Pacarina del Sur
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Educación ambiental para el desarrollo compatible. Guerra ambiental y transición civilizatoria

Environmental education for development compatible. Environmental warfare and civilizational transition

Educação ambiental para o desenvolvimento sustentável. Guerra ambiental e transição civilizadora

Guillermo Torres Carral[1]

Recibido: 07-03-2015 Aceptado: 19-03-2015

Resumen

Resumen: En este artículo se exponen los problemas actuales de la educación, específicamente como educación ambiental, en el ámbito de la transición civilizatoria, es decir en el contexto de la transición de una civilización basada en la confrontación permanente (guerra ambiental y guerra del conocimiento), para avanzar a otra donde se respete a la persona y sociedad humanas  en su proceso evolutivo (junto a los ecosistemas planetarios); el cual se encuentra fincado  en las conectividades que se establecen entre las distintas esferas hombre-natura-sociedad-cultura, y la compatibilidad (o incompatibilidad) que les supone y que es resultado a su vez de su intensa  imbricación. Por lo tanto la educación ambiental no es una cuestión meramente de actividades ecologistas que no tocan los aspectos ontológicos y epistemológicos en que están inmersas, ya que debe abarcar todas las dimensiones del ambiente. Asimismo, de acuerdo a los necesarios cambios en este terreno a fin de detener el avance del modelo depredador y el maquillaje que se pone para seguir con su dinámica, la educación ambiental resultó finalmente peligrosa y por ello es absorbida por la educación para el desarrollo sustentable la idea de la sustentabilidad, la que se desvela finalmente en una ideología al servicio del capitalismo.

Palabras clave: guerra ambiental, conocimiento, transición civilizatoria, educación desarrollo compatible.

 

Objetivo

El objetivo de este artículo es mostrar cómo las interrelaciones entre las distintas dimensiones que constituyen el ambiente total, tiene como telón de fondo la dialéctica entre la guerra y la paz (tanto desde punto de vista histórico como del estructural), lo que involucra simultáneamente los ámbitos del ser, pensar y actuar (en suma, habitar) del ser humano en lo individual y colectivo.

Por su parte la guerra ambiental, considerada como guerra total, debe comprenderse en su ambivalente realidad ubicada dentro de la transición civilizatoria que vivimos, y que abarca todas las facetas de la sociedad contemporánea. Esto significa que, como constructo humano-natural, el ambiente puede ser equivalente a mayores niveles de depredación o bien a la reconstrucción de la relación hombre-naturaleza-sociedad-cultura.

Por ello se aborda la crítica de las líneas estratégicas educativas dominantes fincadas alrededor de conceptos como el “desarrollo sustentable”, la “sociedad de la Información” y la “sociedad del Conocimiento”; a fin de hallar alternativas educativas acordes a un cambio transcivilizatorio; es decir, que vaya más allá del modelo depredador eco-social capitalista.

La superación a este último, se encuadra más allá de tales conceptos, los cuales constituyen el credo del neoliberalismo en la guerra del conocimiento como parte de la guerra ambiental, es decir de la guerra total (holística).  Y ya que junto con la destrucción material, el voraz sistema en curso intenta sustentar la esclavitud de los pueblos a través del pensamiento único que se traduce en una “educación para el desarrollo sustentable”.

Frente al dominio ideológico universal, sólo una nueva ciencia unida al pueblo podrá coadyuvar a superar los tortuosos tránsitos neo civilizatorios, para lograrlo se requiere oír la voz de la gente de carne y hueso y parar la guerra contra la naturaleza y contra los pueblos.

 

Introducción. La transición civilizatoria

El mundo se encuentra ante una aguda crisis y encrucijada civilizatoria, señalada por el previsible final de la autodenominada “civilización occidental”,[2] y expresada en su desmoronamiento económico y moral (acelerado por el calentamiento global), así como por la decadencia de los valores que le dieron origen (libertad, igualdad, propiedad); sin embargo, también se atestigua la presencia de múltiples procesos que expresan que, no necesariamente, la solución a dicha crisis se enmarca interior de esta misma civilización (de la muerte); la cual se sostiene en el dominio de “todas las cosas” (Kant, Hegel y Marx).

Así pues, la transición civilizatoria implica entonces comprender que esta realidad se caracteriza por una verdadera guerra ambiental. Esto es, una guerra que se presenta en todos los niveles de la sociedad (ya que el ambiente es más que la ecología) y dentro de un proceso singular histórico-natural como el actual; que está compuesta por guerras más pequeñas. Su lógica se halla en la disputa entre la vida y la muerte. Aquélla es una guerra decisiva, porque sintetiza y potencia todas las otras guerras que se desenvuelven en los órdenes menores.

Por lo tanto, este tema no es una simple cuestión relativa a los ecosistemas naturales, ya que incorpora las otras dimensiones ambientales, donde sobresale el ambiente de guerra (o de la paz); dependiendo de la guerra de que se trate y que no excluye los aspectos psicológicos.

Mientras tanto, las explicaciones teóricas que en el pasado anunciaban un irreversible triunfo sobre las fuerzas de la naturaleza y la  emergencia de una economía orientada hacia la infinita acumulación capitalista, finalmente no han conducido más que a una catástrofe mundial convirtiendo al sistema económico en uno cuyo sino es la autodestrucción. Y en donde las fuerzas productivas se han convertido en fuerzas de la destrucción (Marx y Engels, 1972).

En estas circunstancias, aparecen ineludiblemente cambios profundos en la estructura y organización de la sociedad moderna, agobiada especialmente por el cambio climático global; el cual se explica por los procesos de depredación y de destrucción socioambiental en el mundo (tanto de la naturaleza humana como no humana), y que no podrán corregirse atacando sólo los efectos (emisiones de gases de efecto invernadero)sus rasgos más perjudiciales, ignorando los fundamentos humano-naturales del mismo; todo lo que exige radicales cambios en la estructura material y mental de la sociedad contemporánea y no sólo a través de medidas de mitigación y adaptación.

Tales cambios pueden ser hacia su superación positiva (que quiere decir eliminar la base depredadora en términos eco-sociales) marcada por la evolución bio-psico-socio-cultural, la cual no excluye la revolución; o bien de la contrarrevolución que, en la práctica, exhibe el conflicto entre desarrollo y evolución (el cual se convierte en el binomio de destrucción/involución-extinción).


Imagen 1. www.seresponsable.com

La realidad es que se camina por una inevitable cuanto no deseada bifurcación (Laszlo, 2008). Ésta ofrece dos direcciones fundamentales: reforzar el camino de la civilización en marcha o bien avanzar hacia una decidida ruptura con ella. En el primer caso, se sigue inmerso en un modelo depredador, el cual se caracteriza por la extracción desmedida de recursos naturales dejando exangües las fuentes de éstos y saturando los sumideros de carbono; sin las requeridas medidas de reciprocidad y compensación, aplicadas por los seres humanos para el manejo, rescate y convivencia con los mismos (así como del requerido apoyo para este fin).

En el segundo caso, se atisba la aparición de modelos alternativos (en sentido positivo o negativo); es decir, si reproducen el estado de cosas actual (llevando a cabo transformaciones marginales) o si en cambio se sitúan en el marco de procesos de deconstrucción, reconstrucción y recreación de nuevas relaciones sociales, ancladas en nuevas formas de pensamiento, las cuales están guiadas por las emergentes demandas transcivilizatorias, las cuales rebasan a las globalizadoras (eminentemente económicas). Aquéllas se guían por los valores universales que tienen su eje en la lucha antibélica y por la paz; así como por reconvertir el armamentismo en bienestar eco-social, lo que presupone acuerdos mundiales, regionales y locales para detener los factores críticos de las guerras; sin ellos, la paz no sería duradera ni justa y menos digna.

Lo anterior implica recordar que, históricamente, no fue suficiente la mera realidad de la ganancia económica (real o ficticia) como sistema sino que ella está engarzada en la idea de la libertad (jurídica); la igualdad ficticia entre contrarios y en la de la ganancia, que proviene de hacer jurídicamente iguales a los económicamente desiguales, y ello como una costumbre popular que es indispensable para aceitar la maquinaria de explotación capitalista. Esto puede entenderse mejor con la presencia de la llamada ética protestante del capitalismo (Weber, Marx) sin la cual no podría existir la modernidad.

De ahí que la meta del cambio eco-social sea en este momento el invertir la ecuación del “recibir para dar” (como es el caso del salario que paga una vez que el trabajador ha producido el valor equivalente a dicho salario), por la inversa: “dar para recibir” (aumentar el bienestar como condición de la ganancia). La tendencia tendrá que ser la eliminación de la ganancia primero, y después la de la plusvalía, que es el origen de la pobreza socioambiental. No queda pues de otra que “dar donde falta y tomar donde abunda” (Lao Tsé, 1999).

 

La guerra ambiental en el proceso de transición

La guerra ambiental que vive el mundo, es una expresión de los conflictos derivados de una guerra permanente a nivel global; y es desde luego en gran medida un instrumento de los poderosos para garantizar la continuidad de la depredación eco-social.

En este terreno vale la pena recordar que las guerras entre los pueblos y las que emerge de las luchas de clases en el periodo moderno, se fueron transformando en guerra de razas, como lo afirmó Marx (1974) en el Prólogo del tomo I El capital. Esto se constató como casus belli de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Actualmente, la guerra económica, política y sociocultural frente al conflicto mayor hombre-naturaleza (guerra contra la naturaleza), se traduce en una guerra ambiental que engloba todas las otras formas de guerra. Obviamente tiene dos dimensiones como ofensiva y defensiva; por ejemplo, el calentamiento global de una parte y las energías renovables que sean compatibles con la salud ambiental de la otra. Esta guerra es naturalmente consecuencia de la insaciable ambición de mayores ganancias, y sobre todo, de la incapacidad humano-social de poderse dominar a sí mismo, como sociedad, y en cambio ejercer y expandir el dominio de los demás (destacando la naturaleza).

Así pues, se necesitan crear individuos que piensen y actúen irracionalmente, y que en su ignorancia carecen de los medios para dejar de estar dominados por las pasiones (principalmente derivadas del funcionamiento de la economía y de la política), que es en realidad lo que está detrás del dominio de la naturaleza y de otros seres humanos; sino alcanzar procesos que superen la ley imperante del: yo gano si tu pierdes, por el de todos ganamos; solo que la medida económica  no sólo es el valor de cambio sino más bien el valor de uso; dicha ley es la causa final de la esclavización material y espiritual del mundo.

Además, no se puede ignorar que una clave de la guerra ambiental está en la guerra del conocimiento. Ya que ésta es la única manera de ganar la primera, así como también direccionalidad del cambio neo-civilizatorio, el cual debe estar soportado por los principios de compatibilidad (o más incompatibilidad si se trata de una transformación que refuerce el dominio total); además de que implican que la economía y la política dependen de la filosofía; en este caso, de la filosofía ambiental. Ésta implica la guerra al lexicón del neoliberalismo y del pensamiento único, y reconocer que la guerra contra la naturaleza y los pueblos debe y puede pararse.

 

La guerra del conocimiento parte integrante de la guerra ambiental

De inicio hay que tener en cuenta que en el discurso institucional globalizante, la “sociedad del conocimiento” se encuentra más allá de la “sociedad de la información” (a través de las TICs); no obstante, ambas representan un obstáculo para acceder a una sociedad de la comunicación. Esta última implica que el mensaje emitido y transmitido es bilateral, es decir el flujo de información supone un proceso de retroalimentación fincado en el diálogo, y no en donde es abrumador el peso de una de las dos partes (en este caso los medios masivos de “comunicación”), ya que una verdadera comunicación va mucho más allá de la mera información y del conocimiento, y constituye la esencia del ser humano (en lo individual y colectivo); lo cual es una precondición para alcanzar la liberación y no reducir al ser humano a ser parte del engranaje de la vida de consumo (Bauman, 2010).

Pero también hay que reconocer que hay de diálogo a diálogo; ya que éste puede ser abierto e interactivo, tanto por la forma como por el contenido, no sólo mediante las tecnologías de la información y comunicación (TICs), que derivan en un monólogo, sino de un verdadero diálogo enriquecedor de ambas partes.

Acceder a una sociedad de la comunicación va más allá que el aspecto tecnológico proporcionado por la revolución digital que se vive el mundo; ya que no hay que ignorar que en este caso, como en otros, prevalecen los intereses privados, principalmente de EUA.

El discurso alrededor de la “sociedad del conocimiento” incluye una falacia, ya que sigue siendo una sociedad de la información. El problema de fondo es que en realidad prevalece la confusión y por lo tanto la desinformación, puesto que el avance de las nuevas máquinas (computadoras, teléfonos móviles, etc.), en el contexto de la globalización depredadora, conduce a que nos adaptemos inevitablemente a ellas, (cuando debiera ser al revés); por ello es importante avanzar hacia la construcción de un nuevo tejido social dialogante basado en los principios de compatibilidad (reciprocidad, correspondencia, corresponsabilidad, cooperación, convergencia) con la naturaleza y entre los seres humanos. Esto significa romper con el monopolio global de los medios, ahora reforzado con la proclamada sociedad del conocimiento (que en realidad es una domesticación consumista).

De esa forma, la construcción de redes sociales verdaderamente dialogales que faciliten la aceptación del contrario constituye un proceso de alcances cada vez más complejos. Esto quiere decir no minimizar el contacto entre emisores y receptores, pero de tal manera que la parte técnica lo refuerce y no se justifique ésta por sí misma.

Si bien lo local se vuelve global, las comunidades de aprendizaje buscan conjugar lo global en lo local y a la inversa. De ahí la importancia de que la retroalimentación entre Internet y las comunidades humanas, no caigan en reforzar el aislamiento que se pretende superar; mientras que la información y el conocimiento procuran fortalecer el control mediático del pensamiento mundial.

Además, hay que reconocer que la sociedad de la comunicación requiere de varias formas de diálogo, pero el objetivo fundamental es el empoderamiento real de la sociedad civil frente a un Estado omnímodo (trasnacionalizado y privatizado cada vez más).

Todo esto es imprescindible para el cambio civilizatorio que tiene una ancla en el cambio de mentalidad y en el acceso a una ciencia no sólo con conciencia sino a la verdadera ciencia que es la unión  institucional con la no institucional; considerando asimismo que la base de la productividad humana es la productividad primaria de los ecosistemas.

 

La guerra del conocimiento

Es la madre de todas las batallas. Esta guerra implica que un General equivale a miles de soldados. Quién conoce el arte de la “no-acción” (Sun Tsú, 1990) puede lograr ganar la guerra ganando la mente, considerado como un campo de batalla, el de las ideas.

En esta guerra, el conflicto decisivo es cumplir con el objetivo de pensar por uno mismo o bien (por conveniencia), (como en el Ketman de Milosz (1980) pensar como quieren los invasores enemigos. En el terreno práctico, se trata hoy de ver el mundo con nuestros propios ojos, estableciendo los modelos económicos y sociales ajustados a la historia y a la realidad de los pueblos. Esto para la región latinoamericana significa conformar la unidad latinoamericana como una condición y prerrequisito para librar esta guerra del conocimiento (que no guerra para el conocimiento), ganada (hasta ahora) persistentemente por los países del Norte.

Ésta es una guerra en dos sentidos A) Porque toda lucha bélica es una escalada que culmina en la lucha armada, y que inicia confrontando dos imaginarios distintos donde, cada quien a su manera, lucha por la justicia (o dinero u otras formas de poder económico y político). En ese imaginario cada guerra busca el bien para quienes se va a someter y los sometidos vean su sometimiento como causa de alegría o bienestar; se trata de que perdiendo sientan haber ganado; B) Robarle el conocimiento al enemigo; c) Imponer las visiones del mundo, por lo que los invasores (o enemigos) se presentan como salvadores, lo que previamente requiere demonizar al otro y se logra mediante, la traición, chantaje, intimidación, etcétera.

Los diferentes campos de batalla se unifican bajo el espíritu de lucha y éste implica una weltanschauung particular (concepción del mundo), como en la Kulturkampft de Bismarck.

Quien gana en el campo de batalla es quien gana la guerra del conocimiento, y al revés; un dios superior se yergue sobre el inferior (ídolo pagano). Un lema superior subsume a uno de menor jerarquía, el cual es absorbido por el superior.

La guerra por la vida es el eje actual de la guerra del conocimiento. La defensa y expansión, así como recuperación de los saberes locales y de la biodiversidad es esencial para este fin.

La respuesta a la guerra permanente como motor del “progreso” deriva en una guerra contra la guerra: las autodefensas son legítimas localmente. Pero ante las circunstancias del momento, a la población sometida no le queda otra que priorizar la no violencia, la cual cobra mayor fuerza con la guerra del conocimiento, sobre todo ubicándonos en una realidad donde unos pocos son aplastantemente superiores en su aparato y logística militares.


Imagen 2. www.semarnat.gob.mx

Todo ello revela que no estamos en una “sociedad del conocimiento”, como se proclama, sino en el curso de un acelerado proceso de monopolización del mismo a distintos niveles jerárquicos, que incluyen el control logístico de Internet por el pentágono y el despojo del conocimiento propio, que en el mejor de los casos, se vende al foráneo.

Destaca en este terreno el caso de la guerra alimentaria, en donde se roban las semillas criollas para modificarlas genéticamente y se impone una dependencia alimentaria como ariete de un puñado de mega empresas agroalimentarias y agroindustriales de EUA y la UE a fin de controlar a los pueblos “inferiores”.

En esta guerra, pensar por nosotros mismos, desde el Sur (De Souza), es la clave, así como vencer al miedo a pensar por nosotros mismos, pero sobre todo aplicar el control social de los recursos estratégicos de manera consensuada y mediante la aplicación de nuevos códigos jurídicos y morales. En nuestro caso, ello significa contemplar la unión de Latinoamérica como un presupuesto cognitivo para la liberación.

La guerra del conocimiento es también una parte de la guerra por la liberación y por rescatar nuestra verdad. En este tema entran las demandas transcivilizatorias: la lucha por la paz como eje de todas las luchas y movimientos sociales (alimentos, ambiente, derechos humanos, derechos de la naturaleza, derechos de los pueblos indígenas, etcétera).

El conocimiento se puede basar en mentiras, pero en la guerra del conocimiento sólo la verdad triunfa. Imponer mi punto de vista y quitarte el yo, es el propósito de los invasores.

Un aspecto fundamental es la lucha entre el libre albedrío y la libertad (económica, política y social). El primero conecta a la persona con el cosmos. La segunda es la imposición de un slogan que aparece como una nueva necesidad para el individuo. Éste cree que decide por sí mismo; no se da cuenta que actúa de acuerdo al “gran otro” (Zizek, 2010). Todo ello impide que el individuo sea realmente persona (más allá de Hegel en su Filosofía del Derecho y también que los pueblos vean el mundo a partir de sus propios ojos.

En esta guerra lo decisivo es ser capaz de controlar la economía, así como su dirección para que sea el hombre -los pueblos- quien controle las riendas de sus vidas.

Lo anterior se traduce en entender que una ética de la liberación, supone la iluminación de la verdad (que siempre es compartida), y el control de las pasiones y animalismo en el ser humano, que se desboca con el impulso al mandato: “consumir por consumir” (“tener por tener”, Fromm, 1969), y su acompañante “comprar por comprar”.

Desde luego, aquí cabe la parábola del jinete: si no agarra con firmeza las riendas del caballo, teniendo con claridad su destino, éste se desboca; el caballo es el capital, el jinete el ser humano; las riendas, la teoría (mente).

También la parábola entre el anciano y el joven; el inválido y el ciego; en donde los ancianos necesarios tanto como los jóvenes. Esto tiene que ver con la sabiduría de los más grandes, hecho reconocido en el sector rural sobre todo, debido a la presencia de la comunidad y su cohesión interna, la cual ha pasado por los vericuetos de la historia oral, como parte de la historia real, cronológica. Aquí lo cronológico se vuelve sincrónico, la siempre presencia del conocimiento ancestral conservado por estas bibliotecas vivientes.

De ahí la necesidad de entender el proceso educativo como un diálogo entre lo nuevo y lo antiguo: jóvenes y “ancianos” (aunque puedan ser personas de la misma edad).

 

Los distintos campos de las batallas del conocimiento

Logos. Este es un campo de las ideas, la palabra, la mente (Tyrtania, 1997), habida cuenta de las ideologías que están detrás, incluyendo la ideología científica, o el cientificismo; todo explicado por la experimentación, o mediante fórmulas matemáticas o series estadísticas. Esto es más válido para los métodos cuantitativos que a los cualitativos. Pero lo que importa son las conexiones neurolingüísticas (conceptos de fisión versus conceptos de fusión) que se generan en un diálogo que es a la vez un acto (Bajtín, 2000). 

Ethos. En este terreno es la lucha por el habitar la casa. Refundar la conducta humana hacia un respeto por las fuerzas de la naturaleza, de un lado; y del otro, convivir (coproducción y copropiedad de natura y trabajadores, con los propietarios, mediante una malla de combinaciones)

Pathos. Aquí se trata de que las emociones y sentimientos muestren vía la convivencialidad (Illich, 1989), consistente con la búsqueda de la felicidad compartida, en vez del goce por el displacer (Zizek, 2010)

La revaloración de los sentidos. Se trata de recuperar los sentidos en concordancia con las ideas y las acciones a realizar, aunque aquí el riesgo es caer en el sensualismo sin reflexión, a consecuencia de un instinto artificial creado por la sociedad de consumo.

La crítica de la razón. Ello aparece como algo indispensable frente a la incapacidad humana de controlar a la naturaleza, el mundo mismo. Los límites del conocimiento (y de la razón) surgen ante la pretensión de que éste sea ilimitado. Ello exhibe el fetichismo de la ciencia, que de esa manera se muestra como “magia”, más no verdadera ciencia que conoce sus limitaciones y reconoce los temas que desconoce (y que esas incógnitas pueden ser o no superadas), (Flesh, 2000); aparte de todas las lagunas en el conocimientos (vacíos), y la borrosidad (García y Pérez, 2000) derivada de la irreductibilidad relativa de los campos de los saberes.

Desde luego el combate al reduccionismo resulta fundamental en tanto se mire el mundo desde un solo ángulo (economía, historia, sociología, ecología, etc.), aunque ese ángulo se enriquezca con una interacción y complementariedad dinámica.

De ahí la importancia de que a través de procesos dialógicos podamos tener la capacidad de ver más allá de nosotros para acceder a las miradas de los distintos mundos de la realidad.

En este punto destaca el análisis de lo a-racional (Maffesoli, 2002) y como en la visión racionalista se cae frecuentemente en la irracionalidad. De ahí la importancia del concepto de consiliencia de Edward Wilson (1980) que permite entender la conexión entre ciencia y conocimiento popular, creencias, etcétera.

La insurrección y renacimiento espiritual. Esto más que un mundo con más tecnología y mercados un mundo donde la felicidad sea el comunicarse; ya que la esencia del espíritu humano es el saber y poder comunicarse, más que la fruición por el tener y desear (en vez de cubrir necesidades; siendo la principal la comunicación, junto a la lucha por la libertad).

En la transición ambiental emergen nuevas necesidades vitales de frente a las necesidades ficticias. La primera es entonces es el diálogo porque la confrontación por sí misma conduce finalmente a la eliminación del contrario. En lugar de ello, lo que predomina es la satisfacción de necesidades que provienen del frenetismo por comprar y vivir en la moda de la banalidad (Facebook, Tuitter, etcétera).

Un campo de batalla fundamental está en Internet y en general por la Media. De esa forma, sin moldear a la opinión pública (Estrada, 2002), la guerra del conocimiento está perdida.

 

Ciencia, tecnología y pueblo

En el mundo actual se vive una disputa entre dos ciencias: la que está al servicio del capital y aquélla que reconociendo los aportes de la civilización dominante, va más allá de ésta, ya que trasciende los valores hegemónicos (ya convertidos en anti-valores) en función de la emergencia de un nuevo orden de los mismos que se centran en la convivencia dialógica universal.


Imagen 3. www.canaln.pe

Se trata de distinguir pues entre la ciencia (institucional) que impone sus criterios y resultados a los pueblos, de aquella otra a la que le interesa, que se le reconozca su posición crítica y diferente, sobre todo cuando adquiere una dimensión humano social; busca reconocerse a sí misma como condición de conocer a los demás, por tanto de no abandonar su identidad primaria (que es desde luego dinámica).

La guerra entre estas concepciones científicas tiene dos vertientes para manifestarse: imponer o eliminar al otro (demonizar es el medio); dominar y extinguir las ideas contrarias (como en el caso del marxismo institucional; “El marxismo es todo poderoso porque es exacto”, decían Stalin y Mao).

Algunos ejemplos se plantean a continuación, los cuales son clave dentro del lexicón del pensamiento único (que corresponde a la utopía del neoliberalismo):

  1. Globalización (que elude lo local más que como imposición vertical)
  2. Transdisciplina (elimina el pensamiento popular)
  3. Holismo (que disuelve las partes en el todo).
  4. Cambio climático (elude el cambio estructural y su combate se reduce a medidas de mitigación-adaptación más que de prevención y planificación).
  5. Desarrollo Sustentable (básicamente es un mecanismo de auto valorización del capital trasnacional; ahora con la mercantilización de natura).
  6. Transgénicos (que presuntamente resolverían la problemática del hambre en el mundo).
  7. Biocombustibles (que significarían el inicio de una fase post-fosilista).

Todo lo anterior se ofrece mientras la contraparte resiste y construye otros mundos, posibles y necesarios. En tanto, subsiste el abismo la guerra del 1% versus el 99%: la lucha de clases de los ricos contra los pobres según el magnate W. Buffet).

Por ello la solución a los problemas de la devastación ecológica y social se encuentran en cambios cualitativos profundos en dirección hacia un más allá del capitalismo, sostenido éste en la expoliación universal. Esos cambios deben darse en el corazón del capitalismo eliminando el plusvalor, aquí y ahora y no solo jurídicamente, reforzando su extracción (y sin modificar la relación salario/ganancia, como en los socialismos de Estado que se conocen.

Al ser una guerra total, se incorporan en ésta todas las dimensiones de la vida humano-social. Lo cual implica humanismo pero dentro del naturalismo, ya que no  son idénticos ni están en el mismo nivel de evolución (pues la evolución humana trueca en involución, cuando no se permite que otras especies evolucionen, aunque se pueda convivir de manera simbiótica; sin destruir al huésped ni al hospedero (ya que finalmente se necesitan mutuamente, pero ello sólo el terreno de la micro naturaleza, ya que en la macro naturaleza a lo único que se llega no es a una superioridad del hombre porque la evolución no es unilateral y por medio de evoluciones de las especies independientes entre sí. Solo si el ecosistema lo estudiamos en consonancia con la sociedad, a través del socioecosistema podrán vislumbrarse los caminos que se la abren a la especie humana en la gran bifurcación (Laszlo, 2008), lo que sólo es posible con la compañía de dichas especies; porque en este terreno hay complementariedad (independientemente de la ley de Lotka, en Costanza, 1999) que explica el equilibrio entre el depredador (el hombre), y los depredados.

Los campos de batalla son campos de conocimiento. Aquí nadie gana o pierde ya que todos ganan y pierden simultáneamente, Por último: No hay disciplina mejor que la vida en sentido amplio

Tales campos (del cuerpo) son de distintos órdenes ontológicos y epistemológicos: natural, social, humano, y cultural en esta guerra del conocimiento que finalmente es una guerra entre seres humanos.

Otros campos de batalla, en esta guerra por la verdad incluyen:

a)      Lo artificial o no. Entendiendo la lucha entre lo natural sobre lo artificial (natura naturans/natura naturata de Spinoza). Este tema resulta esencial para la vida humana

b)      En favor de los ricos o de los pobres. Al margen de la definición de riqueza/pobreza, una no existe sin la otra. Ya que la pobreza surge de la abundancia según Fourier (Engels, 1968)).

c)      Cultura propia o transculturación. Esto resulta fundamental ya que las culturas se alejan y acercan, fusionándose en una cultura mundial; pero a la vez el enriquecimiento de la cultura vernácula. La cultura siempre es abierta y es todo menos ensimismamiento.

d)      Económicos o no. El campo económico no puede desdeñarse; porque si entendemos por economía la administración de la casa, esta no pude dejar de ser fundamental; aunque su racionalidad económica sea distinta. No es lo mismo la economía crematística (hoy el neoliberalismo), la real (entendida como un proceso de reproducción humano-natural) y la profunda (marcada por nuevas reglas de permitan una mudanza de la economía del valor de cambio hacia el valor de uso (MacKibben, 2005; Naess, 1997). Por último el campo económico no existe sin los demás campos.

 

Etica de la bondad: el buen vivir (buen morir)

Un punto fundamental del pensamiento profundo es el “Buen Vivir” (Upanishads), que su versión indígena andina se expresa en el sumak kawsay. Ésta frente a la ignorancia y pasión (obreros/capitalistas), significa “Dar para Recibir”, y no a la inversa: “Recibir para Dar”.

Esto significa la práctica del don desde una situación de reciprocidad. En buena medida el ejemplo lo tenemos con el obrero moderno (asalariado) que para recibir su salario requiere dar, y entregar gratis su trabajo parte del cual vuelve a regresar como dicho salario.


Imagen 4. www.aulaverde.masverdedigital.com 

En la sociedad transcivilizatoria, junto a las demandas universal post-globalizadoras implica el “Buen Trato” (ética de la bondad), como eje de ese buen vivir (frente a su contraparte del bon vivant), que practican la clase política y magnates.

En cambio, en la mirada del capitalista para poder dar tiene que haber recibido primero tal trabajo (en este caso el producto y trabajo necesario).

En suma, si no sirven las reglas de la incompatibilidad, entonces es necesario pasar de una sustentabilidad incompatible hacia una compatible, la cual implica la compatibilidad de por sí, ya que la sustentabilidad es pasiva, mientras la compatibilidad es activa (Torres, 1999). La primera depende de la segunda y sólo hasta límites cada vez más estrechos y nuevos, así como profundos, puesto que la regla actual es: a más desarrollo más destrucción; y no obstante continuamos con esas reglas tanto en la teoría como en la práctica.

 

La educación ambiental para la compatibilidad

Un concepto y estrategia fundamental que impulsa la UNESCO (2005) gira alrededor de la “educación para el desarrollo sustentable”,   en lugar de la educación ambiental. la cual, fuera de sus buenos propósitos como el de pretender perpetuar el desarrollo (capitalista) para las siguientes generaciones, pero mejorado para que pueda sostenerse en el tiempo, esta propuesta representa un retroceso para enfrentar un de  la magnitud que tenemos enfrente.

Además de que no es posible que algo en la cadena de la vida se sostenga más allá de cierto tiempo y límites; ya que el sentido de la vida está dado por los cambios incesantes, más no por la perdurabilidad. Esto rompe con la idea de que la sustentabilidad de por sí es algo bueno (aunque puede serlo en muchos casos), ya que sostener necesidades actuales fincadas en la depredación y el hiperconsumo, no deja futuro; y en cambio le permite al capitalismo un tiempo más de vida mediante la sustentabilidad ecológica (para tener mayor margen de exacción de los bienes de la naturaleza), la reducción de las desigualdades (deseada, pero imposible en el capitalismo) y la sustentabilidad económica, que como puede observarse en la práctica, es la que finalmente predomina y absorbe a las demás acciones, que realmente funciona como parapeto (como el “capitalismo verde” que no deja de ser capitalismo).

Algunos de las dificultades inherentes al cambio de la educación ambiental por la educación para el desarrollo sustentable serían las siguientes:

  1. Se borra el ambiente (en el concepto y la práctica, para disgregase en una suma mecánica de lo económico, lo ecológico y los social. Este giro lingüístico no elimina el ambiente en el discurso pero se subordina a las necesidades pecuniarias. De esa forma, se echan desgraciadamente atrás los avances que se venían dando en este terreno desde los años setenta del siglo pasado.
  2.  Resalta el economicismo y las actividades como condiciones para ser sustentable, permitiendo que siempre lo económico le lleve la delantera a los propósitos de preservar y mejorar el ambiente natural, así como las condiciones sociales de reproducción de la vida humana. Antes de ello, se puede constatar una regla: las empresas contaminadoras piden perdón por el daño causado por ellas, pero no piden permiso a la sociedad de si sus proyectos económicos realmente contribuyen a mejorar la calidad de vida, y la calidad ambiental.

Autoproclamarse sustentable, cuando en general se generan todo tipo de impactos eco-sociales negativos en la práctica es inaceptable y revela que en muchos casos atrás de la sustentabilidad están los intereses voraces de empresas sin escrúpulos (muchas de ella con certificación de “sustentables”).

  1. Pretende hacer dócil al educando, aduciendo qué es lo que tiene que ser y cerrando la puerta a un espíritu creativo y constructivo, para en lugar de ello, sumarse a la ola de nuevos negocios con un espíritu acrítico y seguidor de la línea que marca la sustentabilidad; además de que se ha vuelto una moda en las universidades el “bajar” recursos públicos con este pretexto.
  2. En consecuencia, se constituye como pensamiento único sin el cual no hay manera de alcanzar prestigio y poder.
  3. Fortalece las instituciones que depredan socio ambientalmente, así como las empresas que hablan en nombre de la sustentabilidad; por lo cual no pueden cuestionarse.
  4. Es una política para mantener el orden-desorden prevaleciente

Frente a ello, en el marco del reforzamiento de la educación ambiental crítica bajo la complejidad y en consonancia con los intentos por reducir su importancia, aparece el desarrollo compatible, elaboración teórico metodológica que traduce los verdaderos modelos alternativos que surgen en la práctica frente a la continuación de la depredación, ya que son reflejo de las incompatibilidades fundantes y presentes del nudo eco-social.

Como marco referencial de los nuevos modelos educativos, lo anteriormente dicho implica que las conexiones entre el ser-conocer-hacer, y entre lo económico, ecológico y social, es precisamente el grado de compatibilidad o incompatibilidad que puede darse en los procesos socioambientales; y en esta dialéctica se explica el cambio social e individual. Por tal razón, de lo que se trata es más bien: la búsqueda de una coincidencia entre el ecosistema humano-social y los naturales. Lo que de entrada precisa una posición de des aprendizaje para volver a construir.

El apotegma es que nada se sostiene sin la necesaria compatibilidad compleja que debe existir para que algo funcione; y si puede es tan sólo por un tiempo limitado, porque luego todo fenómeno se trastoca y se somete a nuevas condiciones que exigen cambios en la reglas vigentes, y avanzar hacia un camino que busque no la sustentabilidad por la sustentabilidad sino la armonía que debe establecerse entre la sociedad y la naturaleza, como condición de supervivencia y evolución de la especie humana.


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En materia educativa, puede afirmarse una educación ambiental para el desarrollo compatible, no es una cuestión teleológica, sino que ésta a su vez es una precondición para alcanzar el segundo.

Lo importante es que un desarrollo compatible no sólo es un desarrollo posible sino necesario y no que brote de una utopía futurista sino que es resultado un modo de convivencia que puede y debe ponerse en práctica hic et nunc; lo que no niega sino que exige de nuevos desarrollo creativos, en esta fase de construcción transcivilizatooria, pero que supone la deconstrucción de los modelos que ofreciendo sustentabilidad, encubren las incompatibilidades que son su fundamento: el dominio y el poder de dominio.

Además, es ya un lugar común establecer que la educación es una palanca del desarrollo, y efectivamente lo es, pero en las condiciones actuales, esto significa que la educación se encuentra al servicio del capital (Rose, 1973), Aunque desde luego, la educación también es una plataforma para conocer tanto las debilidades como las posibilidades presentes en el mundo actual para acceder a un nuevo tipo de organización eco-social.

Bajo las condiciones del contexto global local marcado por la devastación y el colapso de las instituciones, resulta fundamental una educación crítica y alternativa que permita construir una nueva sociedad cuyos fundamentos se encuentran en la cooperación entre los hombres y entre éstos y la naturaleza; siendo capaz de conocer y actuar apropiadamente frente al dilema que se le presenta a la humanidad: continuar con la autodestrucción o avanzar hacia la construcción de un nuevo trato entre los hombre y con la naturaleza.

De esta forma, los procesos educativos al estar marcados por este doble carácter están forzados, no sólo a pensar en cómo avanzar hacia esa nueva civilización sino como sobrevivir con dignidad ante esta fase en que el mundo que conocíamos se viene abajo. Y tomando en cuenta desilusiones tales como: el capitalismo (privado o estatal), socialismo de estado y la sustentabilidad.

La educación, por lo tanto, debe enseñar a aprender y a descubrir el reencantamiento del mundo (Noguera, 2004): ya que somos capaces de hacer de este mundo un infierno o en un paraíso, entendiendo que encontrar relaciones de convivencia implica a la vez aceptar el reto de las competencias.

De esta forma, el proceso educativo no sólo debe vivir en la utopía positiva sino en desenmascarar las utopías negativas.

La educación en este terreno semeja un campo de batalla por el conocimiento: debe demostrar las fallas del modelo actual y diseñar las requeridas correcciones y construcciones teórico-prácticas que correspondan al nivel evolutivo que caracteriza al ser en humano en la etapa actual inmersa en este doble carácter (sobrevivir y buen vivir).

Empero, requiere también preparase al estudiante para el mercado pues la sociedad requiere de la calificación del trabajo, independientemente del capital. Pero los valores educativos en la era de la transición civilizatoria deben ir mucho más allá de lo anterior, puesto que más que preparar al alumno para la lucha por la existencia, lo importante es la fuerza liberadora e iluminadora de una educación que implica la conexión del ser humano con todos los componentes de su identidad individual y social, pero siempre contemplando nuestra identidad mayor con el cosmos y con la tierra en segundo lugar. Y en el contexto de las formas de transición hacia la construcción de otro orden ambiental.

 

Conclusión

La crisis ambiental tiene múltiples aspectos y matices. Adentrarnos en ella es entrar a un mundo nuevo, del cual solo podemos imaginarnos sus límites, siempre ante el riesgo de caer en deseos imposibles de realización.

La enseñanza principal que hay que aprender es que la regla de oro en materia educativa es que no hay reglas eternas, la regla es que todas las reglas se desvanecen. Ante ello, lo único que puede hacerse es establecer los límites en el ser, conocer y actuar, presentes en el cronotopo (Morson, 1994).

Como el mundo se desvanece, el nuevo debe enseñar a tener una mente que sea acorde con los tiempos de bifurcación, que son al mismo tiempo críticamente demoledores y forzosamente constructores.

La nueva educación no sólo debe ser emancipadora, ya que debe unir la técnica con el trabajo intelectual, pero ante todo debe alumbrar los cambios transcivilizatorios en donde está inmersa le educación en la actualidad.

Debe pues hacernos entender la crisis humana-natural, pero también que las nuevas reglas anuncian la alborada de una nueva civilización; cuyo signo depende del juego de acciones y reacciones entre los múltiples autores sociales.

En este terreno, la educación debe ser alterna y crítica con un fundamento metodológico más allá del pensamiento único, lo que significa cuestionar las reglas el lexicon del liberalismo transdisciplinario pretendidamente totalizador y uniformizador; ya que lleva en sí la máscara que oculta que en la sociedad actual no todas las partes son iguales. Como en la sociedad y naturaleza, también hay jerarquías en el conocimiento: le educación no pueda estar más allá de la economía, la economía no puede estar más allá de la humanidad ni ésta de la naturaleza (y la Tierra como parte del cosmos).

La educación ambiental para la compatibilidad (que va más allá de la educación para el desarrollo sustentable), toma cuenta de esas identidades desde la meta-disciplina y la pedagogía ambiental -en el marco de la guerra del y por el conocimiento-.[3]

Finalmente, la guerra por la verdad implica el dilema: compatibilidad con el capitalismo (como en el caso del desarrollo sustentable) o bien de la compatibilidad hombre-naturaleza-sociedad-cultura. Y esta es la clave de la educación ambiental crítica y alterna.



Notas:

[1] Departamento de Sociología Rural, Universidad Autónoma Chapingo. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Spengler se refirió a ello como “La decadencia de Occidente” (1972).

[3] Hay que reconocer que la ignorancia (la de abajo y la de arriba) es la base del monopolio económico y político que prevalece en México y Latinoamérica. En consecuencia, la solución no es sólo educar a los de abajo sino especialmente a los de arriba; tal solución se finca en la simbiosis entre ciencia, tecnología y pueblo.

 

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Cómo citar este artículo:

TORRES CARRAL, Guillermo, (2015) “Educación ambiental para el desarrollo compatible. Guerra ambiental y transición civilizatoria”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 24, julio-septiembre, 2015. Dossier 16: La Educación en América Latina: lastres, inercias y retos. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 26 de Mayo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1173&catid=52

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