonia se comprometió a enviar a la editorial de la UNE su investigación sobre sobre la correspondencia diplomática de Raúl Porras Barrenechea, la cual le llevó varios años de escritura e investigación en los archivos de la Cancillería. El libro salió publicado en 2020, pero por la emergencia sanitaria internacional del COVID-19 y su propio contagio ya no pudo ver más que la carátula digital.[19]

Portada de último libro publicado en vida de Ricardo Melgar, 2020
Imagen 10. Portada de último libro publicado en vida de Ricardo Melgar, 2020.
Fuente: Archivo familiar Melgar Tísoc

A Marcela le debemos lo que quizá sea su testamento intelectual,[20] donde en el párrafo final dice:

 

…Soy de este mundo que no deseo naturalizar. Soy hechura de sus transfiguradas relaciones en tiempos de la pandemia. Soy uno y muchos. Soy más humano, reflexivo, solidario, sentidor, amoroso y muy vulnerable. Fabulo que me he vuelto “bueno”, pero muchas voces me dicen: no tanto, no exageres, no te disfraces, no te maquilles. Vivo la “edad del desprendimiento”, esa misma que me dijo que me alcanzaría un gran colega y amigo que ya partió… (México, 9 de julio de 2020).[21]

 

Unos días después de escribirlo nos dejó.

 

Si hay un rasgo personal que pueda definir a Ricardo es la consecuencia de sus ideales, los cuales mantuvo a lo largo y ancho de su vida, y que jamás se derrumbaron. Como una flecha con camino conocido, que va dar en la diana.

Chosica, primavera 2020.

 

Notas:

[1] Universidad que dejó de ser pedagógica en esa misma década.

[2] En este texto escribo solo los nombres, sin los apellidos, de los amigos comunes de Ricardo Melgar y míos, solo en el caso de los que ya han fallecido incluyo sus apellidos.

[3] [N. E.]: El autor refiere al primer mandato de Fernando Belaúnde Terry (1963-1968) quien sería depuesto por un golpe de estado encabezado por el general Juan Velasco Alvarado el 3 de octubre de 1968. Velasco asumiría la presidencia entre 1968 y 1975 e impulsaría la Reforma Agraria (1969) y una restructuración educativa (1972-1973) que contempló el reconocimiento de lenguas indígenas y la educación bilingüe, entre otras medidas.

[4] [N. E.]: “El Chino” es el sobrenombre afectuoso con el que familiares y amigos llamaban a Ricardo Melgar.

[5] Ciudad a 20 kilómetros al este de Lima, hacia los Andes del Pariacaca, apu -señor- de la región.

[6] [N. E.]: Crónica de la plumífera y otros poemas (1971). Lima: Ediciones Joda [la primera edición es de 1970] y Cuadernos Mineros (Lima), núm. 1. Centro de Estudios Minero Metalúrgicos, Ediciones “Mártires de Cobriza”, abril de 1974.

[7] [N. E.]: Ricardo Melgar Bao fue profesor en la Escuela Nacional de Arte Dramático del Instituto Nacional de Cultura del Perú entre 1972-1976. Contrajo nupcias con Hilda Tísoc Lindley en 1971.

[8] Ver: Delgado Herencia, C. H. (2020). Un proyecto para armar. Memoria de una experiencia pedagógica en un orfanato del Perú. En: Pacarina del Sur [en línea], 11(44). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1900&catid=10

[9] Cercana al estadio nacional de Lima.

[10] [N. E.]: en proceso de edición póstuma.

[11] Ciudad a 10 kilómetros de Lima, hacia el este, de mucha importancia para el movimiento obrero de la década de 1920, que Ricardo tanto estudió.

[12] [N. E.]: La presentación se celebró en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, “La Cantuta”, el 17 de julio de 2019.

[13] [N. E.]: Ver: Rubianes Indacochea, C. (2010). La visión que tiene la clase política de la educación peruana. Pacarina del Sur [En línea], 1(2). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/nuestra-america/amautas-y-horizontes/195-la-vision-que-tiene-la-clase-politica-de-la-educacion-peruana

[14] [N. E.]: Ver, entre otras: Acercamiento a la escuela privada en el Perú (2014), 5(19). Disponible en: http://pacarinadelsur.com/dossier-11/928-acercamiento-a-la-escuela-privada-en-el-peru; La empresa educativa privada de la tecnocracia criolla neoliberal en el Perú (2015), 6(24). Disponible en: http://pacarinadelsur.com/52-dossiers/dossier-16/1171-la-empresa-educativa-privada-de-la-tecnocracia-criolla-neoliberal-en-el-peru; La huelga de maestros y la cuestión educacional en el Perú (2017), 9(33). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1513&catid=10; Educación básica alternativa o educación de jóvenes y adultos, falso dilema de la “otra” educación (2019), 10(38). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1705&catid=10; Ciudadanía integral desde la educación básica en el Perú [parte 1/3]. El paradigma de la ciudadanía en la educación básica. Un caso de diversificación curricular para la educación de jóvenes y adultos (EBA) (2019), 11(41). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1807&catid=10; Ciudadanía integral desde la educación básica en el Perú [parte 2/3]. El paradigma de la ciudadanía en la educación básica. Un caso de diversificación curricular para la educación de jóvenes y adultos (EBA) (2020), 11(42), enero-marzo. Disponible en: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1838&catid=10; Ciudadanía integral desde la educación básica en el Perú [parte 3/3]. El paradigma de la ciudadanía en la educación básica. Un caso de diversificación curricular para la educación de jóvenes y adultos (EBA) (2020), 11(43). Disponible en: http://www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1877&catid=10

[15] Pescado crudo con limón y ají (chile).

[16] Comida china mestizada.

[17] La única ciudad constitucional al oeste de Lima, hacia el mar.

[18] Ciudad a 32 kilómetros al este de Lima, más cerca del apu Pariacaca.

[19] Ejemplares que están en el depósito de la Universidad La Cantuta, a la espera de ser presentados a la comunidad académica.

[20] En la nota que acompaña ese documento escribió: “Querido César: me toca un tiempo muy difícil, tanto que decidí abrirme de par en par de manera reflexiva y sentidora. Espero que mi escrito te diga lo que me cuesta mucho expresar de otra manera. Tengo la sensación que he ingresado a un horizonte gris, es casi una certeza. Sin embargo, mi estado de ánimo no se ha derrumbado, no lo hará. Abrazos para ti y Doris”, subrayado nuestro.

[21] [N. E.]: Este párrafo hace alusión a un texto escrito por Ricardo Melgar sobre su experiencia con el Covid-19, el cual contrajo en mayo de 2020. Este texto circuló entre sus amigos, pero tras su fallecimiento fue publicado por en octubre 2020 bajo el título “‘Me falta el aire’. Testimonio de vivir y sobrevivir al Covid 19” en La Corriente (Lima) (1), 7-12. Disponible en: https://drive.google.com/file/d/1P9H0Nks2jqjh9kNMI8M2pH6qEbpSzahB/view?fbclid=IwAR3ud9rTNPfzr35Bxa5U_h1RCGe6D5w594HteX1FWEJR7Ngs5LbtDe3kx90

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